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El teatro clásico en Alemania. Wagner y el teatro clásico.

Ediciones Huguin. Barcelona, 1983. ISBN: 84-86041-07-4
Richard Wagner y el teatro clásico español
Por Jorge Mota Arás y María Infiesta Monterde

 

[ Prólogo de Julio Caro Baroja. Wagnerismo en EspañaEl teatro clásico en Alemania. Wagner y el teatro clásico | Valores del teatro clásico y de Wagner]

 

EL TEATRO CLÁSICO EN ALEMANIA

Resultaría todavía más sorprendente el entusiasmo de Wagner hacia nuestro teatro, si éste no se justificase por un general interés por el mismo, desde tiempos anteriores a la vida del maestro. Como muestra de lo dicho digamos que se han editado en Alemania, hasta el día de hoy, no menos de 70 traducciones de El Quijote, lo cual facilmente nos descubrirá el interés que en aquellas tierras existe hacia nuestro teatro.

El teatro clásico español entró en Alemania de la mano de Calderón. Cervantes, Tirso, Lope, Alarcón, etc. iban a ir llegando con bastante retraso, aunque no con menor éxito. A partir de 1800 Calderón empieza a ser un autor de cartelera en todos los teatros alemanes y, a mediados de siglo, no hay persona culta en Alemania que no le conozca.

Esos valores que frecuentemente cansan en España, como el honor, la nobleza, el espíritu guerrero, la religiosidad y otros del mismo tipo, fueron en Alemania todo un descubrimiento. Hace algunos años fuimos a París y prácticamente todas las personas con las que hablamos, nos comentaron, con entusiasmo, la película recientemente emitida por la televisión francesa, sobre El Alcalde de Zalamea resumiendo las obras de Calderón y Lope al respecto. Estaban extasiados. En Inglaterra hace bien poco, con motivo del centenario de Calderón, se representó esa misma obra y, al poco tiempo, tuvo que ser trasladada al National Theatrepues la sala donde se estrenó había resultado pequeña. En Alemania, por su parte, se conmemoró el centenario con el estreno de una ópera sobre texto calderoniano y, en un concurso internacional de teatro, Alemania presentó a Calderón y no a un autor alemán y todo esto, mientras en España se ignoraba prácticamente a nuestro autor y las representaciones de sus obras eran, y prácticamente lo siguen siendo, casi rarezas teatrales, cuando no auténticas piezas de archivo como sigue ocurriendo en Cataluña.

De las traducciones de nuestros clásicos y en general de nuestra literatura, se encargaron algunos de los más eminentes hombres de Alemania. Herder tradujo el Romancero; Schopenhauer el Oráculo Manual;los hermanos Friedrich y August Schlegel tradujeron sistemáticamente el teatro calderoniano, mientras Jacob Grim y Lessing contribuían decisivamente a difundir las obras teatrales españolas a través de trabajos especializados.

Nuestro teatro fue, a partir de entonces, tema de inspiración para músicos y poetas. Herder escribió su poema Der Cid; Hugo Wolf tomó para una de sus óperas un tema del teatro español en Der Corregidor;Beethoven hizo transcurrir en España su Fidelio, Mozart su Don Juan; Carlos Reinecke compuso una hermosa obertura para La Dama Duende; Strauss compuso un poema sinfónico sobre Don Quijote; Grillparzer escribió un famoso drama titulado El Sueño es una vida y otras de inspiración española, etc. etc. En muy poco tiempo no ya un autor, sino un conjunto de obras de diversos autores, se incorporaba al repertorio teatral.

Todo nuestro teatro fue avalado por los más grandes autores literarios alemanes. Goethe sintió, especialmente en su juventud, una veneración sin límite hacia Calderón. El gran Goethe escribió refiriéndose aEl Príncipe Constante:

“En esta pieza, como en las precedentes, una multitud de causas peturban, sobre todo en la primera lectura, el deleite producido por trozos aislados; pero una vez se ha llegado hasta el fin, al surgir la idea ante los ojos, como el Ave Fenix de las llamas, creemos que no existe nada más excelente. Merece ser colocado, sin duda, junto a La Devoción de la Cruz. Me atrevería a decir que en caso de que se perdiese la poesía del mundo entero, podría ser reconstruída a base de este drama”.

No menos entusiastas son las palabras de Schilling, el filósofo del romanticismo:

“Esta pieza de Calderón -se refiere a La Devoción de la Cruz- ha despertado en mí los más hondos sentimientos de admiración y encanto. Se trata de una concepción totalmente nueva y nos descubre, más de lo que yo pudiera decir, las perspectivas de grandeza de que es capaz la poesía romántica. Si alguna vez he leído una pieza que sea a la vez todo forma y todo fondo, es ésta de Calderón: forma y fondo se compenetran aquí hasta la absoluta diafanidad. El mismo Shakespeare me parece oscuro comparado con Calderon”.

Schiller no fue, ni mucho menos, un entusiasta de Calderón al que apenas leyó. Sólo la presión general le llevó a estudiarlo ya raiz de su lectura admitió que con Calderón se me ha abierto un mundo completamente nuevo, viendo en él un arte muy elevado y toda la discreción del maestro. Schopenhuaer era también un entusiasta de nuestro teatro que citaba con frecuencia en sus obras. Consideraba El Quijote como una de las cuatro grandes obras maestras de la humanidad y, como es bien sabido, era un devoto de nuestro Gracián. Del Oráculo Manual -que como hemos dicho tradujo él mismo- dijo:

“Una lectura única es del todo insuficiente, pues el libro ha sido compuesto para que se lea continuamente, para el uso cotidiano y ocasional, para ser el verdadero compañero de la vida. Por eso el que lo haya leído, y aún el que no haya hecho más que hojearlo, deseará poseerlo”.

Por desgracia nadie quiso publicar El Criticón pese a que Schopenahuer había escrito a un amigo diciendo:

“Mi escritor predilecto es el filósofo Gracián. He leído todas sus obras y su Criticón es uno de los libros que más amo. Con gusto lo traduciría si encontrase un editor”.

Grillparzer, autor por desgracia poco conocido aquí, hacía la comparación siguiente: Calderon es el Schiller, Lope de Vega el Goethe de la literatura española, inclinándose el autor austríaco por Lope, quizás por haber contribuido a descubrirlo.

Un texto muy adecuado al tema que tratamos, es el que se halla en el famoso Wagner-Lexicon del prestigioso crítico wagneriano Glasenap. En la voz España podemos leer:

“Algunos dudan de que el arte y la ciencia sigan caminos de desarrollo separados de la vida política de un pueblo en su florecimiento y decadencia. Se contempla el renacimiento del nuevo arte bajo las condiciones políticas de los principios de la Edad Media y creen que no pueden reconocer una interrelación entre la decadencia de la iglesia romana, el dominio de las intrigas dinásticas de los Estados italianos, así como la presión espiritual de la Inquisición en España con la espléndida floración cultural en Italia y España en la misma época”.

“Aún dando la razón a la actual Francia (1861) en sus permanentes quejas sobre las limitaciones de la libertad política de la nación, estas podrían ser combatidas, no sin razón, con la referencia a ese período del florecimiento del arte español e italiano, en donde iban mano a mano, junto con una brillantez cultural decisiva en la civilización europea una, así denominada, falta de libertades políticas”.

“El que los franceses no hayan conseguido jamás, en ninguna época, ofrecer, ni de lejos, un arte semejante al italiano o acercarse siquiera a la literatura dramática española, debe tener un fundamento distinto del alegado...”

“... Con base a esta esfera de realidad, en la que Lope de Vega fue tan prolífico, se desarrolló el drama, dirigido por Calderón de la Barca, en su tendencia idealista, con tantos puntos de contacto con los italianos, que muchas de sus piezas podemos considerarlas casi como óperas... A través de Calderón se expresa la importancia de la idiosincracia española: una explosión incomparable, con tal aceleración en la evolución, que muy pronto debía llegar a la muerte de la materia ya la negación del mundo”.

Este texto refleja perfectamente la forma de entender a España que se tenía en Alemania en tiempo de Wagner, España era para los alemanes tanto como nuestro teatro. Schlegel aseguraba que

“... en ella -se refiere a España- todo se halla compenetrado del más noble sentimiento nacional; es rigurosa, moral y profundamente religiosa, incluso cuando no habla directamente de religión y moralidad. No hay nada en ella que pudiera pervertir una mentalidad sana, perturbar los sentimientos y desfigurar el buen sentido. Por todas partes encontramos el mismo sentimiento de honor, moralidad rígida y fe profunda”.

Quizá sorprendería a los alemanes descubrir que estos valores que ellos tanto admiraban, eran precisamente los que intentaban sacudirse de encima una buena parte de españoles para lograr ser europeos.

Friedrich Bouterwerk, notable autor, profesor de Universidad en Gottingen, exclamaba:

“¡Qué cosas no podrían engendrar la fantasía española y el sentimiento alemán firmemente unidos! Lo que el español, acordándose de su origen, repite con frecuencia: ¡somos hermanos!, podría hacerse realidad bajo una forma nueva en el terreno de la poesía alemana”.

Sin embargo esa unión de fantasía y sentimiento tuvo ya su plasmación en varios autores: Juan Eugenio Hartzenbuch era hijo de un carpintero alemán oriundo de Schwadorf; Fernán Caballero era hija de Boehl von Faber y, Gustavo Adolfo Becquer, era también de origen alemán.

También encontramos alemanes entre los arquitectos de diversas catedrales españolas, así como igualmente son alemanes los fundadores de diversos pueblos, especialmente de Andalucía.

Diversas circunstancias habían favorecido el entendimiento entre alemanes y españoles, no siendo la menor la feliz casualidad de no tener fronteras comunes ni verse frecuentemente comprometidas ambas naciones en litigios o cuestiones de intereses. Incluso en las dos guerras mundiales España no se vió enfrentada a Alemania.

Sea como sea no es de extrañar que, en medio de ese entusiasmo general por nuestro teatro, Wagner tuviese un pronto contacto con él, si bien, pese a todo, se le puede considerar como precursor dada la época en que vivió.

La intervención en favor de los clásicos españoles de los grandes alemanes, y entre ellos en forma destacada Wagner, han hecho que prácticamente sea Alemania la nación del mundo donde se representan más obras de nuestros clásicos. Por suerte España en los últimos años ha despertado de su letargo y con una cierta periodicidad repone algunas de las obras inmortales de Calderón, Lope, Tirso...

WAGNER Y EL TEATRO CLÁSICO

Al pasar al tema central de esta obra hemos de tener en cuenta, antes que nada, una consideración fundamental: Wagner era un poeta.

Si no partimos de buen principio de esta afirmación, indispensable, daremos posiblemente muy poca importancia, a la opinión de un músico sobre poesía, como se la daríamos opinando de astronomía.

“Mi objetivo es interesar al público en la acción dramática misma, sin que se vea obligado a perderla ni un momento de vista; todo el ornato musical, lejos de distraerlo, sólo debe parecerle un medio de represen- tarla” 23.

Ese fue siempre el objetivo de Wagner. En el siglo XIX eligió la ópera como campo de trabajo, el teatro en suma, como quizás en el siglo XX habría elegido el cine. Pero su objetivo fue siempre el de adornar, apoyar la acción dramática por medio de la música y no, al contrario, utilizar el poema al servicio de la obra musical.

El propio Wagner nos refiere que estando en París en casa de un editor, llegó un hombre preguntando si había llegado ya la partitura del Tristán, que él había encargado:

“Muy intrigado me hice presentar a él, y al enterarme de que poseía las partituras de mis óperas anteriores, le pregunté qué placer podía encontrar, no sabiendo el alemán, en mis composiciones dramáticas, pues la música está tan estrechamente vinculada al poema que, a mi juicio, no podía comprenderla en modo alguno” 24.

Palabras que ponen de manifiesto hasta que punto para Wagner su obra era ante todo poesía.

Wagner estaba más cerca de Shakespeare que de Beethoven y, si bien conocía ampliamente a ambos autores, en líneas generales -especialmente en la segunda mitad de su vida, una vez consolidado su oficiode músico- dedicaba muchísimas más horas a la lectura de dramas y tragedias que a la audición de composiciones musicales.

“No se tiene en cuenta -escribe el gran biógrafo y amigo de Wagner, Houston Stewart Chamberlain- el hecho capital de que en toda la segunda mitad de su vida y a pesar de las privaciones del destierro, no aceptó jamás el cargo de director de orquesta, ni quiso nunca escribir lo que nosotros denominaríamos una ópera; y que más tarde, cuando llegaron para él mejores tiempos y pudo poner finalmente en escena sus grandes obras, se cuidó minuciosamente de todo, excepto de dirigir la orquesta” 25.

Esta postura de Wagner es tan acusada que su primera esposa, Minna, no llegó nunca a comprenderlo, por cuyo motivo escribió una carta a un amigo en la que decía:

“El director ha ofrecido a mi Richard 200 francos al mes por realizar las funciones de director de orquesta, pero Wagner estima que es indigno de él ganar dinero y le gusta más vivir de limosnas y de dinero prestado”.

Unicamente en sus peores días en París se dedicó profesionalmente a la música, lo cual abandonó en cuanto pudo, dejando patente constancia por escrito de lo mucho que le disgustaba ese trabajo.

Acaso el primero en percatarse de su talento poético -por encima del musical- fuese un absoluto desconocido: León Piller, antiguo director de la ópera de París. Ese hombre singular en cuanto vió el libreto deEl Holandes Errante se interesó por él, pero no quiso ni oir la posibilidad de que el mismo Wagner le pusiese música.

Su música no fue nunca aceptada en París, pero sí sus textos. Tuvo más éxito como crítico musical que como compositor. Además Wagner era autor de diversos libretos que había regalado a amigos suyos. La Feliz Familia de los Osos se la dió al director de orquesta Loebmann, mientras La Noble Prometida se la dió a un músico de Praga llamado Kittl que, con el título de Los Franceses frente a Niza la estrenó con éxito manteniéndose en cartel. Igualmente sobre encargo escribió La Mina de Falún para el compositor Dessauer.

Contrariamente todos los intentos de Wagner de lograr éxitos con música pura, no dejaron de ser un fracaso. Incluso obras de la madurez como la gran marcha conmemorativa del centenario de la Independencia de los Estados Unidos, compuesta en 1876, o las marchas dedicadas a Luis II (1864) y al Emperador Guillermo (1871), no lograron ningún éxito y se editan discográficamente como rarezas.

Todos los revolucionarios descubrimientos de Wagner en el terreno musical sólo fueron concebidos como apoyo a la acción dramática. El famoso acorde de Tristán, de donde se supone arranca la música atonal, no fue utilizado por Wagner más que para esa obra, pues la acción dramática la exigía. Wagner no podría haber imaginado jamás la atonalidad en una sinfonía.

“Las más audaces osadías de Wagner se justifican por la acción dramática y tienen su origen en las palabras del poema; el mismo Wagner se abstiene de semejantes monstruosidades en sus composiciones puramente musicales; por el contrario, éstas resultan correctas hasta en sus mínimos detalles”.

Palabras de Hans von Bülow en una carta escrita a Nietszche que son suficientemente elocuentes 26.

Así pues hemos de tener muy presente que las opiniones de Wagner con respecto al Teatro Clásico, no son las propias de un músico, sino de un dramaturgo, de un igual. Tienen el mismo valor que la opinión de Shakespeare hablando de Calderón o viceversa. Dos eminentes hombres de las letras lo confirman. Baudelaire dice, no es raro que los literatos en particular muestren viva simpatía por un músico que se vanagloria de ser poeta y dramaturgo, encontrando igual opinión en Marcelino Menendez y Pelayo al escribir: verdadero e inspiradísimo poeta, quizás poeta antes que músico.

Las opiniones de Wagner son, pues, muy importantes y, además, constituyen probablemente las más entusiastas de una personalidad extranjera sobre nuestro teatro.

Perdonará el lector si nuestra modesta pluma, propia de discípulo desusadamente fanático 27 en palabras del anti-wagneriano Honolka, se exceda en términos laudatorios, bien sea al hablar de Wagner o de nuestros clásicos pero, sinceramente -y como lo confirman las opiniones de Wagner seguidamente expuestas-, bien lo merecen.

Sin embargo, antes de reseñar dichas opiniones, hemos de referirnos a las fuentes de información. Para nuestro trabajo hemos utilizado preferentemente las opiniones personales de Wagner por escrito y, cuando esto no ha sido posible, nos hemos tenido que contentar con referencias. Dentro de este capítulo hemos de incluir los Diarios de Cósima, esposa de Wagner, recientemente publicados -pues había expresa prohibición de editarlos por parte de la autora-. Gracias a estos Diarios se pueden seguir con detalle, las lecturas de Wagner pero, en lo que respecta concretamente a Calderón, hemos de constatar el hecho indudable de que la opinión de Cósima y de su marido, no eran siempre idénticas. Mientras en la mayoría de terrenos prácticamente Cósima y Wagner pensaban exactamente igual, en el tema de Calderón el contenido religioso hizo surgir ciertas diferencias, de ahí que algunas opiniones puestas por Cósima en boca de Wagner deban ser tomadas con reservas.

Mencionaremos a este respecto que, durante un corto período de tiempo, Cósima renunció a las lecturas de Calderón -que en ocasiones había hecho ella sola- dejando a Wagner que hiciese al respecto lo que desease. Poco después, sin embargo, volvieron a las habituales lecturas comunes.

No encontrando nunca una mención crítica de Wagner respecto a Calderón, sí hemos de anotar dos referencias negativas en los Diarios. El 8 de septiembre de 1882 anota Cósima: Frente a la admiración siempre creciente por Shakespeare, su antigua predilección por Calderón está decayendo 28 y, apenas unos días después, el 22 del mismo mes, insiste: Por la tarde hablamos mucho de Calderón. Evocamos la época de nuestro entusiasmo por el poeta y nos decimos que se ha de estar en un estado especial de espíritu para poder apreciar esas obras artificiales 29.

Esas opiniones adversas, son sin embargo más propias de Cósima que de Wagner, aunque parece ser que a ambos les desalentó su contacto con los Autos Sacramentales obras de singular carácter y de difícil comprensión, ¡tanto más para un alemán, protestante y que tenía casi una religión propia! La llamada religión de la compasión era el fundamento de la moralidad de Wagner donde se resumían los más elevados principios cristianos y la parte más ideal del budismo.

Pese a todo hay que pensar que con frecuencia son muchos los autores alemanes que, profesando admiración por Lope y Cervantes, desdeñaban a Calderón. En Wagner fue exactamente al contrario, y así cuando se trató de elegir las lecturas de su hijo Siegfried, Wagner fue muy claro:

“Esta mañana hemos trazado el plan de lecturas de Siegfried -anotación en el diario del 16 de agosto de 1880-: Filosofía: Schopenhauer. Religión: Eckhart y Tauler. Arte: R. Wagner. Historia Natural: Darwin. Historia: los griegos, los romanos, los ingleses. Novelas: W. Scott, Balzac, los franceses, los italianos (Maquiavelo). Aparte de estos, todos (pero solamente ellos), los espíritus de primera magnitud: Goethe, Schiller, Dante, Calderón, Shakespeare, Homero, Esquilo, Sofocles”.

Es verdaderamente digno de mención que omitiese a Cervantes a quien admiraba enormemente. El problema básico al leer a Calderón la encontraban muchos alemanes en la doctrina religiosa. Wagner sabía penetrar más allá del simbolismo externo, la cual no le era posible lograr a Cósima. Sólo abstrayéndose de los condicionantes de la época y profundizando en el drama en sí era posible llegar a Calderón con toda pureza. El mismo Glasenapp en el mencionado Wagner-Lexicon hace esta misma advertencia en la voz Calderón :

“Juzgaríamos falsamente al gran Calderón si le consideraramos como un producto de la doctrina dominante del catolicismo de aquel tiempo, como la jesuítica; pues es bien claro que el conocimiento profundo del mundo del maestro le hace dejar tras de sí la cosmovisión jesuítica, mientras sus obras estaban tan influenciadas en su forma que debemos primero superar la inicial impresión para colegir el sentido profundo de sus ideas. A Calderón le era imposible una expresión más clara de sus ideas en las representaciones de sus dramas para un público al que seguramente sólo podía dirigirse en el sentido de la doctrina jesuítica, en la que había sido educado”.

En todo caso sí debemos aceptar como válida la observación de Cósima según la cual es preciso un estado especial de espíritu para comprender las obras de Calderón. Lo propio podemos decir, precisamente, de las de Wagner. El estado anímico es imprescindible para llegar a conocer y, sobre todo, sentir las grandes obras maestras, estado anímico éste, que fue precisamente -como veremos luego- el que permitió la identificación de Wagner y Calderón.

Con todo las dos últimas citas registradas en los Diarios no son en absoluto críticas. El 6 de octubre de 1882, después de leer las dos primeras escenas del segundo acto de Julio César. Wagner habla de Calderón para decir que Shakespeare es incomparable, no es literatura como Calderón, sino que es únicamente drama30. La última cita, es del 17 de noviembre del mismo año, tres meses antes de morir. Su esposa anotó:

“Habla seguidamente de la cultura y dice que la decadencia instantánea es la prueba de la grandeza de una cultura, que la tragedia griega desapareció muy rápidamente y que lo mismo pasó con la tragedia española, Calderón” 31.

Pero no nos adelantemos. Si hemos querido incluir al principio estas citas menos entusiastas es porque, dejándolas para el final, ofrecerían una falsa imagen de la postura de Wagner al respecto.

Como hemos mencionado antes, quizás ciertamente para comprender a Calderón, para sentirlo más que para entenderlo, es preciso estar en un determinado estado espiritual. Wagner, cumplidos ya los 70 años, habiendo terminado su obra con la culminación insuperable de su maravilloso Parsifal, habiendo creado, como queda dicho, su propia religión, una religión perfecta y sublime como ninguna, quizás no encontraba en Calderón todo lo que él hubiese querido. Hemos de reconocer que en este momento Wagner se hallaba muy por encima de nuestro admirado poeta pero... ¿cuando trabó contacto Wagner con la obra de nuestros clásicos? .

Curt von Westernhagen, fallecido en 1982 a los 89 años de edad, la principal eminencia del wagnerismo en el mundo, logró encontrar la biblioteca que Wagner había tenido en Dresde y que se creía perdida, y que incluía las obras que pudo consultar más fácilmente de 1842 a 1849, Así pues, ahí puede hallarse el primer contacto con nuestros clásicos. En ella tenía 32, 8 tomos traducidos por J.D. Gries de Teatro de Calderón, con un total de 3.056 páginas, es decir, prácticamente todo el teatro de nuestro autor. Además tenía dos volúmenes de teatro español traducidos por el gran poeta alemán Schlegel, con casi mil páginas y otros dos tomos, también de teatro español, de Friedrick von Schack.

Sin embargo creemos que, al margen de la lectura ocasional de algún título clásico como La Vida es Sueño y quizás otros, su descubrimiento dc Calderón fue hecho de mano de la inmortal Isolda, Mathilde Wesendonk. Las inimaginables veladas nocturnas con los Wesendonk habrían de cambiar la vida de Wagner y la faz de la historia de la música y del drama.

Wagner nunca había encontrado en su esposa Minna, a la compañera que hubiese deseado. Minna quería -muy juiciosamentc además, ya que no había comprendido y sentido la obra wagneriana-, que Wagner se consolidase como director de alguna importante orquesta, pero en Wagner bullía la pasión desbordante del arte del porvenir.

“En las reuniones sociales de Wesendonk -nos dice John N. Burk- ella (Minna) era solo la esposa de Wagner, sin sentido de comprensión, que se hacía invitar a la fuerza. Ella no estaba a la altura para tomar parte en las observaciones agudas en las interminables discusiones habidas sobre Schopenhauer y Calderón” 33.

La primera cita que hemos descubierto sobre Calderón está fechada el 9 de julio de 1857 y es bien elocuente:

“Para su satisfacción personal le advierto que no he podido trabajar esta noche, pero Calderón, sin embargo, lo he quitado de en medio” 34.

Antes Calderón que el trabajo. Hemos de tener en cuenta que, aunque la primera carta a Mathilde Wesendonk -en cuya correspondencia se halla esta cita- corresponde a 1853 (a Otto Wesendonk un año antes), no encontramos ninguna carta extensa dirigida a ella sola, hasta que el viaje de Wagner a Londres la propicia el 30 de abril de 1855, habiendo escrito a primeros de mes una extensísima carta a Otto Wesendonk.

No volvemos a encontrar una nueva carta de alguna extensión, a Mathilde hasta el 11 de agosto de 1856 y, pese a ello, carece de contenido alguno. Simplemente le suplica su apoyo para lograr alquilar una casa cerca de los Wesendonk. La próxima carta de considerable extensión es ya la que inicia y descubre el apasionado amor que Mathilde ha despertado en Wagner. Esta carta data del 6 de julio de 1858.

Podemos pues asegurar, sin ningún error, que la pasión por Mathilde se acompañó del descubrimiento de Calderón. En este momento no leo más que a Calderón, 35 escribe a Liszt el 1 de enero de 1858. En esa época ha de devorar las obras cumbres de nuestro poeta y, además, conocerlas en profundidad.

Gracias a los Diarios de Cósima Wagner, a los que ya nos hemos referido, disponemos de diversos comentarios críticos de Wagner sobre varias obras. Sabemos que leyó, entre otras, La Dama Duende, La Gran Cenobia, El Mayor Monstruo del Mundo, El Médico de su Honra, La Devoción de la Cruz, La Sibila de Oriente, Amor, Honor y Poder, Apolo y Climene, El Verdadero Dios Pan, El Hijo del Sol: Faeton, El Monstruo de los Jardines, Céfalo y Procris, La Divina Philotea, La Niña de Gomez Arias... y dado que alguna de estas obras las leyó varias veces, hemos de suponer qu también debió leer las más famosas como La Vida es Sueño, El Mágico Prodigioso, El Principe Constante etc.

Prueba evidente de que fue Mathilde la que le inició en Calderón o que, en todo caso, tenía tanto entusiasmo como él por nuestro autor , lo tenemos en otra de las cartas a Mathilde, escritas por Wagner:

“Después de una hermosa y reparadora noche, al despertarme, mi primer pensamiento fue para este postludio mejorado: vamos a ver si a la señora Calderón le gusta, cuando se lo ejecute hoy” 36.

Si llega a llamarla señora Calderón es indudable que el entusiasmo de Mathilde por el gran dramaturgo español debía ser evidente y notable.

Calderón, pues, era un especie de puente de unión entre Mathilde y Wagner. Primero como tema profundo de conversación mientras los dos matrimonios departían amablemente, luego como punto de unión. ¿Qué une más que un libro sentido en común?.

Pero de lo que no hay ninguna duda es de que mientras germina este profundo amor en los dos corazones, Calderón está siempre presente, e incluso, cuando el idilio tiene que terminar -debido al aprecio que tanto Mathilde como Wagner sienten por Otto Wesendonk-, Calderón sigue siendo el recuerdo lejano de la época feliz. Wagner escribe a Mathilde desde Venecia el 18 de octubre de 1858:

“Hoy hace un año que tuvimos una bella velada en casa de los Wille. Hacía un tiempo maravilloso. Al regreso del paseo, hacia las alturas, tu marido ofreció el brazo a la señora Wille, yo pude, pues, ofrecerte el mío. Hablamos de Calderón. ¡Qué a propósito venía!” 37.

Desde París el 1 de enero de 1860 le escribe:

“Cuando me encuentro en esa inquietud interior, entonces no puede actuar sobre mí ningún cuadro, ninguna obra plástica: constituye como un mecanismo sin sentido que rebota, solo el mirar por encima de todo ello me conduce a lo que me tranquiliza. Constituye esto la única visión que me es simpática, esta visión más allá del mundo es la única que comprende el mundo. Así miraba Calderón y ¿quién ha hecho versos más maravillosos sobre la vida, la belleza y la flor de la vida que él?” 38.

El 6 de abril de 1861, más de un año después, vuelve la añoranza de las veladas calderonianas.

“Mi niña, ¿a dónde ha volado la suerte de las noches de Calderón? ¿qué fatalidad me ha hecho perder mi único asilo noble? Crea lo que pueda deducir en otro lugar, cuando dejé aquel asilo, mi estrella voló a la ruina. ¡Ya sólo puedo hundirme!” 39.

Es fácil imaginar a los dos matrimonios callados, escuchando la lectura de una determinada obra de Calderón, y la devoción con la que Wagner o Mathilde, recitarían los versos más profundos. ¡Cuan apropiados serían a su peculiar situación aquellos versos de Calderón!:

“Dificilmente pudiera

conseguir, señora, el Sol

que la flor del girasol

su resplandor no siguiera:

Dificilmente quisiera

el Norte, fija luz clara,

que el imán no le mirara;

y el imán difícilmente

intentara que obediente

el acero le dejara.

Si el sol es vuestro esplendor,

girasol la dicha mía;

si Norte vuestra porfía

piedra imán es mi dolor;

si es imán vuestro rigor,

acero mi ardor severo;

pues ¿cómo quedarme espero,

cuando veo que se van

mi Sol, mi Norte, mi imán,

siendo flor, piedra y acero?” 40.

Lamentablemente Wagner nunca escribió nada extenso sobre nuestro autor, y ello pese al interés de la propia Cósima:

“Querría que Ricardo se decida a escribir algo sobre Calderón, pues nada se ha escrito que agote el tema sobre este poeta eminente y difícil de comprender, Me duermo meditando sobre este proyecto” 41.

Sin embargo, en la correspondencia con Liszt, podemos encontrar algunos extensos comentarios. Wagner escribió a su amigo, el famoso compositor, una carta el 25 de enero de 1858, es decir, en plena época del romance con Mathilde.

“Mi querido Franz:

Mi buena estrella me ha hecho encontrar un amigo más. Me ha sido posible experimentar cuan reconfortante es, en plena madurez de la vida, tomar conocimiento de un poeta como Calderón. El me ha acompañado incluso aquí; acabo de terminar la lectura de Apolo y Climene y después El Hijo del Sol, Faeton.

Calderón, ¿te es familiar ya? Vista mi poca aptitud para las lenguas (¡como para la música!), no es desgraciadamente abordable para mí más que en una traducción. Pero Schlegel, Griez (por el estudio de los fragmentos más remarcables), von der Malsburg y también Martin (de Brockhaus) han hecho mucho para revelarme el espíritu y a menudo incluso la increíble finura del poeta. No me equivoco mucho al colocar a Calderón por encima de otros autores semejantes. Ha sido también él quien me ha hecho ver lo que es realmente España: el producto de una floración extraordinaria, incomparable, que se desarrolla con una rapidez tal que, pereciendo la materia, debía llevar inevitablemente a la negación del mundo.

El carácter de la nación, mezcla de delicadeza y de pasiones profundas, encuentra en la idea del honor una expresión en la cual los sentimientos más nobles y al mismo tiempo los más terribles, se vuelven una segunda religión, en la cual el egoismo más espantoso y la abnegación más sublime buscan igualmente su satisfacción. Nunca la naturaleza del mundo propiamente dicha podría aparecérsenos bajo trazos más limpios, más brillantes, más imponentes, pero al mismo tiempo más negativos y más espantosos.

Las pinturas más sorprendentes del poeta tienen por objeto el conflicto entre este honor y la simpatía, este sentimiento profundamente humano; es el honor el que determina las acciones que el mundo aprueba y exalta; la simpatía mancillada se refugia en una melancolía casi inexpresada, pero sin embargo más profunda, una melancolía generosa que nos hace reconocer lo que hay de terrible y de futil en la naturaleza del mundo.

Es esta convicción, por así decir, trágica, la que, en Calderón, se traduce en una maravillosa potencia creadora, y bajo este punto de vista ningún poeta en el mundo le iguala. O la religión católica ha intervenido para reconciliar estos dos extremos y en ninguna parte ha podido coger la importancia que tiene aquí, o el contraste entre el egoismo del mundo y la simpatía del indivíduo ha tomado el carácter más claro, más categórico, más plástico que en ninguna otra nación.

Lo que es todavía más significativo es que casi todos los grandes poetas españoles, en la segunda mitad de su vida, renuncian al mundo para entrar en la religión. Pero entonces, constatamos un hecho absolutamente único: el de que, en esta nueva existencia, después de haber triunfado enteramente de la vida por la idea, estos poetas han sabido pintar esta misma vida con una seguridad, una verdad, un calor y una nitidez que no habían conocido en su anterior vida; ¡qué digo yo! En el fondo de sus conventos ellos han dado a luz creaciones las más graciosas y placenteras. Frente a este fenómeno tan maravillosamente sugestivo, cualquier otra literatura nacional me parece muy débil e insignificante, y si la naturaleza ha hecho surgir un Shakespeare en medio de los ingleses, es necesario acordarse de que Shakespeare ha sido el único en su género. Asimismo cuando yo veo a la admirable nación inglesa, esa cambalachera universal, que continúa floreciendo y prosperando maravillosamente, mientras que la nación española está herida de muerte, estoy impresionado porque este fenómeno esclarece para mí, de manera tan viva, el problema que hay que resolver en este mundo”42.

Quizás este comentario de Wagner fue también decisivo para que Liszt se decidiese, ese mismo año, a tomar la tercera orden de San Francisco y el 25 de abril de 1865 a tomar las órdenes menores y vestir sotana, siendo un venerable abate.

Poco imaginaba Wagner que lo mencionado referente a los clásicos españoles, iba a realizarse en su amigo y que, además, como también había dicho, la producción musical no se vió mermada por esa decisión de Liszt. Al contrario, pues entre sus obras posteriores a su ordenación podemos mencionar el oratorio Christus que hizo escribir a Wagner que si eran en Roma tan iluminados como infalibles, los fragmentos del Christus deberían ser ejecutados en cada una de las fiestas a las cuales se refieren, diciendo que era admirable que el catolicismo, en nuestros días, fuera capaz de producir una obra de arte que lo resumiera de una manera tan viva y sorprendente 43.

Liszt responde a Wagner el 30 de enero:

“¡Tu has reanudado el conocimiento de Calderón en París, mi querido Ricardo; a buena hora! He aquí alguien alegre que te ayudará a olvidar a la gente miserable y a la propia miseria. ¡Yo no lo conozco, ay de mí, más que superficialmente, y hasta el presente no he llegado aún a asimilarle! Grillparzer me dijo antaño cosas maravillosas y si tu quieres continuar en este elemento entonces volveré a leer algunas obras de este poeta. Escríbeme cuando puedas y dime por qué fragmentos debo empezar. Me gustan los dos factores principales de lo que me hablas: el catolicismo y el honor. ¿No crees que se podría hacer con esto alguna obra musical? He aprovechado la traducción del cardenal Diepenbrock para leer un drama religioso extraordinario, donde se mueven el cielo, el aire y la tierra con todas las potencias de la naturaleza; el título de la obra no me viene a la cabeza en este momento, pero ya lo buscaré. Quizás un día puedas decirme de que manera podría moldear y encarar esta materia para hacer un poema sinfónico” 44.

Liszt no llegaría a volver sobre el tema de esta proyectada obra, pero entre su producción pianística dejaría su Rapsodia Española, obra de gran sabor popular.

Por otra parte Wagner no contestó directamente a Liszt el contenido de esta carta, sino que lo hizo a través de la hija de la que a la sazón tenía que convertirse en esposa de Liszt, la Princesa de Wittgenstein. El 8 de febrero Wagner escribe a María Wittgenstein una extensísima carta en la cual, entre otras cosas dice:

“Franz me escribió al final sobre Calderón y me pidió consejo sobre desde donde debía comenzar a ocuparse de él. El tema del honor y del catolicismo, que en mi comunicación resalta con más fuerza, no lo encuentra, según parece, expresado ostensiblemente en una obra determinada. La importancia intuída por mí sobre dicho tema, se basa más bien en la impresión total mía de todo el período literario espafiol. En las obras, donde el honor constituye la temática especial, el sentimiento de exigencia del antagonismo salvador es, más bien, el secreto no expresado del poeta; la propia representación finaliza, casi siempre, con la satisfacción exterior de ese sentimiento nacional, mientras que únicamente nosotros notamos con dolor el sacrificio del sentimiento. Nadie es en esto más objetivo que Calderón. Pero precisamente este dolor lo desatan los autos sacramenta/es y es aquí donde Franz encontrará aproximadamente lo que exige. Yo, particularmente, todavía me los he reservado. Traducidos estos dos tomos por Eichendorf y ahora también dos por Franz Lorinser. ¿Cómo deben utilizarse? Todavía no tengo un concepto claro. No estoy inclinado en modo alguno por el empleo de tales obras terminadas. Habría que encontrar algo que, tal y como es, se pudiese componer en forma oratoria. Miraré con lo que tropiezo; lo importante es que Franz descubra por sí solo la materia simpática. ¿Qué hace ahora el incansable?” 45.

Cuatro días más tarde escribe a la propia futura esposa de Liszt, la Princesa Carolina de Wittgenstein, complementando el texto anterior, con las palabras:

“A mi me atrae cada vez más de los grandes poetas lo que callan que lo que hablan. La grandeza de un poeta la aprendo mucho más de sus silencios que de lo que dicen y por ello es Calderón para mi tan querido”46.

Wagner está definitivamente encadenado a Calderón y sólo después se interesa por los otros autores españoles. Posiblemente de no haber conocido a Calderón, España no habría existido para él, y también, muy posiblemente, la acción de Parsifal no la habría hecho transcurrir en nuestro país.

A partir de ese conocimiento de Calderón y ese apasionamiento sin límites, encontramos un vacío de información entre esta última carta del 12 de febrero de 1858 y el próximo texto sobre Calderón de Wagner que hemos encontrado y que es de 1864.

Ni en la correspondencia con Liszt que prácticamente termina en 1860, ni en la de Mathilde que llega hasta 1863, encontramos nada. Sin embargo, su interés no disminuye en estos años y el propio Wagner enMi Vida nos habla de una representación de Calderón a la que asistió a principios de 1862:

“Escribí a Federica Meyer, de Franckfurt, rogándole que me previniera cuando pusieran nuevamente en escena El secreto público de Calderón, cuya primera representación me había pasado inadvertida. Agradecida a la simpatía que yo le mostraba, Federica Meyer me contestó que dicha obra no volvería a representarse, pero que iba a presentarse Don Gutierrez del mismo autor. Me trasladé a Franckfurt para esa velada y tuve ocasión de conocer personalmente a aquella interesante artista. Me consideré satisfecho de la forma como transcurrió la representación de la tragedia. La inteligente intérprete del papel principal únicamente estuvo a la altura de su cometido en los pasajes de ternura, pues en las escenas patéticas pareció faltarle el vigor necesario” 47.

Es pues de suponer que si llegó a viajar para asistir a una representación de Calderón, su entusiasmo por dicho autor no había sufrido mella, e igualmente es de suponer, que con mayor razón habría asistido a otras representaciones en las cuales no le fuese preciso viajar.

En 1864 otras citas de Mi Vida dan constancia de que su entusiasmo por Calderón no ha decrecido y, en 1869, volvemos a poder seguir las lecturas de Wagner a través de los Diarios de Cósima. La primera referencia es del 11 de enero de ese año:

“Me cita a Calderón: la cosa más terrible es el amor feliz, porque entonces todo son temores” 48.

Las citas de Wagner sobre Calderón parece ser que eran frecuentes, prueba evidente de lo bien que lo conocía. En una Hoja de Album, enviada por Wagner a María de Buch, el maestro escribió estas palabras de Calderón: Lo que es imposible de callar es imposible de decir 49.

“Las creaciones de Goethe son más tiernas, más íntimas, más sutiles, los sueños de Calderón son más extraños, más apasionados y más melancólicos” 50.

Estas palabras las escribe Cósima el 18 y el día 9 de febrero hallamos de nuevo el ferviente entusiasmo.

“Acabamos la tarde leyendo La Gran Cenobia de Calderón. Un maravilloso primer acto, una escena incomparable en el segundo (Cenobia y Decio en el campo de batalla) y un tercer acto muy ridículo, donde los personajes parecen marionetas, todo ello nos da mucho que pensar y comentar” 51.

No hay duda de que esta no es de las mejores obras de Calderón pero si vamos a detenernos un poco en ella es por una razón sencilla. Cuando nosotros la leímos, nuestra impresión fue exactamente la misma. No hace falta decir la íntima ilusión que tuvimos cando pudimos leer en los Diarios esta misma opinión.

Por otra parte es ésta, una de las pocas ocasiones -en El Quijote abundan más- en que Wagner, aunque a través de Cósima, opina sobre un obra, e incluso sobre una escena en particular, dejándola anotada su esposa en el Diario justamente para la posteridad.

La pletórica inspiración de Calderón se manifiesta en toda su belleza en el primer acto, lleno de profundos pensamientos que, expresados además en verso, tienen un doble y profundo valor.

La obra se inicia con un monólogo de Aureliano quien encuentra abandonada una corona de laurel que se ciñe. Aparece entonces la sacerdotisa Astrea -la obra transcurre en la Roma antigua- y le corona como Emperador. En la relación Astrea explica como el anterior fue derrotado y abandonó su corona en la espesura:

“Este, afecto a los cristianos

siendo cruel y ambicioso,

causó en los pechos del vulgo,

en vez de obediencia, enojo,

porque es en su condición

el vulgo un disforme monstruo

que no perdona a ninguno,

con ser compuesto de todos”.

Aureliano acepto el título,

fundando su buena fortuna en

...que solo consigue muchos trofeos

quién ha pretendido pocos”.

Llega posteriormente Decio derrotado, al enfrentar sus tropas a las de Cenobia y expone al nuevo César las causas de su derrota con las palabras:

“Licencia de hablar te pido

para que en tanto rigor,

sino premio al vencedor,

des disculpas al vencido”.

Aureliano le permite hablar diciéndole:

“¿ Qué disculpa habrá que aguarde

hombre que vencido viene?

Di por ver, si alguna tiene

disculpa de ser cobarde”.

Decio relata las virtudes de su enemiga, entre las cuales no es la menor su belleza:

“Porque mujer cuyos blasones,

dan temor al temor, muerte a la muerte,

asuntos a la fama, admiraciones

a los cielos, mujer altiva y fuerte

gallarda en paz, en guerra belicosa

parece que le sobra el ser hermosa”.

Aureliano no atiende a razones y le acusa de ser cobarde, de haber sido vencido por una mujer y le degrada ante sus tropas. Decio le increpa:

“Tu eras ayer un soldado

y hoy tienes cetro real,

yo era ayer un general

y hoy soy un hombre afrentado

tu has subido y yo he bajado.

...yo no tengo que temer

y tu tienes que sentir

pues bajo para subir

pues subes para caer”.

Al quedarse solo maldice a Aurealiano:

“Vivas siempre aborrecido

no seas en alto estado

de tu gente respetado

ni de la ajena temido”.

Sin embargo confía en la providencia y no duda en que será ella la que le dé la oportunidad de vengarse:

“Hable el alma

y calle el labio;

pues la continua mudanza

del tiempo, me da esperanza,

que no hay en leyes de amor,

ni tirano sin temor

ni ofendido sin venganza”.

Sigue una escena genial, un diálogo entre Libio y Cenobia que sólo transcribiéndolo completo lograríamos presentarlo en todo su esplendor, pero que muestra con sutileza el afán de Poder de Libio, en caso de muerte de Cenobia.

Se presenta luego un soldado, que no es otro que el personaje cómico, ese gracioso que en ocasiones estropea la acción dramática en nuestro teatro.

Dice ser un gran soldado, pero al pedirle que explique sus hazañas lo hace con evasivas y Cenobia, en bellos versos, le dice:

“Mayor crédito has hallado

en victorias que has tenido

con no haberlas repetido

que con haberlas ganado”.

Entra en ese momento Decio que viene a prevenirla de que Aureliano marcha contra ella con sus ejércitos. Le explica la situación y todo lo que ha acontecido y, agradeciéndole su mensaje, le dice Cenobia que puesto que Aureliano es enemigo de ambos, pueden luchar juntos contra él, a lo que replica Decio que si bien lucharía contra él, no está dispuesto a hacerlo contra su pueblo. Cenobia admira esa decisión y le dice:

“Que más quiero, aunque estimara

tenerte en mi campo yo,

verte con honra en mi agravio

que sin ella en mi favor”.

Versos que rebosan esa nobleza característica del teatro clásico que tanto gusta en Europa.

El segundo acto contiene la más bella escena de la obra, justamente en la misma línea de los versos que anteceden. La guerra empieza y Aureliano es derrotado pero, en su huída le pide a Decio, al que no reconoce y confunde con un soldado cualquiera, que le proteja defendiendo un puente por el cual debe pasar el enemigo para prenderlo. Decio jura hacerlo y cuando se presenta Cenobia se intercambian estas palabras que debieron extasiar al gran Maestro, admirador de ese profundo sentido del honor calderoniano.

SOLDADO 1.

Esta puente nos da paso

CENOBIA

Yo he de matarle, ó prenderle

en su tienda.

DECIO

Aqueso fuera,

a no guardar yo la puente.

SOLDADO 2.

¿Un hombre solo se opone

a un escuadrón?

CENOBIA

O no temes

el conocido peligro

de la vida, o la aborreces.

DECIO

No es, sino que en este pecho

tal fuego el honor enciende,

que es un rayo cada golpe.

CENOBIA

Pues aunque Júpiter fueses,

y aqueste monte tu espada,

he de pasar. -Más detente (aparte)

violento impulso; que aquel

es Decio, si no me miente

aquella banda con que

el rostro cubierto tiene.

DECIO

Esta es Cenobia jAy de mí, (aparte)

en qué confusión tan fuerte

me ponen amor y honor!

CENOBIA

Marcio, retira esa gente,

que yo sola he de ganar

hoy el paso.

SOLDADO 1.

Mira...

SOLDADO 2.

Advierte...

CENOBIA

No hay que advertir.

SOLDADO 2.

A la vista

estaremos.

CENOBIA

¿Tú no eres

Decio?

DECIO

Decio soy, Cenobia;

que ya me huelgo de verte

en esta ocasión, adonde

puedes honrarme y valerme.

CENOBIA

Y yo de verte me huelgo,

adonde seguramente

puedes darme la victoria,

solo con no defenderte.

Siguiendo vengo a Aureliano,

resuelta animosamente

á que hoy en su misma tienda

he de matarle o prenderle.

Nadie me estorba la entrada

sino tú y pues que te ofrece

esta ocasión tu venganza,

déjame pasar, y advierte

que hoy te vengo, si hoy le alcanzo;

y quedamos igualmente,

yo contenta, honrado tú,

y él vencido, con que vienen

tres medios á conseguirse.

DECIO

Pues propones de esa suerte

en prácticas la batalla,

quiero obligarte a que dejes

la pretensión. Aureliano

ahora, sin conocerme,

llegó a valerse de mí.

En ocasión tan urgente

palabra di de guardar

este paso, hasta que viese

rendida el alma á los filos

de tus acerados temples.

Mira si estoy obligado

á cumplirla. y pues tu quieres

convencerme con razones,

esta te obligue a volverte:

ya Aureliano está vencido,

ese triunfo le tienes;

déjame ganar, Cenobia,

ahora el de defenderle

siendo mi contrario: así

quedaremos igualmente,

tu contenta, honrado yo,

y él vencido, con que vienen

tres medios a conseguirse

más noble y más cuerdamente

CENOBIA

Yo tengo mayor razón.

¿Tu no fuiste a que te diese

satisfacción de la ofensa

de Aureliano? Luego tienes

obligación de ayudarme

ahora, cuando pretende

darte mi honor la venganza

que me pediste.

DECIO

Tu vienes

a convencerte a tí misma.

Desde el punto que a valerme

fui de tí, mi honor corrió

por tu cuenta: luego tienes

obligación de mirar

por él tanto, que si hacerte

dueña de Roma quisiera

por trato alevosamente,

tu no lo habías de ser

porque yo traidor no fuese.

CENOBIA

Yo pierdo en esta ocasión

la victoria, y tu no pierdes

la opinión.

DECIO

Sí, pierdo tal.

CENOBIA

Deja...

DECIO

Cenobia, detente,

ó vive Dios, que te mate.

Y puesto que mujer eres

con quien se pueden tratar

cosas de honor, cuando vienes

a esta empresa contra mí,

te pido que me aconsejes.

Considérate en mi puesto;

que lo mismo que tu hicieres,

haré yo.

CENOBIA

Si yo me viera

con la obligación que tienes

en este puesto empeñada,

muriera hasta defenderle.

DECIO

¿Y si el rendirle importara

a un grande amigo?

CENOBIA

No puede

nadie acudir a su amigo

mas que a su honor.

DECIO

¿Y si fuese

una mujer que adorase?

CENOBIA

Perdiera una y muchas veces

vida y honor. ¿Pero tú

tan vano y loco te atreves

a decirme que me adoras?

DECIO

Con poca ocasión te ofendes;

no eres tu...

CENOBIA

Pues al primero

consejo quiero volverme:

guardar el puesto te importa,

ó morir, ó defenderte.

DECIO

Pues si animosa aconseja

una mujer de esta suerte,

¿qué haré yo en ejecutarlo?

CENOBIA

Tu misma acción te condene;

considérate en el mio,

que en esta ocasión se ofrece

en fin de tan gran victoria,

y que el paso te defiende

un gran amigo, ¿qué hicieras?

DECIO

Aunque otro yo mismo fuese,

le matara.

CENOBIA

¿Y si estimaras

su vida?

DECIO

Le diera muerte,

aunque le estimara.

CENOBIA

Y dime,

¿si aquesta persona fuese

un hombre que yo quisiera?

DECIO

¿Cielos, luego tu me quieres?

Perdiera cien mil victorias,

volviérame...

CENOBIA

Tente, tente,

que no soy...

DECIO

Pues al primero

consejo quiero volvenne;

dame la muerte, que yo

contento, ufano y alegre,

moriré de ver que compro

tu alabanza con mi muerte.

CENOBIA

Por no darte aquesta gloria

no te mato; que no quiere

mi ambición que haya un romano

a quien la fama celebre

por tan valiente, animoso,

invencible, altivo y fuerte

que tan tristemente viva,

y muera tan noblemente.

Por ti pierdo la victoria.

Perdonará el lector que nos hayamos extendido tanto en el resumen de la obra que antecede pero, repetimos, siendo una de las pocas en que Wagner concreta sus preferencias en una escena, bien valía la pena saber con detalle lo que despertaba su entusiasmo.

En los Diarios de Cósima, constantemente, a lo largo de los 15 años que los escribió, hallamos referencias hacia Calderón y otros autores.

“Leo la comedia de Calderón Las Complicaciones del Azar; -anota Cósima el 12 de febrero de 1869- Richard me dice que el azar juega en las comedias el mismo papel que el destino en las tragedias” 52.

El dia 17 de enero de 1870 se produce una interesante conversación con Wagner.

“Escribo al profesor Nietszche. El me envía un libro de Gervinus sobre Händel, con este motivo le digo a Richard que se sigue vendiendo mucho, treinta años después de su aparición, el libro de Gervinus sobre Shakespeare, y Richard me contesta: Es el personaje el que explica este hecho, si Shakespeare hubiese escrito un libro sobre Gervinus es probable que nadie lo comprase -La aritmética es a la música lo que la palabra al concepto -Goethe y Schiller y todos los demás, tuvieron ambiciones musicales. Lo que nos desconcierta a veces en Calderón es un elemento venido de Italia y que produjo la ópera. No encontramos en nuestros poetas los elementos que conducen al drama musical” 53.

El día 30 de octubre leen La Dama Duende. Sin duda alguna ambos la conocían, pues la obra gozaba y goza en Alemania de gran popularidad.

Las opiniones dadas por Cósima son tremendamente ajustadas a la verdad y demuestran el conocimiento que el matrimonio Wagner tenía sobre Calderón.

“Por la tarde leemos La Dama Duende de Calderón y comentamos toda suerte de cosas, la finura de la dialéctica, el juego refinado con las ideas, la manera única como -sin música- se acerca al amor. Los personajes de Calderón no son individualidades, son máscaras de las que el poeta se sirve para decir las cosas más profundas y así este arte poético determina un inmenso desarrollo del teatro en el que Calderón se ha amparado para proclamar su visión del mundo” 54.

Esta forma de explicar la obra de Calderón es realmente exacta, pues esa mezcla de humor en las obras dramáticas, halla su réplica en esas escenas profundas en las comedias, resaltando en La Dama Duendeen forma especial esa manera única de acercarse al amor en los versos:

“La luz más hermosa y pura

de quién el sol la aprendió,

¿huye por que llego yo?

¿soy la noche por ventura?...

...Ya se que mi loco amor,

en tus desprecios no alcanza,

ni un átomo de esperanza,

más viendo tan fuerte rigor,

tengo que quererte,

por solo tomar venganza.

Mayor gloria me darás,

cuantas más penas me ofrezcas

pues cuanto más me aborrezcas,

tengo que quererte más.

Enseñame tu rigores,

yo te enseñaré finezas.

Enseñame tu asperezas,

yo te enseñaré favores.

Tu desprecios y yo, amores,

tu olvido y yo, firme fé,

aunque es mejor porque dé

gloria al amor, siendo Dios

que olvides tu por los dos,

que yo por los dos querré”.

Sin duda estos versos debieron extasiar al Maestro. Once años más tarde vuelven a leer la obra:

“Por la tarde leemos los dos últimos actos de La Dama Duende con una alegría sin par” 55.

El 7 de noviembre de 1870 escribe Cósima: “Richard vuelve a su teoría según la cual Shakespeare no pertenece en absoluto a la literatura y no se le puede comparar con un poeta y un artista como Calderón” 56.

El 24 de noviembre del mismo año escribe:

“Por la tarde leemos Goethe, Shakespeare und kein Ende y Die Tochter der Luft (La Hija del Aire). Me gusta mucho su comparación entre Shakespeare y Calderón, el primero es un vino nuevo, el segundo un vino preparado con cuidado” 57. “Volviendo una vez más a Calderón Richard dice: Sus comedias son obras maestras; en sus tragedias son los temas los que nos cautivan” 58. “En la mesa volvemos a hablar de las comedias de Calderón y Richard le alaba por haber concebido a sus héroes como seres parecidos, el amoroso, el celoso, a fin de dejar el máximo margen posible al azar. En otro caso se cae sino en las modas actuales, en las cuales un personaje repite sin cesar el mismo proverbio, donde otro estornuda, etc.” 59.

En los últimos años de su vida, Wagner, en unión de Cósima, alternan sus lecturas de Calderón entre obras nuevas y poco conocidas -que normalmente no les entusiasman-, y las ya famosas que han leído reiteraramente.

“Por la tarde leemos La Divina Philotea -escribe el 14 de febrero de 1873- de Calderón, de la cual admiramos la fuerza artística, deplorando sin embargo que se haya puesto al servicio de las sutilezas de la casuística” 60; “Comenzamos a leer El Verdadero Dios Pan de Calderón, pero la frialdad con la cual trata los más profundos misterios con juegos intelectuales nos hace dejarlo; no volveremos a leer, ciertamente, jamás autos sacramentales” 61.

Un tiempo despues, al comenzar Céfalo y Procris, Cósima no quiere seguir la lectura, aunque Wagner sí. Justamente en ese momento se produce la separación del matrimonio en lo que respecta a este tema.

El tema religioso preocupa a Cósima intensamente y aunque en los Diarios no se puede seguir claramente el proceso, se percibe que va perdiendo interés por nuestro autor. De 1869 a 1877 las lecturas de Calderón las hacen juntos Cósima y Wagner. Incluso en ocasiones Cósima lee sola algunas obras y así, por ejemplo, el 16 de febrero de 1871 anota:

“... Empiezo El Monstruo de los Jardines de Calderón que me encanta” 62.

Y unos días después:

“Durante el día leo El Monstruo de los Jardines que me atrae increiblemente” 63.

Sin embargo en las anotaciones posteriores a 1877 empezamos a notar esa separación de pensamiento entre Wagner y ella, lo que impide, en cierto modo, que podamos conocer perfectamente la postura del Maestro, pues ahora a veces leen por separado.

El 15 de octubre de 1879 escribe Cósima confirmando lo dicho:

“Richard que acaba de leer a Calderón dice que ha quedado emocionado de la ternura apasionada de los textos; yo le digo que hay menos impresión de la sensibilidad verdadera que en Shakespeare y Richard me responde: ¿Qué es la verdad? Es una inmensa excitación nerviosa que puede fácilmente transformarse en su contraria” 64.

Es indudable que existe una diferencia de opinión, aunque no profunda, entre ambos esposos cuyo pensamiento es, por regla general, absolutamente idéntico. Sin embargo, especialmente en lo que respecta a Wagner, su entusiasmo por el teatro clásico espafíol no ha sufrido mella, como queda patente en la carta que el 26 de setiembre de 1878 envía Wagner a Joaquín Marsillach:

“No he hallado aún ratos de ocio para tratar de cerca el español, en especial Calderón, Lope de Vega y Cervantes en su idioma original. En mi modesta librería los tengo, aguardando la ocasión, que todavía espero, en que me sienta bastante libre para satisfacer mi ardiente deseo de conocer, en su peculiar forma de expresión, las obras de estos sublimes ingenios, que en la traducción alemana siempre me entusiasmaron. Aunque esto me ha sido imposible hasta el presente, sin embargo, puedo decir a Vd. que estas traducciones alemanas, por más que desfiguren el original no dejaron de abrirme -dándome a conocer el carácter español- un manantial inestimable de profundísima al par que vasta sabiduría. Hasta creo poderle asegurar a Vd. -¡Cuanta razón tiene Wagner en estas palabras! -que he penetrado en el espíritu de esos grandes poetas españoles, quizás aún más profundamente que tantos otros que tienen la dicha de haber podido estudiarlos en su lengua nativa” 65.

Pese a ese tenue enfrentamiento entre Cósima y Wagner sobre el tema de Calderón -no ocurre lo mismo con Cervantes, Lope o Ruiz de Alarcón como veremos luego- la lectura de las obras ya conocidas les sigue entusiasmando y son el punto de reconciliación. El Médico de su Honra sirve para unir al matrimonio Wagner en su admiración por el gran poeta. El 20 de diciembre de 1873 anota Cósima:

“Por la tarde nos lee El Médico de su Honra de Calderón; aunque yo coloque mucho más alto a nuestros poetas alemanes y a fortiori a Shakespeare, aunque los sienta como más cercanos, más íntimos, más benéficos, no puedo impedir el admirar al artista, yo diría casi al virtuoso que interpreta aquí la miseria de la existencia. El temperamento apasionado de Don Enrico, la angustia de Doña Menzia, parecida a la del animal que van a matar, la sutil gravedad de Gutierrez, el sentido de la justicia, al tiempo cómico y popular, de Don Pedro, la escena llena de arte y de vida, el presentimiento de la muerte por parte del Rey lo que le mueve a hacer alejar a Enrico, las canciones que se hacen sobre él y que su hermano oye por la noche en la calle, todo esto es extremadamente eficaz, se siente uno bajo los trópicos, muy lejos, muy lejos, sujeto por la acción, fatalmente fascinado pero sin estar fascinado. ¡Oh Desdémona, Julieta, Gretchen, Clara, Tecla, son otros personajes! En los alemanes la naturaleza está en conflicto con sus ellos mismos y con la vida, en los españoles, el hombre está en conflicto con los convencionalismos, con las barreras que él mismo ha levantado. El artista en Calderón queda por tanto siempre admirable” 66.

Cuando mucho después vuelven sobre la obra, habiéndose operado ya ese cambio, ese desencanto de Cósima hacia el autor español -al que sin embargo nunca admiró tanto como Wagner que lo situó por encima de todos-, su opinión no ha cambiado. El 19 de marzo de 1881 escribe:

“Por la tarde Richard nos lee El Médico de su Honra y nuestra emoción es tan viva que Richard exclama: Estamos locos de no releer sin cesar y únicamente a los poetas inmensamente grandes y raros” 67.

Esta obra les gusta muy singularmente, pues sólo así se explica que el 6 de julio siguiente, a petición de la propia Cósima, Wagner les vuelva a leer el drama de Calderón.

También les entusiasmaba, lógicamente, El Mayor Monstruo del Mundo:

“Hablamos todavía extensamente del primer acto de El Mayor Monstruo del Mundo... leemos a continuación los dos últimos actos y quedamos fascinados e igualmente nos choca a menudo esa mezcla de pasión y sequedad, de ardor poético y de prosa, del profundo conocimiento de las cosas y de la obra. Ninguna comparación posible con Shakespeare, pero sin embargo igual veracidad, por ejemplo la reaparición de Octaviano, el renacimiento de su pasión cuando se entera de que Marianne es maltratada; son temas sacados de la vida misma, dice Richard” 68.

Visto el entusiasmo indudable que Calderón despertaba en Wagner, creo que lo que ahora convendría es saber en que medida ese entusiasmo se reflejó en su producción artística.

Naturalmente aquí nos tendremos que mover en. el terreno de las simples conjeturas, pero una simple ojeada, con algún conocimiento de causa, nos descubre inmediatamente un cierto paralelismo entre nuestro teatro y algunas de las producciones wagnerianas. Conocemos suficientemente bien -aunque no lo que desearíamos-, tanto la obra wagneriana como nuestro teatro, para poder atrevernos a emitir algunos juicios al respecto.

La primera consideración a tener en cuenta es el momento exacto en que Wagner traba conocimiento con la obra de Calderón. Esto lo hemos dejado claro antes. Wagner conoce a Calderón cuando se enamora de Mathilde, es decir, cuando concibe Tristán.

Él mismo nos lo dice con claridad meridiana:

“La composición de Tristán que había comenzado en octubre, estaba ya lista en su primer acto... el trabajo, largos paseos a pesar de lo desapacible del tiempo y la lectura de Calderón por las noches eran mis ocupaciones, en las que me molestaba sobremanera ser interrumpido... Wesendonk se marchó a conferenciar con diferentes banqueros extranjeros. Durante su ausencia, continuamos en mi casa, después de haber trabajado toda la mañana en Tristán, la lectura en voz alta de Calderón. El autor español, a cuyo estudio me había preparado la historia de la literatura dramática de Schank, me causó una profunda y duradera impresión” 69.

Está pues fuera de toda duda el interés de Wagner hacia Calderón y también está muy claro que su pensamiento lo ocupaba Tristán, Mathilde y Calderón. Si además tenemos en cuenta la carta mencionada antes a Liszt en la cual resaltaba el predominio del tema del honor en Calderón, hemos de comprender que Tristán, a diferencia del resto de obras de Wagner, esté repleto de frases propias del más puro teatro calderoniano. ¡Espejo de honor, fiero guerrero y héroe de gloria y valor!; Pongo mi honor a los pies de Isolda; según reza el honor, pues culpa no vengada exige su perdón; Con el cayó mi honor; Tan poco estimas el honor que él te dio; Por Tristán, el honor y la fé; alto poder de honor y gloria; supe salvar el honor de mi señor; ¿Dónde está el honor y la lealtad si Tristán, que los custodia, los perdió?; ¿Por qué a deshonor eterno me entregas?; de mi honor y de mi gloria cuidaste sobre todos; no hay humano respeto que importe más que mi honor; estimo mi honor en más que el mundo; pero a toda ley él muera que donde el honor se agravia... Las tres últimas citas son de El Purgatorio de San Patricio, Amor, Honor y Poder y Peor está que estaba de Calderón pero... ¿Pueden acaso diferenciarse de las otras?

Además, el esquema de la obra es también típico de nuestro teatro. El galán y su escudero y la dama con su criada. Como personaje venerable el Rey. Wagner evitó en este caso -¡Gracias a Dios!- el otorgar papeles cómicos a escudero y criada, pero la distribución es, en general, muy propia de nuestro teatro.

Este drama, mutatis mutandis, podría muy bien estar inspirado en El Mágico Prodigioso, obra que sin duda debió conocer en esa época.

Resumiendo brevemente esta obra diremos que Cipriano, el personaje principal, se enamora de la

“Hermosísima Justina

en quién hoy ostenta ufana

la Naturaleza humana

tantas señas de divina”.

Sin embargo su amor no es correspondido, y así le dice Justina:

“ ¿De qué manera quereis

que os diga cuanto es en vano

la asistencia Cipriano

que a mis umbrales teneis?

Si días, si meses, si años,

si siglos a ellos estais,

no espereis que a ellos oigais

sino solos desengaños;

porque es mi rigor de suerte,

de suerte mis males fieros,

que es imposible quereros

Cipriano hasta la muerte.

La contestación de Cipriano se halla en la misma línea del Tristán, segundo acto, muerte augusta, sumo bien, muerte dichosa, sin ausencia.

“La esperanza que me dais

ya dichoso puede hacerme.

Si en muerte habeis de quererme,

muy corto plazo tomais,

yo le acepto y si a advertir

llegais cuan presto ha de ser,

empezad vos a querer

que ya empiezo yo a morir”.

Cipriano ante la imposibilidad de lograr el amor de Justina, quiere vender su alma al diablo, pero consciente de la grandeza de Justina -comparable a la de Elisabeth de Tannhäuser- teme que ni el alma sea bastante:

“Dije (y haré lo que dije)

que ofreciera liberal

el alma a un genio infernal

(de aquí mi pasión colige )

porque este amor que me aflije

premiase con merecella;

pero es vana mi querella

tanto que presumo que es

el alma corto interés

pues no me la dan por ella”.

Dentro de la trama argumental, la virtud y la pureza de intenciones de Justina, sirven para que Cipriano se dé al final cuenta de su error; se trata también aquí de la redención por amor de las obras wagnerianas.

Arrepentido Cipriano es encerrado, por casualidad, en la misma celda en que está Justina, presa a causa de su fé religiosa. Se produce entonces una conmovedora escena, de la cual es fácil deducir que Wagner tomó la esencia para el principio del conocido duo de amor del II Acto de Tristán. Puede admitirse que se trata de una casualidad, -pues en muchas ocasiones diversas personas tienen una misma idea- pero dado que es esa la escena más emotiva de todo El Mágico Prodigioso no hemos de descartar la posibilidad de una influencia. Comparemos:

CIPRlANO ISOLDA

¿No es Justina la que miro? Tu eres mío

JUSTINA TRlSTAN

¿No es Cipriano el que veo? Eres tu mía

CIPRlANO ISOLDA

Mas no es ella, que en el aire Puedo abrazarte

la finge mi pensamiento.

JUSTINA TRlSTAN

Mas no es él, por divertirme Cierto es mi gozo

fantasmas me finge el viento

CIPRlANO ISOLDA

Sombra de mi fantasía Cierto, cierto

JUSTINA TRISTAN

Ilusión de mi deseo Ven a mi pecho

CIPRIANO ISOLDA

Asombro de mis sentidos ¿Eres quién oigo?

JUSTINA TRISTAN

Horror de mis pensamientos ¿Tu eres quién miro?

CIPRIANO ISOLDA

¿Qué me quieres? ¿esos tus ojos?

JUSTINA TRlSTAN

¿Qué me quieres? ¿Esa tu boca?

CIPRlANO ISOLDA

Ya no te llamo, ¿A que efecto vienes? ¿Esas tus manos?

JUSTINA TRlSTAN

¿A qué efecto me buscas? ¿Esa tu alma?

ISOLDA

¿Soy yo? ¿Eres tu?

Encerrados en prisión son llevados ambos al patíbulo, debido a su religión, y es entonces cuando Justina le recuerda la promesa que le hiciera de que al morir le amaría y ambos, felices, se encaminan hacia la muerte. Cipriano teme ser condenado por su diabólico pacto, pero Justina le habla de la infinita misericordia de Dios y le exhorta a que se muestre valiente, a lo cual contesta Cipriano:

“Fe, valor y ánimo tengo;

que si de mi esclavitud

la vida ha de ser el precio,

quien el alma dio por ti,

¿qué hará en dar por Dios el cuerpo?”

El paralelismo entre esta obra de Calderón -que algunos han pretendido que sirvió de inspiración a Goethe para su Fausto- y el Tristán parecen evidentes e indiscutibles. Amor en la muerte, redención por amor, sentido amoroso sublimizado al máximo y otros detalles secundarios que sería prolijo enumerar, entre los que hay que contar el engaño que trama el diablo fingiendo ser un amante presentando así como infiel a Justina, lo cual concuerda con el elixir que hace aparecer a los dos amantes en Tristán e Isolda como infieles.

Wagner, además, concluye su obra -como las anteriores- siguiendo aquellas ideas de Calderón que compartía:

“Richard me decía ayer que Calderón tenía razón al decir que la peor cosa en este mundo es el amor feliz, pues entonces no se puede más que perderlo y sólo se puede vivir con la angustia en lugar de la esperanza”70.

Los amores de Wagner culminan en la muerte, como Justina y Cipriano unen sus almas al perder sus cuerpos.

Pero si en Tristán vemos la indudable influencia de las obras dramáticas de Calderón -aunque el Tristán sea superior a cualquiera de ellas-, en Los Maestros Cantores la influencia es todavía más evidente. De hecho Los Maestros Cantores es una pura obra calderoniana, una comedia de capa y espada a la alemana, con un fondo más profundo.

En esta obra está todo, el galán (Walter), la dama (Eva), el criado -en este caso aprendiz- (David) y la doncella (Magdalena). Como en una gran parte de obras de nuestros clásicos, mientras los protagonistas se enamoran, también lo hacen los criados. Existe también el personaje noble, que aquí en lugar de ser un Rey, es Hans Sachs o Pogner, y también hay un gracioso que es Beckmesser.

Casa con dos puertas mala es de guardar, El Galán fantasma, La Dama Duende... todas estas obras presentan un esquema similar y, como también ocurre con Los Maestros, la trama se apoya en un enredo. Hay que tener en cuenta que esta obra fue la que compuso después de Tristán igualmente en plena época de entusiasmo calderoniano.

El mayor paralelismo lo encontramos en Nadie fie su Secreto de Calderón pues en esta obra se plantea un problema poco usual en el teatro y que Wagner también trata en Los Maestros. La singularidad aludida se refiere a la renuncia al amor por ese mismo amor. De hecho Hans Sachs renuncia a Eva precisamente porque la quiere. En Nadie fie su Secreto Alejandro renuncia a Elvira no para hacerla feliz a ella, sino más bien por estar enamorada de Don Cesar que es su amigo. La obra es muy inferior en mérito y calidad a la de Wagner, pero plantea en el fondo el mismo problema y también, ¿cómo no? con el reparto clásico aludido antes.

En la obra de Calderón, empero, toda la trama se urde alrededor de la poca voluntad de Alejandro en cumplir lo decidido de renunciar a ella. El final, con todo, es similar al de Los Maestros pues, aunque por otro camino, es Alejandro el que hace posible el amor entre Elvira y Don Cesar, como en Wagner Sachs es el que logra unir a Walther y Eva.

Son muchos y frecuentes los paralelismos entre Wagner y nuestro teatro. En parte los hemos mencionado ya y en parte lo trataremos más adelante, pero siempre hay que tener en cuenta que por una evidente e indiscutible lógica, el entusiasta de Calderón ha de llegar a convertirse en wagneriano y, por el mismo motivo, el wagneriano, ha de llegar necesariamente a nuestros clásicos.

Cuanto menos la prueba de la certeza de lo dicho, es que los dos amigos de Wagner en España, Marsillach y Egusquiza, llegaron a Calderón a través de Wagner. En este caso no ya a través de la obra wagneriana, sino de la propia persona del compositor que llegó a entusiasmarlos, casi con su misma intensidad.

CERVANTES

Si como queda dicho Wagner siente enorme admiración por Calderón, no lo es menos que Cervantes también le entusiasmó en grado sumo, hasta el punto de llegar a confesar que

“... quisiera tener una obra suya -cita de su esposa-, reservada al culto de todos los genios como Cervantes” 71.

Eulogio Guridi en el Apéndice al libro Mi Vida -por él mismo traducido- explica que, según Wagner, al mundo todavía le falta mucho por aprender y enseñar a vivir y por esta razón:

“Wagner no enviará a su hijo a sentarse en los bancos de una escuela, sino que confiará su educación a un maestro que sepa interpretar a Shakespeare y a Cervantes, un maestro que tenga buena voluntad, que sea puro de espíritu y limpio de alma y que sepa templar el alma del pequeño Sigfrido contra las adversidades que el día de mañana le salgan al paso” 72.

El Maestro gusta de estudiar la vida de los grandes genios del pasado y, en ocasiones, hacer comparaciones entre sus vidas y la suya propia.

“Referente a la vida de Shakespeare, Richard piensa que ciertamente ha estado llena de miserias y que el siglo XVI no fue mejor que el nuestro. Basta con preguntárselo a Cervantes o a Shakespeare” 73. “Una exclamación de Cervantes que él cita muy a menudo: Oh tu, perseguidor de Dios y todos los santos; provoca aún hoy su hilaridad y le hace exclamar que verdaderamente ve un parecido en la fisonomía de los dos hombres: Shakespeare y Cervantes”74.

Naturalmente, su pasión por Cervantes y su obra, fue compartida por Cósima, con la que sostenía interminables conversaciones sobre este autor y sus obras, su contenido, tanto en estilo como en la idea que intentaba transmitir y que, según ellos, conseguía plenamente.

“Esta noche me ocupo de esta respuesta, pero por la mañana puedo muy bien hablar de Cervantes con Richard, tema inagotable y no obstante difícil de abordar” 75.

Cósima gustaba de sorprender a Wagner con detalles que sabía le agradarían y, respecto a Cervantes, intentó ofrecerle uno con el mayor secreto.

“Le prohibo a Richard leer la biografía de Cervantes porque no quiero que oiga hablar del retrato de Cervantes del que estoy intentando conseguir un grabado” 76.

Por Cervantes pues, por su vida particular y su obra, síntió Wagner entusiasmo desbordante, dedicando muchas veladas familiares a la lectura de sus obras.

De todos es conocido, que Richard Wagner se sentía profundamente germano y que la inmensa mayoría de sus obras se basan en la tradición, la religión, la moral o la mitología germánica. Valga pues de demostración contundente sobre su afecto e identificación con Cervantes su afirmación, hablando en cierta ocasión de las diferencias entre el espíritu germánico y el latino, de que unicamente en Cervantes he podido encontrar el espíritu germánico 77. Estas palabras, en boca de nuestro gran compositor, resultan un elogio mayor que cualquier otro comentario que sobre él hubiese hecho y dejan patente una vez más que el teatro clásico español constituye para él una genialidad digna del mayor encomio.

Pasando ya a las obras que de Cervantes leyó Richard Wagner, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el Don Quijote ocupa lugar relevante, pues en el espacio de 13 años Cósima y él lo leyeron tres veces completo y una cuarta a trozos sueltos. Si pensamos que hay una gran mayoría de españoles que no se lo han leído ni siquiera una sola vez, el hecho de que Wagner lo leyera cuatro nos da una buena idea del valor en que tenía a Cervantes.

Pero dejaremos El Quijote para el final del capítulo, con el propósito de dedicarle un análisis profundo y nos ocuparemos primero de las otras obras que de Cervantes leyó el Maestro.

Ante todo debemos recordar de nuevo la imposibilidad que pesaba sobre Wagner y Cósima de leer aquellas obras que no hubiesen sido traducidas. Por este motivo era para ellos una satisfacción cada vez que se enteraban de que había aparecido una nueva traducción.

De hecho, esto había sido una constante de Richard Wagner desde que se empezó a aficionar al teatro clásico español. Ya en París, el 21 de diciembre de 1861 escribe el Maestro a Mathilde Wesendonk:

“En el restaurante vi a Royer, director de la Gran Opera, pero hice como si no le viese. Cuando lo volví a ver al poco tiempo, había leído ya el anuncio de una traducción publicada por él sobre obras de teatro perdidas de Cervantes. De pronto interesaba el hombre. Es curioso que fuí hacia él y estuve charlando una buena media hora ignorando completamente al director de ópera, ya que, entre nosotros, Cervantes era el único tema. Al dia siguiente me envió su libro. La introducción del poeta me conmovió de manera especial. ¡qué resignación más profunda!” 78.

Mathilde que, como ya hemos comentado al hablar de Calderón, creemos que fue quien le introdujo la afición a este teatro, se dirige también a él por escrito, el 25 de diciembre comentándole:

“La traducción de Cervantes es un hallazgo valioso. ¿Es el manuscrito incuestionable? ¡Sería difícil copiar equivocadamente a Cervantes!” 79.

Dos de los entremeses cervantinos que posiblemente más agradaron a Wagner fueron La Guarda Cuidadosa y El Retablo de las Maravillas:

“Un surtidor de agua chapotea en nuestro invernadero para celebrar el aniversario de Cervantes, digo yo con placer; es la razón por la cual leemos dos de sus entremeses: La Guarda Cuidadosa y El Retablo de las Maravillas. Y pensamos en su humor y nos acordamos del de Shakespeare, del poeta y de su triste vida” 80.

Esto ocurre el 8 de octubre de 1873. El 28 de noviembre de 1879, Wagner

“...nos lee El Centinela Vigilante de Cervantes y dice: es del todo incomprensible que Cervantes haya llegado a plasmar algo que se acerca de tal modo a lo que es la inspiración” 81.

Y el 14 de marzo de 1881:

“Por la noche leemos El Retablo de las Maravillas de Cervantes y nos causan gran placer sus ideas geniales” 82.

También aparece mencionado en los Diarios de Cósima la lectura del entremés Los Charlatanes y El Rufián Viudo 83.

Entre las novelas, quizá la más leída fuese Rinconete y Cortadillo. Cósima anota en sus diarios que nos da infinito placer 84, y, en otro lugar, con un placer creciente 85.

Fue además, ésta, la última obra que leyó Wagner de Cervantes, el 14 de agosto de 1882, es decir, medio año antes de su fallecimiento 86.

Otra de las novelas escogidas durante las veladas con Cósima fue El Amante Liberal que no despierta su interés, hasta el punto de que no la acabamos, pues esta historia de turcos no nos gusta nada 87.

Muy distinto es su parecer sobre El Licenciado Vidriera que “... leemos con placer. De nuevo tenemos ante nosotros a este poeta, con su melancólica sonrisa, su conocimiento del mundo, su sentido de la locura y del papel que juega entre las gentes de alguna importancia; la crueldad de los hombres, el carácter bienhechor de los conventos, etc. A Richard le choca el empleo popular de la palabra querer de hecho en un sentido schopenhaueriano, y todo es tan personal, una vida continuamente sangrando que nos habla sonriendo”.

Y al día siguiente:

“Al desayunar, la conversación gira alrededor de la lectura de ayer que nuevamente nos ha presentado un Cervantes tan próximo a nosotros” 88.

Esta novela se le queda grabada al maestro, pues un mes más tarde escribe Cósima:

“Hablamos mucho de Cervantes y de Shakespeare. Las dos niñas continuan sumergidas en la atmósfera de su confirmación y Richard las llama las dos vidrieras como diciendo que son ciertamente de vidrio” 89.

Otra de las novelas que agradan al maestro es La Ilustre Fregona. Richard exclama: ¡Ah, el Sur...! y más a menudo aún:

“Espera ver esos paises que todavía no han llegado a ser tan vulgares como Italia en los que se toca la guitarra para sí y no para los extranjeros como en Nápoles” 90.

En los últimos años de su vida, Wagner planeó, en efecto, un viaje a España en colaboración con el gran wagneriano catalán Joaquín Marsillach y que, como ya hemos dicho, nunca llegó a realizarse. A nuestro entender, el maestro veía a los españoles de la época del siglo de oro de nuestro teatro clásico, como dignos y honrados caballeros defensores del bien y de la justicia.

“Los españoles tenían razón -dijo lleno de placer-. Veo a Cervantes achacoso, como un viejo soldado envuelto en un tabardo, contemplando el mundo desde su puesto de guardia” 91.

Y, a propósito de Don Quijote:

“Es el más bello regalo que nos ha hecho el Renacimiento, pero es sin embargo inseparable de la Edad Media” 92.

Por último encontramos referencia también de la lectura de la novela La Fuerza de la Sangre.

“No nos convence mucho, pues la brutalidad de los sentimientos nos resulta muy desagradable. He aqui el Renacimiento -dice Richard- el lenguaje fuerte, incluso en las situaciones más espantosas... Ni Shakespeare puede quedar al abrigo de esos defectos y sólo se libra de ellos en las comedias. Cervantes no ha hecho más que la antecámara ante los grandes, no ha vivido en ese medio, pero ha conocido al pueblo y es por esta razón que sólo leo con placer las novelas suyas cuyos pessonajes son del pueblo” 93.

Y pasamos ahora a realizar un análisis, un poco más profundo, de la impresión que el Don Quijote causó en Richard Wagner.

De hecho la seguridad de que Cervantes en general, causaba honda sensación en el maestro, queda constatado en escritos de vital importancia para Wagner 94, como la carta enviada desde París a Mathilde Wesendonk el 21 de diciembre de 1861, donde declara:

“El estreno de Tristán es mi meta principal; si se logra, entonces ya no me queda mucho que hacer en este mundo y con gusto me voy a dormir con el maestro Cervantes. Que haya escrito Tristán se lo agradezco a Vd. de todo corazón y para toda la eternidad” 95.

La figura de Don Quijote gustó desde un principio a Richard y Cósima Wagner y el gran compositor se sintió a menudo identificado con este personaje, dejando constancia de ello, en serio o en broma, en varias ocasiones:

“Soy una mezcla de Hamlet y Don Quijote, me dice Richard hoy riendo” 96.

Si bien reiteró también a menudo, que en el Don Quijote, su autor ofrecía un retrato de sí mismo:

“El personaje de Don Quijote sería al igual que Hamlet una mezcla de lo sublime y lo grotesco. Cervantes se describe a sí mismo en este personaje 97. Es cierto que Cervantes se interpreta a sí mismo en el Quijote y que interpreta su vida y su destino” 98.

Son innumerables las citas que en los Diarios de Cósima se dan sobre las veladas en que se iban leyendo extractos del Don Quijote. Para no hacemos pesados, vamos a señalar aquí, únicamente, las más significativas. Aquellas en las que se traduce más claramente la opinión de Wagner sobre esta obra.

La primera que encontramos al respecto data del 10 de junio de 1869 y está escrita de puño y letra de Wagner pese a ser el diario de su esposa.

“Entre estas conversaciones Richard me lee unos extractos de Don Quijote lo que me reconforta mucho” 99.

Y al día siguiente:

“El Don Quijote es magnífico; leemos este libro durante una gran parte de la mañana y de la tarde” 100.

Y al cabo de una semana:

“Don Quijote no nos ha reconfortado como otros días. Los episodios sentimentales son demasiado convencionales” 101.

A los cuatro meses:

“Por la tarde Don Quijote que cada día nos parece más hermoso” 102.

El 24 de diciembre de 1875 :

“Por la tarde, después del reparto de regalos, Richard me lee unos pasajes de Don Quijote y no podemos menos de echamos a reir como si nunca hubiesen existido las desgracias y los infortunios” 103.

Las citas de carácter general son incontables:

“Por la tarde Don Quijote. La única fuente de alegría en este momento. Richard, sin embargo, piensa a veces en Parsifal. El nombre de Gurnemanz le corre por la cabeza104. ¡Una obra como esta no es analizable, hace falta vivirla como una tragedia! 105. Me ha dicho: es Shakespeare y Don Quijote lo que nos es necesario salvaguardar. Podemos destruir el resto de la biblioteca106. Hablamos de Don Quijote y Richard me dice: ¡Lo que da sensación de rareza a estas obras inmortales es lo que siempre tienen de nuevo! 107. Por la tarde Don Quijote. Nos reimos mucho y nuestro placer es indescriptible. Encontramos hasta en los más mínimos detalles la omnipresencia del poeta 108. Volvemos a reemprender la lectura de nuestro sublime Don Quijote y nuestra admiración y nuestro placer van en aumento” 109.

Muchas más citas hay en este sentido, pero creemos que esta muestra ya deja claro ejemplo del entusiasmo que Don Quijote despertó en el ánimo del gran Maestro.

Vamos a pasar ahora a tratar de analizar esta obra tan genial, siguiendo el criterio de Richard Wagner. Para ello vamos a cogerlo desde el principio y pasando, capítulo por capítulo, resaltaremos aquéllos que causan más entusiasmo o mayor desilusión en opinión de nuestro ilustre compositor.

Desde la presentación de nuestro héroe hasta su primer retorno a casa, la obra despierta el interés de Richard Wagner que declara al respecto:

“Esta gente sabía combinar los elementos necesarios para crear el drama y hacer una gran epopeya” 110.

La forma en que Cervantes relata como Don Quijote se va aficionando a los libros de caballerías, hasta el punto de vender tierras para poder comprarlos, nos sugiere un cierto paralelismo con nuestro ilustre compositor que también sacrificó a menudo comodidades materiales -como simple Director de Orquesta hubiese hecho rápida fortuna- para conseguir la meta que se había propuesto alcanzar: crear la obra de arte del porvenir .

Para Wagner, Don Quijote puede representar el puro necio (reine Tor), pues al empaparse en la lectura de los libros de caballería, hace suyos todos los ideales que en la Edad Media dignificaron al hombre, y decide vivir exclusivamente para ellos. Pensando que Don Quijote creía realmente en todo aquello que hacía, nadie puede dudar que su comportamiento era totalmente ejemplar.

Una de las primeras cosas que hace Don Quijote es buscar nombre para su caballo, y como él lo veía con aspecto de rocín, después de meditarlo durante cuatro días se dedice a llamarle Rocinante. Esto también debió gustar a Wagner que se dedicaba asimismo a bautizar a todos aquellos animales u objetos que representaban un papel protagonista en sus obras, como por ejemplo el caballo Grane de Brunilda o la espadaNothung de Sigfrido.

Don Quijote siente verdadero afecto por Rocinante y ya en su primera salida, cuando se imagina las crónicas que sobre él se contarán con el correr de los años, no se olvida de su fiel compañero.

“Oh tu, sabio encantador, quienquiera que seas, a quién ha de tocar el ser cronista desta peregrina historia. Ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno mío en todos mis caminos y carreras”.

Del mismo modo, la primera noche, cuando para en una venta:

“... dijo al huésped que le tuviera mucho cuidado de su cabaIlo, porque era la mejor pieza que comía pan en el mundo”.

Detalles de este tipo debían hacer las delicias de Wagner, como todos sabemos tan amante de los animales, hasta el punto de convertirse en vegetariano, en los últimos afios de su vida, por este motivo.

Las notas de humor no faltan en los primeros capítulos, como la de las truchuelas, que son una especie de bacalao. Al preguntarle en la venta si le apetecían responde Don Quijote:

“Como haya muchas truchuelas, podrán servir de una trucha, porque eso se me da que me den ocho reales en sencillos que una pieza de a ocho”.

Cósima y Wagner se reían muchas veces y a gusto con escenas del Quijote -como hemos mencionado ya-, e imaginamos que serían estas cosas tan sencillas, pues Wagner había alabado que únicamente leía con placer las novelas cuyos personajes eran del pueblo.

El capítulo VI, Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo, donde aparece una relación de los libros de caballería contenidos en la biblioteca de Don Quijote, no entra entre los preferidos por Wagner, pues nos consta por los Diarios de Cósima que se lo saltaban alguna vez en sus lecturas. 111.

Para su segunda salida decide Don Quijote que, como buen caballero que es, necesita un escudero, y así aparece ya en escena Sancho Panza, labrador vecino suyo que a partir de este momento le acompaña en todas sus andanzas. Las figuras del señor y su escudero son una constante del teatro clásico español que, en cambio, pocas veces aparece reflejada en otras literaturas, pues si bien en la Edad Media los caballeros tenían escuderos, a estos normalmente no se les otorga un papel protagonista como sí ocurre en nuestro teatro.

Sancho es el personaje más importante de la obra después de Don Quijote y no sólo en función del tiempo de aparición. El Quijote sería imposible sin la personalidad de Sancho.

Hemos de suponer, como hemos indicado también antes, que alguna influencia debía tener esta característica de nuestro teatro, en la composición de Tristán y Los Maestros compuestos en la época en que Wagner más interesado estaba en nuestros clásicos.

Tristán tiene como escudero a Kurwenal que posee un papel importante en la obra -aunque no lo vayamos a comparar con Sancho Panza, personaje bien opuesto- y en Los Maestros, Hans Sachs tiene como aprendiz a David, que también tiene su importancia en esa obra. Creemos pues que es indicativo el hecho de que las dos únicas obras de Wagner en que aparecen señor y escudero fuesen compuestas en su período de mayor afición a nuestro teatro clásico.

La figura de Dulcinea, como angel protector, dama del caballero, también es constante del teatro clásico y de los libros de caballerías. Don Quijote se encomienda a ella pidiéndole socorro cada vez que acomete una aventura y le envía a los vencidos para que le presenten homenaje. La figura femenina también tiene una importancia vital en las obras de Wagner, como protectora y defensora del hombre al que se consagran, tal es el caso de Senta y El Holandés y Elisabeth y Tannhäuser. Salvando las distancias, como en el caso del escudero, creemos que existe un paralelismo.

El encuentro con los molinos de viento, a quienes toma por gigantes y posteriormente su duelo con el vizcaíno, a quién vence y perdona, instándole a presentarse ante Dulcinea, para que haga de él lo que desee, debieron gustar a la familia Wagner, pues trata con humor temas corrientes de la Edad media, imprimiéndoles un sello personal que ha quedado para siempre.

Suponemos que será el cuento de la pastora Marcela o lo que le sucedió a Don Quijote en la venta que imaginaba ser castillo, lo que hace exclamar a Cósima:

“Por la tarde, Don Quijote. Con algunas precauciones en su lectura, en la medida en que ciertas cosas no son propias de ser leídas delante de las mujeres. Richard, sin embargo, con una calma divina, prosigue regularmente su lectura y nos comportamos valientemente” 112.

Siguiendo con la lectura del Quijote llegamos al capítulo en que se encuentra con una cadena de prisioneros condenados a galeras, a quienes va preguntando uno a uno cual es su delito. Llega a un anciano de barba blanca que no contesta a su requerimiento más que echándose a llorar. Informado Don Quijote de que está condenado a cuatro años de galeras por alcahuete y hechicero, exclama:

“A no haberte añadido esas puntas y collar, por solamente el alcahuete limpio no merecía él ir a bogar en las galeras, sino a mandallas y a ser general dellas. Porque no es así como quiera el oficio de alcahuete, que es oficio de discretos y necesarísimo en la república bien ordenada, y que no le debía ejercer sino gente muy bien nacida, y aún había de haber veedor y examinador de los tales, como le hay de los demás oficios, con número deputado y conocido, como corredores de lonja, y desta manera se excusarían muchos males que se causan por andar este oficio y ejercicio entre gente idiota y de poco entendimiento, como son mujercillas de poco más o menos, pajecillos y truhanes de pocos años y de poca experiencia, que a la más necesaria ocasión, y cuando es menester dar una traza que importe, se les yelan las migas entre la boca y la mano, y no saben cual es su mano derecha. Quisiera pasar adelante y dar las razones por que convenía hacer elección de los que en la república habían de tener tan necesario oficio, pero no es el lugar acomodado para ello: algún día lo diré a quien lo pueda proveer y remediar. Sólo digo ahora que la pena que me ha causado ver estas blancas canas y este rostro venerable en tanta fatiga, por alcahuete, me la ha quitado el adjunto de ser hechicero. Aunque bien sé que no hay hechiceros en el mundo que puedan mover y forzar la voluntad, como algunos simples piensan; que es libre nuestro albedrío, y no hay yerba ni encanto que le fuerce. Lo que suelen hacer algunas mujercillas simples y algunos embusteros bellacos es algunas misturas y venenos, con que vuelven locos a los hombres, dando a entender que tiene fuerza para hacer querer bien, siendo, como digo, cosa imposible forzar la voluntad” 113.

Este discurso encantó a la familia Wagner.

“Por la tarde leemos El Quijote y leyendo el sublime discurso dirigido al viejo prisionero lacrimoso, no podemos menos de pensar en el estado platónico... Por la tarde Don Quijote para el cual ayer por la tarde, después de la escena de los prisioneros, había interpretado Richard el tema de Sigmundo, es el Don Quijote germánico. Luego, después de haber dejado a Don Quijote en las montañas, pide al Sr. Rubinstein que interprete una fuga de Bach” 114.

Otra escena que les encanta es la de la conversación entre Don Quijote y el canónigo.

“Por la tarde acabamos la primera parte de Don Quijote y recordamos la maravillosa conversación entre Don Quijote y el canónigo” 115.

Se refiere a la escena en que llevan a Don Quijote enjaulado y atado de manos, haciéndole pasar por encantado. Al encontrarse con una serie de caballeros, entre ellos el canónigo de Toledo que preguntan por el significado de lo que ven responde Don Quijote:

“A la mano de Dios. Pues así es, quiero, señor caballero, que sepades que yo voy encantado en esta jaula, por envidia y fraude de malos encantadores; que la virtud más es perseguida por los malos que amada por los buenos. Caballero andante soy, y no de aquellos de cuyos nombres jamás la Fama se acordó para eternizarlos en su memoria, sino de aquellos que, a despecho y pesar de la mesma envidia, y de cuantos magos crió Persia, bracmanes la India, ginosofistas la Etiopía, ha de poner su nombre en el templo de la inmortalidad para que sirva de ejemplo y dechado en los venideros siglos, donde los caballeros andantes vean los pasos que han de seguir, si quieren llegar a la cumbre y alteza honrosa de las armas” 116.

Más adelante el canónigo intenta hacerle ver que todo son invenciones suyas:

“¿Es posible, señor hidalgo, que haya podido tanto con vuestra merced la amarga y ociosa lectura de los libros de caballerías, que le hayan vuelto el juicio de modo que venga a creer que va encantado, con otras cosas deste jaez, tan lejos de ser verdades como lo está la misma mentira de la verdad?”.

El canónigo intenta convencerle de que nunca han existido tales caballeros ni la aureola que les rodea, a lo que Don Quijote responde:

“Pues yo hallo por mi cuenta que el sin juicio y el encantado es vuestra merced, pues se ha puesto a decir tantas blasfemias contra una cosa tan recebida en el mundo, y tenida por tan verdadera, que el que la negase, como vuestra verced la niega, merecía la mesma pena que vuestra merced dice que da a los libros cuando los lee y le enfadan”.

Soltándole toda una retaila de nombres de caballeros y hechos tales como la demanda del Santo Grial o los amores de don Tristán y la reina Iseo, como los de Ginegra y Lanzarote, que dejan al canónigo anonadado117.

La discusión, que causa las delicias de la familia Wagner, sigue durante varias páginas.

“Placer y admiración por los diversos detalles como por ejemplo la conversación entre Sancho y su mujer y el poder del idealismo de Don Quijote sobre Sancho que cree en todos sus sueños, siempre velando por los demás e intentando ayudarles”.

Juana Panza pregunta a Sancho qué regalos le trae de sus viajes para ella y para sus hijos y él le contesta:

“Sólo te sabré decir, así de paso, que no hay cosa más gustosa en el mundo que ser un hombre honrado escudero de un caballero andante buscador de aventuras” 118.

En Sancho se ha operado un cambio desde el principio de la historia hasta ahora y se halla ya totalmente infundido del afán caballeresco de su señor.

“Por la tarde leemos Don Quijote, el principio de la segunda parte, que es magnífico. Unicamente el episodio del bachiller irrita un poco a Richard” 119.

Se refiere a la escena en que aparece el bachiller Sansón Carrasco el cual les asegura que ya han salido libros de historia con nombre El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha y charla con Don Quijote y Sancho del libro, de su autor y de lo que en él se cuenta.

No nos aclara Cósima en sus Diarios qué es exactamente lo que irrita a Richard Wagner, pero nosotros estimamos que puede ser el fondo de mofa con que el bachiller va contando las historias de caballero y escudero relatadas en el libro así como la constatación de que el autor ha publicado esta obra con ánimo de lucro y que por esta razón va en busca de una segunda parte.

“Por la tarde nos sentimos muy dichosos. Richard lee la escena entre Don Quijote y Sancho y nos lo pasamos más que bien” 120.

En esta entrevista Don Quijote y Sancho ultiman los detalles para su próxima salida en busca de aventuras. En ella Don Quijote trata de enseñar a hablar a Sancho con las palabras adecuadas, pues a menudo confunde unas con otras (p. e. fácil en vez de dócil, relucida en vez de reducida, pata en vez de rata...). Sancho, instado por su mujer, le pide a Don Quijote un salario por su trabajo. Esto deja al caballero perplejo, pues no recuerda ningún libro de caballería en el que el escudero cobre un salario y por esta razón le contesta que se vuelva a su casa si quiere un salario, porque eso no se ha visto nunca y que él todo lo que puede hacer es premiarle con una ínsula si se presenta la ocasión. La respuesta deja sin respiración a Sancho que creía que su señor no se iría sin él a ninguna parte. La escena acaba con un abrazo entre Don Quijote y Sancho que quedan tan amigos como siempre.

“La escena que tanto nos había gustado hace unos años, la leo ahora y no me produce la menor impresión, que es el encuentro imaginario entre Dulcinea y Sancho y su monólogo” 121.

Se trata del episodio en que Don Quijote envía a Sancho a la ciudad del Toboso a pedir una entrevista de su parte a Dulcinea y de lo que imagina Sancho para salir del aprieto en donde le ha metido su amo.

“Por la tarde Don Quijote. El bello episodio con el león.122 Por la tarde, Don Quijote (Episodio del león y teatro de marionetas) que crea una atmósfera afectuosa y alegre y Richard y yo no sabemos como decirnos hasta que punto esta obra es única” 123.

La aventura de los leones creemos sin lugar a dudas que fue de las que más agradó al matrimonio Wagner. Tiene lugar cuando Don Quijote viaja con el caballero del verde gabán hacia su casa, después de un hecho cómico que es el de los requesones que esconde Sancho en el yelmo de su sefior y que éste se coloca en la cabeza sin percatarse de ellos, lo que constituye un rasgo de humor que creemos gustaría a Wagner.

En el camino se encuentran con un carro con dos carreteros que llevan un par de leones enjaulados que el general de Orán envía a Su Majestad. Don Quijote que cree que algún encantador se los envía, conmina a los carreteros a que los suelten para hacerse cargo de ellos. Todos se quedan horrorizados pero Don Quijote insiste amenazando, si necesario, con utilizar la fuerza. Por fin abren la puerta, el león se asoma y luego, desdeñoso, les vuelve la espalda a todos y se sienta sin siquiera salir de la jaula.

Al ver Don Quijote lo acontecido, dice al leonero:

“Así es verdad; cierra, amigo, la puerta, y dame por testimonio en la mejor forma que pudieres lo que aquí me has visto hacer; conviene a saber; como tú abriste al león, yo le esperé, él no salió, volvíle a esperar, volvió a no salir y volviose a acostar. No debo más, y encantos afuera, y Dios ayude a la razón y a la verdad, y a la verdadera caballería, y cierra, como he dicho, en tanto que hago señas a los huidos y ausentes, para que sepan de tu boca esta hazaña... pues si acaso Su Majestad preguntare quien la hizo, diréisle que ‘el Caballero de los Leones’; que de aquí en adelante quiero que en éste se trueque, cambie, vuelva y mude el que hasta aquí he tenido de ‘el Caballero de la Triste Figura’; y en esto siga la antigua usanza de los andantes caballeros, que se mudaban los nombres cuando querían, o cuando les venía a cuento” 124.

En otro momento elogió también Wagner esta escena:

“Me expresa toda su admiración por los elementos populares de Cervantes y aiíade, refiriéndose al tema de la escena de los dos carreteros: quien no conozca al pueblo bajo este aspecto ya no es un poeta” 125.

Al respecto de lo que hemos dicho al final del comentario de la primera parte del Quijote, Wagner nos dice:

“Lo que choca en esta segunda parte del Quijote es la evolución de los carácteres, Sancho se ha vuelto otro siguiendo siendo el mismo, y continúa la vida del poeta mismo. Lo observa todo, le interesa todo y cuando Don Quijote entra en la casa de Don Diego, el poeta remarca que es el silencio lo que más le gusta” 126.

“Fuéronse a comer y la comida fue tal como Don Diego había dicho en el camino que la solía dar a sus convidados: limpia, abundante y sabrosa, pero de lo que más se contentó Don Quijote fue del maravilloso silencio que en toda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos” 127.

Esto concuerda también con lo ya mencionado al hablar de Calderón, cuando Wagner escribe a la Princesa Carolina de Wittgenstein diciéndole que le atrae más de los grandes poetas lo que callan que lo que hablan y que la grandeza de un poeta la aprende casi mucho más de sus silencios que de lo que dicen.

Viene luego la narración de la Boda de Camacho, donde Wagner ve a Cervantes representado en la tierra de Don Quijote. Este episodio tuvo que gustar a Wagner pues representa la contraposición materialismo-idealismo, que el maestro tan frecuentemente presentó en sus obras.

El rico Camacho va a contraer matrimonio con la hermosa Quiteria, quien en realidad está en verdad enamorada del gallardo Basilio. Este, para evitar el casamiento finge suicidarse clavándose un estoque y a punto de morir pide a Quiteria le despose, a lo que ella accede viéndole moribundo. Una vez casados se descubre que todo ha sido una farsa.

“La esposa no dió muestras de pesarle la burla; antes oyendo decir que aquel casamiento, por haber sido engañoso, no había de ser valedero, dijo que ella lo confirmaba de nuevo; de lo cual coligieron todos que de consentimiento y sabiduría de los dos se había trazado aquel caso; de lo que quedó Camacho y sus valedores tan corridos, que remitieron su venganza a las manos, y desenvainando muchas espadas arremetieron a Basilio, en cuyo favor en un instante se desenvainan casi otras tantas”.

Don Quijote, naturalmente, se puso de parte de Basilio:

“Quiteria era de Basilio, y Basilio de Quiteria, por justa y favorable disposición de los cielos. Camacho es rico, y podrá comprar su gusto cuando, donde y como quisiere. Basilio no tiene más desta oveja, y no se la ha de quitar alguno, por poderoso que sea; que a los dos que Dios junta no podrá separar el hombre; y el que lo intentare, primero ha de pasar por la punta desta lanza” 128.

Lamentablemente la mayoría de las citas son poco detalladas -como corresponde, lógicamente, a un Diario-, lo cual nos impide profundizar más en la opinión de Wagner.

“Por la tarde Don Quijote, la Cueva de Montesinos, magnífica” 129.

A la cueva de Montesinos se dirigen Don Quijote, Sancho y un primo de Basilio.

“... famoso estudiante y muy aficionado a leer libros de caballerías, el cual con mucha voluntad le pondría a la boca de la misma cueva”.

Para bajar a la cueva, había que hacerlo con cuerdas, pues era muy profunda.

Una vez bien atado y después de encomendarse a Dios y a Dulcinea para que le protejan, Don Quijote se interna en la cueva. Está allí mucho rato y cuando por fin lo sacan, tirando de la cuerda entre Sancho y el primo, aparece dormido y tarda bastante en despertar a pesar de los intentos de ambos.

Una vez despierto y después de comer, hace un relato magnífico de las aventuras que le han sucedido en la cueva cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa.

“Por la tarde leemos Don Quijote; es desgraciadamente el pasaje de la mascarada del diablo el que menos nos ha gustado, pues la faceta didáctica es demasiado pedante en su forma y nos es verdaderamente penoso” 130.

Suponemos que este comentario se refiere a la aventura del rebuzno, y la idea del diablo de que la gente de los pueblos se salude rebuznando.

“Dieron en ello los muchachos, que fue dar en manos y en bóca de todos los demonios del infierno, y fue cundiendo el rebuzno de en uno en otro pueblo, de manera que son conocidos los naturales del pueblo del rebuzno como son conocidos y diferenciados los negros de los blancos” 131.

“Por la noche leemos algunas páginas del Quijote. Leemos, poco pero es magnífico (Episodio del Teatro de las Marionetas) ¿cuanta gente aprecia, conoce esta obra?” 132.

Este es otro de los capítulos más apreciados por la familia Wagner. Relata una historia que narra un titiritero, al tiempo que la representa con sus muñecos.

“Trata de la libertad que dió el señor don Gaiferos a su esposa Melisendra, que estaba cautiva en España, en poder de los moros, en la ciudad de Sansueña, que así se llamaba entonces la que hoy se llama Zaragoza”.

Don Quijote cree a pies juntillas lo que se va desarrollando en la escena, y en el momento en que los dos católicos amantes huyen de la ciudad, perseguidos por toda la caballería, no puede resistir permanecer impasible.

“Y diciendo y haciendo, desenvainó la espada, y de un brinco se puso junto al retablo, y con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a éste, destrozando a aquél, y, entre otros muchos, tiró un altibajo tal que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más habilidad que si fuera hecha de masa de mazapán” 133.

En otros momentos de los Diarios de Cósima, encontramos comentarios laudatorios a este pasaje del Quijote:

“Por la tarde nos lee el episodio de las marionetas en Don Quijote, pasaje en el cual surge de nuevo el artista que tanto nos gusta” 134,

“Por la noche Don Quijote, el magnífico episodio del barco” 135

Ocurre en el río Ebro, donde encuentran un pequeño barco sin remos. Don Quijote cree que está puesto allí para que con él socorran a algún caballero y embarcan en busca de aventuras, que por supuesto, como siempre, encuentran.

“Por la noche sentimos un placer creciente con Don Quijote; los consejos que Don Quijote da a Sancho Panza son maravillosos” 136.

Se refiere a los consejos que le da antes de irse a gobernar la ínsula. De ellos entresacamos los que creemos se avienen más al carácter del maestro:

“Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pie de la rueda de tu locura de consideración de haber guardado puercos en tu tierra 137. Hallen en tí más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico” 138.

Otros muchos consejos le da que hacen que este capítulo sea de muy recomendable lectura, y no sólo concernientes al alma, sino también al cuerpo. Creemos sinceramente que es uno de los que más debió deleitar a la familia Wagner.

“Por la tarde leemos Don Quijote, partida de la corte del duque: Qué hombre tan perfecto era” 139.

Don Quijote siente que la ociosidad en que vive en la corte no es buena y que el cielo le pediría luego cuentas de ella y esta es la razón por la cual se marcha en busca de nuevas aventuras y del bien de cuantos le rodean.

“En la mesa Richard me dice: He vuelto a pensar en Don Quijote, y considerándolo desde el punto de vista de una filosofía irónica, he pensado de repente en un diálogo de Platón, allí también encontramos esta ironía y aparece libre, segura de si misma, sin que sobre ella pese nada. En revancha, vemos como pesa sobre el noble espíritu de Cervantes el horrible peso del catolicismo por ejemplo en la forma en que cree necesario hacer cantar las alabanzas de la Inquisición a la pobre morisca. En el griego vemos la corona olímpica, en el español, el poeta afamado, tratado como un juguete -tal como Don Quijote-, por el mundo elegante en una época hostil al espíritu, iqué angustia haber nacido en este siglo!” 140.

Suponemos que esta última referencia corresponde al episodio de la hermosa morisca disfrazada de mozo que es hecha presa y condenada a muerte y que relata las desventuras de su vida.

Con esto quedan comentadas las citas más relevantes que hemos encontrado relativas a la obra de Cervantes y nos parece que demuestran suficientemente la admiración que Richard Wagner sentía por ella.

LOPE DE VEGA

Aún cuando no podemos compararlo con el entusiasmo despertado por Calderón y Cervantes, Lope de Vega fue otro de los clásicos españoles incluídos en la biblioteca de la familia Wagner y leídos con placer.

En primer lugar citaremos la referencia que se halla en el varias veces mencionado Wagner-Lexicon y que constituye un resumen, recogido por el autor Glasenapp, gran amigo de Wagner, del pensamiento del maestro sobre los temas que comenta. En la voz, Lope de Vega dice:

“En España, Lope de Vega renunció a su fama de ser un clásico del arte dramático y nos ofreció a cambio el drama moderno, en el que Shakespeare brilló como máxima estrella de todos los tiempos.

Lope de Vega escribió sus piezas de hoy a mañana en estrecha vivencia con el teatro y sus autores.

Cuan significativo es también el que casi todos los grandes autores españoles se retirasen al estado religioso en la segunda mitad de su vida”.

Aquí siguen las opiniones al respecto que ya hemos reproducido en una carta de Wagner a Liszt.

Wagner admiraba en Lope más la forma que el fondo, todo lo contrario que en Calderón.

“Él -se refiere a Wagner- recita un poema de Goethe, El Himno de la Resurrección sobre el vals de las nostalgias y declara que le falta la conclusión, porque todas las estrofas son iguales y que no encuentra la alternancia entre versos de dos y tres pies. Eso se había perdido, lo que los griegos sabían tan bien, lo que me chocó en mi juventud y me permitió construir toda mi métrica. Lope de Vega conocía esta alternancia, Calderón menos, razonaba demasiado y en su lugar utilizaba una versificación uniforme” 141.

La costumbre de realizar representaciones teatrales en el seno de la familia Wagner es bien conocida. La familia se reunía a menudo y representaban fragmentos de las obras del propio maestro o de otros autores. Lope fue uno de ellos.

“Los adorables niños interpretan magníficamente las dos farsas de Lope de Vega y Sachs” 142.

Al cabo de algún tiempo todavía lo recuerdan:

“Las risas ahogadas de los niños me atraen a la habitación contigüa, Papá tuvo ayer doce sorpresas, 1. El saludo floral; 2. Los escudos de las ciudades; 3. La Orquesta Militar; 4. El brindis; 5. El canto; 6. Faf; 7. Lope de Vega; 8. El epílogo; 9. El preludio; 10. El saludo; 11. La Marcha Imperial; 12. El Augusto (Gustave Schönaich); explica a Richard su divertida idea y ambos nos reímos mucho” 143.

Nos consta que leyeron varias obras de Lope, algunos de cuyos títulos desconocemos.

“A continuación nos lee dos entremeses de Lope de Vega en la edición Schack que nos causan gran placer. 144. Por la tarde leemos una novela magnífica de Lope de Vega (no he puesto atención en el título como de costumbre ), pero los personajes principales se llaman Laura, Lisardo y Marcelo” 145.

Quizás la obra que más les gustó de la larga lista fue Fuenteovejuna que leyeron por lo menos dos veces.

“Por la tarde leemos Fuenteovejuna de Lope de Vega que nos causa gran placer 146. Al atardecer, a mi demanda, nos lee Fuenteovejuna que nos entusiasma 147.

Otra obra que también les gustó mucho fue La Carbonera.

“Leemos una pieza de Lope de Vega, La Carbonera, con mucho placer. Obra dramática sin afectación y llena al mismo tiempo de romanticismo y de humor... Por la tarde acabamos con mucho interés y placer La Carbonera de Lope de Vega” 148.

En cambio algunas obras de este autor no les gustaron como El Peregrino en su Patria, que ni siquiera acabaron 149 o La Casa de Campo de la que Cósima dice que le falta calor 150.

Por último debemos mencionar que leyeron asimismo algunas obras de Alarcón, entre ellas El Tejedor de Segovia 151 y La Verdad Sospechosa 152 y que ambas les gustaron.

NOTAS

23 Richard Wagner, “A Federico Villot”, pag,52.

24 Richard Wagner, “Mi Vida”, pág. 506.

25 H.S. Chamberlain, “El Drama Wagneriano”, pág. 19.

26 M. Kufferath, “Músicos y filósofos”, pág. 307.

27 Kurt Honolka, “Historia de la música”, pág. 307.

28 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, pág. 384.

29 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, pág. 390.

30 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 402.

31 Cósima Wagner, "Journal", Vol. IV, p. 437.

32 Curt von Westernhagen, “Richard Wagners Dresdener Bibliothek” p.86.

33 John N. Burk. “Richard Wagner Briefe”, p. 488.

34 R. Wagner, “Wesendonk Briefe”, p. 90.

35 R. Wagner - F. List, “Correspondence” p. 408.

36 R. Wagner, “Wesendonk Briefe”, p. 94.

37 R. Wagner, “Wesendonk Briefe”, p. 139.

38 R. Wagner, “Wesendonk Briefe”, p. 278.

39 R. Wagner, “Wesendonk Briefe”, p. 362.

40 Calderón, “Casa con dos puertas mala es de guardar”.

41 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, pág. 60.

42 R. Wagner - F. List, “Correspondence” p. 414 y sig.

43 Citado por Jean Chantavine, “Liszt”, p. 149.

44 R. Wagner - F. List, “Correspondence” p. 420.

45 R. Wagner, “An Freunde und Zeitgenossen”, p. 218, 219.

46 R. Wagner, “An Freunde und Zeitgenossen”, p. 220.

47 R. Wagner, “Mi Vida”, p. 561.

48 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 32.

49 R. Wagner, “Mi Vida”, p. 602.

50 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 41.

51 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 60.

52 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 62.

53 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 218.

54 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 352.

55 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 63.

56 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 357.

57 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 364.

58 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 374.

59 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 571.

60 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 27.

61 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 293.

62 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 414.

63 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 417.

64 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 454.

65 Dr. Letamendi, “Obras Completas, Tomo. p. 66.

66 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 174.

67 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 71.

68 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. VI, p. 41.

69 R. Wagner, “Mi Vida”, p. 460 y sig.

70 Cósima Wagner, “Journal”, Vol.II, p. 567. En la nota 26 se menciona la misma idea con otras palabras.

71 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 184.

72 R. Wagner, “Mi Vida”, p. 638.

73 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 293.

74 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 302.

75 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 55.

76 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 190.

77 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 622.

78 R. Wagner, “Wesendonk briefe”, p. 385.

79 R. Wagner, “Wesendonk briefe”, p. 388.

80 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 143.

81 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 481.

82 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 68.

83 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 561.

84 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 685.

85 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 686.

86 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 373.

87 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 687-688.

88 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 31.

89 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 50.

90 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 49.

91 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 232.

92 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 496.

93 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 37.

94 En una ocasión Wagner considera lo mejor de la literatura a Hamlet, Falstaff, Don Quijote y Sancho. En otra a Shakespeare, Fausto, Dante, Don Quijote. El “Wagner-Lexicon” de Glasenapp compara a Don Quijote y Sancho con Fausto y Mefistófeles. Siempre los mismos nombres.

95 Richard Wagner, “Wesendonk briefe”, p. 387-388.

96 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 167.

97 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 184.

98 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 185.

99 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 122.

100 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 123.

101 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 128.

102 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 183.

103 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 404.

104 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 418.

105 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 438.

106 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 238.

107 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 459.

108 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 471.

109 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 476.

110 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 458.

111 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 459.

112 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 472.

113 Don Quijote, Ed. Alfaguara, 1976, Vol. I, p. 212.

114 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 473-474.

115 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 486.

116 Don Quijote, Vol I, p. 513.

117 Don Quijote, Vol I, p. 530 y sig.

118 Don Quijote, Vol I, p. 555.

119 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 491.

120 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 496.

121 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 512.

122 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 421.

123 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 109.

124 Don Quijote, Vol II, p. 155-156.

125 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 236.

126 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 184.

127 Don Quijote, Vol II, p. 164.

128 Don Quijote, Vol II, p. 191-192.

129 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 186.

130 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 188.

131 Don Quijote, Vol II, p. 524.

132 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 422.

133 Don Quijote, Vol II, p. 237.

134 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. III, p. 569. Ver también la nota 123

135 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 423.

136 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 189.

137 Don Quijote, Vol II, p. 360.

138 Don Quijote, Vol II, p. 361.

139 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 192.

140 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 194.

141 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 53.

142 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 101.

143 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 102.

144 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 386.

145 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 405.

146 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 354.

147 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. IV, p. 385.

148 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 518-519.

149 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 412.

150 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 519.

151 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. I, p. 356.

152 Cósima Wagner, “Journal”, Vol. II, p. 571.