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LA FURA DELS BAUS DE ‘DIRECTORES DE ESCENA’ Con Carlus Padrissa de director del Circo

¿Es posible que una banda de ignorantes sean encargados de montar una obra de Wagner?..  es como si se llamase a un carpintero para diseñar una central atómica. Pero aunque parezca mentira esto se hace con Wagner.
Fueron llamados por Zubin Mehta, en el Palau de les Arts de Valencia, siendo éste Presidente del Festival del Mediterráneo, y garante de la calidad del festival….?¿?¿, lo que muestra que las ‘garantías’ hoy están muy devaluadas, para efectuar la puesta en escena de La Tetralogía…  sin tener ni idea de Wagner ni de su obra.
En el librito del año 2006/2007 sobre la pseudo representación de ‘La Walkyria’, más bien ‘La Fura de la Walkyria’, se reproduce esta inestimable muestra de locuras en una entrevista a Carlus, y en la portada ya se ve que están algo trastocados … unos bomberos tratando de apagar el Fuego Mágico que rodea a un chavala moderna que debe hacer de Walkyria.
Veamos algunas de las cuestiones de la entrevista que se le hizo:

J. R.- ¿Qué era hasta ese momento el Anillo del Nibelungo para ti? ¿Qué sabías de Wagner?
C. P.- Pues había oído hablar un poco de ello, pero era una cosa ciertamente desconocida. La primera vez que yo fui a la ópera fue en el Liceu, hace un montón de años. Recuerdo que me fui a comprar una entrada del quinto piso con mi compañera de entonces. La dije: "Te voy a invitar a  la ópera, y era para ir a la ópera y darme un poco de fama delante de ella, no para escuchar lo que se representaba, que no sabía ni lo que era. Después me enteré, bueno, cuando fui a comprar las entradas, que lo que se representaba ese día era el Tannhäuser. Me quedé sorprendido y pensé: Cojones, ¡pero si esto es una calle de mi pueblo!. En mi pueblo, yo vivo en Moiá, hay una calle que se llama Richard Wagner, y en esa calle hay una casa que se hizo construir el famoso tenor Francesc Vinyes, y en la fachada hizo colocar una placa de cerámica muy grande con el nombre de las óperas de Wagner que él había cantado: Tannhäuser, Lohengrin, Tristany e Isolda, y no recuerdo cuales más ...
J. R.- ¿Parsifal?
C. P.- Sí, me parece que sí, ¿sabes una cosa? En mi pueblo, el bar más popular de toda la vida se llama "El Sant Graal".
J. R.- ¿El santo Grial?.
C. P- Sí, sí, escrito así: “Sant Graal". O sea que tú vas allí, te tomas una copa de vino y te estás tomando... ¡La sangre de Cristo!
J. R.- O sea, que tu vinculación wagneriana se remonta a tu infancia pueblerina, sin siquiera ser consciente de ello...
C. P- ¡Exacto! Y allí, en Moiá, se conserva la casa de Francisco Viñas, el gran tenor wagneriano, que es de mi pueblo. De pequeño, en el colegio, nos contaban su vida, que este tenor fue el primer español en cantar Wagner. En el pueblo hay un museo dedicado a él y de pequeños en el colegio nos llevaban obligatoriamente a visitarlo, y nos pegábamos todos un susto de cuidado cuando nos topábamos allí con una imagen impresionante de un tío barbudo, con un sombrero y unos pájaros en la cabeza, al que le faltaba un ojo...
(…)
J. R.- Pero tú, en este montaje, descompones de alguna manera todo ese hermoso mundo que describes...
C. P- ¡La luz! Es como un prisma que va cogiendo los colores y entonces hay un concepto espacio-tiempo muy importante que es que los dioses, si efectivamente son dioses, hoy en día, en nuestra época tan científica, se desplazan como mínimo a la velocidad de la luz o más; como mínimo a 300.000 kilómetros por segundo.
J. R.- ¿A esta velocidad desplazas a los dioses del Walhalla? ¡Serán dioses supersónicos!
C. P.- Los dioses nuestros, en cierto modo... no, van más despacio, pero como concepto, sí. Wotan es el sol, vendría a ser el sol. Va al sol y vuelve al sol.
J. R.- En el antiguo Egipto lo llamaban Ra. El sol ha sido siempre una deidad, en india, en Persia, en Perú, en México...
C. P- Exactamente. Y podría ser en cualquier cultura el astro más venerado. Todos los demás van a su alrededor, orbitando. En esta órbita transcurre, por ejemplo, la segunda escena de El oro del Rin, que siempre tiene graves problemas de solución, porque tienes ahí cinco tíos que siempre están por allí y no sabes qué hacer con ellos... Los hacen cambiar cuando cambia la música, cambian de postura, y están todos escuchando a quien hable, a Loge, al que sea... Todo es como muy estático y muy difícil de solucionar. Y cualquier actor de teatro se queda acojonado. Y dice: "Esto no lo vamos a hacer; es un coñazo". Después de verlo dice: "Es imposible de hacer. Yo no quiero que esté mi nombre aquí, pierdo mi prestigio". Pero en cambio si lo entras ya en una órbita, lo coges más de orbital, de teatro global, ¡Arte global!, aparte de unión de las disciplinas también hay orbital y espacial, el micromundo y el macromundo. Ahora hace poco celebrábamos el 400 aniversario del Orfeo de Monteverdi, donde ya había esta idea platónica de los círculos y Zeus; allí sale Zeus y aquí sale el dios que ocupa el mismo cargo, ¿no? ¡Wotan!.
J. R.- Un Wotan "orbitante"
C. P.- Llámalo así si quieres. El tema es que nosotros hacemos orbitar a los dioses en anillos de luz que hábilmente ilumina Peter Van Praet. Entonces en la segunda escena está solamente Fricka y Wotan y los demás están, siguen estando... pero no en el cuadro que les coge su órbita, sino que están con él. No podrías decir que Mercurio no esté con el Sol. Está con él, está dando vueltas a su alrededor, pero que tú lo veas y lo pilles en la fotografía, eso es otra cosa. En el cuadro de la caja escénica, a lo mejor ves a Froh o Donner dando una órbita... Siempre que cantan están, pero a lo mejor después se van dando la órbita por abajo y reaparecen otra vez por otro lado. Ése es el concepto que yo quiero mostrar. Ya de entrada esto es mucho más fácil, ya te soluciona técnicamente muchos problemas. Por ejemplo, otro problema que suele haber: los cantantes wagnerianos tienen que tener una voz muy buena, pero generalmente no suelen ser grandes actores, algo que no les hace falta con este procedimiento técnico, porque los ponemos encima de unas grúas, que no las hemos inventado nosotros: son la continuación de las grúas que usaba el propio Wagner en su viejo teatro, ésas de madera que están dibujadas en los libros y todos hemos visto. Roland Olbeter, nuestro escenógrafo, las ha diseñado en aluminio, pero la técnica es exactamente la misma.
J. R.- Este mundo de dioses, órbitas, satélites, soles, planetas, etcétera, etcétera sirve para El oro del Rin, pero en La valquiria aparece el mundo de los humanos, con sus paisajes, personajes y geografías. ¿Qué ocurre entonces?
C. P- Pues aquí me encaja todo perfecto, porque llegamos a la Tierra con el Google Earth.
J. R.- ¡! ¿Qué?
C. P.- Sí, como lo oyes, con el Google Earth, tal como se mueve mucha gente hoy por el mundo desde la pantalla de su ordenador. En el mundo del Google Earth todos somos y nos sentimos un poco Wotan. Viajamos y volamos en el espacio, también a la velocidad de la luz, porque podemos pasar de un continente a otro en un santiamén, en un mover el ratón
 (…)
¿Y cómo está la tierra cuando llegamos a ella a través del Google Earth? Tío, ¡está quemándose! ¿Dónde viven? ¿Qué bosque es éste donde viven Sieglinde y Hunding? ¿En qué mundo viven? Pues viven en el Mato Grosso, en Brasil, en el Amazonas, que está todo quemado...
J. R.- ¿Allí los emplazas?
C. P.- Allí mismo, sí. Y todo está quemado, insisto. Sólo quedan troncos medio rotos y muchos los están arrancando, y los lobos..., pues algún lobo quedará por ahí, y está nevando además porque ha habido una alteración climática tan fuerte... Bueno, no nieva, pero con el cambio climático va a nevar. Estamos hablando de un sitio futurista.
¿Dónde van? ¿En qué situación están viviendo allí? Y llegamos con el Google Earth, insisto, y nos acercamos y vamos viendo cada vez más nítidamente la tierra quemándose. Utilizamos una versión de Google Earth que nuestros colaboradores, en este caso URANO y el video-creador Franc Aleu, han adaptado muy inteligentemente. Han puesto la tierra como quemándose, como negra, todo negruzco, como quemado de petróleo. Y allí encontramos a los humanos.
J. R.- O sea, el duelo entre Hunding y Siegmund debió de ser algo así como el de David y Goliat...
C. F- Sí, desde luego. Ella aún está, ¡va a cuatro patas!, porque como la tiene raptada no le han enseñado a andar, porque la ha cogido de niña, de cría, y la tiene como esclava sexual, digamos, pero no se pueden reproducir, porque no se queda preñada ya que no tienen los mismos cromosomas y ella está como arrastrándose por el suelo y la tiene atada a una cuerda. Entonces llega Siegmund, su hermano -que no sabe que lo es- y pasa lo que pasa... Él, en lo más bonito, en el canto de la primavera, le va a enseñar a erguirse. Le enseñará a levantarse y desde luego le quita la cuerda y se va con ella, la libera. Pero sobre todo, lo más bonito es el momento en que le abre las ventanas y le dice: `¡Vamos!". Y ella va a cuatro patas y él la levanta. Es muy, muy hermoso. Es una de las partes más logradas de nuestra puesta en escena.
J. R.- ¿Cuál ha sido el personaje que te ha planteado más problemas?
C. R- Loge, sin ninguna duda. Pero le hemos dado una solución, creo que muy buena. Para mí Loge es el personaje más importante y complejo de El oro del Rhin. Si no lo resuelves la pringas. Yo he visto algunas veces, por vídeos, y he ido a ver, he buscado lo que han hecho otros antes, y es muy difícil solucionado. Pero hemos encontrado una solución que a mí me gusta bastante: el hombre se desplaza ya no en grúas, ¡es más terrenal! ¡Es un hombre!. Bueno, un poco más, ¡un casi semidiós.., ¡es un intermediario que va en Segway!. Ese artilugio del que Bush se cayó. ¡El único tío del mundo que se ha caído de un Segway es Bush! Y es una cosa muy moderna, porque busca tu centro de gravedad y es como una llama. Él es la llama, Chu [Uroz] lo ha vestido muy inteligentemente. Su cabeza es la bombilla, porque está calvo. Bueno, el reparto es fabuloso, yo creo que Helga Schmidt, por la parte que le Loca, y Zubin Mehta han acertado de lleno. Me han elegido los personajes que a mí me convienen, para lo que yo estoy explicando. Porque suelen ser gente de mucho peso, porque los dioses son pesados. Podrían ser también de la generación Bush, de esa generación que se ha quedado mirando la televisión y comiéndose todas las hamburguesas del mundo...
J. R.- Pero... ¿Dónde guardan el oro?
C. R- Lo guardan adherido al vientre, como si fueran huevas. Lo tienen dentro, en su propio cuerpo. Y ellas, cuando están cantando, sacan la cabeza, y el público, a través de transparencias, ve cómo flotan y cómo van sacando las huevas, que son como fetos, como larvas, dorados en cierto modo. Alberich las roba, las arranca de sus entrañas y las porta a Nibelheim.
J. R.- Que estará sólo Wotan sabe dónde...
C. R- En Mauritania, porque hay allí un ojo, que es como el ojo del mundo. Un ojo que existe realmente, que no sé cómo le llaman, pero que es como una especie de volcán. No sé cómo se produjo, pero allí está y es espectacular. Yo no soy geólogo, te lo podría explicar un geólogo, pero es muy bonito, verdaderamente precioso. Y Alberich penetra por ese ojo a Nibelheim, portando las "huevas" que ha robado a las ondinas, y allí las procesa y construye el oro. Y el oro resulta que son personas. Nosotros representamos un oro vivo, digamos, molecular, también creado como personas. Es un poco el estilo nuestro que yo uso en el espectáculo. Todo es molecular, las personas son moleculares... hasta la roca de Brünnhilde es molecular….
J. R.- ¿No hay provocación Furera?
C. R- Sí. Hay mucha provocación. Ahí nos hemos soltado, en muchos detalles, en muchas cosas, pero sin saltarnos nunca el guión establecido por Wagner. No sé, pues mira: la ondina muestra su pecho y saca la leche y la tira cuando Alberich la llama. ¡Es leche fría! ¡gélida! Ahí hay una libertad total. La verdad es que estamos siempre al límite del lenguaje furero. El lenguaje furero tiene muchos caminos, pero en el de ópera normalmente es más comedido, porque no podemos hacer ruido, esto sí que lo tenemos que respetar ¡Estamos ante la música! Ahí es más provocación el silencio que el grito.
J. R.- Imagino que no faltan los tan característicos cuerpos colgados de La Fura...
C, R- ¡Claro! Todo el proceso de manufacturación del oro es muy furem. Son tíos que los tiran, que los pintamos, embadurnamos sus cuerpos desnudos. Trabajamos con cuarenta y pico actores que son fureros, que trabajan como extras, como figurantes, algunos y otros son como más ejecutores, actores/ejecutores de nuestras acciones: se descuelgan, los colgamos, hacemos que los muertos sean... Bueno, ¡hay que verlo! (¡¡¡Pues no, lo que hay es que NO verlos!!!)

NO ES PRECISO COMENTARIOS, pero no podemos por menos resaltar algunas de las más brillantes muestras de neurosis:
- No deja ya de ser sorprendente que un Mehta encargue una obra de Wagner a unos elementos que no saben nada de Wagner, lo reconocen y son unos totales analfabetos en este tema.
- Esos elementos se creen que ‘provocar’ es enseñar una teta de una ondina… eso es una vulgaridad, lo que es una provocación es decir que “Hay mucha provocación. Ahí nos hemos soltado, en muchos detalles, en muchas cosas, pero sin saltarnos nunca el guión establecido por Wagner”, eso sí es provocar, no es que se hayan saltado lo que dice Wagner, es que no lo han ni siquiera tenido en cuenta.

En fin, lo único positivo es que el tal Carlus ha permitido superar ampliamente las más lindas locuras que podríamos haber encontrado, escritas por un ignorante, sobre Wagner.
En cambio vemos muy bien que a semejante ‘escenógrafo’ se le haya asignado dirigir uno de los ‘Estriptis’ del Teatro Borras en Barcelona, por supuesto es mucho más adecuado a sus conocimientos y métodos el que se dedique a hacer un estriptis….