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Carta a H. v. Wolzogen

Bayreuth, 13 marzo de 1882. Wagneriana, nº3. 1982 
Carta a H. v. Wolzogen 
Por Richard Wagner

 

Apreciado amigo:

    El próximo otoño se cumplirán cinco años desde que Vd. vino generosamente a ocupar un lugar junto a mí, respondiendo a mi ruego de ayudarme en la tentativa de fundar un patronato para la realización práctica de mis ideas. Hemos llegado hoy a examinar no el último punto de nuestro objetivo pero si una conclusión de nuestros esfuerzos hacia esta meta. Vd. sobre todo, al compartir mis preocupaciones, ha conseguido propagar el conocimiento de mi idea de forma más extendida de lo que yo había podido hacerlo hasta el momento mediante la representación de los Bühnenfestspiele de hace seis años. Pero, al constatar estos mismos progresos, nos hemos persuadido de que reclutando protectores no nos hallábamos en el camino que conduce a nuestro fin más cercano que es el de hacer posibles nuevos Bühnenfestspiele (Festivales). La simpática impaciencia de nuestros amigos me ha impulsado pues a representar “Parsifal” a partir de este año de 1882 y a admitir en ella al público en general, en las condiciones ordinarias de admisión a las representaciones públicas. Es pues al Patronanverein actual a quien debo, de hecho, haber reunido los medios necesarios para lanzarme a una empresa en la que podía comprometerme sin peligro, suponiendo que el gran público me siguiese prestando su apoyo. Según las últimas noticias recibidas, todo peligro de fracaso financiero parece actualmente descartado. Del mismo modo espero, después de librarme de mis obligaciones con el Patronatverein, poder continuar esta empresa con plena independencia y volver a realizar cada años los Festivales de Bayreuth.

    Para la próxima puesta en escena pretendo ofrecer exclusivamente representaciones del Festival Sacro Parsifal y ello debido a razones tanto externas como internas. La causa externa se refiere al producto de estas representaciones, a condición de que no sean ofrecidas al público más que en Bayreuth y únicamente bajo mi supervisión; la causa interna, de la que depende la primera, se relaciona con el carácter especial de esta obra, a la que me sentí arrastrado a denominar Festival Escénico Sagrado Bühnenweihfestspiel. Vd. amigo mío, se expresó con tal agudeza a este respecto en nuestras “Hojas” que creo inútil añadir nada, más qúe quizás recordar las razones que me han inducido a sacar el “Anillo del Nibelungo” del “Bühnenfestspielhaus” de Bayreuth (i), razones que, en relación a ”Parsifal” creo incapaces de aplicar, pues con este poema he penetrado en una esfera que, en justicia, debería permanecer completamente prohibida para nuestros teatros.

    Del carácter de estas representaciones y de las circunstancias en que se inaugurarán, se deducirá fácilmente de que forma podrán servir las únicas representaciones de “Parsifal” en Bayreuth a las esperanzas que he despertado en nuestros benévolos amigos, que podrán conservarlas con fervor, me refiero a la esperanza de fundar una “escuela”. Desde entonces, me he visto obligado, a causa de los grandes esfuerzos con que debía enfrentarme en el curso de un mes, a distribuir en forma doble los papeles más importantes a fin de evitar en todo caso una interrupción eventual causada por posibles indisposiciones; esto me resultó sumamente fácil pues recibí el asentimiento voluntario de todos los artistas de talento cuyo concurso había solicitado. Esta agradable circunstancia me ha inspirado (la idea) de organizar en el futuro festivales de Bayreuth para cada uno de estos cantantes de talento que conozco, como una escuela de ejercicio de estilo que yo he fundado, lo que me proporciona al mismo tiempo, desde el punto de vista práctico, la ventaja de escapar a problemas resultantes de la envidia, de las disputas de procedencia entre artistas, disputas bien explicables en el actual estado de los teatros. El artista más dotado de talento se dirá de este modo que si hoy cede su lugar a otro, proporciona a su camarada un ejemplo instructivo y estimulante; el artista poco experimentado aprenderá mucho más de aquellos que han adquirido conocimientos, y la soltura de los otros le hará ver lo que todavía falta para la perfección del conjunto de la realización artística. A este fin, convocaría cada año a los mejores artistas líricos para realizar ejercicios de perfeccionamiento, sobre todo a fin de que pudiesen observarse e instruirse mutuamente. Es evidente que de estos ejercicios serían excluidos aquellos a quienes estas comparaciones pudieran ofender en sus prerrogativas profesionales, pues, no sin presunción, esto se ha convertido en un principio ante el que se inclinan nuestros directores de teatro.

    Considero por ello que estas reposiciones anuales de “Parsifal“ constituirán una excelente escuela para la actual generación de artistas, en relación con la escuela que he fundado; eso es posible por la razón de que, gracias a este estudio, se caminará por un terreno todavía no despojado de las malas costumbres;  tal es el caso de mis primeras obras, cuya ejecución ha sufrido las exigencias de la rutina de nuestras óperas. Actualmente, sobre todo, no podría asumir sin horror la tarea de preparar representaciones modelo para nuestros festivales de la forma que enfoco “Parsifal”; sé, en efecto, por experiencia, las estériles fatigas que tendré que soportar a lo largo de una tarea como esa; en circunstancias análogas, los cantantes me han dado, para excusar los inexplicables contrasentidos las mismas faltas que cometían, esta respuesta de mi puro y sencillo Parsifal: “¡No lo sabía!”. Fundar este saber, tal debería ser la meta de nuestra escuela, que podría a continuación acoger mis antiguas obras con el éxito que se merecen. Ya pueden reunirse aquéllos a quienes se ha llamado; en todo caso, no puedo ofrecerles otro modelo más que nuestro “Bühnenweihfestspiel”

    Aunque deseo expresar mi más profundo agradecimiento a todos los concursos que han ayudado a la realización de estos festivales, creo por otra parte que ya es tiempo de poner fin a nuestras recíprocas obligaciones con la sociedad. Vd. mismo, amigo mío, se ha expresado últimamente en nuestras “Hojas” con profunda inteligencia sobre estas cosas importantes de las que deseo hablar. Si nos hiciese falta renunciar a augurar la posibilidad de continuar nuestras solemnes representaciones con los fondos del patronato, y si nos viésemos obligados a reclamar a continuación cotizaciones del gran público, cuya contribución deja de aspirar a la realización de una idea para limitarse a pagar su butaca en un teatro, entonces el vínculo que reune a nuestros amigos, como Vd. muy justamente ha señalado, no sería más que una relación puramente teórica. Nuestras “Hojas de Bayreuth” nos han conducido ya a ello tras haber sido destinadas por nosotros, en principio, a servir de información sobre el progreso de nuestras empresas o para aumentar la inteligencia. Pero como en todo conocimiento hay sujeto y objeto y para nosotros el objeto era la obra de arte, había que considerar como sujeto al público para quién se representaba la obra de arte y no omitir el criticarla. Aún más un estudio particularmente profundo del público no me parecía menos oportuno que la crítica de la razón humana le pareció al gran Kant cuando se decidió a sacar de esta crítica justas consecuencias sobre la realidad o el idealismo del mundo como objeto. Por esta crítica del público, sin la cual no puede suponerse en aboluto la existencia de una obra de arte, sobre todo de arte dramático, nos alejábamos de tal forma de nuestro propósito, que yo mismo empezaba a temer que no encontraríamos nuestro lugar ante los ojos de nuestros protectores. Ese malentendido podría pues desaparecer y crear informaciones bien definidas desde el momento en que las “Hojas de Bayreuth”, habiéndose apartado de su estrecha misión anterior, se orientarían hacia el nuevo destino que tenemos intención de conferirles. Como director de esta revista mensual ampliada, cuya tendencia Vd. ha definido recientemente con perfecta y sorprendente claridad, se encontrará ante el público en la misma situación que yo me encontré con respecto a mis festivales escénicos cuando me desprenda de mis obligaciones para con el “Patronatverein“. Quizás así ambos acertaremos con el mejor sistema, simplemente porque es el único posible.

    Con gusto le enviaré todas las comunicaciones que tengan relación con la crítica del “tema”, que debo todavía dar a las “Hojas” y Vd. tendrá la amabilidad de utilizarlas en las “Nuevas Hojas de Bayreuth”, quizás de esta forma podría actuar yo con menos estorbos que ahora, pues a menudo me extiendo un poco demasiado, según el gusto de varios de nuestros benévolos protectores. Sin embargo, creo firmemente que es en la misma crítica del público donde las digresiones más extendidas actúan con mayor eficacia y precisión que la manera --de la que nos debemos guardar bien- que consiste en condensar las ideas que creemos conocidas en el acostumbrando estilo somnífero. Subamos siempre a la cuna de la montaña para poseer una visión amplia y profunda. Y sobre todo, ¡cuidado con acostumbramos a lo cómodo, incluso con el vegetarianismo! 
    Quedo de Vd. con mis mejores saludos.

Richard Wagner. Bayreuth, 13 de marzo de 1882.


 

NOTAS 
i    Wagner había autorizado al empresario Strakosch a ofrecer representaciones de la Tetralogía fuera de Bayreuth.