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En memoria de Winifred Wagner

En memoria de Winifred Wagner 
Curt von Westernhagen

 

En una hermosa y radiante mañana de julio del año 1915 esperábamos algunos miembros de la Asociación Wagneriana de la Academia de Berlín, ante el Hotel Thiergarten, en la plaza de Potsdam, a Siegfried Wagner, que se había desplazado a Berlín para una corta visita, cuando se nos acercó una esbelta y linda discípula del Lyceum en compañía de su profesora. Estaba llena de impaciencia y sólo deploraba tener una mancha en su inmaculada blusa blanca. No pasó mucho rato cuando llegó Siegfried, nos saludó con un jovial ¡Dios sea loado! y se reunió con la joven.

Se llamaba entonces Senta Klindworth y era la hija adoptiva del pianista Karl Klindworth (amigo personal de Richard Wagner y autor de la reducción al piano del "Anillo del Nibelungo"). Nacida el 23 de junio de 1897 en Hastings, Inglaterra, hija del actor Williams, bautizada con el nombre de Winifred, quedó muy pronto huérfana, hasta que el matrimonio Klindworth, por aquel entonces en Berlín-Dahlem, la adoptó. Al estallar la guerra de 1914, fue considerada "extranjera enemiga", y la adoptaron como Senta Klindworth.

Fue educada, naturalmente, en la admiración a Richard Wagner y cuando, en 1914 estuvo preparada para ello, asistió a los Festivales de Bayreuth -Parsifal, Ring, Holländer-, no sólo se entusiasmó por Richard Wagner, sino que se convirtió en fanática de Siegfried y adornó su casa, como explica su profesora y confidente Felicia Sintenis, con un retrato suyo en su habitación.

Esta inclinación no quedó sin respuesta. No debemos maravillarnos, pues, de que Siegfried, tan pronto como llegó a Berlín, para dirigir con la Filarmónica un concierto "familiar" -Liszt, Richard Wagner y obras propias-, la llevara a los ensayos.

Para aquella mañana de julio de 1915 se había planeado una excursión al lago Havel, acompañados por el pintor Franz Stassen y una cantante de la Opera de Berlín. No sólo nos atraía la espléndida naturaleza, sino también la fama de ciertas cerezas. "Vamos a buscar cerezas en las orillas", dijo Stassen, "y a la noche nos encontraremos en el lago Wann". Cuando Siegfried y Senta, llevando los cestitos con cerezas, se unireon al grupo, ví que llevaban entrelazados sus dedos meñiques.

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La boda, señalada inicialmente para el 25 de agosto, día nupcial de Richard y Cósima Wagner, se aplazó a septiembre y se celebró con gran simplicidad. Una ilustración de Stassen en la biblioteca del museo Wagner muestra a la encantadora novia con sencillo vestido blanco, envuelta en un velo. En su librito de recuerdos (1923) llama juguetonamente a Siegfried "ganador de la guerra", pues la guerra le había traído una ganancia, mayor mil veces que todos los tesoros: "Un corazón enamorado".

 

Hasta el fin de la guerra no pudieron reanudarse los festivales. Los dos primeros años, tras la guerra, fueron penosos para los habitantes de Wahnfried. En 1921 consideró Siegfried que sería provechosa una gira por América, plan que no se realizó hasta 1924. Fue un éxito triunfal, que le llevó de concierto en concierto. "Winnie, haz el equipaje", escribía a su casa el 26 de marzo desde Nueva York, "Me eres verdaderamente indispensable".

 

"Verdaderamente era inestimable para él, como factor psicológico, su compañía", escribe el biógrafo de Siegfried Wagner, Zdenko von Kraft. "Es la mujer, concebida por Siegfried como un fondo trascendente, lo que debió de representar para él en ese elevado aspecto".

 

El mismo año, 1924, pudieron reanudarse los festivales: Ring, Parsifal, Meistersinger. Siegfried está de la mañana a la noche en la colina del Festival, y su joven esposa asiste a los ensayos. 1930 le trae nuevas concesiones: Tannhäuser dirigido escénicamente por ella y musicalmente por Arturo Toscanini -algo inolvidable para todos-. Sólo el propio Siegfried Wagner no se encontraba tan bien. Durante un ensayo del Ocaso cayó, víctima de un fallo cardíaco. Siguieron tres semanas entre esperas e inquietudes; Winifred, siempre a su lado, le informa del éxito sin par  de Tannhäuser. Sin lucha, Siegfried muere al mediodía del 4 de agosto.

 

Ya no sería nunca más, en los viajes de Siegfried, "sa belle chauffeuse", como a él le gustaba llamarla, jugando, ni tampoco su compañera y secretaria en el reclutamiento de colaboradores y artistas. Ahora, como administradora de la herencia, tenía una posición nada fácil, pero supo siempre seguir el camino marcado por su marido, sin rectificar. De nuevo Elmendorff dirigió el Anillo, para Tristán contó con Furtwängler y Toscanini dirigió, además de Tannhäuser, su primer Parsifal en Bayreuth.

 

1932 fue un año de pausa. El año 1933 trajo, con la subida al poder de Adolf Hitler, un gran cambio. Una primera muestra: el 28 de marzo renunció Arturo Toscanini: "Con inmutable amistad para la casa Wagner, Arturo Toscanini". En su lugar, salió Richard Strauss. No trajo consigo a Bayreuth sus desavenencias juveniles con Siegfried Wagner. Además de Parsifal, dirigió el 4 de agosto, día de la muerte de Siegfried, la novena sinfonía de Beethoven, por primera vez en el Festspielhaus.

 

Las relaciones de Wahnfried con Hitler se remontaban a 1923. "Hitler no vino como agitador político, sino como respetuoso admirador del genio alemán Richard Wagner" -se lee en los Pensamientos Escritos de Winifred, de 1946-. Después del cumplimiento de su prisión en Landsberg, vino en 1925 a Bayreuth como espectador, y vio el Anillo, Meistersinger y Parsifal. Espectadores que le conocieron en ese período dicen que pidió no se hiciera nada especial acerca de su presencia, pues sólo deseaba asistir. Con esa prudencia consiguió en los años siguientes que su asistencia no representara ninguna carga para Bayreuth.

 

Eso cambió cuando, desde 1933, visitó Bayreuth oficialmente, como Canciller del Reich. Esto significaba, además de su admiración por Wagner, un educado cumplido. Quien haya creído que el triunfo de Hitler significó también el triunfo de Wagner vióse muy desengañado. A continuación, vuelvo a citar párrafos de los Pensamientos de Winifred Wagner: "Un peligro nuevo e inesperado nos acometió a la subida del Nacionalsocialismo por la posición negativa que tomaban los hombres que entraron en el círculo de Richard Wagner". En ello influyeron los seguidores de Nietzsche, como Alfred Rosenberg, que jugaban con la teoría del "superhombre", o los racistas fanáticos, como Günther y Eichenauer, que no encontraban a Wagner suficientemente "nórdico". El Parsifal resultaba para ellos una ideología impotable. Una agitación, iniciada en el campo juvenil cercano, repercutió sobre Bayreuth. El "Gauleiter" allí competente amenazó incluso con "querer fumigar las bandas internacionales en Wahnfried". Hitler creía poder hacer frente a estas corrientes con su visita ostentosa a los festivales. Winifred Wagner se sentía incómoda por todo esto, temiendo una retirada del apoyo oficial a Bayreuth. Su influencia personal tuvo éxito para convencer a Hitler de la inviolabilidad de los Festivales en atención a su resonancia internacional. En sus relaciones no fáciles y complicadas con el Tercer Reich, consiguió una relativamente modesta subvención del fondo privado de Hitler para ciertas representaciones en épocas especiales. Así, el Lohengrin en el año de las Olimpiadas de Berlín, bajo el triunvirato Tietjen, Praetorius, Furtwängler.

 

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, pareció llegar el fin de los festivales. Pero Hitler resolvió otra cosa: quien estuviera al servicio de la patria, podía, a expensas del estado, asistir al Festival; 1944 fue el último año en la modalidad, con unos Maestros Cantores a cargo de Tietjen, Abendroth y Furtwängler. Durante la guerra, Hitler no volvió casi a Bayreuth. Frau Wagner sólo lo vió una vez, por pocas horas, durante unos Maestros Cantores en 1941. "Fue la última ocasión que ví a Hitler antes de su muerte", dice en sus escritos. "Nunca me volvió a visitar, ni tampoco yo a él".

 

En 1948 recibí las siguientes líneas de ella desde el exilio en Oberwarmensteinach, comarca de Bayreuth, donde se había retirado a su modesta casa de campo: "Que nosotros sufriríamos mucho y duro, era una cosa imposible de evitar, y Dios sabe que todavía está sobre nosotros. El resultado de mi esfuerzo ha sido risueño: ninguna mancha hay sobre mí ni sobre Bayreuth... Volverá a ser la ciudad y la sede del deseo.., en 1950 volverán las representaciones y mis hijos pueden ya empezar a trabajar en ello, pero aún nos hacemos de rogar..."

 

En 1949 se mostraba ya llena de esperanzas: "Mis hijos se han puesto a la tarea con todo entusiasmo y han logrado la concesión de una subvención estatal y, además tienen libertad artística para conseguir que la iniciativa privada les suministre nuevas ayudas..."

 

En 1951 tuvieron realidad tangible los nuevos festivales: "Dirección general: Wieland Wagner, Wolfgang Wagner". Frau Winifred Wagner, que vivía en la reconstruida Wahnfried, siguió los resultados de sus hijos no sin crítica (¿cómo podía ser de otro modo, tratándose de distintas generaciones?). Desde su mesa de escritorio o durante los festivales, en su sofá, en el rincón de su salón, adornado artísticamente con tesoros y recuerdos, recibía a los antiguos y a los nuevos amigos de todo el mundo.

 

Así la veo yo en mis recuerdos ante mí, como la inmutable alumna del Lyceum Senta Klindworth, y ya en la madurez con los siempre agradables rasgos que ha inmortalizado en su escultura Arno Breker.

 

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CURT VON WESTERNHAGEN. Nació en Riga el año 1893. Realizó estudios humanísticos en Riga y Brounschweig, al mismo tiempo que clases de música. En Riga donde residía conoció al famosísimo escritor wagneriano Glasenapp quién le facilitó la posibilidad de asistir a los Festivales de Bayreuth en 1912, a sus 19 años. Allí conoció a Siegfried Wagner y a Hans von Wolzogen quienes le animaron a sus primeras colaboraciones en las “Bayreuther Blätter”. En 1914 conoció a la señorita Senta Klindworth, hoy Winifred Wagner, desde cuya fecha mantiene una gran amistad con ella. Después de la primera guerra mundial, formó parte de la “Bayreuther Bundes” de Kiel, creada para la difusión de la obra de Wagner entre la juventud. En 1939 el Dr. Otto Strobel le llamó para colaborar en el recientemente creado Centro de Estudios Wagnerianos y en 1943 dicho centro inició su primera publicación en la cual colaboró, pero la guerra puso fin a la labor emprendida. En 1965 pudo localizar la biblioteca que Wagner había poseído en Dresde y que se creía perdida. Hizo un libro sobre ella en el cual se detallaban los libros que poseía entre los que se hallaban dos historias del teatro español, de Schack y Schlegel, 8 tomos de obras de Calderón y 10 de Cervantes. Es autor de varios libros entre los que destacan: “Richard Wagner, Sein Werk, sein Wesen, seine Welt”, “Die Entstehung des “Ring”, “ Wagner” (reciente biografía editada en Alemania, Italia y Japón), “Richard Wagners Dresdener Bibliothek“, también ha colaborado en el apartado “Wagner” de las siguientes enciclopedias: “Die Musik in Geschichte und Gegenwart”, “Dictionnaire de la Musique”, “Sohlman's Musiklexikon”, “Grove‘s Dictionary of Music”, “Wagner Companion” y “Brockhaus Enzyklopädie“.