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Tres sopranos dramáticas. Frida Leider, Kirsten Flagstad y Astrid Varnay

 
Scherzo, nº60. Diciembre de 1991
Tres sopranos dramáticas. Frida Leider, Kirsten Flagstad y Astrid Varnay
Por Ángel Fernando Mayo

 

Digitalizado por Víctor Córcoles

Estudio discográfico

 

La imparable expansión del disco compacto continúa recuperando documentos históricos- reediciones, ampliaciones, inéditos- de la interpretación wagneriana. Hoy vamos a reunir y comentar varios discos con ejemplos del arte de tres grandes sopranos que sucesivamente- tres generaciones- dominaron la escena wagneriana desde 1920 a 1965: Frida Leider, Kirsten Flagstad y Astrid Varnay.

Frida Leider o la medida vocal

En las Conversaciones con Wieland Wagner, éste le comenta a Antoine Golèa que Kirsten Flagstad y Birgit Nilsson son dos fenómenos vocales excepcionales y que, en cuanto tales, no sirven como medida de las voces wagnerianas: "Para mí"- dice Wieland- "la medida es otra: ¿se acuerda usted de Frida Leider? Su voz era evidentemente más pequeña, pero poseía una gran técnica, y el vigor de sus personajes y la expresión eran muy grandes".

Frida Leider (1888- 1975), inicialmente contralto, fue la primerísima Isolde y Brünnhilde desde 1920 hasta la consagración internacional de Kirsten Flagstad. En Bayreuth cantó estos papeles, más el de Kundry, entre 1933 y 1938; pero el escenario más asociado con su nombre es el del Covent Garden, donde actuó ininterrumpidamente desde 1924 hasta 1938. Los registros reunidos en la selección de Legato Classics aquí comentada recogen su voz en dos épocas de su carrera: todas las grabaciones en estudio fueron realizadas entre 1925 y 1931, mientras que el documento obtenido en el Covent Garden data de 1936. En los registros de estudio la voz aparece clara, con un vibrato muy bien utilizado; antes que la belleza y la calidad- relativas- del material nos atrae la nobleza de la línea de canto, su naturalidad. Lo mejor se alcanza en la Narración de Isolde y, sobre todo, en la magistral Inmolación de Brünnhilde, en parte seguramente gracias al excelente acompañamiento del experto concertador que fue Leo Blech; por el contrario, el punto más bajo lo señalan los fragmentos del Prólogo del Ocaso, que malogra el insufrible F. Soot, prueba irrefutable de que en toda época han abundado los malos tenores wagnerianos. Por su parte, la toma en vivo de 1936 revela que la voz de la soprano berlinesa se ha oscurecido, ha perdido frescura, lo que es perfectamente comprensible; pero la extensión de esta toma (toda la escena con Waltraute y el subsiguiente combate por el anillo con Siegfried- Gunther; el segundo acto sin la escena inicial entre Alberich y Hagen) permite reconocer ese vigo expresivo que tanto admiraba Wieland Wagner. Frida Leider mantiene el tipo ante Kerstin Thorborg, una Waltraute igualada después sólo por Elisabeth Höngen y Jean Madeira (de Waltraud Meier puede esperarse aún otro tanto); y luego, en el segundo acto, da una imagen veraz y conmovedora de la mujer engañada, humillada y confundida. Se hace así evidente que la Leider merece el elogio de Wieland Wagner y que su medida sería acogida hoy con la misma admiración que despertara en su tiempo, pues los cánones clásicos no envejecen.

Otros alicientes del registro obtenido en el Covent Garden, con desigual, pero siempre aceptable sonido, vienen dados por el avieso Hagen del entonces joven Ludwig Weber, el excepcional Gunther de Herbert Janssen en la línea caracterológica del insuperable de Hermann Uhde y, obviamente, el brillante, aunque un tanto enfático Siegfried de Lauritz Melchior. Si el coro de guerreros no es gran cosa, la Orquesta Filarmónica de Londres se muestra idiomática bajo la batuta del siempre sorprendente Beecham, capaz tanto de realizar una escena de Waltraute y otra de la Conjura de gran rango wagneriano como de congregar a los guibichungos para, valga la exageración, el Brindis de la Traviata.

Kirsten Flagstad o el canto absoluto

Aún hoy es desconcertante el recordar que esta voz monumental pudo haberse quedado inédita para el mundo, si, cuando Kirsten Flagstad empezaba a pensar en retirarse tras una carrera limitada prácticamente a Escandinavia, Bayreuth no la hubiera llamado en 1933 y 1934. También es sorprendente que la soprano noruega no volviera a actuar en la Meca wagneriana y que su fama se forjara definitivamente en América entre 1935 y 1941.

A esta brillantísima etapa americana pertenecen los registros de San Francisco aquí considerados. La Walkyria californiana (1936) constituyó un acontecimiento que mereció los honores de la retransmisión radiofónica con comentarios de Marcia Davenport, conservados en la actual edición en disco compacto. También recoge esta edición los aplausos al concluir el preludio del segundo acto, único comercializado hasta ahora, que quizá fueran dirigidos a Fritz Reiner o constituyeran la salutación a la noruega en el momento de descorrerse el telón. Aceptada la segunda hipótesis, bien que agradeció el detalle esta Flagstad de cuarenta años en la plenitud de sus medios vocales. La radiante juventud del timbre, la belleza en todos los registros, la generosidad en la emisión  y la auténtica musicalidad del canto dieron vida esta velada a la hija de Wotan con arte incomparable. La leyenda dice que la Flagstad era estática en la escena, que no tenía grandes condiciones de actriz. Sin embargo, al escucharla en éste y otros documentos de esta época, se hace evidente que el personaje va creándose, nota a nota y frase a frase,en el hecho del canto dramático. Hay grandes cantantes wagnerianos que difícilmente han dado en el disco su verdadera talla- incluso en registros en vivo- al faltar la parte visual de su actuación. Kirsten Flagstad es el más perfecto ejemplo de lo contrario: la criatura que ella asume nos llega con una presencia física que está ya encarnada en la voz y transmite por este medio todos sus ricos y cambiantes sentimientos. En el resto del reparto, de lujo, brillan también en plenitud Lotte Lehmann y Lauritz Melchior un año después de su histórica grabación de la pareja de welsungos dirigidos por Bruno Walter, mientras que a List apenas se le perciben sus frases al final del acto (el combate entre Siegmund y Hagen se desarrolla en el foro) y a K. Meisle se le escucha una buena Fricka con exceso de trémolo en el registro agudo. De Friedrich Schorr se hablará al comentar su Wotan completo en La Walkyria de la Met (1941). El registro, de aceptable sonido, ilustra también sobre los cortes que se practicaban en la época: dos en la escena de Fricka, uno en el monólogo de Wotan e incluso otro en la escena de anuncio de muerte (!) Aun así, el documento atesora auténtico valor histórico. Por desgracia no puede decirse lo mismo del segundo acto deTristán, tomado también en San Francisco (1937), y no por la calidad de la representación o los crueles cortes (el tradicional en el dúo y otro que mutila el monólogo de Marke), sino por la pésima matriz, saturada defritura, ruidos parásitos y desigual volumen. Sólo en algunos momentos puede apreciarse la excelsa calidad de Melchior y la Flagstad y, sobre todo, que List fue un Marke ideal por el color vocal y por la intensidad y nobleza de la expresión. Afortunadamente, existen varios registros procedentes de la Met con el mismo reparto y calidad sonora suficiente, que seguramente serán reeditados en soporte compacto.

Durante su etapa americana Kirsten Flagstad volvió a Europa ya con el aval de la Met. En el Covent Garden se presentó como Isolde el 18 de mayo de 1936, y un año después, el 7 de junio de 1937, reapareció allí como Senta dentro de la temporada dedicada a festejar la coronación de Jorge VI. Las relaciones del Imperio Británico con la Alemania de Hitler parecían entonces aproximarse a la distensión política (así, el canciller ofreció al Covent Garden trasladar a Londres la entera producción del Lohengrin de Bayreuth, lo que no fue aceptado), y en este marco de colaboración Emil Preetorius escenificó el Holandés londinense. La función registrada fue la segunda. El disco que comento- creo que se trata de una primera edición absoluta en España- recoge el monólogo del Holandés y parte del diálogo subsiguiente con Daland, la totalidad del acto segundo sin la escena de Erik y el final del acto tercero desde la entrada del Holandés. Este es el gran Herbert Janssen, magnífico de voz y de estilo, maravillosamente contrastado- desesperación, esperanza, ansia de aniquilación- en el monólogo. Kirsten Flagstad, de quien la crítica dijo entonces que no había mostrado todos los matices psicológicos de Senta, vuelve a asombrarnos con su inaudita voz, pero aún más con la pura calidad del canto, inmediato y expresivo, y con su acertada concepción histórica del personaje: su Senta- ajena a histerismos y psicopatías de visionaria- guarda estrecho parentesco con la fiel y abnegada Leonora de Fidelio, tal y como el joven Wagner descubrió la opera de Beethoven a través de la interpretación de Wilhelmine Schröder- Devrient, para quien fue escrita idealmente Senta. Interesante también el Daland del eterno Ludwig Weber, aquí de treinta y ocho años, que luego llegaría a ser uno de sus grandes papeles de madurez (por ejemplo, Bayreuth, 1955, con Keilberth (Decca) o Knappertsbusch (Hunt). Max Lorenz fue sustituido en la tercera representación por Torsten Ralf, al parecer por causa de una indisposición; aquí tiene una corta intervención y se le escucha en su habitual línea heroica y vibrante. En conclusión, otro documento importante a falta de la edición completa de este Holandés de la Coronación, cuyo registro existe, que viene avalado, además, al igual que los de San Francisco, por la dirección conocedora, alerta, vital, precisa y matizada del gran Fritz Reiner, quien sin acentos subjetivos propicia aquí tres excelentes e inobjetables- cortes aparte- veladas wagnerianas.

Por último, la grabación del segundo acto de Parsifal obtenida en el Covent Garden el día 22 de junio de 1951 (segunda representación de la obra) nos ilustra sobre los límites de Kirsten Flagstad, la heroína que no podía corromper su voz para ser la rosa del infierno. La cuestión no es la tesitura aguda, difícil ya en estos años de despedida para una voz que, sin embargo, conserva el volumen y la belleza broncínea (ahora con cierta pátina), sino en que Kundry no puede ser recreada sólo con la voz. Toda la escena inicial con el convincente Klingsor de Ottakar Kraus es a contraestilo. Afortunadamente, el dúo con Parsifal sí permite a la veterana imponer su línea de canto, aquí siempre más maternal que sensual, y culminar un convincente dúo con el buen tenor que fue Franz Lechleitner, un hombre que merecía haber dejado más testimonios discográficos de su arte. Pocos días después, el día 30 de junio, la Flagstad dijo adiós al Covent Garden con su incomparable Isolde. También estaba allí concluyendo la era Karl Rankl, un Kapellmeister austríaco que había sido nombrado director musical del teatro londinense en junio de de 1946. La labor de Rankl fue discutida desde el principio. Este documento nos lo revela conocedor, eficiente y sólido, pero más rutinario- en el sentido profesional del término- que creativo.

Astrid Varnay o la voluntad trágica

La primera de las dos carreras (1941- 1970) de Astrid Varnay ha sido justamente la inversa de la de Kirsten Flagstad. Nada de actuaciones locales. Un deslumbrante debut en la Met a los veintitrés años de edad, su debatirse allí en lucha contra el frente común formado por Melchior y la Traubel, el salto a Europa y la consagración en Bayreuth como la mayor soprano dramática actuante desde la retirada de la Flagstad- su mentora cerca de Wieland Wagner- hasta la ascensión de la Nilsson.

Para hablar de su voz, permítaseme la autocita (2): "Hasta 1956 su voz pareció inmarchitable, aquello era el campanario de la catedral de Colonia tocando a rebato una y otra tarde. Pero desde 1957 hicieron acto de presencia los problemas y la campana empezó a destemplarse. Se ha hablado de una técnica imperfecta. No creo que sea éste exactamente el caso. La voz era (es) grande, extensa; la impostación, seguramente natural; el cráneo actuaba (actúa) como caja de resonancia al igual que en el caso de Elisabeth Grümmer. Precisamente tuve una vez el privilegio de poder preguntar a esta adorable Eva o Agata las posibles causas del deterioro de la voz de la Varnay: "Empezó muy pronto y cantaba siempre entregada, con demasiada intensidad", ésta fue la sincera y a la vez admirativa respuesta. De estatura media y tampoco con gran capacidad torácica, seguramente la presión de la columna de aire era excesiva; además, a diferencia de la Flagstad y de la Nilsson, la Varnay era (es) una actriz trágica con los frágiles medios del canto, carne y sangre del espíritu de la tragedia, un verdadero animal escénico".

Pues bien, cuando la jovencísima desconocida hubo de sustituir en el último momento a la grandísima Lotte Lehmann como Sieglinde en una Walkyria con un reparto absoluto en la teoría, lo que deslumbró fue la genuina calidad dramática de la voz unida a la especial intensidad de su fraseo. Al escuchar hoy este impagable testimonio del acontecimiento produce asombro el comprobar que la cantante está ya hecha, que su dicción es clarísima e intencionada. No hay vacilaciones, no hay timideces al actuar casi de improviso al lado de voces wagnerianas legendarias. Ciertamente, la Sieglinde de la Varnay no es aquí, ni lo sería después, superior a la de Lotte Lehmann, ya que la tesitura y la línea de canto de Sieglinde son antes líricas que heroicas. Cuando en el tercer acto cantan juntas ella y la Traubel, diríase que los papeles han sido intercambiados; entiéndase esto sin demérito de la soprano americana, mujer tan bella como excelente cantante, pero la verdadera soprano dramática es la Varnay, y por eso seis días después ya cantaba en el mismo escenario su primera Brünnhilde. Naturalmente, la personalidad de la debutante aún habría de desarrollarse y evolucionar hasta llegar a ser "la inalcanzable Varnay" del Kna. Mas la calidad, el talento y el potencial ya están aquí, y la frescura de la voz joven permite que los ejemplos de su Elsa (en el interesante plus que trae el cofre) resulten seductores. El público de la Met deseaba a buen seguro novedades, y Astrid Varnay tuvo así su oportunidad, que no desaprovecharía.

Con buen sonido para la época y la casi siempre eficaz dirección de Leinsdorff, más convincente en su robusta y belicosa Walkyria que en los fragmentos de Lohengrin, el documento nos ofrece además a un Melchior ya no en su mejor momento y un tanto distante (él y la Varnay son cantantes de distintas épocas), a un Kipnis que como Hunding no creo que haya tenido vocalmente parigual ni siquiera en List, y a una Thorborg que volvemos a encontrar aquí como insuperable Fricka y sensacional Ortrud. La Traubel, ya lo he anticipado, es una Brünnhilde de medios más normales, musical, y a buen seguro muy atractiva en la escena. Por desgracia, el legendario Schorr, aquí dos años antes de su retirada, evidencia aún más que en La Walkyria de San Francisco una terrible decadencia: sin agudos, mal de fiato, fatigado, sólo en el canto lírico a media voz(Adioses de Wotan) se reconoce al gran artista que fuera el barítono- bajo húngaro; pero lo peor es la espantosa mutilación a que es sometido el monólogo de Wotan, desaparecido casi en su totalidad (ni siquiera oímos: "Das Ende! Das Ende!"), quizá  porque el lujo de contar con la Thorborg obligó a dar íntegra la precedente escena con Fricka y Schorr tenía que reservarse para el tercer acto. En fin, un testimonio es un testimonio, y lo que aquí tiene importancia es recuperar el debut de una cantante de personalidad arrolladora.

Por último, conviene citar aquí, aunque sea con brevedad, la edición de uno de los raros discos conocidos con recitales de la Varnay con acompañamiento de piano. Se trata de dos programas muniqueses- ¿para la radio?- , sorprendentes por su originalidad, por su valiente planteamiento y por los magníficos resultados. ¿Deficiente la técnica de la soprano? Escuchemos su dicción precisa, viva, intencionada en alemán, francés e italiano. Comprobemos cómo una voz tan grande y metálica puede ser vehículo de la intimidad, de la insinuación, de la gracia. Por supuesto,. no faltan los acentos dramáticos ni los soberbios reguladores posibles gracias a un soberbio fiato. Todo está cantado con estilo y con esa entrega absoluta que fue abrasando  a la Varnay, todavía en buen estado vocal en el recital de 1961. Si tuviera que señalar un non plus ultra, me quedaría con el ciclo Deita Silvane, 5 liriche musicate su parole di Antonio Rubini de Respighi, misterioso, iluminado con destellos y medias luces postimpresionistas, donde la voz broncínea se hace de plata. Hans Weigert, el marido de la soprano, y Heinrich Bender (asistente musical en Bayreuth en los cincuenta) son los sensibles acompañantes en esta joya que demuestra una vez más que sólo con una profunda formación musical puede alcanzarse, si el material vocal lo permite, el grado superior de soprano dramática.

NOTAS

(1).- Cuando la Schröder- Devrient estrenó el Holandés (Dresde, 1843), Wagner hubo de transportar un tono la balada. Este hecho no contradice lo aquí afirmado: la gran cantante no era ya vocalmente en 1843 la misma conocida en los años treinta y recordada por él con añoranza en Riga y París.

(2).- Astrid Varnay o la Callas del Norte, Ritmo, num. 600, junio de 1989, pag. 113

 

WAGNER: Grabaciones históricas (CD)

Frida Leider canta Wagner

Tristán e Isolda: Narración de Isolda; Dúo de amor; Muerte de amor. Con L.Melchior y E.Marherr. L.Blech, A. Coates, J.Barbirolli, directores. Grabaciones de estudio, 1929 y 1931. Duración: 31' 10''.

El ocaso de los dioses: Prólogo. Con F.Soot. Grabación de estudio, 1925. Duración: 9'15''.

- Actos I y II, fragmentos. Con L.Melchior, K.Thorborg, L.Weber, H.Janssen y M.Nezadel. Sir Th.Beecham, director. Grabación en vivo, Royal Opera House- Covent Garden, 14 de mayo de 1936. Duración: 54' 35''.

- Acto III, escena final. Con E.Marherr. L.Blech, director. Grabación de estudio, 1929. Duración: 17' 46''. LEGATO Classics, 2 LCD-146-2.

 

Actuaciones de Kirsten Flagstad

La Walkyria, Acto II. Con L.Lehmann, L.Melchior, F.Schorr, K.Meisle y E.List. F.Reiner, director. Grabación en vivo, Opera de San Francisco, 13 de noviembre de 1936. Duración: 74' 19''. LEGATO Classics, I LCD-133-1.

El Holandés errante, fragmentos. Con H.Janssen, L.Weber, M.Lorenz, M.Janed y B.Williams. F.Reiner, director. Grabación en vivo, Royal Opera House- Covent Garden, 11 de junio de 1937. Duración: 74' 37''. STANDING ROOM ONLY, 15 RO-808-I.

Tristán e Isolda, Acto II. Con L.Melchior, E.List, K.Meisle, G.Cehanovsky y J.Huehn. F.Reiner, director. Grabación en vivo, Opera de San Francisco, 1 5 de noviembre de 1937. Duración: 59' 04''. LEGATO Classics I LCD-145-I.

Parsifal, Acto II. Con F.Lechleitner y O.Krauss. K.Rankl, director. Grabación en vivo, Royal Opera House- Covent Garden, 22 de junio de 1951. Duración: 56' 29''. LEGATO Classics. I LCD- 144-I.

 

Actuaciones de Astrid Varnay

La Walkyria, opera completa. Con L.Melchior, A.Kipnis, F.Schorr, H.Traubel y K.Thorborg. E.Leinsdorf, director. Grabación en vivo, Metropolitan Opera House, Nueva York, 6 de diciembre de 1941. Duraciones: 77' 53'', 77' 55'', 43' 43''. Bonus: Lohengrin, fragmentos. Con N.Cordon, L.Melchior, A.Sved y K.Thorborg. Grabación en vivo, Metropolitan Opera House, Nueva York, 2 de enero de 1943. Duraión: 35' 13''. Libreto en alemán con comentario de Jürgen K.Grundheber e ilustraciones. MYTO Records 3 MCD 913.41.

 

Recitales

- Obras de F.Schubert, J.Brahms, E.Grieg, L.Diémer, H.Wolf, R.Strauss, E.Wolf-Ferrari, F.Fourdrain y P.Cimara. Hermann Weigert, piano. Grabación en vivo, Munich, 1954.

- Obras de R.Wagner (Dors, mon enfant; Attente; Mignonne). A. Dvorák y O.Respighi. H.Bender, piano. Grabación en vivo, Munich, 1961. MYTO Records I MCD 90.320. Duración: 78' 49''.