Una de las locuras más comunes son las sexuales, pero entre ellas hay algunas especialmente curiosas, por lo raras y demenciales, diferenciándose algo de las locuras normales sexistas sobre el complejo de Edipo y la asignación a Wagner de sexismo extremo.
Empecemos con el ejemplo de la locura paterno-fascista: En la ‘Revue du Cercle belge francophone Richard Wagner’, número 3 de 2004-2005 podemos leer un texto sobre ‘La función paternal y la voz del padre en la ópera’, por Jacqueline Verdeau-Paillés, psiquiatra y psicoanalista.
La introducción de la revista a este artículo es interesante, muestra la decadencia del papel paterno en la vida actual, tras el desastre psicoanalista de los años 1968, con la manía de confundir autoridad y paternidad con posturas ‘fascistas’ o ‘ tiránicas’, lo que ha llevado a una ‘des-paternización’ del papel del padre en la familia.
Pero tras esta advertencia justa y correcta, el artículo en sí está dirigido por la pretensión de que Freud era un científico y sus ideas son aplicables a algo más que a la literatura de lo extravagante, y por tanto tratar de aplicar ideas freudianas a la paternidad, lo que es como aplicar la medicina de la época de las sanguijuelas al análisis del Cáncer.
Así se pierde la base positiva del intento, que en sí es interesante. Es evidente que el registro de ‘bajo’ es el adecuado y usado en la mayoría de papeles ‘paternalistas’ de la ópera, y la recopilación de los papeles paternales o de sustitución paternal (como Gurnemanz con Parsifal), todo ese estudio adecuado queda deformado de vez en cuando con la aplicación de freudanismos más próximos a la locura y lo jocoso que a algo serio y correcto.
Así podemos entender que hay que des-paternizar a los personajes, para ‘sacarlos del fascismo’ paternalista. Wotan odia en realidad a Brunilda, porque necesita su obediencia ciega de militante-hija fascista. Marke es el ‘padre’ odiado por represivo de Tristán, Hagen es explotado por el padre fascista Alberic, y así toda la obra de Wagner la convierten en un ‘acto de liberación’ anarco-freudiana contra el fascismo paternalista… la locura.

En Lohengrin, otro psico-loco, Lindsay Graham, nos aclara que Telramund es en realidad la representación del padrastro de Wagner, Geyer, y Elsa es una hermana de Wagner a la que ‘este deseaba incestuosamente’ como un tabú…

Veamos ahora la locura del Andrógino arrojada sobre Wagner.
Lo del Andrógino viene de Platón, en ‘El Banquete’, donde Aristófanes cita la existencia mítica de unos seres que poseían los dos sexos, eran de forma esférica y tenían la felicidad perfecta. Los dioses celosos de su fuerza y felicidad, los desunió. Ovidio dice algo de ello también en ‘Metamorfosis’.
En la misma revista en el número Invierno 2000/2001 hay otro texto de la locura, de los que suelen estar de moda en esta época de indefinición y neurosis. Este texto corresponde a una conferencia celebrada el 4 Noviembre 2000 para presentar el libro 'Wagner andrógino' del crítico musical Jean Jacques Nattiez, publicado en 1990.
Adicto a esa manía llamada 'originalidad', o sea 'interpretar' las cosas de tal forma que se logre tener 'gatos con 12 patas', las tesis del libro son:
La relación entre poesía y música en la obra de Wagner es equivalente a la relación hombre-mujer, siendo pues el intento de unión de poesía y música en la obra Total un intento de crear un andrógino (ser hombre-mujer a la vez).
El mito del Anillo puede interpretarse como una 'transposición metafórica' de la concepción wagneriana sobre la historia de la música.

Para semejantes conjeturas, ilusorias y entelequiales, se basa en pequeñas frases de Wagner o de Feuerbach.
“La perfección cultural o artística no podrá ser alcanzada más que cuando se habrá suprimido lo que separa lo masculino de los femenino”… texto del ‘Libro Marrón’ de Wagner. Que así leído, eso es, aislado de su contexto inmediato, podría parecer que apoya la manía del Andrógino perfecto. Claro que este texto es seguido de inmediato por la idea de unir Música y Poesía, y Wagner asigna a la música un aspecto femenino y a la poesía el masculino… nada de sexos… se trata de su idea de unión completa de ambas artes.
Y Feuerbach diciendo: "Solo lo uno, el todo absoluto, puede ser perfecto y completo" o "En el Amor, lo uno es el todo, el todo es lo uno, pues en lo múltiple está la dispersión y la división" (La Esencia del Cristianismo)…. La unidad de la pareja en el Amor no implica nada sobre un pretendido androginismo.
Decir que "en Opera y Drama se desarrolla una metafísica sexual fundamental" es una de esas 'boutades' de crítico ocioso que quiere ser original… a costa de ser necio.
Para colmo decir que "Wagner quiere en Parsifal anunciar una nueva religión centrada en un redentor asexuado y símbolo de la supresión de todo tipo de diferencias, sexuales, raciales, culturales …" es seguramente 'políticamente muy correcto' en este mundo de 'igualdad de todo' pero es una tontería que muestra a donde se puede llegar cuando se piensa con el sexo en vez de con la cabeza.
Unamos eso a la idea psicoanalista de que todo hombre tiene un recuerdo inconsciente de la perfección de su estancia en el vientre de la madre y tendremos las interpretaciones locas sobre la obra de Wagner como la búsqueda del Andrógino….
Así el deseo de ‘ser uno’ entre Tristán e Isolda es la imagen de querer restituir el Andrógino que posee los dos sexos.
Y así toda la obra de Wagner es una locura sexi-androgenética.. Senta-Holandés, Elisabeth-Tannhäuser, Parsifal-Kundry (que no muere), Tristán-Isolda, etc… todos son seres en búsqueda de la felicidad del Andrógino. Solo fracasa en Elsa-Lohengrin… vaya, que lástima.


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