Wagneriana nº49. 2003 
Carta a August Röckel
Por Richard Wagner

CARTA IV

Zurich, 25 de enero, 1854.

El por qué no he contestado a tu carta en casi 4 meses me es muy comprensible, pero será más difícil de aclarártelo a ti, mi querido amigo. De todas maneras, la razón principal es la importancia e interés de tu carta. El contestarla adecuadamente no fue sobre todo un problema de mi voluntad sino de poder hacerlo. Durante todo el verano tuve mucho movimiento. Liszt me visitó en julio; después fui a St. Moritz en los Grisones (6.000 pies sobre el nivel del mar); a finales de agosto estuve en Italia, al menos en las partes que están abiertas para mi (debido al exilio de Wagner de Sajonia, las provincias austriacas estaban prohibidas para él), Turín, Génova, Spezzia: desde allí pretendía ir a Niza y quedarme allí por algún tiempo; pero en un país extraño me sobrecogió un sentimiento de soledad repentino, en parte consecuencia de una indisposición puramente física, caí en un estado de melancolía, y me puse en marcha lo más pronto posible a través del lago Maggiore y el St. Gotardo, y volví directamente a casa. Mientras me estaba recuperando me llegó tu carta y al mismo tiempo Liszt me pidió que nos reuniéramos en París.

Pasé el mes de octubre allí, lo cual llevó a la prensa a concluir que Liszt y yo teníamos la intención de estrenar mis operas en los escenarios de París. Durante toda esta confusión no pude contestar tu carta y pretendía haberlo hecho a mi vuelta a Zurich. Pero una vez allí me invadió un tan intenso deseo de trabajar en la música del “Oro del Rin”, que no me encontraba en un contexto adecuado para contestar a tus comentarios críticos de mi poema.

¡No! Realmente, no podía. Así que me lancé apasionadamente -después de un intervalo de seis años- a la música, y decidí no escribir hasta que no hubiera acabado la composición del “Oro del Rin”. Bien, ya está hecho, y ahora comprendo mi propio rechazo a contestarte antes; ya que ahora, habiendo acabado el trabajo, me encuentro en una posición bastante diferente para contestar a tus críticas, o más bien a no contestarlas, que sin duda sería mejor, ya que tienes razón de criticar; pero yo también tengo razón en concebir y llevar a cabo el trabajo de la mejor manera que puedo y debo. Por eso no me voy a querellar contigo sobre esto, pero me gustaría tratarlo un poco.

Pero en primer lugar, y referente a mi presente carta, permíteme expresar mi confort al leer tus relatos que me enviaste de ti mismo y de tu buena salud. Vuelvo a insistir: me sorprendes diciendo que casi sería más feliz en tú posición que en la mía. Cada línea de tu carta testifica tu perfecta dureza y salud. Ahora te admiro por ello. El que me puedas escribir una carta de cinco hojas demuestra que ha habido una mejora en las condiciones de tu vida, por lo cual estoy de veras agradecido; aunque debo confesarte que no puedo imaginar circunstancias bajo las cuales debería renunciar a cualquier aligeramiento de la existencia, sin sufrir un golpe debido a la misma. Una cosa está por encima de todo - ¡libertad! ¿Pero, qué es libertad? Se refiere uno a -como parecen apoyar nuestros políticos-ausencia de leyes? ¡Ciertamente qué no! Libertad es sinceridad. Aquel que es sincero, o sea, verdadero hacia sí mismo, en perfecta armonía con su propia naturaleza, es libre. La censura exterior es inefectiva a no ser que consiga destruir esa sinceridad en la víctima y le incite a no parecerse e intente hacerse creer a sí mismo y a otros que es diferente de lo que realmente es. Sólo esto es pura servidumbre. Pero uno no debe nunca someterse a esto. Deja que un hombre sea un esclavo si mantiene esta sinceridad del alma, mantendrá su libertad esencial intacta, al menos en una medida superior que otro que ha dejado de sentir esta censura, activa en cualquier parte del mundo, simplemente porque se ha sometido plenamente a su poder, y para su propio beneficio ha consentido representar el papel de hipócrita.

Pienso que esta lealtad no es de hecho otra cosa que a lo que se refieren los filósofos y teólogos como verdad. La verdad es una idea, y por su naturaleza no es otra cosa que lealtad en forma concreta. El simple significado de esta lealtad no es otra cosa que realidad, o aún mejor, lo real, lo realmente existente; y sólo es real lo que se puede apreciar a través de los sentidos, por otra parte lo que no es apreciable a través de los sentidos es irreal y meramente abstracto o imaginario. Si consecuentemente no me equivoco en considerar sinceridad como la más completa manifestación y expresión de realidad, la verdad no es otra cosa que la idea abstracta de este sentimiento, al menos es en lo que se ha convertido en filosofía. Y aún así esta idea está tan lejos de la realidad como la sinceridad, como yo la concibo, de esta carta, y consecuentemente de todos los tiempos ninguna palabra ha creado tanto error como esta palabra, “verdad”, que gradualmente se ha convertido en la fuente de todo aspecto de falacia, aunque finalmente la idea -como siempre debe ser el caso con ideas meramente abstractas - no es más que un significado (palabra), y de un significado uno siempre puede crear un sistema; pero es un tema muy diferente para insistir en la realidad. No tenemos ninguna experiencia verdadera de la realidad excepto a través de los sentidos, y los sentidos, permíteme recordártelo, no es más que ama cosa de los sentidos. Está claro que al usar la palabra sentidos, la idea que se quiere dar no es de meros sentidos animales, como utilizan la palabra despectivamente filósofos y teólogos, sino la de los sentidos humanos capaces de alcanzar las estrellas y medir sus trayectorias.

Habiendo establecido esto, creo que deberíamos estar de acuerdo en nuestra visión del “mundo” (en el aspecto del área para el ejercicio de este sentimiento de sinceridad) si sólo nos permitimos guiarnos por la fuente genuina de la experiencia, o sea, los sentidos, y sólo prestamos atención a las impresiones derivadas de esta fuente. La persona que actúa en concordancia con su organización puede ayudarse de infinitos planes para ver el universo como un conjunto: estos planes en toda su infinita complejidad son simplemente un conjunto de conceptos; y en nuestro orgullo de que alcance una visión del mundo entero, perdemos de vista nuestra posición real, olvidando finalmente que no hemos visto otra cosa que el concepto, y consecuentemente sólo disfrutamos del instrumento de nuestro propio quehacer, mientras que todo el tiempo permanecemos más alejados que nunca de la realidad del mundo. Pero la persona que no encuentra deleite duradero en los fantasmas de esta ilusión, finalmente se conciencia que su propia mente se rebela contra su tiranía. Reconoce la irrealidad de esta ilusión estéril, y se siente empujado hacia la realidad y de acercársela por medio de los sentimientos. Después surge la pregunta: ¿cómo se debe poder ver esta realidad concebida como un conjunto sólo se puede hacer inteligible al intelecto, y no se puede relacionar con el sentimiento?

Sólo es posible reconociendo que la esencia de la realidad consiste en una multiplicidad infinita. Esta multiplicidad inagotable, que es y se renueva incesantemente, sólo puede ser comprendida por los sentimientos, como elemento siempre presente aunque siempre variable. Esta variabilidad es la esencia de lo real; sólo siendo invariable e inmutable lo irreal o lo que es imaginado. Sólo lo que es variable puede ser real. Ser real -vivir- ¿qué es sino nacer, crecer, brotar, menguar y morir? Sin la muerte como concomitante necesario no hay posibilidad de vida: sólo lo que no tenga fin, no tiene principio; pero nada real puede ser sin principio, sólo ideas abstractas.

Por eso ser uno mismo verdadero es entregarse completa y enteramente a la realidad como ser humano sentido, toparse con el nacimiento, crecimiento, brote, marchitar y decadencia con sinceridad, con alegría y tristeza, y vivir plenamente esta vida hecha de alegrías y sufrimientos, así vivir y morir. Esto es “ser uno mismo verdadero”. Para alcanzar este fin tenemos que renunciar enteramente a la dedicación universal. Lo universal se nos manifiesta sólo en fenómenos separados, sólo debido a esto podemos coger conocimiento en el real sentido de la palabra. Sólo podemos llegar a comprender un fenómeno completamente si podemos absorberlo enteramente de una sola vez, y ser absorbidos por él. ¿Dónde podemos ver el ejemplo más completo de este maravilloso proceso? Pregúntale a la naturaleza. Debemos intentar amar y sólo amar. Todo lo que yo no puedo amar queda fuera de mí, y yo quedo fuera de ello; una condición en la cual quizás un filósofo, pero no una persona sincera, pueda imaginar que entiende el fenómeno. El amor en la realidad más perfecta sólo es posible entre sexos; sólo es como hombre y mujer que los seres humanos pueden amar realmente. Cualquier otra manifestación de amor procede del sentimiento absorbente real, del cual provienen todos los otros afectos excepto una emanación, una conexión o una imitación. Es un error observarlo como una de las formas en las que se revela el amor, como si hubiera otras formas del mismo rango, o incluso superiores. El que prefiera irrealidad a realidad según costumbre de los metaflsicos, y deriva lo concreto de lo abstracto y en resumen coloca la palabra antes del hecho, puede estar en lo cierto estimando la idea de amor más elevada que la expresión del amor, y puede que afirme que el amor real manifestado por sentimientos no es más que la exteriorización y signo visible de un amor preexistente, no sentido y abstracto; y hará bien en despreciar este amor y su función sensitiva en general. En cualquier caso seguramente este hombre nunca ha amado o ha sido amado como lo pueden hacer los seres humanos, o se creería que despreciando este sentimiento, lo que condenaba era su expresión sensual, el brote de la naturaleza animal del hombre, y no amor humano real. La mayor satisfacción y expresión del individuo sólo se puede encontrar en su completa absorción, y esto sólo es posible a través del amor. Ahora un ser humano es ambas cosas hombre y mujer, y sólo al estar unidos los dos existe el ser humano real, y aún sólo es a través del amor que hombre y mujer consiguen la máxima medida de humanidad. Pero cuando hoy en día hablamos de ser humano, nuestra mente es tan estrecha y descorazonada que casi involuntariamente pensamos sólo en los hombres. Sólo en la unión de hombre y mujer a través del amor (sensorial y suprasensorial), existe el ser humano; y como el ser humano no puede elevarse a nada superior que su propia existencia, su propio ser, así el acto trascendental de su vida es la consumación de su humanidad a través del amor. Sólo puede renovarlo, siendo toda la vida después de todo nada más que renovación constante de la multiplicidad de fenómenos vitales; y sólo es esta renovación que explica la naturaleza real del amor, pareciéndose a la marea alta y baja, cambiando constantemente y sólo cesa para comenzar de nuevo. Es por esto un grave error concebir este poder del amor, cuya virtud es renovarse constantemente, como una debilidad; y por otro lado glorificar como si el amor real y duradero fuera este sentimiento abstracto e imaginario, centrado en Dios sabe qué, que después de todo no es más que el espectro del amor real. La mera posibilidad de su continuación indefinida es la prueba de la naturaleza irreal de este sentimiento abstracto. Eterno, en el sentido real de la palabra, es lo que anula el límite (o mejor la idea de final). Pero entre lo real y lo terminable no se puede establecer ninguna conexión, y lo real (o sea, lo que se caracteriza por el cambio, renovación y multiplicidad) es la negación de lo que imaginamos como finito. La infinidad de los metafisicos es irrealidad eterna. Lo terminable es una imagen mental, que con mucha seguridad tiene el poder de aterrorizar a nuestras almas; pero lo hará solamente si hemos perdido el rumbo de la realidad. Si por el contrario, estamos poseídos por un sentido de la realidad del amor, este terror se desvanece, ya que el amor aniquila la noción de límite. En resumen, sólo lo que es real puede ser eterno, y es a través del amor que llegamos a la más perfecta manifestación de realidad; por eso sólo el Amor es eterno. El hecho es que el egoísmo cesa en el momento que el “yo” pasa al “tú”. Pero es imposible mantenerse en el “yo” y “tú” si uno está asilvestrado por nociones de lo universal. “Yo” y el “universo” solamente significan “yo” a secas; y el universo sólo es real para mi cuando pasa al “tú”, y esto sólo puede suceder por medio del ser amado. Este proceso puede ser renovado a través del niño o del amigo- pero para poder amar al niño o al amigo con un amor perfecto, un hombre deberá haber conocido primero lo que puede perderse de sí mismo en un sentimiento del todo absorbente, y esto sólo lo puede aprender a través del amor hacia una mujer. En el mejor de los casos, este sentimiento hacia el niño y el amigo, es sólo un apaño, un hecho del cual son más conscientes los que más plenamente han vivido el éxtasis del amor mutuo como entre hombre y mujer. Cualquier otro afecto es una mera prueba de la multiplicidad de nuestra naturaleza humana, que lleva a encender anomalías extrañas, a veces absurdas, pero también igualmente a menudo de tipo trágico. ¡Suficiente! Me aventuro en esta intrusión en tu soledad, con esta confesión de lealtad, ya que estoy seguro que no hay peligro que te entristezcas estando de acuerdo conmigo. No solamente tú, pero yo seguramente también, cada uno de nosotros vive el presente en circunstancias y condiciones que solamente podemos calificar como intermedios y apaños; para cada uno de nosotros la única verdad, la única vida real sólo puede existir en la imaginación como un ideal inalcanzable. A la edad de 36 fue cuando adiviné el sentido real de mi impulso creativo; hasta entonces el arte me había parecido la meta, la vida los medios. Pero el descubrimiento llegó a mí demasiado tarde, y el resultado de seguir esta nueva curva no podía ser otro que trágico. Una perspectiva más amplia del mundo actual me convence que por el momento el amor es imposible. Se dio el caso que uno de mis amigos hablando de los alemanes afirmó verídicamente: “No sabéis lo que significa el amor. ¿Cómo pueden ser capaces de amar los que no tienen iniciativa de carácter? La cuestión es imposible.” Así que si debemos conformamos, me parece a mí que sería mejor aceptar francamente las cosas como son, y tolerar esta aceptación de la verdad, aún cuando esta admisión no conlleve más ventaja que la conciencia orgullosa de haber adquirido un saber por el cual quizás podamos guiar los deseos y aspiraciones de la humanidad en la vía de la redención. Es cierto que al hacer esto trabajamos para la humanidad en conjunto; pero somos conducidos al darnos cuenta del hecho de que el individuo no puede ser feliz por sí mismo, pero sólo si todos son felices él podrá estar completamente satisfecho. Como puedes apreciar este es prácticamente tu punto de vista; sólo que para mí no es una meta final, sino que meramente un rellano temporal, un medio que lleva a un fin. Este fin todavía es ignorado por la mayoría de la humanidad; pero he indicado anteriormente lo que yo entiendo por ello, o sea la perfecta consumación del amor como la percepción más llena y completa de la realidad, de la verdad; pero no un amor abstracto, ideal, sin sentido (como sólo es posible en el actual estado de las cosas), pero el amor del “Yo” y del “Tú”.

Por consiguiente, observo todos los prodigiosos esfuerzos de la raza humana, y en toda nuestra actual ciencia, como caminos y medios hacia un fin, que en sí mismo es muy simple, nada más que una cosa muy divina. Yo por eso respeto todos estos esfuerzos; reconozco una necesidad en cada paso hacia delante, y me regocijo de corazón en cada nuevo avance; pero personalmente no puedo tomar parte en toda esta lucha (que, es curioso, ignora sus frutos), viendo que el simple fin al cual todo tiende se perfila tan prominentemente ante mí, que no puede apartar mi vista hacia los medios. Sólo la presión de un gran movimiento podría conllevar un acto de auto negación por mi parte; y debería anunciarlo con alegría como el único medio de redención para mi.

Y ahora no te enfades si sonrío por el consejo que me das de apartarme de sueños e ilusiones egoístas, y dedicarme solamente a lo que es real de la vida misma y de sus aspiraciones. Ya que yo por otra parte creo que me dedico a la absoluta Realidad, de la manera más efectiva, deliberada y determinada desarrollando mis propios puntos de vista, incluso los que conllevan más sufrimiento y dedicando cada una de mis facultades a este fin. Seguramente tú mismo estarás de acuerdo conmigo si niego a Robespierre el trágico significado que ha tenido hasta ahora para ti, o sólo lo admito con cualificaciones considerables. Este tipo me es peculiarmente antipático porque en individuos constituidos como él no hay ninguna pista de descubrir lo que constituye el verdadero fin y deseo de la humanidad desde nuestra degeneración de la naturaleza. El trágico elemento en el carácter de Robespierre realmente consiste en el espectáculo que ofrece de completo desvalimiento, cuando queriendo llegar a sus más altas aspiraciones del poder se encuentra enfrentado por su propia incapacidad de utilizar de alguna manera el poder que ha alcanzado. Solamente al confesar su desvalimiento se convierte en trágico y en el hecho que su propio decaimiento nace de su incapacidad de hacer nada para la felicidad de la humanidad. Por eso creo que su caso es justo lo contrario de lo que tú concibes que es. No tuvo ninguna alta finalidad en el proyecto para el cual condescendió a medios inservibles; por otra parte para enmascarar la ausencia de cualquiera de estas finalidades y para alcanzar su propio deseo de triunfo fue que recurrió a la horrenda parafernalia de la guillotina, ya que ha sido probado que se llevó a cabo el “Terror” puramente como un medio de gobierno, y para mantener la autoridad, sin ningún tipo de genuina pasión; se llevó a cabo por razones puramente políticas, o sea, con espíritu ambicioso y egoísta. Al final, este ser miserable, que finalmente no tuvo otra salida que aceptar su ineptitud, puso los medios en el lugar del fin, como sucede con todos estos héroes puramente políticos, que como es debido fallan por su propia incapacidad con tanta uniformidad que debemos esperar que todos los de su clase estén destinados en un corto plazo a desaparecer de la historia. Por otra parte, estoy convencido que mi “Lohengrin”, como yo lo concebí (o sea, no el “Lohengrin” mutilado y distorsionado para uso de las óperas), simboliza la situación más profundamente trágica de nuestro tiempo, o sea, el deseo que nos posee para descender de las alturas más altas de contemplación mortal y sumergimos en las profundidades del afecto humano - el deseo de hundirse en el sentido - este deseo que la realidad moderna es hasta ahora incapaz de satisfacer.

Con todo esto me he excedido suficientemente en mi prefacio. Sólo me quedaría señalar que, en mi situación actual, me siento incitado a desarrollar el deseo de llevar a mí mismo y a la humanidad más cerca de lo que reconozco como la finalidad del esfuerzo humano - de cuya finalidad estoy separado como individuo porque el resto de la humanidad se ha separado deliberadamente de ella- a no ser que tuviera recursos en medios que ya no puedo utilizar. Aquí mi arte tiene que salir en mi ayuda, y la obra que he concebido bajo esta influencia no es otra que mi poema de los Nibelungos. Me inclino a pensar que no fue tanto la oscuridad de mi versión del poema, sino el punto de vista que adoptaste persistentemente en oposición al mío, la causa de que no entendiste muchas partes importantes de él. Tales errores son sin duda sólo posibles en el caso de un lector que sustituye sus propias ideas por las del poeta, mientras que el lector despreocupado, quizás inconscientemente, entre en materia más fácilmente, justamente como es. Para mí el poema sólo puede ser interpretado de la siguiente manera: Presentimiento de la realidad en el sentido que la he interpretado anteriormente.

En lugar de las palabras: -“Un día fatal está decayendo para los dioses/ ¿Y querrán ellos no entregar el anillo?/ Entonces te aseguro que su raza pronto se extinguirá/ Su noble raza - sin vergüenza desperdiciada.”

Ahora hago decir a Erda, solamente: — Todo esto es — finales: Un día fatal decae para los dioses:/ Te aconsejo que vigiles el anillo.”

Tenemos que aprender a morir, y morir en el sentido más amplio de la palabra. El miedo al fin es la fuente de toda la falta de amor, y este miedo sólo se genera cuando el amor se empieza a desvanecer. ¿Cómo puede ser que este sentimiento que inspira la mayor bendición a todas las cosas vivientes, estaba tan apartado de la raza humana que al fin llegó a esto: todo lo que hizo, ordenó y estableció la humanidad fue concebido sólo en temor al fin?. Mi poema expande esto. Revela la naturaleza en su realidad desenmascarada, con todas sus inconsistencias que en su multiplicidad sin fin, abarcan aún elementos conflictivos directamente. Pero no es el rechazo de las hijas del Rin a Alberico - el rechazo era inevitable debido a su naturaleza - esto fue la causa de todo el desastre. Alberico y su anillo no hubieran tenido poder para dañar a los dioses si ellos mismos no hubieran sido susceptibles al diablo. ¿En qué sentido se ha de buscar la raíz del asunto?. Examina la primera escena entre Wotan y Fricka, que lleva a la escena en el segundo acto de “La Valkiria”. La necesidad de prolongar después del cambio la sujeción a la ligadura que los ata - una ligadura resultado de una ilusión involuntaria de amor, el deber de mantener a toda costa la relación en la cual han entrado y así colocándolos en oposición desesperanzado a la ley universal de cambio y renuevo, que gobierna el mundo de los fenómenos - estas son las condiciones que llevan a la pareja a un estado de tormento y desamor mutuo.

El desarrollo del poema completo conlleva la necesidad de reconocer y producir un cambio, las muchas caras, la multiplicidad, la renovación eterna de la realidad y de la vida. Wotan se eleva a las trágicas alturas de querer su propia destrucción. Esta es la lección que debemos aprender de la historia de la humanidad: querer lo que imponen las necesidades, y realizarlo nosotros mismos. El producto creativo de esta voluntad suprema y auto destructivo, su consecución victoriosa, es de un ser humano sin miedo, el que nunca cesa de amar: Sigfrido. Este es todo el asunto. En detalle, el poder del mal, el veneno que es fatal para el amor, aparece bajo el disfraz del oro robado de la naturaleza y mal utilizado - el anillo de los Nibelungos, para nunca ser redimido de la maldición que le sigue hasta que sea devuelto a la naturaleza y el oro se hunda nuevamente en las profundidades del Rin. Pero sólo casi al final Wotan se da cuenta, cuando él mismo ha alcanzado la finalidad de su trágica carrera; lo que Loge le predijo al principio con mucha insistencia, y el dios consumido por la ambición había ignorado. Más tarde en los hechos de Fafner reconoció meramente el poder de la maldición; solamente cuando el anillo lleva a cabo su maleficio destructor sobre Sigfrido que se da cuenta que sólo devolviendo lo robado se puede anular el mal, y deliberadamente hace sus propias destrucciones que son parte de las condiciones de las que deben depender la anulación del desastre original.

La experiencia lo es todo. Más aún, Sigfrido solo (hombre de por sí) no es el ser humano completo: sólo es la mitad; sólo junto con Brunilda se convierte en redentor. Para el ser aislado no todas las cosas son posibles; es necesario más de una, y es la mujer que sufriendo y queriendo sacrificarse ella misma es al fin la redención consciente: ya que amor no es más que “lo eternamente femenino” (das ewige Weibliche).

Hasta aquí de las líneas amplias y generales del poema, que pueden ser el resumen de sus características más particulares y especiales.

No puedo creer que hayas malinterpretado mi intención y significado: me parece solamente que le has dado más importancia a las relaciones de conexión y partes de la gran cadena de lo que se merecen; y como si hubieras sido llevado a hacerlo, en lugar de leer en el interior de mi poema tus propias ideas preconcebidas. En conjunto no estoy de acuerdo con tu crítica con respecto a una determinada voluntad de declaración lucida y distinta: por otra parte, creo que un instinto real me ha alejado de una demasiado grande definición; ya que ha sido innato en mí que una apertura absoluta de la intención impide la verdadera interiorización. Lo que se busca en el drama - como en todas las obras de arte - es lograr tu fin, no declarando la intención del artista, pero a través del presentimiento de la vida como resultado, no de fuerzas arbitrarias, pero de leyes eternas. Es justamente esto que diferencia mi material poético de todo el material poético que solo absorbe las mentes de los poetas en nuestros días. Por ejemplo, insistiendo como haces en que la intención de la apariencia de Wotan en la escena del “Joven Sigfrido” tendría que estar más claramente definida, estás perjudicando notablemente un elemento grave en el desarrollo del drama, que para mí es tan importante. Después de su despedida a Brunilda, Wotan es en realidad un espíritu muerto; real para su resolución, deberá dejar las cosas solas, y renunciará a cualquier poder sobre ellas, no influir en ellas.

Por esta razón él solo es ahora el “Wanderer” (caminante). Míralo bien porque en todo se parece a nosotros. Representa la real suma de la inteligencia del presente, mientras que Sigfrido es el hombre grandemente deseado y anhelado por nosotros para el futuro. Pero nosotros que lo anhelamos no lo podemos crear; él se tiene que crear por sí mismo y por medio de nuestra aniquilación. Tomado de esta manera, debes aceptar que Wotan es altamente interesante; mientras que nos parecería sin sentido si apareciera como un sutil intrigante, que sin duda sería si diera aparente consejo contra Sigfrido, aunque en realidad favorable a Sigfrido y consecuentemente a él mismo. Esto sería una decepción merecedora de nuestros héroes políticos, pero no de mi dios jovial, doblado sobre su propia aniquilación. Mírale en su yuxtaposición a Sigfrido en el tercer acto. En presencia de su destrucción inminente, el dios se ha convertido al fin en tan completamente humano que - al contrario de su elevada resolución - hay de nuevo una conmoción de su antiguo orgullo, resurgido por su celosía por Brunilda - su punto vulnerable, adoptado ahora. Él no permitirá, por así decirlo, ser apartado; prefiere caer ante la fuerza conquistadora de Sigfrido. Pero esta parte esta tan poco premeditada e intencionada, que en un súbito arranque de pasión el deseo de victoria le gana, aún más una victoria que él admite sólo le hubiera podido hacer más miserable. Manteniendo los puntos de vista que hago, sólo podría dar la indicación más débil y sutil de mi diseño. Naturalmente no pretendo que mi héroe dé la impresión de una criatura totalmente inconsciente: al contrario, he intentado representar en Sigfrido mi ideal de humano perfecto, cuya más alta conciencia se manifiesta en la ratificación que toda conciencia debe expresarse en la vida presente y en la acción.

El enorme significado que incluyo en esta conciencia que dificilmente puede expresarse adecuadamente en meras palabras, se ve claramente en la escena entre Sigfrido y las hijas del Rhin. Aquí vemos que una inteligencia infinita ha llegado a Sigfrido, ya que ha agarrado la más alta verdad y sabe que la muerte es mejor que una vida de miedos: la sabiduría del anillo le ha alcanzado también, pero no presta atención a su poder, ya que tiene algo mejor que hacer; lo guarda solo como prueba que él al fin nunca ha sabido lo que era el miedo. Confieso, en presencia de un ser así, el esplendor de los dioses reducido.

Lo que más me extraña es tu pregunta: “¿Por qué viendo que el oro es devuelto al Rhin, es necesario que los dioses perezcan?” Estoy seguro que en una buena representación el espectador más sencillo no tendrá duda sobre este punto. Ciertamente la caída de los dioses no es una parte necesaria del drama vista como un mero nexo de contrapunto de los motivos. Así, realmente hubiera podido ser girado, tergiversado e interpretado para significar cualquier cosa concebible -siguiendo el ejemplo de abogados y políticos. No, la necesidad de esta caída debería surgir de nuestras convicciones más profundas, como le ocurrió a Wotan. Y aún era totalmente importante para justificar esta catástrofe al sentimiento del espectador; y es tan justificada para cualquiera que siga el curso de toda la acción con todos sus motivos simples y naturales. Cuando finalmente Wotan expresa este sentido de necesidad, sólo proclama que todo lo que hemos sentido durante ese tiempo debe ser así. Al final del “Oro del Rhin” cuando Loge ve a los dioses entrar en el Walhalla y dice estas fatídicas palabras: “Se dirigen inexorablemente hacia su fin, ellos que se creen tan poderosos en sus fuerzas,” él en este momento sólo expresa nuestras propias convicciones; para cualquiera que haya seguido el preludio con simpatía y no con un espíritu hipercrítico o buscando innecesariamente errores, sino abandonándose uno mismo a sus impresiones y sentimientos, estará completamente de acuerdo con Loge.

Y ahora permíteme decirte algo acerca de Brunilda. Tú la mal interpretas también al atribuir, su renuncia a entregar el anillo a Wotan, a dureza y obstinación. ¿No puedes ver que se separó de Wotan y de todos los dioses por el bien del amor, porque donde Wotan se aferraba a los esquemas ella sólo podía amar?. Ante todo desde el momento que Sigfrido la despertó no tiene otro conocimiento que el del amor. Entonces el significado de esto,

después de la marcha de Sigfrido, es el anillo. Cuando Wotan se lo pide, solo hay una cosa presente para su espíritu, que es lo que originariamente la separó de él, el haberlo desobedecido en pro del amor; y solo de esto ella todavía es consciente, que por amor renunció a ser diosa. También sabe que solo hay una cosa de dioses y es amor; por eso deja que el esplendor del Walhalla caiga en ruinas, no renunciará al anillo (su amor). Imagínate solamente cuan pobre, avariciosa y simple nos hubiera parecido si hubiera rechazado el anillo por haber sabido (posiblemente a través de Sigfrido) de su magia y del poder del oro. Seguramente no habías pensado seriamente en que tal grandiosidad podía ser llevada a cabo por una mujer. Pero si te disgusta porque, siendo la mujer que es, tendría que haber conservado justamente este anillo maldito como símbolo de amor, entonces habrás comprendido mi significado y la maldición de los Nibelungos en su significado más terrible y trágico; entonces admitirás la necesidad de todo el último drama “La muerte de Sigfrido”. Tenía que causar desgracia para que la influencia maligna del oro fuera enteramente desvelada. ¿Porqué Brunilda se rindió tan rápidamente al disfrazado Sigfrido? Simplemente porque le quitó a ella el anillo, en el cual tenía todo su poder. El terror, la fatalidad, lo demoníaco que subraya toda la escena parece habérsete escapado. A través del fuego que fue preordenado para que nadie excepto Sigfrido pudiera pasar, que realmente nadie atravesó excepto él, otro llegó a ella con no poca dificultad.

Todo se tambalea alrededor de Brunilda, todo está desencajado; en un terrible conflicto está vencida, dejada de la mano de Dios. Y aún más es Sigfrido en realidad quien le ordena compartir su vida; Sigfrido inconscientemente y con su gran asalvajamiento a quien ella casi reconoce, por sus brillantes ojos a pesar de su disfraz. Debes percibir que algo pasa que no puede ser expresado con puras palabras y no está bien que me retes a explicarlo con palabras.

Bien, realmente me he expandido bastante libremente; el temor de hacerlo fue lo que me causó el retraso en escribirte. Me perturbó ver que habías entendido erróneamente algunas partes de mi drama. Esto me ha aclarado que solamente en su forma completa y bajo circunstancias favorables la obra estará libre de mal interpretación y como yo era prisionero de un deseo violento de empezar la composición musical, me dediqué afortunadamente a mi deseo antes de escribirte. El cumplimiento de la música del “Oro del Rin”, a la vez tan difícil y tan importante, ha restaurado mi sentido de seguridad, como puedes ver. Ahora me doy cuenta cuanto de todo el espíritu y significado de mi poema solo queda claro a través de la música; ya no puedo nunca más mirar las palabras sin el acompasamiento musical. Con el tiempo espero mandarte la partitura. Por el momento todo lo que tengo que decir es que se ha conseguido una perfecta unidad; escasamente hay algún compás en la orquestra que no está desarrollado de Leitmotifs precedentes. Pero es difícil detallarlo en una carta.

Lo que dices acerca de la ejecución y representación de toda la obra, estoy totalmente de acuerdo; en estos puntos tu opinión es infalible. Seguiré tu consejo. Cómo conseguiré una completa representación de todo el ciclo es todavía un grave problema. Pero cuando llegue el momento me dedicaré, ya que sino seré privado de mi seria meta en la vida. Creo que no tendría que haber problema por la parte meramente mecánica de la empresa- ¿pero y los protagonistas? Sólo el pensarlo me hace temblar. Ciertamente tengo que buscar jóvenes artistas que no hayan sido todavía arruinados completamente por nuestro actual sistema de ópera. No pienso ni siguiera en sueños en las así llamadas “estrellas”. Como voy a educar a mi joven compañía es la pregunta. Lo que me gustaría es tener a todo el grupo junto durante un año, sin permitirles actuar ni una vez en público. Tendría en este aspecto que tener contacto diario con ellos y entrenarlos tanto en sus partes humanas como artísticas aún permitiéndoles gradualmente madurar para sus trabajos. Así bajo las más favorables de las condiciones no puedo contar con una primera representación antes del verano de 1858. Pero no importa lo que tarde, siento algo inspirador en tal actividad de concentración, por el bien de algo que es enteramente de mi propia creación, que hace que la vida valga la pena vivirla. Por el resto debo hacer caso omiso a todos tus preceptos vitales y consejos; estas cosas no se pueden controlar, vienen solas. Creeme yo también estuve poseído por la idea de “la vida agrícola”. Para convertirme en un ser humano radicalmente sano estuve hace dos años en un centro hidropático; estaba dispuesto a renunciar al arte y a todo si podía nuevamente convertirme en un niño de la naturaleza. Pero, mi buen amigo, me vi obligado a reírme de mi propia ingenuidad cuando me di cuenta que casi me vuelvo loco. Ninguno de nosotros alcanzará el reino prometido, moriremos todos en la selva. El intelecto es, como han dicho algunos, un tipo de enfermedad incurable. En las actuales condiciones de vida, la naturaleza sólo admite anormalidades. En el mejor de los casos podemos aspirar a ser mártires; rechazar esta vocación es oponerse a las posibilidades de la vida. Por lo que a mí concierne, no puedo existir si no es como artista; ya que no puedo compaginar amor y vida, todo el resto me repele o solo me interesa hasta el punto que tenga algo que ver con arte. El resultado es una vida de tormento, pero es la única vida posible. Aún más, me han llegado algunas extrañas experiencias a través de mis obras. Cuando pienso del dolor y el disgusto que son ahora mi condición crónica, solo puedo sentir que mis nervios están totalmente destrozados: pero que maravilla en ocasiones y bajo un feliz estímulo estos nervios obran maravillas para mí; una clarividencia interior me inunda y paso por una actividad receptiva y creativa como nunca antes. ¿Puedo decir después de esto que mis nervios están rotos? Ciertamente no. Pero debo admitir que este estado normal de mi temperamento, que se ha desarrollado por las circunstancias, es un estado de exaltación, mientras que la calma y el reposo es su condición anormal. El hecho es que sólo cuando estoy “al lado mío” soy realmente yo y me siento bien y feliz. Si Goethe se sentía de otra manera, no le envidio en este respecto; ya que realmente no quisiera cambiarme por nadie, ni siguiera por Humbold, que tu ves como un genio, aunque yo no puedo compartir tu opinión. Sin duda sientes lo mismo que yo, y no estás dispuesto a cambiarte por nadie; en lo que tienes razón. Yo finalmente admiro tu sinceridad.

Después de todo no estoy tan apartado de la naturaleza como te parece, aunque ya no estoy en posición de tener relación científica con ella. En estos asuntos miro a Herwegh que vive aquí y ha sido un profundo estudiante de ciencias naturales por mucho tiempo. De este querido amigo he aprendido muchas cosas bonitas e inspiradoras de la naturaleza, y me han influido en muchos puntos vitales.

Pero preferiría una superficialidad de la naturaleza en mi vida antes que me quitara el sitio de la vida real, o sea del amor. En este aspecto soy como Brunilda con el anillo. Mejor es morir, vivir sin pensamiento de alegría, que renunciar a tus propias creencias. No debes pensar que soy un desagradecido porque te contesto así a tus consejos; ¿cómo podría ser desagradecido por el amor que te brota? No, realmente me regocijo de este amor, y no puedo expresarse cuan hondamente me toca. Este sentimiento de agradecimiento es sólo equiparable por un sentimiento de admiración por la fuerza y a la vez la gentileza de tu espíritu.

Una cosa deseo, y es una representación rápida del trabajo que me has dicho que has escrito. ¿Se puede llevar a cabo? Mándame más detalles de ello a ver site pudiera ayudar. ¿Has oído hablar del editor Avenarius de Leipzig? Desgraciadamente es sobre el único que puedo tener alguna influencia; ya que con mis propias editoriales sólo he tenido tratos a través de otros y nunca han sido satisfactorios a mi parecer. Tan pronto como recibí tu carta le escribí y le pedí que te escribiera directamente para hablar de plazos, ofertas, etc. Aún habiéndole escrito una segunda carta, no he obtenido contestación.

No sé qué enviarte ahora, que te pudiera interesar. Yo mismo he perdido el hábito de leer; pero si doy con algo interesante te lo enviaré.

Mi “Tannhäuser” se está representando casi en toda Alemania; ha sido sobre todo adoptado en los pequeños teatros. Los grandes, por razones que uno casi comprende, todavía se mantienen distantes. Por lo que se refiere a las representaciones, he oído que en la gran mayoría son infelizmente malas, así que no sé en que radica el placer. Como no las veo, he dejado de sensibilizarme por esta prostitución de mis obras; aunque una reciente primera representación del “Lohengrin” en Leipzig me dio una impresión muy dolorosa. Oí que fue increíblemente mala. Entre otras cosas ni una sola palabra fue declamada claramente durante la soirée, excepto los heraldos. Ha llegado el punto que me arrepiento de haber dado mis obras al público. En Boston desean tener soirées wagnerianas, conciertos con nada más que composiciones mías. Quieren que vaya a América; si pudieran proveerme con los medios necesarios, ¿quién sabe si iría? Pero viajar como dador de conciertos, aun por grandes cantidades de dinero, es lo que nadie debe esperar de mí.

Y ahora mi más querido amigo, debo parar. Si fuera necesario podría llenar un folio de papel; no faltaría argumento; pero será para otra vez. Espero y veo que es así, que no me harás esperar tanto para tu carta como te hice esperar yo para esta contestación. Cuéntame mucho sobre tus escritos. Si me he olvidado de algo, lo recuperaré en mi próxima carta. Ahora, adiós mi querido, viejo amigo. Esperanza - nunca me falta la esperanza.

Tuyo, Ricardo Wagner.

Zurich, 26 de enero, 1854 (Pgs. 74 a 116) Para August Röckel, Castillo de la Casa del Bosque, Sajonia.


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