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Richard Wagner y la literatura clásica española

Por Curt von Westernhagen

 

En el mes de diciembre de 1857 Wagner enviaba la versión definitiva de la canción “Schmerzen” desde su refugio de la “Verde Colina” a la “Wahlheim”, la villa de los Wesendonk: “Veremos qué le parecerá a la señora Calderón”, añadía, aludiendo a sus lecturas comunes con Mathilde. La predilección de Wagner por la literatura española no es casual: El lema”El honor de Tristán la mayor lealtad” se corresponde exactamente al concepto del honor como expresión de “un sentido profundamente apasionado de la nación española”. “Los conmovedores dramas de Calderón -escribe a Liszt con fecha de enero de 1858- plantean el problema del conflicto entre ese honor y el profundo afecto humano. Es el concepto del honor el que hace que estos argumentos, de todos conocidos, hayan alcanzado la celebridad. El amor herido se refugia en una ... sublime melancolía... Y esta conciencia conmovida es precisamente lo que Calderón ha sabido describir en sus dramas, haciéndola eje del conflicto dramático en términos tales que ningún poeta del mundo puede comparársele en esto”.

Tanto la problemática inserta en el asunto del “Tristán” como la que reflejan los dramas de Calderón eran conocidas de Wagner desde hacía tiempo, si bien sólo entonces se le hizo evidente la íntima relación que las unía. Desde el redescubrimiento de su biblioteca de la época de Dresde, que se creía perdida (1), sabemos que, no sólo figuraban ya en ella las fuentes relativas a la leyenda de Tristán, sino una gran cantidad, insospechada a decir verdad, de obras de autores españoles, y muy especialmente de Calderón:

Obras dramáticas.- Según traducción de J.D.Gries (8 volúmenes). Teatro Español.- Publicado por Adolf Friedrich von Schack (2 volúmenes). Teatro Español.- Traducción de August Wilhelm von Schlegel (2 volúmenes). 
Al abandonar su Refugio, y a lo largo del periplo que llevaría a Wagner a Venecia, Lucerna, París, Wiesbaden, Viena, Munich y, finalmente, a Tribschen en 1866, una de sus principales preocupaciones fue la de poder recomponer la biblioteca que, tiempo después, constituiría la base de su biblioteca de Wahnfried (2).

“Mi atención principal.., la constituye ahora mi biblioteca, esa biblioteca tan sensiblemente diezmada a lo largo de mis viajes y de las naturales devastaciones que la vida trae consigo, y que poco a poco voy reconstruyendo y completando. Si el Cielo me depara una vejez serena, hallaré en ella el solaz y el placer que me asegura el caudal de esta espiritual riqueza... Siempre suelo prolongar las veladas con alguna lectura, que de ordinario consiste en obras de alguno de nuestros grandes Genios: Schiller, Goethe, Shakespeare; pero también puedo acudir a Homero , o al mismo Calderón... Es como la bendición nocturna: con mis libros me hallo en inmejorable compañía y sé en todo momento a cuál de mis amigos elegir para la conversación” (Carta al Rey Ludwig II, 24 de febrero de 1869). 
Calderón está representado en ella a través de diversas traducciones, entre ellas la de von Gries, completada con un tomo adicional. Además se encuentran volúmenes de Lope de Vega, tanto de obras teatrales como de narrativa, y por encima de todas ellas, como un auténtico redescubrimiento, las obras maestras de Cervantes, las Novelas Ejemplares y el Quijote. 
De la dedicación de Wagner a estas lecturas da idea el hecho de que llegara a adquirir un diccionario español y una gramática española. 
A partir del momento en que Cósima se traslada a Tribschen en 1868, es posible seguir día a día las lecturas en común de la familia Wagner. 
En Lope hace resaltar la métrica y el estilo de la composición, con especial referencia a la conclusión de las estrofas, en contraposición a las formas calderonianas, más razonadas y simétricas en la utilización de los troqueos. En cierta ocasión se refiere a su lectura de “Fuenteovejuna” como fuente de “infinito placer”. Pero incluso en la lectura de las obras menores de Lope admira la seguridad de la forma. “Nosotros, los alemanes, no somos tan artistas en esto -indica, con resignación-: Las novelas de Cervantes y de Lope, aun las menos trascendentales, ¡qué firmeza tienen en lo formal! Mientras, nosotros, incluyendo a Goethe y a Schiller, estamos siempre buscando y experimentando”. Esta admiración no hizo sino crecer con el tiempo y en 1881, recién terminada la 
lectura del “Casamiento Engañoso” de Cervantes, es expresada nuevamente por Wagner al referirse al coloquio de los perros Cipión y Berganza y al episodio de la bruja: El motivo de la transformación le recuerda a Kundry y reputa la profecía de Diotima como fragmento de insondable profundidad. “¡Qué invenciones, Dios Santo! -llega a exclamar-: ¡Qué personajes! “.

Pero la obra que suscita en Wagner el mayor afecto es “Don Quijote”. “Por la noche, Don Quijote -leemos en la anotación correspondiente al 16 de octubre de 1869 del Diario de Cósima-: Comentamos cuan apresuradas son nuestras lecturas de juventud y cuán superficialmente ha sido juzgada la segunda parte de la novela. Richard afirma que quisiera tener un santuario en casa para poder adorar en él convenientemente a un genio como Cervantes. Resalta el hecho de que el genio de Cervantes se inserta en la Naturaleza misma y que sólo él y Shakespeare han sabido, como Homero en la Antigüedad, escribir de modo que no se note en sus obras el artificio, en tanto que los trágicos griegos, Schiller o Calderón dan la impresión de operar con abstracciones a imagen y semejanza de sus invisibles dioses. La figura de Don Quijote, equivalente a otro Hamlet, nos ofrece la humanísima mezcla de lo sublime y lo ridículo. Es el propio Cervantes el que está retratado en el personaje, viéndose a sí mismo como el mundo debió verle tan a menudo y tomando decididamente el partido de su personalidad y de su oficio, como se echa de ver en la soberana humanidad con que se refiere a los poetas cortesanos. Lo más llamativo de la segunda parte es la forma en que evolucionan los personajes; Sancho, por ejemplo, se ha convertido en otro sin dejar de ser él mismo. Es como si se hubiera sobrevivido a sí mismo en el autor”. 
“Volviendo sobre Don Quijote, dice Richard que Goethe hizo en el Werther algo parecido: una obra literaria en la que el artificio no se advierte. Cuando Cervantes quiere ser específicamente artista, sólo consigue ser académico y convencional. Su genio específico es como una fuerza de la naturaleza”. Por ello se le ve siempre seguro en el estilo, como en la conversación de Don Quijote con el labrador: Allí no se está transcribiendo, sino narrando. “Estos autores sabían cómo diferenciar el tratamiento de lo épico y de lo dramático”.

Después de una noche que pasó desvelado, declara Wagner: “Ayer se me representó lo trágico de la vida en un ejemplo muy claro: no se trata de nada original, pero nunca lo había percibido con tanta claridad: aquéllos que se burlan del idealismo son en el fondo fieles a los héroes que lo personifican, y así ocurre en Mefistófeles o en Sancho Panza. El héroe representa algo que no entienden bien, pero que, al igual que les rebasa a ellos, rebasa también a la propia vida” (4 de diciembre de 1880).

Las palabras admirativas son inagotables: “Este es el regalo más hermoso que nos ha hecho el Renacimiento”. “Los cuatro monumentos más originales que la Literatura nos ha legado son Hamlet, Falstaff, Don Quijote y Sancho”. Y en otro lugar: “Shakespeare, Faust, Dante, Don Quijote, ¡ahí se acaba todo!”. Tras la lectura del episodio de los cautivos, Wagner se sienta al piano y toca el tema de Siegmund, el Don Quijote germánico: Dondequiera que voy hostilidad encuentro; siempre en mi camino se atraviesa la ira...

No gustaba Wagner de las ilustraciones de Doré: “El francés no entiende este tipo de humor”, decía. Una noche, leyendo fragmentos de “Las Ranas” de Aristófanes, llegó a la conclusión de que existía una clase de humor que no sólo describía lo que el hombre parecía sino que exponía en toda su crudeza el conflicto entre lo que el ser humano tiene de animal y de divino. “Algo parecido es lo que ha querido hacer Cervantes con Don Quijote y Sancho Panza” (9 de abril de 1881).

“Hemos hablado mucho en la mesa de las escenas leídas ayer de Cervantes -se dice en otro lugar del mismo Diario- y se mencionó su azaroso destino, su cautiverio y su vida de soldado, la hostilidad de Lope de Vega a quien él, sin embargo, admiraba... La pervivencia de la mitología cristiana en “Don Quijote” nos llevó a la conclusión de que entre los modernos sólo los españoles pueden hablar de una verdadera cultura”. “¡La mirada de Cervantes! -exclamó Richard-: También yo en mi juventud, quise alcanzar esa penetración”.

En 1878 un admirador suyo español, el barcelonés Joaquín Marsillach, le solicitó un autógrafo para su inclusión en una obra sobre el maestro por él proyectada. El jóven autor, estudiante de medicina a la sazón, sometió el manuscrito, antes de su publicación a otro devoto wagneriano español, su profesor de Anatomía, José de Letamendi. “Nunca hubiera podido ocurrírseme, ni siquiera en sueños -dijo Letamendi- que pudiera darse el caso de un estudiante de medicina solicitando a su profesor de Anatomía una opinión sobre un trabajo relativo a la forma más alta de la Música”. 
Wagner queda tan encantado por esta Carta Abierta, que decide publicarla en sus “Hojas de Bayreuth” (3): “La composición del conjunto, las imágenes, las ideas, el carácter, el lenguaje... todo lo encuentra Richard ejemplar. Como prologo a su lectura de Cervantes recuerda la obrita de arte y con un profundo suspiro la compara con nuestras composiciones alemanas, hueras de forma y de contenido. Esto le lleva a considerar la afinidad entre españoles y alemanes, mucho más visible que la existente entre españoles e italianos, en los que la pintura lo ha absorbido todo...” (26 de septiembre de 1878). 
Se despierta en él el deseo de visitar España y con ocasión de una visita de Marsillach en octubre de 1881 se llega a considerar la posibilidad de realizar una visita a Sevilla. 
“¡Ah, el Sur!”, exclama Wagner tras la lectura de “La ilustre Fregona”, y espera poder visitar esas regiones, que imagina menos triviales que las italianas y donde las gentes cantan y tocan la guitarra para sí y no para los forasteros como ocurre en Nápoles.

No pudo desgraciadamente, realizarse este propósito. Pero al año siguiente hacía representar Wagner en Bayreuth su “Festival Sacro” en el que figura -si no en la partitura sí en el manuscrito del poema- esta descripción de la escena para el primer acto: “Paisaje característico de las montañas del Norte de la España Gótica”. Y para el segundo acto: “Ladera sur de las mismas montañas que mira a la España árabe”. 
 

Notas:

(1) C.von Westemhagen: “La Biblioteca de Wagner en Dresden (1842-49)” (Wiesbaden, 1966). 
(2) Existe un manuscrito inédito del “Catálogo de la Biblioteca Richard Wagner en Wahnfried”. Gracias a la gentileza de Frau Winifred Wagner, el autor ha podido hacerse con una copia del mismo. La Biblioteca fue trasladada a lugar seguro durante la Segunda Guerra Mundial y pudo así sobrevivir a la destrucción del lugar que la alojaba en Wahnfried. Hoy vuelve a ocupar el lugar a ella destinado... debidamente protegida por armarios de cristales. 
(3) Publicado en las “Bayreuther Blätter” en el número de Septiembre de 1878. 
  
 

Traducción de Marcelo Cervelló

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CURT VON WESTERNHAGEN. Nació en Riga el año 1893. Realizó estudios humanísticos en Riga y Brounschweig, al mismo tiempo que clases de música. En Riga donde residía conoció al famosísimo escritor wagneriano Glasenapp quién le facilitó la posibilidad de asistir a los Festivales de Bayreuth en 1912, a sus 19 años. Allí conoció a Siegfried Wagner y a Hans von Wolzogen quienes le animaron a sus primeras colaboraciones en las “Bayreuther Blätter”. En 1914 conoció a la señorita Senta Klindworth, hoy Winifred Wagner, desde cuya fecha mantiene una gran amistad con ella. Después de la primera guerra mundial, formó parte de la “Bayreuther Bundes” de Kiel, creada para la difusión de la obra de Wagner entre la juventud. En 1939 el Dr. Otto Strobel le llamó para colaborar en el recientemente creado Centro de Estudios Wagnerianos y en 1943 dicho centro inició su primera publicación en la cual colaboró, pero la guerra puso fin a la labor emprendida. En 1965 pudo localizar la biblioteca que Wagner había poseído en Dresde y que se creía perdida. Hizo un libro sobre ella en el cual se detallaban los libros que poseía entre los que se hallaban dos historias del teatro español, de Schack y Schlegel, 8 tomos de obras de Calderón y 10 de Cervantes. Es autor de varios libros entre los que destacan: “Richard Wagner, Sein Werk, sein Wesen, seine Welt”, “Die Entstehung des “Ring”, “ Wagner” (reciente biografía editada en Alemania, Italia y Japón), “Richard Wagners Dresdener Bibliothek“, también ha colaborado en el apartado “Wagner” de las siguientes enciclopedias: “Die Musik in Geschichte und Gegenwart”, “Dictionnaire de la Musique”, “Sohlman's Musiklexikon”, “Grove‘s Dictionary of Music”, “Wagner Companion” y “Brockhaus Enzyklopädie“.