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Richard Wagner: genio y figura

Wagneriana nº49. 2003. Resumen publicado en Richard Wagner Nachrichten (Graz, abril-junio de 2002) del primer capítulo de von Holländer zum Parsifal. Neue Wagner-Studien. Atlantis Verlag, Zurich 1962
Richard Wagner: genio y figura
Por Curt von Westernhagen

 

“... Yo sabia muy bien que para muchos era la espina que se clava en un ojo”. Esto es lo que le dijo Goethe a Eckermann, dos años antes de su muerte. “Todos se habrían librado muy a gusto de mí, pero como no podían meterse con mi talento lo hacían con mi carácter.” Esta es la misma táctica que se ha seguido con Wagner; arremeter contra su carácter para desprestigiar su obra. No sólo se empleó este sistema para atacar la imagen de Wagner cuando ya estaba instalado en Bayreuth, sino que ya empezó durante su época de director en Dresde, cuando no se podía prever su futura situación. Todavía hoy no se ha terminado con esta táctica, aunque ahora se presenta como una leve maledicencia que esparce su veneno, ahora aquí, ahora allí, pero que siempre logra restar interés por la obra y por el hombre. Furtwängler opina que “el mal carácter” de Wagner es la consigna que la mediocridad esgrime contra los grandes, cuando al no poder negar su grandeza intenta desacreditarlos de esta manera.

Ernest Newmann, en los cuatro tomos de su extensa, “Life of Richard Wagner” (1933 — 1946), mantiene ante todo “la libertad de expresión”. Para esto se dan una serie de felices circunstancias; la distancia en el tiempo, la abundancia de material, una auténtica sagacidad investigadora y al mismo tiempo lo que Schuré califica de “spontanéite de sentiment”, una gran viveza para alcanzar el objetivo trazado. Justo al empezar, Newmann nos sorprende con unos argumentos que difieren en tono y razonamiento, de los expresados en sus anteriores publicaciones; es probable que haya reconocido que cuanto más se profundiza en esta vida menos puede uno dejarse arrastrar por juicios severos. Ante todo se nos debe permitir aceptar que son pocas las personas de las cuales se haya exhibido la vida privada como se ha hecho con tanta crueldad con la de Wagner. Ningún carácter, ni que fuera el de un santo, podría resistir sin objeciones una investigación tan minuciosa.

Schopenhauer escribe; “La vida del genio es una tragedia, pero vista de cerca y sin amor se convierte más bien en una comedia ”... “y además notablemente grotesca.” añade Nietzsche refiriéndose a Wagner. Esto, más que nada, puede referirse a la miseria económica, que aparte sus últimos años, lo persiguió durante toda su vida. Newmann, dando una ojeada a ciertos escritores que han tratado el tema Wagner, observa que se habla mucho, con deleite y con todo detalle, sobre “Wagner y las mujeres”. Sería mucho más interesante el tema; “Wagner y el dinero”, quizás no tan picante, pero mucho más fundamental, “more vital”.

Ahora bien, debe considerarse que la situación económica de Wagner era la habitual en un compositor de óperas alemán a mediados del siglo pasado. Se vio obligado a vender los derechos de representación en un solo pago, que según la importancia del Teatro era de 10 a 40, en casos excepcionales de 50 Luises Oro. En cambio, un tenor dramático, por una sola actuación en una de sus obras, recibía casi tres veces más. Solo Berlín era una excepción ya que Meyerbeer, según el ejemplo de París, había logrado obtener un tanto por ciento. Pero justamente Berlín se mantuvo larga y obstinadamente contrario a Richard Wagner por culpa del Sr. Hülsen, quien no fue capaz de evitar que también allí obtuviese una victoria póstuma; hasta el 13 de Febrero de 1933, cincuenta aniversario de su muerte, la Opera “Unter den Linden” había dado 3.733 representaciones wagnerianas. Además no es verdad lo que siempre se dice que durante su vida no pudo vanagloriarse de haber obtenido un éxito de público.. “Rienzi”, “El Holandés” y “Tannhäuser” se encuentran, a partir de los años 50, entre las obras que eran un éxito de taquilla. Por ejemplo, en 1852, en la pequeña Schwerin, se dio “Tannhäuser” catorce veces con el teatro lleno. Si Wagner hubiese obtenido el justo tanto por ciento habría podido permitirse, sin molestar a sus amigos, una casa, un jardín y hasta un moderado lujo que le hubiese dejado dedicarse a la composición sin preocupaciones. Newmann dice: “Hay algo escandaloso en el sistema social que tenemos; hace que sea prácticamente imposible, que de manera legal, un compositor como Wagner pueda ser algo más que un mendigo, y encima se le tache, con burlona sonrisa, de acumulador de deudas.”

No le fue mejor con sus editores. Cuando en 1851 ofreció la partitura de “Lohengrin” a Breikopf y Härtel tuvo que aceptar que, tras algunas vacilaciones, los editores la admitieran con unos honorarios consistentes en la condonación de una antigua deuda de 200 Táleros contraída al comprar un piano. ¿Es posible algo semejante? Wagner escribió a Liszt: “Esta magnanimidad me humilla”. “Lohengrin”, junto a “Tannhäuser”, ha sido una de las obras más representada. Pasaron más de treinta años, hasta que al final de su vida, pudo pedir a Schott 100.000 Marcos para su “Parsifal”:

“Espero no encuentren mi petición exagerada; tengan en cuenta lo que ha hecho el editor ingles al pagar al Sr Gounod 100.000 Francos por un Oratorio. Pienso que mi última obra —y creo la mejor - puede compararse ventajosamente a la del descolorido Maestro de París ...“. Hasta la insólitamente elevada suma de dinero que a lo largo de dos décadas recibió del Rey de Baviera, procedente de la caja del Gabinete Real de Baviera —Otto Strobel calcula, basándose en documentos de 1864 a 1883, que fueron 521.063,01 Marcos — a pesar del elevado idealismo de la situación, la cosa no quedó sin “compensación” por parte de Wagner ya que le regaló al Rey numerosos manuscritos de composiciones, esbozos y partituras, cuyo valor — según Strobel - iguala, como mínimo, las inversiones del Rey. Entre ellos se encuentran: esbozos de orquesta para “El Holandés Errante”, la partitura de la “Marcha de Homenaje”, las partituras originales de “Las Hadas”, “La Prohibición de Amar”, “Rienzi”, “Los Maestros Cantores”, “El Oro del Rin” y “La Walkiria”. Con esto Wagner no se sentía solo receptor, se sentía también dador. Escribe a Luis: “Regaláis regiamente, considerad que mi conciencia no cesa de pensar como algún día podré corresponder a esta real confianza”.

Las crisis violentas que aparecen en el carácter de Wagner son presentadas a través de una lente de aumento al juzgar su personalidad humana, ahora bien, lo que esta por encima de toda duda es su personalidad artística. Como artista no sucumbió a ninguna presión, a ninguna propuesta seductora, ni en los momentos más desesperanzados, nada lo alejó del camino que se había trazado para llegar a su meta. Uno de los espacios más emocionantes es cuando Newmann, alejado de cualquier grandilocuencia, sin temer ninguna crítica, llega al final del cuarto tomo al siguiente juicio: “No existe en la historia del Arte nada más heroico— nothing more heroic - que la larga y potente lucha de Wagner por el ideal que se había trazado.” Pero los duros días de trabajo, las noches insomnes, las constantes inquietudes por la financiación de su gran empresa, afectaron su salud. Cuando llegó a Bayreuth ya había firmado su sentencia de muerte; “Cuando un artista muere, víctima de sus ideales, muere antes de haber logrado expresar gran parte de lo que como músico tiene que decir.” Él amaba su obra más que a sí mismo, este es el ejemplo que no solo hizo que sus amigos le mostrasen un respetuoso amor, sino que también infundió ánimos a espíritus lejanos, igualmente emprendedores, y obligó a que hasta sus enemigos reconociesen su grandeza. No es fácil entender que en su tiempo parte del mundo se situase en su contra.