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Siegfried Wagner en los «Diarios» de Cosima Wagner

Recopilado y traducido por Javier Nicolás. "El tilo sagrado", nº1-3. 1983, 1986 y 1997
Siegfried Wagner en los «Diarios» de Cosima Wagner

 

Domingo 6 de junio de 1869 
    Hacia la una, voy a ver a Richard para anunciarle lo que pasa, y tomar decisiones inmediatas. Quiero evitar llamar la atención y no cambiar nada en el desarrollo previsto para la jornada de mañana, y desayunar con Nietzsche y los niños. Richard me echa su ropa de cama sobre los hombros y me acompaña a mi cama. Las contracciones se multiplican: a las dos, hago despertar a Vreneli y envío a buscar a la comadrona. Preparativos necesarios para recibir en la habitación contigua al que esperamos. El acontecimiento no parece tan cercano. Temo la debilidad que tuve con el retraso del nacimiento de Eva. Richard, muy solícito, está a mi cabecera. A las tres llega la comadrona y espera en la habitación de al lado, pues no quiero hablar con nadie. Richard vuelve a bajar, pues quiere tener fuerzas para el día siguiente; se acuesta, pero, atormentado por su inquietud se vuelve a vestir y sube de nuevo; se precipita en mi habitación y me encuentra ya en manos de la comadrona, en los dolores más violentos. Viéndole delante mío y tomándole por un fantasma, he tenido miedo; me he girado con horror y le he hecho salir de la habitación. Hasta que no me ha oído de nuevo gemir no ha entrado de nuevo corriendo, ya que la comadrona me había dejado por un instante. Me aferré a su brazo y me sacudió convulsivamente haciendo señas de que no hablara. La comadrona volvió y Richard se retiró de nuevo a la pieza contigua desde donde oyó todo el drama y escuchó los gemidos de dolor. Cuando él oyó que subía Vreneli y que respondió a varias preguntas de la comadrona, ella gritó consternada: “¡Ah, Dios mío!“. Richard creyó que me había pasado algo horrible y se precipitó en la escalera para preguntar a Vreneli que, además iba corriendo, qué es lo que había pasado, y fue cuando le contestó, muy alegre: “ ¡Es un muchacho!”. Richard volvió al salón, y se puso a escuchar los potentes gritos del pequeño niño, mientras yo permanecía desvanecida. Richard estaba delante de él, orgulloso.

El sol acababa de levantarse por encima del Rigi y había llenado la pieza con sus primeros rayos: era el más glorioso de los domingos. Richard se inundó de lágrimas; en ese momento llegaron hasta mí los primeros sones de las campanas de Lucerna, atravesando todo el lago. Richard miró la hora y constató que su hijo había venido al mundo a las cuatro de la madrugada. Hacia las seis, volvió Richard a mi lado, el cual me hizo partícipe de su solemne emoción. Yo estaba débil, pero alegre: el regalo que el destino nos hacía con el nacimiento de un niño se me apareció inmediatamente corno un consuelo inestimable. El hijo de Richard sería su heredero, y más tarde, el representante del padre cerca de los niños. Será el protector y guía de sus hermanas. Seremos muy felices. El niño es grande y fuerte. Me dicen que pesa dos libras más que los otros recién nacidos. Hablamos de su nombre: Siegfried Richard. Richard no puede evitar el testimoniar su alegría a toda la casa: regala cosas considerables a los criados. Hacia las nueve, con mi mano sobre la de Richard puedo tomar mi primer sueño que me devuelve las fuerzas, aunque haya sido corto, de dos horas. A mediodía, Richard debe dejarme para comer con nuestro huésped (Nietzsche) y los niños. Durante este tiempo se ocupan de mí como piden las circunstancias. A las cuatro y media, Richard es librado de esas penosas obligaciones; y mientras que los niños hacían un paseo por el lago, pasamos unas horas llenos de paz y esperanza. A las nueve, Richard me deja, para poder reposar y poder descansar él también.

Sábado 7 de mayo de 1870 
    Nos congratulamos con el tema de la profesión futura de Fidi1, cirujano; nos atenemos a esta idea, ya que cada uno ha de tener un oficio determinado. 
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(1) Nombre familiar de Siegfried Wagner. 
 

Lunes 6 de junio de 18702

Cuando con las últimas caricias del sol, 
la tierra cría la dulce uva, 
nos hemos amado en la pena y la alegría 
y tú has florecido con las rosas.

Alrededor de la tumba de Tristán e Isolda 
se elevan en un abrazo exhuberante 
unas rosas tan bellas, una uva.tan dorada 
¡que ellos abrazan también tu vida.

Tu imagen, eterna, ha bendecido la noche de Trístán, 
hasta que nos hemos encon-trado en la locura de la muerte 
y el sol de Siegfried ha sonreído al nacimiento 
como el padre y la madre resucitados.

Cerca de las rosas y de los pámpanos, están reposando Tristán e lsolda 
cerca del sol y de sus adioses a la Tierra 
que retumban, Siegfried mío, las tempestades que quieren proclamar 
que tú seas claro como el día, profundo como la noche. 
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(2) Poesía de Cósima Wagner a su hijo Siegfried, en el primer aniversario de su nacimiento.

Domingo 4 de septiembre de 1870 
    A las tres llega la familia Wille, después los Bassenheim; a las cuatro, comienza el bautismo. Helferich Siegfried Richard Wagner se comporta pasablemente.

Lunes 19 de junio de 1871 
    Por el camino, digo a Richard que estoy feliz de que él esté aquí para inculcar a Fidi unas ideas justas de todo tipo: arte, filosofía, los Judíos, la religión, la política, y para ahorrarle así procedimientos estériles.

Domingo 2 de julio de 1871 
    No creo en una sucesión tan rápida de genios, no hay ejemplo en la historia, deberemos estar felices si nuestro hijo hace prueba de un carácter noble y de una inteligencia despierta. “Sí -dice Ricardo- haría falta que no tenga ninguna individualidad para segúir mis pasos. ¡Sólo Dios sabe lo que le está reservado!”.

Miércoles 15 de noviembre de 1871 
    Fidi me da gran alegría; en una noche sin sueño, Richard ha reflexionado en su futura profesión y es partidario totalmente de la cirujía, “que le endurecerá por la compasión contra toda debilidad”.

Miércoles 28 de febrero de 1872 
    Fidi aparta a Rus3 de la chimenea porque, remarca él, no nos gusta que esté tan cerca de ella; Richard le dice: “Tú eres tan inteligente que serás médico”, y Fidi le responde: ”No, ¡Emperador!”. 
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(3) Rus, uno de los perros de Wagner.

Domingo 17 de marzo de 1871 
    Ayer, Richard ha dicho cariñosamente a Fidi: “Tu juventud deberá ser el sostén de mi vejez, ¡y bien!, mi vejez será el sostén de tu juventud”.

Lunes 1 de julio de 1871 
    Richard, Fidi y yo vamos a ver las vacas, y los otros niños vienen enseguida a buscarnos.

Jueves 26 de diciembre de 1871 
    Hago venir a los niños al pie de mi cama; ellos tienen buena cara, las gracias y la gentileza de Siegfried esclarecen incluso las horas más tristes de Richard: “El llegará más alto que yo” -dice Richard- “pero hay una cosa que no tendrá jamás, y es que no tendrá una mujer comparable a la mía”.

Domingo 9 de febrero de 1873 
    Richard va al café Angermann a beberse una cerveza con Fidi: se sientan y Fidi pregunta: “Pero, ¿dónde va a sentarse Rus?”.

Jueves 22 de mayo de 18734 
    En la comida, llega el momento de los vivas y yo pregunto: “¿Para quién es nuestro viva Daniella?” y ella responde levantándose y cogiendo el vaso: “¡Para el más fiel de los protectores!”5; “¿Para quién es nuestro viva, Blandine?” y ella responde: “Para el más querido de los amigos”; ‘‘¿Para quién es nuestro viva, Isolda?”, “para el mejor de los padres”, “¿para quién es nuestro viva, Fidi?”, “¡para mi papá!”. (...) Fidi le regala a Richard un caniche que ha sido elegido por E. Krockow y que parece un poco delicado (nosotros desearíamos un perro más fuerte, más rústico), pero el pequeño animal es adorable y le bautizamos Putz. 
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(4) 60 cumpleaños de Richard Wagner. 
(5) Tanto Daniella como Blandine eran las hijas del matrimonio Cósima-Hans von Bülow, de ahí el que en sus vivas no lo traten como a su padre, a diferencia de Siegfried e Isolda.

Domingo 8 de junio de 1873 
    Hablamos del porvenir de Fidi; me gustaría mucho que no fuese solamente cirujano, sino que se convrtiese también en un hombre de estado importante para poder servir a Alemania más tarde; Richard piensa que es necesario para ello una cierta situación social y una cierta falta de imaginación; él espera encontrar un joven hombre inteligente para la educación de Fidi que comenzará por un profundo estudio de la lengua alemana (medio-alto alemán y viejo-alto alemán) para pasar enseguida al griego como en el paraíso absoluto; él será instruido después en el latín, el italiano, el inglés y el español. Lo que es seguro, es que no le precipitaremos en el embudo de la educación moderna dada a todo el mundo.

Lunes 15 de septiembre de 1873 
    Deseo que Fidi conozca a su padre, que lo sepa todo lo referente a su vida, y es por ello por lo que continúo este Diario que deberá enseñarle lo que su padre no puede decirle. 
  ”Dios mío, vuélveme piadoso, haz que yo vaya al cielo, pero si yo no puedo ser piadoso, elévame pronto de esta tierra, tómame en tu reinado celestial, hazme semejantea tus ángeles”. Este cuaderno debe comenzar con esta prédica de Fidi que Richard recitaba en su infancia y deseo que todos los hijos de Fidi la reciten igualmente.

Martes 11 de noviembre de 1873 
Fidi canta a solas, ”Así se comienza a componer”, dice Richard.

Miércoles 11 de marzo de 1874 
    ”Fidi es el mejor y más bello testimonio de nuestro amor”, me comentaba Richard.

Domingo 5 de abril de 1874 
    Richard me dice que no escribirá una sola partitura más hasta que Fidi sea capaz de orquestárselas.

Miércoles 8 de abril de 1874 
    ¡Tenemos nueva gorbenanta! ¡Qué Dios nos bendiga! Richard le enseña la última oración de Fidi: ”Dios mío, ayúdame a ser feliz y vela por mi futuro”.

Viernes 16 de octubre de 1874 
    Estos diarios siempre han sido escritos rápidamente y con prisa; yo espero, pese a todo,  poder dar a través de ellos una imagen de nuestra vida a mi Sigfrido; no puedo decirle lo que él representa en esta vida, es difícil expresar en palabras, por ejemplo, la bondad de la cara de su padre cuando le contempla, pero espero que el sepa encontrar entre estas páginas el amor que le hemos dedicado.

Sábado 24 de octubre de 1874 
    Fidi hace reír mucho a Richard, que me dice: ”Dios mío, tener conmigo un niño semejante que me llama "papá" y que me hace todo tipo de preguntas, es demasiado bello todo esto”.

Viernes 6 de noviembre de 1874 
    Loldi ha salvado ayer a un pollito que se había caído al agua y Fidi ha cantado para tal ocasión una canción que se acababa de inventar: ”¡no es tan fácil morir!”

Domingo 13 de junio de 1875 
    El tiempo es magnífico en Alexandersbad, subimos hasta el Luisenburg, cosa que no está hecha para nosotros. En el hotel, Fidi quiere hacer fuegos artificiales y prende fuego a las cortinas. Pánico y terror. Él no dice una palabra: simplemente nos anuncia el incendio golpeando las puertas y desapareiendo por una puerta de servicio; Richard estaba quitándose la ropa en ese momento, y estaba completamente desnudo cuando el fuego se extendió, pero durante ese tiempo, como siempre había sucedido en sus esueños, todo el hotel ha presenciado el fuego desde el exterior y se han precipitado para apagarlo, y es en ese estado tan ridículo cuando Richard ha podido apenas escaparse. Todo ello, peses a todo, nos llena de muy buen humor, y Fidi seguramente habrá aprendido la lección para toda su vida sobre su interés acerca de las llamas y el fuego. Yo estuve muerta de miedo. Fidi no quiere dormir más en esa habitación, aún piensa que está ardiendo.

Martes 13 de febrero de 1876 
    ¡Me ocupo sin cesar del Carnaval! Boni se disfrazará de Madame Pompadour, Isolda de Senta, Eva de Isolda y Siegfried de mensajero de la paz.

Lunes 19 de febrero de 1876 
    Un mendigo me ha pedido limosna; dicen que es un picaro, pero nunca le he rechazado. Yo misma me siento en esos momentos la más pobre de los mendigos delante de la gracia divina; ¡oh, si mi compasión pudiese despertar la misericordia de las fuerzas que nos guían! Yo quisiera rezar por Hans con Siegfried, pero temo impresionar al niño que me mira ahora con profundidad e inteligencia, que me abraza tiernamente como si comprendiera todo esto, como si supiera también que es necesario guardar silencio. “Ser culpable es el peor de los males“, yo no acuso a nadie de nada, sólo resiento la falta terrible e irredimible que reside en el hecho de haber nacido. Mi querido Siegfried, ¿no se estremecerá cuando descubra más adelante todo lo que yo he sufrido? Él sabrá sin embargo cuanto le he bendecido así como su padre a través de todos mis tormentos.