Bayreuther Blätter, 1879. Wagneriana, nº3. 1982
Una palabra de introducción para la obra de Hans von Wolzogen Sobre la corrupción y la restauración de la lengua alemana
Por Richard Wagner

 

    He exhortado al excelente amigo que se ha encargado de la redacción de estas hojas a presentar a presentar a los lectores, miembros de nuestra asociación, unos extractos del importante trabajo que aquí está, antes de publicarlo en volumen en un orden tan conciso como sea posible. Nosotros no podemos predecir exactamente los destinos de un libro salido de mi pluma o de la de mis amigos, sobre el mercado literario público; yo sé que mis tratados más importantes no han sido, la mayor parte, hojeados más que por esos que han sido encargados de criticarlos. Yo querría sin embargo pedir a los miembros de nuestra asociación de tomarse en serio la causa que nos reúne. El que creería no estar asegurado, por su adhesión a la asociación, que una entrada para la primera representación de una ópera mía nueva, podría creer, en efecto, que es un rudo servicio el tener que seguir con atención los comentarios de mis amigos sobre la finalidad que perseguimos por medio de esta representación que ellos esperan. Pero la creación de estas hojas debe haber mostrado a mis patrones que yo persisto sobre todo en esta atención.

    A este propósito, yo expresaría el disgusto de no haber aún logrado obtener la colaboración de músicos serios, ya que, no solamente la diversidad de las discusiones que nos parecen necesarias, pero también su carácter, hubiesen sido mejor precisados por su participación. Los alemanes por tanto parecen estar enormemente ocupados, mientras que los “no alemanes”, es verdad, han tenido siempre el tiempo para tachar a sus hijas con criticas groseras. Esperando pues, no hay más que los de mis amigos que se sienten dispuestos a prestar su minuciosa atención a las aspiraciones más extensas de mis esfuerzos desde el punto de vista de la cultura, y en cultivar casi solos el campo de nuestras comunicaciones. Yo no puedo por tanto decir que vea un incoveniente, ya que, hasta el presente, he debido probar como un infortunio de ver mi arte y mis tendencias juzgadas sobretodo por unos músicos impotentes. Que el hombre de letras haya terminado, él también, por confundirse, esto ha podido, además, parecernos de buen augurio; pues en lo sucesivo tenía que tratar abiertamente a los adversarios más peligrosos: éstos, en efecto, saben mejor que esos músicos desmoralizados de lo que se trata: y la cuestion ha sido llevada así sobre un terreno donde ella debería estar definitivamente resuelta. Sobre este terreno, me parece que ningún progreso seguro y sensible no haya sido antes de la gran obra de mi amigo. Pueden todos los que esperan de mí más que una representación extraordinaria de ópera ser de mi opinión, en cuanto a la importancia de este excelente trabajo: es este deseo que me ha incitado a determinar a mi amigo a hacerle aparecer en estas hojas. 
 


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