Bayreuther Blätter, 1935. Wagneriana, nº44. 2002
Por Friedrich Basser

 

Cuando el joven Siegfried Wagner estuvo en Frankfurt estudiando arquitectura se encontró alíi a un inglés varios meses más joven que él, a quien había atraído el ardiente amor por la música alemana especialmente las obras de Richard Wagner. Los dos jóvenes veinteañeros se unieron en una amistad vital muy íntima siendo ambos hijos solares de dos familias nobilísimas constituyendo una juventud solar de seres humanos armónicos libres y autoconscientes y formándose en las fuentes más puras del saber y del arte con tendencias a la belleza clásica.

Si en Frankfurt, el fiel Engelbert Humperdinck había sido su marca o su hito, se dejaron llevar más adelante en Karlsruhe donde Siegfried Wagner y Clement Harris prosiguieron con sus estudios de arquitectura,entusiasmándose con la música a través del genial F. Mottl por nuestra música, no sólo en la ópera, cuya calidad encontró el reconocimiento más pleno de doña Cósima, sino también en el concierto y en el oratorio. El estreno de Mottl de su Santa Elisabeth en la que llevó la dirección la misma Cósima Wagner, se convirtió para ellos en una vivencia inolvidable. Después de estos profundos tragos de la fuente del arte más puro, los dos jóvenes amigos querían conocer el mundo a fondo. Sintieron que detrás de los libros y partituras, no se podrían recoger los últimos conocimientos decisivos y querían aprender a mirar y conocer para volver con una cosmovisión más amplia. Estuvieron de acuerdo con lo que tanto había disgustado a Richard Wagner : "qué seres más miserables somos que a través de toda la vida no hacemos más que soñar con el cielo sin llegar a a ver nada de la tierra. ¡Queridos, en el futuro, educaremos a nuestros hijos para que primero hagan un viaje alrededor del mundo" Con estas palabras de los años 50 del siglo pasado en los que Richard Wagner había esperado haber llegado hasta Grecia, pero deteniéndose en Germania, con su anillo de los Nibelungos (por suerte para nosotros), no pudo esperar que este buen deseo se llegaría a cumplir literalmente para su joven Siegfried en el año 1892. La fuerza de este deseo no podía madurar en forma más bella cuatro decenios más tarde. Clement Harris invitó a su amigo a iniciar con uno de los barcos mercantes mejor equipados de su padre, un viaje mundial a través de Suez a través de China y Japon. Para doña Cósima no era una decision fácil dejar marchar a su hijo. Precisamente en aquella época se doblaron los viles ataques contra Bayreuth y estaba preocupada no sólo como madre de exponer a su hijo, a todos los peligros entonces todavía muy grandes de tal periplo mundial, sino también como guardiana del Graal a quien se había confiado la herencia de las misiones de Bayreuth; pero el valor con el que aprendió a esperar su vuelta debía tener una magnífica recompensa: si Siegfried Wagner se había marchado, como un buscador de lejanías indeterminadas, cuyos anhelos se habían quedado en la arquitectura, volvió como dramático y músico con la clara conciencia de que Bayreuth le estaba esperando; de este modo se cumplió el deseo más íntimo de ella, sólo expresado en silencio de doña Cósima.

Entonces Cósima escribió a la condesa Marie von Wolkenstein: "quizás te lo haya dicho Hohenlohe que Siegfried Wagner proyecta un gran viaje. El joven inglés Clement Harris del que quizás te acuerdas, le ha pedido a Siegfried Wagner de viajar desde Londres a través de Suez hasta la India y Japón. Es el barco del comerciante Harrris, muy grande, y aparte de Siegfried Wagner y Clement Harris no hay pasajeros, únicamente la tripulación y el capitán, que es médico y cirujano a la vez. A finales de enero empiezan el viaje. Ahora está Fidi (Siegfried Wagner) en París durante tres días. Si bien un viaje hacia una meta tan lejana me ha inspirado ciertos temores, las circunstancias que acompañaron la oferta tenían tal caracter, que no tenía valor de rechazarlo. La escuela ha ofrecido muy poco a Siegfried y por este lado no se vio desviado por impresiones penosas. Karlsruhe tampoco ofrece la menor distracción, y no es posible apartarse de lo que le yerra a uno, pues las impresiones que comento han sido de naturaleza tan amplia que una educación personal a la que quizás yo haya contribuido en demasía, ha llegado a su fin. Ciertamente será presuntuoso por mi parte creer que mi influencia personal pudiese quebrar una naturaleza y que sobresaldría aquello que un transplante temprano haya convertido en una esfera repulsiva hasta la brutalidad. Pero no te puedo decir qué sentimiento de culpabilidad tengo por no haberme retirado ante las primeras impresiones y que Siegfried tuviese de mirar de tal forma a la torpeza del mundo.

Querida Mimí, no tendría que decirte que no hubo ninguna clase de explicaciones. Fidi saludó a la invitacion del viaje, que le hubiera gustado de cualquier forma como una liberación. Ahora se ha ido; que todos los angeles buenos le acompañen. No te imaginarás qué bien se ha sentido en esta ocasión. Mi única preocupacion es que él sea demasiado bueno y demasiado maduro. Pero yo creo en Dios, de modo que espero, si, poderme alegrar, y muchas veces veo los paisajes que atravesará y disfruto de su alegría".

Dotado de abundantes recursos de viaje, y acompañado de las obras de Richard Wagner, Schopenhauer y Gobineau, subió Siegfried Wagner en Londres a bordo del Wakefield. En Gibraltar empezó un agradable saludo del sur "comiendo frutas: celestiales naranjas...turrón, etc". Lo que no se dejaron escapar los amigos y que como cita su diario icluyo en sus memorias: "la primera visión a la izquierda...muchas palmeras".

En el viaje a través del Mediterráneo se abrió para su sensibilidad el mágico cielo que antes había iluminado la grandeza de Roma y la belleza de la antigua Grecia. De estos memoriales del más soberbio florecimiento cultural ario de las islas griegas, se hundieron en Suez en el mundo de los semitas, pasando a través del Mar Rojo hacia el océano Indico y viendo ahí las puestas de sol áureas, sus olas fosforescentes y sus peces voladores. Bajo el cielo de la India, en una noche de Pascua Santa y tormentosa, le llegó a Siegfried Wagner el conocimiento de que su misión era el servicio del Graal en Bayreuth. El símbolo ario del Santo Grial le lució tanto más claro y brillante, cuanto más consciente llegó a conocer en el oriente más lejano el mundo mongol.

En Singapur ya les rodeó la mezcla racial más desordenada de zonas exóticas; con sus trajes blancos de lino siguieron los inseparables con sus observaciones. Los frescos relatos de su periplo mundial que nos dejó Siegfried Wagner aportan entre otras cosas una gran abundancia de la urbe cosmopolita del sur de China: "la verdadera impresión de Cantón...los habitantes de las islas como Java y Sumatra son más subdesarrollados y feos".

Después de haber bebido durante más de seis meses la dorada abundancia del mundo, lo que aguantara la vista, volvieron con abundantes colecciones de acuarelas, proyectos dramáticos y musicales para una vida muy larga. Pero tampoco faltó el humor en el viaje de vuelta; en las Filipinas, eran huéspedes de la ardiente Felicia, una mestiza medio china medio española: "cuando volvió a empezar a reir ...... había terminado de cantar. Nosotros dos eramos incólumes como príncipes. El arpa se calló y Felicia desapareció y nosotros nos dormimos". Las tentaciones de la Kundry del lejano oriente demostraron su impotencia.

Recibidos en Bayreuth con los brazos abiertos, se lanzó Siegfried Wagner inmediatamente al trabajo. En las pruebas para el Tannhäuser pudo prestar su primera colaboración modesta como director de escena. Clement Harris volvió a Escocia y Londres a sus estudios de música cuyo primer fruto eran cuatro estudios de conciertos editados en 1893 en la casa Schott, que caracterizaron una obra de piano muy flexible de primavera, verano, otoño e invierno. Los dedicó a Daniela Thode cuyo hogar en Heidelberg le vió muchas veces como huesped altamente bienvenido. La hija de Hans von Bülow, la nieta de Franz Listz e hija adoptiva de Richard Wagner, siguió siendo para él a lo largo de toda la vida la mejor amiga, igual que su madre doña Cósima. Aquí en el hogar de Heidelberg, del aficionado al arte Henry Thode se encontró muchas veces y muy a gusto toda la familia de Wagner con Clement Harris a quien doña Cósima aprendió a apreciar rápidamente como el amigo más fiel, más sano, más natural y también musical de su hijo. Procedente de una importante familia de comerciantes ingleses, pero caracterizado por algo demoniaco que aparte de sus relaciones con Bayreuth, le hizo aparecer como una personalidad extraordinaria. En palabras de ella: "por parte de su familia, tenía una tendencia fuerte y hacia la grandiosidad".

El círculo extraordinariamente inspirado en lo espiritual de Heidelberg, a través de Thode al que pertenecieron también Erwin Rhode, el genial descubridor de la psique griega y Philipp Wolfrum el generoso organizador musical, atrajo a Clement Harris de tal modo que se quedó durante 3 años en Heidelberg; viajes ocasionales al sur, como Nápoles, Barcelona, Granada y Tánger, le aportaron impresiones nuevas. Pero sobre todo, llevó a cabo con Wolfrum profundos estudios de instrumentación que fueron un beneficio para su poema sinfónico de Milton el Paraíso Perdido. También compuso romanzas, para varias formas, temas de piano y canciones. Como cembalista colaboró en conciertos de la sociedad Bach de Heidelberg. Entusiasmado, profundizó en la ópera (como la Undine de Hoffmann largamente olvidada, queriendo recuperarla para la vida musical). Se hizo llevar desde Berlín la partitura original, convirtiendo en tema musical toda la ópera; doña Cósima estaba de visita en Heidelberg, donde "descubrieron las curiosas relaciones entre el más fantástico y fantasioso poeta aleman y Carlos Maria von Weber".

Inglaterra llegó a prestar atencion a este joven y prometedor poeta y la princesa de Gales le encargó escribiese la música festiva para la boda de su hija mayor. Clement Harris se decidió para ello por una gran marcha festiva cuyo estreno dirigió él mismo en 1896 en la sociedad Bach de Heidelberg y pocos días después en la celebraciones de la corte en Westminster. El éxito superaba todas las expectativas y puso a Clement Harris de golpe al lado del primer compositor de Inglaterra, Edward Elgar; nadie se alegró más por estos comienzos tan brillantes que sus amigos de Bayreuth: doña Cósima comentó que toda Inglaterra cubrió de júbilo a este prometedor músico: "disfrutó de una popularidad verdaderamente fantástica". Pero entonces llegó la guerra turco-griega. Se despertó en los hijos de Albion el entusiasmo que en su día había despertado en lord Byron en los días de las guerras de liberacion griegas. Con los abundantes medios de que dispuso, se rodeó en una isla griega con una serie de voluntarios y se marchó con ellos al frente griego. Pero cuando los dignos herederos de un Leónidas se dieron cuenta de que el asunto era muy serio, se retiraron de las líneas de combate después de haber cobrado su sueldo por anticipado, dejando abandonado a su jefe gravemente herido, los turcos lo encontraron y como estaba herido de muerte le dieron el tiro de gracia. Fue enterrado en la iglesia inglesa de Atenas y al lado de la lápida conmemorativa de lord Byron se hizo otra para el joven músico que anuncia la heroicidad de este hombre único.

A base de los libros y diarios no publicados de Clement Harris y de sus familiares nos es posible hacer destacar en forma más clara algunos rasgos del camino de su pasion. No era de ninguna manera un entusiasmo difuso de base literaria por lo griego, que llevara al joven compositor desde las perspectivas más brillantes hacia una muerte temprana. Ciertamente se entusiasmó con rapidez y vigor por todas las grandes ideas, atrayéndole el formidable mundo de Homero, como un Paraíso Perdido, como nadie pudo relatarlo en forma más bella y profunda que precisamente Henry Rhode en Heidelberg. Pero las obras de Richard Wagner y Gobineau, habían despertado en su vivo espíritu el conocimiento de un criterio racial de la historia. Unicamente concedió demasiado honor a los griegos modernos pretendiendo traspasar sobre ellos el amor y la admiracion que sintió por los griegos antiguos. El quiso ayudar a sus hermano arios contra los turcos racialmente ajenos. Además con ocasion de una estancia anterior en Corfú, había conocido el sufrimiento de los campesinos del Epiro bajo el yugo turco y consideró que eran su deber como ser humano y cristiano ayudarles con todos sus medios.

De modo que, cuando empezó la guerra se marchó sin pensarlo mucho y sin informar a sus padres ni hermanos de sus proyectos, y desembarcando en Corfú. Aquí equipó con sus propios medios a "voluntarios", o más exactamente mercenarios con los que desde luego llegó a impresiones bastante desagradables que no contribuyeron precisamente para elevar su confianza en la victoria para la causa de los griegos. Las anotaciones en sus diarios señalan más bien que él se inclinó con el mismo ánimo por sus luchas de liberación aun reconociendo que esta guerra apenas les llevaría al éxito: "Ciertamente estoy decidido a dejar mi vida por su liberación".

Poco antes de su marcha de Corfú para irse en el continente hasta el frente, el 5 de abril de 1897, hizo sus últimas anotaciones en su diario. Aquí él mismo se rinde cuenta sobre sus actividades, subrayando que unicamente obra por propia decisión y que no habría que censurar a nadie por ello. Estas líneas empiezan con la frase: " éstas seran las últimas frases probablemente que anotaré aquí". Y deja seguir sus ultimos deseos que se refieren sobre todo a sus manuscritos de sus composiciones en su casa. Da instrucciones exactas de lo que se deba publicar y no, pidiendo a su amigo y maestro P. Wolfrum, de leer las pruebas de imprenta de su poema sinfónico el Paraíso Perdido, así como sus dos obras para piano "penserolo e lo allego", una romanza para violín y piano, otro para clarinete cello y piano, y su ultima composición los "songs of the sea". Las últimas palabras ruegan al que encuentre estas líneas de seguir sus instruciones. Pide que se diga a Wolfrum que lamenta mucho tener que darle tanto trabajo; pero que no duda ni un instante que el amigo le cumpliría su último deseo.

El tono conciso y militar de esta última anotación es de una magntud trágica. Poco después luchó en las montañas de Epiro. Ya el 23 de abril de 1897 caería en la batalla de Pentepigadia, una pequeña fortaleza de montaña en la antigua cordillera de Pindo. Durante muchos años su padre se preocupó y oscilaron entre el temor y la esperanza de que los albaneses lo hubieran secuestrado. Su hermano Walter Harris, quien desempeñó un papel como periodista y político importante se marchó con un colega hacia el teatro de operaciones pero después de investigaciones a lo largo de semanas, tuvo que arrerabatar a su familia cualquier esperanza de volver a ver a Clement.

En el mismo año empezó otro inglés su lucha por Bayreuth con sus grandes escritos polémicos sobre Richard Wagner, Houston Stewart Chamberlain. Su espíritu penetrante, encontró la representacion clara de las relaciones raciales por las que Clement Harris había encontrado una muerte como víctima heróica.

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