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Jochum-Wagner: Apuntes sobre una relación intermitente

Scherzo nº65. Junio de 1992
Jochum- Wagner: Apuntes sobre una relación intermitente
Por Ángel-Fernando Mayo

 

Digitalizado por Víctor Córcoles

El núcleo de estas consideraciones fue escrito al filo del fallecimiento del director bávaro y no publicadas en su momento. La oportunidad de comentar la reedición en disco compacto- dentro de la monumental colección Tuto Wagner, aún circulante en España- del Lohengrin (1954) y del Tristán (1953) que Jochum dirigió en Bayreuth me anima a recuperar ahora aquel material, modesto, pero quizá interesante para algunos lectores.

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En cierta ocasión Hans Knappertsbusch comunicó el siguiente programa para un concierto que iba a dar como director invitado: Suite de Cascanueces; Sinfonía "Romántica". La intendencia de la orquesta, desconcertada ante tan inverosímil propósito, arguyó la conveniencia de un pórtico más adecuado a la gran Sinfonía de Bruckner. El telegrama de respuesta de Kna fue contundente: "Chaikovski permanece; si no, Jochum".

 

No ha de entenderse que en esta contestación hubiera menosprecio de Eugen Jochum, antes al contrario. La Suite de Cascanueces era pieza favorita- una Delikatesse- del Kna, que hacía del Vals de las flores una verdadera creación, y si de lo que se trataba en aquella circunstancia era oír a Bruckner, podía acudirse a otro director más que acreditado en este repertorio, Jochum, quien desde luego, no mantendría en el programa de marras la suite del compositor ruso.

 

Viene esta anécdota a cuento porque, en su intermitente relación con Wagner, en general, y con el Festival de Bayreuth en particular, Jochum hubo de cargar con el ingrato papel del si no o del después. En los primeros años del Nuevo Bayreuth las relaciones de los hermanos Wagner con sus directores de orquesta fueron conflictivas. Tras dirigir allí en 1951 y 1952, ni el astro en ascenso von Karajan, ni el terco guardián del Grial, Knappertsbusch, volvieron en 1953 a Bayreuth, cada uno de ellos por distintos motivos. Este año el peso del Festival recayó en Joseph Keilberth (Lohengrin, Anillo) y Clemens Krauss (Parsifal, Anillo), y en segundo plano Eugen Jochum dirigió Tristán después de las sensacional actuación de Karajan con esta obra en 1952. En 1954, Jochum, contratado en principio para Parsifal (al final lo dirigió el reconciliado Kna), dirigió en verdad la première de Lohengrin; pero esto sucedía tambiéndespués de, ya que Keilberth había estrenado en 1953 la nueva producción, y en cuanto a Tannhäuser, que abrió el Festival de 1954, Jochum lo dirigió asimismo después de Keilberth, quien se hizo cargo de la première tras la espantada de Igor Markevich ya casi en el ensayo general. En la primavera de 1955 Keilberth y Jochum vinieron a Barcelona con motivo del desplazamiento allí de las huestes de Bayreuth, mas Jochum ya no acudió al Festival de ese verano.

 

Me comentaron una vez que nuestro hombre, de hondas convicciones católicas, discutió con Wieland Wagner a causa de la supresión de símbolos marianos en Tannhäuser. También me contaron- la fuente es la misma- que Keilberth discutió a su vez con Wolfgang Wagner, porque, en una de las obras de saneamiento del vetusto Festspielhaus, la visera o pantalla acústica original, esto es, de madera que cubría el foso fue sustituida por la actual, metálica, lo que según Keilberth, había perjudicado a la acústica. Puede ser. Keilberth no volvió ya en 1957 y Jochum no reapareció hasta el tardío 1971, para dirigir en sus tres últimos años la legendaria producción de Parsifal, devenida túmulo funerario de Wieland Wagner y obviamente después de Knappertsbusch, Krauss, Cluytens y Boulez.

 

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La discografía wagneriana dejada por Jochum ayuda a comprender algunas causas de esta intermitencia. Al director bávaro le atraían las obras románticas o más musicales (entiéndasereligiosas o místicas) de Wagner, también el sano carácter de los Maestros, pero no tenía afinidad con los aspectos literario-filosófico-acústicos del Anillo, obra que le era así extraña. También hay que decir que ni las convicciones del hombre ni su técnica directorial, adquirida después de la inicial actividad organística, eran las más adecuadas para avivar las luces y, sobre todo, ennegrecer las sombras de la orquesta wagneriana. Al Wagner de Jochum le faltó siempre peso, color fundamental (el de cada obra), sensualidad y expansión dinámica. A cambio, su discurso era ordenado, claro, bien construido- compruébese la precisión del fugato del final del acto II de Los maestros cantores (DGG, 1976)-, directamente dramático y, cosa muy importante, no carente de algo cada vez más raro en la dirección de orquesta: sentir la llamada de la inspiración, dejándose llevar por ella al tiempo de comunicarla.

 

Todo esto se aprecia en mayor o menor grado en sus mejores testimonios: los dos Maestros (1949, 1976), Tristán (1953), Lohengrin (1954). Las tres grabaciones en vivo ganan con el tiempo valor de documento histórico, mientras que los Maestros de 1976, también interesantes, revelan más las relativas debilidades de Jochum. No es sólo cuestión de que Fischer- Dieskau, Domingo, Ligendza y Lagger defrauden aquí, cada uno de ellos por distintas razones, y en consecuencia resten calidad en vez de sumarla. En las condiciones del estudio de grabación, tampoco le viene a Jochum la inspiración, sí existente en la representación de 1949, que cuenta además, con la baza del único Sachs completo de Hotter que ha recuperado el disco. El concepto del director- su tempo, la articulación- es allí y aquí básicamente el mismo; pero el provinciano documento de 1949 atesora vida y efusión lírica, mientras que el lujoso de 1976, siempre bien ordenado y con algunas escenas ejemplares (oficio eclesiástico, lectura de la Tabulatura, bautizo de la canción de Walther), incurre en cierta monotonía general y hasta en lo taciturno (esto último hay que cargarlo a la cuenta de Fischer- Dieskau).

 

Por el contrario, la inspiración guía a Jochum en las dos producciones de Bayreuth, si bien en sentido inverso. El Lohengrin de Wolfgang Wagner, presentado en 1953, era espartano en lo escénico, poco sugerente. Quizá por ello Jochum tarda en trascenderse. La formidable intervención del Heraldo- un Fischer-Dieskau joven, elocuente, nobilísimo- ya había animado las cosas; y después que se anuncia la aparición del cisne, Jochum acierta a superarse. Permítaseme aquí la autocita con leves retoques (Ritmo, num. 589, abril de 1989, pag. 50): "Naturalmente, la mejor escena de este Lohengrin es la inicial del segundo acto, porque es difícil imaginar una pareja más torva y negra que la formada por Hermann Uhde (un Telramund a la vez valiente, moralmente débil y desesperado) y la inconmensurable Astrid Varnay (la Ortrud por antonomasia de los años cincuenta). Mas tampoco le van a la zaga casi todas en las que interviene Windgassen, en mejor forma que en el registro del año anterior para Decca; sin verdadero squillo ni una escuela irreprochable (para este papel), el tenor suabo fue siempre modelo de inteligencia, de musicalidad, de dominio de la situación escénica (le recuerdo dando disimuladamente las entradas a algún compañero en apuros(Tannhäuser, Bayreuth, 1962); todo su tercer acto es magistral y el final forma un crescendo expresivo desde el comienzo de la narración con la voz velada a la manera de Marcel Wittrisch. Birgit Nilsson, en su presentación en Bayreuth, carece aún de la dulzura que llegó a imprimir a su descomunal voz gracias al estudio de Isolda (La Isolda amorosa) con Wieland Wagner; mas su emisión es muy pura, con agudos redondos, perfectamente colocados. Tampoco es ideal otro cantante joven que después alcanzaría gran fama, Theo Adam, porque el rey Heinrich requiere un verdadero bajo; así Adam se queda corto en el registro grave, pero a cambio da muy bien todas las notas altas. El conjunto es admirable, otra representación de verdadero rango dramático- musical...". En conclusión, la inspiración, una vez hallada, se sostuvo hasta el final de la velada.

 

El caso de Tristán en 1953, ya lo he anticipado es el inverso. Los mimbres son en parte los del año anterior con Karajan, si bien con importantes cambios en Isolda (allí Martha Mödl, aquí Astrid Varnay) y Kurwenal (Hotter/Neidlinger). Las representaciones de 1952 habían dejado huella y una leyenda de refinada exaltación- éste sería así el primer ejemplo del Wagner que dicen moderno- que ha llegado intacto hasta hoy, dada la importancia posterior del fenómeno Karajan. La actuación de Jochum, una vez más después de, había quedado un tanto en segundo plano, aunque en aquel tiempo el Tristán del director bávaro fuera muy alabado. Por ejemplo, en Barcelona, cuando el Festival de Bayreuth se trasladó al Gran Teatro del Liceo, en abril de 1955. Jochum literalmente deslumbró (con Windgassen, Mödl, Weber/Hotter, Neidlinger, von Ilosvay, Uhde, Stolze...¡casi nada!). La reedición de la toma del año 1953 ilustra sobre tan justa fama, pues Jochum podía encontrar su propia vía de aproximación. Desde los primeros compases del preludio, Jochum es terrenal, muy dramático. En la escena estaba ya esperándole, para exclamar: "¿Quién osa escarnecerme?", y a partir de ese instante dar vía libre al despecho del alma, la terrible Isolda vengativa, Astrid Varnay, aquí una vez más inalcanzable como trágica. Todo el primer acto es incandescente, pura llama, abrasadora, del amor-odio más arrasador. Naturalmente, para el acto segundo y para laMuerte de amor hay otros documentos con voces y estilos expresivos- Flagstad, Mödl, Nilsson, incluso Helena Braun- más adecuados, y por eso la temperatura desciende e incluso Jochum parece salir del trance y retroceder a su gran dignidad habitual, aunque quizá las cosas no sean exactamente así. Por ello no puede discutirse que el Tristán de 1952, con Karajan, es más homogéneo y, sin duda, más refinado tímbricamente; pero el de Jochum es también de obligado conocimiento. De todos modos, no olvidemos que en cuanto a Tristánpuede aplicarse esta paráfrasis de la famosa sentencia de Guerrita: "Primero, Furtwängler; después de Furtwängler, Naide; y después de Naide, éste, ése, aquél o, si no, Jochum".

 

Discografía wagneriana de Eugen Jochum

 

El Holandés errante

 

- Obertura. Orquesta Sinfónica de la Radiodifusión de Baviera. Philips (1957)

 

El Ocaso de los dioses

 

- Marcha fúnebre. Orquesta de la Opera del Estado de Berlín. Telefunken (1950)

 

Lohengrin

 

- L.Fehenberger, A.Kupper, H.Braun, F.Frantz, O.von Rohr. Orquesta Sinfónica y Coro de la Radiodifusión de Baviera. Opera completa. DGG (1952)

 

- W.Windgassen, B.Nilsson, A.Varnay, H.Uhde, T.Adam, D.Fischer-Dieskau. Orquesta y Coro del Festival de Bayreuth. 1954. Opera completa. Cetra/Laudis LCD4.4015/HUNT 3 CD MP431 (en vivo)

 

- Preludio del primer acto. Orquesta de la Opera del Estado de Berlín. Telefunken (1950)

 

- Preludio del primer acto. Orquesta Filarmónica de Berlín. DGG (1951)

 

- Preludio del tercer acto. Orquesta Filarmónica de Berlín. Telefunken (1939)

 

- Preludio del tercer acto. Orquesta de la Opera alemana de Berlín. Telefunken (1948)

 

- Preludio del tercer acto. Orquesta Filarmónica de Berlín. DGG (1951)

 

Los maestros cantores de Nuremberg

 

- H.Hotter, M.Proebstl, F.Klarwein, B.Kusche, G.Treptow, A.Kupper, R.Michaelis. Prinzregenten- Theater, Munich. Opera completa. Melodram (1949)

 

- D.Fisher-Dieskau, P.Lagger, R.Hermann, G.Feldhoff, P.Domingo, H.R.Laubenthal, C.Ligendza, C.Ludwig, V.van Halem. Orquesta y Coro de la Opera Alemana de Berlín. Opera completa. DGG CD (1976)

 

- Preludios de los actos primero y tercero. Orquesta Sinfónica de la Radiodifusión de Baviera. Philips (1957)

 

- Preludio del tercer acto. Orquesta Filarmónica de Berlín. Telefunken (1939)

 

Parsifal

 

- Preludio del primer acto. Orquesta de la Opera Alemana de Berlñin. Telefunken (1939)

 

- Preludio del primer acto y Encantamiento del Viernes Santo. Orquesta Sinfónica de la Radiodifusión de Baviera. Philips (1957)

 

- Encantamiento del Viernes Santo. Orquesta Concertgebouw de Amsterdam. Telefunken (1953)

 

Tannhäuser

 

- Obertura. Orquesta Filarmónica de Berlín. Telefunken (1939)

 

- Obertura. Orquesta Sinfónica de la Radiodifusión de Baviera. Philips (1957)

 

- Marcha y Entrada de los invitados. Orquesta y Coro de la Opera del Estado de Berlín. Telefunken (1950)

 

Tristán e Isolda

 

- R.Vinay, A.Varnay, L.Weber, G.Neidlinger, I.Malaniuk. Orquesta y Coro del Festival de Bayreuth. 1953. Opera completa. Melodram/HUNT 3 CD MP 430 34030 (en vivo)

 

- Preludio del primer acto y Muerte de amor. Orquesta Filarmónica de Berlín. Telefunken (1939)

 

- Preludio del primer acto y Muerte de amor. Orquesta sinfónica de la Radiodifusiónd de Baviera. Philips (1957)