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La revolución

Escritos y confesiones. Barcelona, 1975. Trad. de Ramón Ibero.
La revolución (1849)
Por Richard Wagner

 

Si miramos por encima de naciones y pueblos, descubrimos por doquier, en toda Europa, el hervir de un movimiento poderoso cuyas primeras sacudidas ya nos han alcanzado, cuya plena violencia amenaza con aba tirse pronto sobre nosotros. Europa nos parece un gigantesco volcán, de cuyo interior emana un pavoroso rugido in crescendo permanente, de cuyo cráter se alzan al cielo columnas de humo oscuras, preñadas de tormentas y, cubriéndolo todo en derredor con noche, flotan sobre la tierra, en tanto que, aquí y allí, ríos de lava, rompiendo la dura costra, corren valle abajo, destruyéndolo todo, como mensajeros de fuego.

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La prohibición de amar

La España Moderna. Madrid, sin fecha.
Recuerdos de mi vida
Por Ricardo Wagner

 

I Recuerdos de mi vida (1813-1842) | II La prohibición de amar | III Traslación de las cenizas de Weber a Dresde | IV Mis recuerdos sobre Spontini | V Carta sobre el Tannhäuser. París, 27 de marzo de 1861 | VI Mis recuerdos sobre Luis Schnorr de Karolsfeld, muerto en 1865 | VII Un recuerdo de Rossini | VIII Historia de una sinfonía (carta al editor Fritzsch) Venecia, 31-12-82 | IX Carta a M.G. Monod. Sorrento, 25 de octubre de 1876X Carta al Duque de Bagnera. Villa de Angri, 22 de abril de 1882 ]

 

II

LA «PROHIBICIÓN DE AMAR»

De la segunda ópera que terminé completamente, Prohibición de amar, no doy á luz más que un resumen del argumento y una reseña de la tentativa de su representación con las circunstancias que á ella se asociaron. Si me abstengo de una comunicación semejante por lo que se refiere á mi primera ópera, Las Hadas, atendiendo á que no llegó á la publicidad, no creo posible pasar en silencio esta segunda obra de mi juventud, puesto que pudo obtener una publicidad verdadera, como va á verse, y abrogó entonces la atención sobre sí.

Bosquejé el poema de esta ópera en el estío de 1834, durante una temporada de vacaciones en Toeplitz, de la cual conservé recuerdos precisos consignados en las siguientes páginas.

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La ópera alemana

Escritos y confesiones. Barcelona, 1975. Trad. de Ramón Ibero.
La ópera alemana (1834)
Por Richard Wagner

 

Aun cuando hablamos y, sobre todo, oímos hablar de una música alemana, me parece, no obstante, que en el criterio sobre este particular impera un caos de conceptos similar a aquel en que se hallaba sumida la idea de la libertad a los ojos de los demagogos oscurantistas, chapados a la antigua, que contemplaban los logros de las modernas reformas extranjeras por encima del hombro, arrugando despectivamente la nariz, como hacen ahora nuestros chauvinistas entendidos en música. Es cierto que hay un campo musical que nos es propio y pertenece —y es concretamente el de la música instrumental—, pero no tenemos una ópera alemana, y el motivo de ello es el mismo por el que tampoco tenemos un teatro dramático nacional.

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La muerte de Sigfrido

Traducido por Javier Nicolás para su conferencia La música no dramática de Wagner, pronunciada el 3 de diciembre de 2001
La muerte de Sigfrido (1850) 
Por Richard Wagner

 

La escena representa la cima de un peñasco, a la izquierda la entrada a una gran cueva. El borde de la altura se ve libre hacia el fondo, a la derecha hay unos abetos altos. Clara noche de estrellas.

Las tres Nornas, tres figuras de mujer ataviadas con oscuras y fruncidas vestiduras, estiran un hilo de oro. La primera -la mayor- anuda el hilo a un abeto, por el lado exterior derecho; la segunda – más joven-retuerce el hilo alrededor de una roca a la izquierda; la tercera -la más joven- sostiene el final del hilo, colocada en el centro al fondo.

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Introducción al artículo del Conde de Gobineau

Bayreuther Blätter, 1881. Wagneriana, nº3. 1982
Introducción al artículo del Conde de Gobineau Un juicio sobre la situación actual del mundo
Por Richard Wagner

 

    La suerte de los “Bayreuther Blätter”, desde que fue acometido su primer objetivo, (que era) publicar unas comunicaciones sobre la obra del Patronatverein, dependerá únicamente del grado de interes que nosotros podamos despertar en los hogares de los lectores, tratando de asuntos relativos a la cultura y a la civilización que parecen, de primer acceso, extrañas a su efecto, pero que se ofrecen a nuestro espíritu en la proximidad inmediata (de ese fin).

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Historia de una sinfonía (carta al editor Fritzsch) Venecia, 31-12-82

La España Moderna. Madrid, sin fecha.
Recuerdos de mi vida
Por Ricardo Wagner


I Recuerdos de mi vida (1813-1842) | II La prohibición de amar | III Traslación de las cenizas de Weber a Dresde | IV Mis recuerdos sobre Spontini | V Carta sobre el Tannhäuser. París, 27 de marzo de 1861 | VI Mis recuerdos sobre Luis Schnorr de Karolsfeld, muerto en 1865 | VII Un recuerdo de Rossini | VIII Historia de una sinfonía (carta al editor Fritzsch) Venecia, 31-12-82 | IX Carta a M.G. Monod. Sorrento, 25 de octubre de 1876 | X Carta al Duque de Bagnera. Villa de Angri, 22 de abril de 1882 ]

 

VIII

HISTORIA DE UNA SINFONÍA

(CARTA AL EDITOR FRITZSCH)

Venecia, San Silvestre, víspera

de Año Nuevo, 1882.

En reconocimiento de sus buenos oficios, escuche hoy este relato, misterioso de todas veras.

Durante la última Navidad, celebré en Venecia el jubileo de la primera ejecución de una sinfonía mía, realizada hace medio siglo; esa sinfonía, escrita á los diez y nueve años por mi propia mano, se ejecutó entonces con una partitura de otra mano que la mía, por una orquesta compuesta de profesores y de alumnos del liceo San Marcello, bajo mi dirección y en celebridad del cumpleaños de mi mujer.

Insisto en el hecho de que la partitura no estaba escrita por mi mano. Enlázase con esto una historia que transporta el asunto á las regiones del misterio... Así no será conocida más que de V.

Y ante todo, permítame exponer los hechos históricos.

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Heroísmo y Cristianismo

Wagneriana, nº1. 1977
Heroísmo y Cristianismo
Por Richard Wagner

 

Después de habernos percatado de la necesidad de una regeneración del género humano, cuando pasamos a considerar cuales son las posibilidades de una purificación del mismo, nos encontramos con dificultades por todas partes. Cuando hemos intentado explicar su decadencia con una corrupción de su sustancia física, teniendo en este punto con nosotros a los más esclarecidos sabios de todos los tiempos, que creyeron reconocer el motivo de la degeneración en la alimentación animal que pasó a sustituir a la vegetal, hemos sido llevados a concluir necesariamente que una mutación fundamental a sobrevenido a nuestro cuerpo, y que la corrupción de la sangre ha traído consigo una corrupción del temperamento y de las cualidades morales.

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Gran festival y estreno de Bayreuth en 1882

Por Richard Wagner

 

Si hoy día nuestras fiestas celebradas con motivo del aniversario de la consagración de una iglesia no han caído en desuso y conservan aún su atractivo, merced principalmente á los banquetes, llamados Kirmess-Schmause2, celebrados en aquella ocasión, de la que reciben su nombre, me figuré yo también que no debía presentar al público de la ópera la agapa de mis caballeros del Gral con su significación mística de otro modo que imaginándome como si el teatro de las fiestas escénicas estuviera esta vez especialmente consagrado para la representación de tan sublime suceso. Puede que á estos la diesen por escandalizarse algunos de esos judíos convertidos, de los cuales, según cristianos me han asegurado, resultan los católicos más intolerantes; no por eso en el verano de este año creí necesario de dar otras explicaciones sobre el particular á los que se reunieron á mi alrededor para asistir á la representación de mi obra.

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Fragmentos de sus escritos

Por Richard Wagner

 

Jesús de Nazareth (1848)

    La vida del hombre es evolución del egoísmo hasta su propio aniquilamiento en favor de la generalidad.
    Hasta la madurez, el hombre sólo comprende la Naturaleza con referencia a sí mismo; toda impresión de la Naturaleza se transforma en egoísmo, porque hasta la completa madurez no hacemos más recibir, sólo lo recibido es comprensible para el hombre, y esto sólo en lo que respecta a sí mismo, a su propio Yo; en tanto cuanto la Naturaleza está fuera de él, no es nada para él, y sólo su Yo es algo. Pero si el hombre se vuelve a despojar de su propio Yo, en el amor, después de alcanzada la madurez, sólo entonces la Naturaleza llega a ser algo para él, en la medida en que se sume en ella; porque por el amor sale el hombre fuera de sí mismo y se vuelve a encontrar con su antítesis. De donde también procede la comprensión de la Naturaleza en primer término por el amor. [1]

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Epistolario a Matilde Wesendonk

Prólogo y traducción de Carlos Bosch. Buenos Aires, 1947 
Epistolario a Matilde Wesendonk 
Por Ricardo Wagner
 

COMENTARIO EN TORNO A RICARDO WAGNER SUGERIDO 
POR SU CORRESPONDENCIA PASIONAL A MATILDE WESENDONK

 

La falta de consecuencias en la obra total de un autor determinado es, muchas veses, lo que significa su mayor potencialidad y su total singularidad. Si el artista recoge y se acaudala de antecedentes directamente tradicionales, con los cuales se lanza con intrepidez de despreocupada originalidad hacia el encuentro de sí mismo, viene a crear una cosa excepcional que marca una transformación dentro de los cánones permitidos, aunque signifique sorpresa de inaudito coraje para los filisteos, que ni siquiera comprenden que aquello no deja, en su genialidad inventiva, de originarse con acusados rasgos de filisteísmo.

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