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El oro del Rhin

B. Rodríguez Serra Editor. Madrid, 1902
El anillo del nibelungo. Ensayo analítico del poema y de la música con ejemplos musicales.
Por Eduardo López-Chávarri

 

[ Al lector. Historia de la obraLa idea fundamental de «El anillo del Nibelungo» | La forma | El oro del Rhin  | La Walkyria  | Siegfried  | El crepúsculo de los dioses  | Síntesis artística en el teatro de Wagner ]

 

IV

PRÓLOGO.

EL ORO DEL RHIN

(Das Rheingold.)

Preludio.-El Rhin.-El Walhalla.Los Nibelungos.-La Maldición del anillo.



Antes de correrse el telón, la música deja oir sus primeras notas, con las cuales se establece la base de la colosal creación que vamos á presenciar.

Y como germen simplicísimo de donde ha de surgir esplendoroso árbol, así empieza en la orquesta el inmenso poema por lo más simple, lo más elemental que en armonía puede darse: la «octava». De las profundidades de la orquesta surge un misterioso rumor que va determinándose siempre con mayor claridad, y al fin comienza á moverse lentamente, formando el primer rudimento de melodía en aquellas hondas regiones del sonido; de este modo nace el tema fundamental del gran poema, como del seno de la noche nacen los mundos. «De no se sabe qué profundidad -dice Catulle Mendes en su ditirámbico Richard Wagner-nace sordamente un sonido. Informe, apenas perceptible, parece escucharse el primer aliento de un mundo que va á vivir. Aquel sonido crece, empieza á moverse, únese á él como un deseo de ascensión, de desenvolvimiento; se multiplica en sonoridad que, confusas al pronto, van encadenándose, formando una línea vaga, la cual aparece luego en pleno desarrollo; se eleva, y menos obscura cada vez, extendiéndose más y más en su lenta expansión, alcanza pleno desenvolvimiento en una inmensa ola de melodía».

He aquí la génesis de este primer tema (1):


Siempre pianisimo, este motivo se deja oir algún tiempo, solemne y tranquilo en su simplicidad, como la inocente calma de la Naturaleza antes de que el hombre hiciera vivir en ella el Mal.

Una pequeña alteración de la melodía hace aparecer el primer tema característico de la partitura, el cual se aplica á la idea de la Naturaleza, de la primitiva inocencia del mundo «melodía elemental», Ur-melodie), y también por un ondulante aspecto que luego reviste, al Rhin, el río majestuoso que parece simbolizar la marcha de la vida en su serena corriente. El tema, en su forma característica [a] y en su segundo aspecto [b] (que se aplica á la idea de las aguas, y en general á cuanto significa elementos primordiales del mundo: la Tierra, los Parcas que hilan el Destino, etc.), es el que se expone á continuación, designándolo con el nümero 1; emplearemos para los motivos siguientes la numeración correlativa:


El murmullo de la orquesta crece en intensidad y se repite y reproduce cual si se engendrara á sí mismo; siempre dentro de la misma tonalidad (mi bemol mayor), lo que da singular impresión de grandeza al preludio. La vida de este mundo de sonidos aumenta; rápidás escalas parecen deslizarse como las ondulaciones del agua; se corre el telón y aparece el fondo del Rhin.

El cuadro es fantástico por demás. Una claridad verde ilumina desde lo alto la escena, dejando el fondo en tinieblas. En la parte superior se ve el agua ondulante y corriente en dirección á la izquierda. Espesa neblina llena el fondo, y enormes peñascos forman el suelo y se levantan á los lados, mostrando por sus hendeduras profundos abismos en donde reina la más densa obscuridad. En el centro, un amontonamiento de rocas sube hasta la superficie del agua.

Entre las aguas, las tres hijas del Rhin nadan en todas direcciones, persiguiéndose alegres y confiadas, cantando su melodía [2] flexible y ondulante como sus movimientos:


La misión de las ondinas es custodiar el oro del Rhin, advirtiendo á quienes osaren llegar hasta allí que no se acerquen á él si no quieren renunciar para siempre al amor. La orquesta sigue los uegos de las ninfas con diseños de una delicada transparencia. « ¡Guardad el tesoro -dice Floshilda á sus hermanas-, no os cueste caro el juego!»; y á estas palabras, la melodía toma un aspecto que hace presentir las desgracias que más tarde acarreará el anillo forjado con aquel oro. La música parece anticipar aquí un esbozo del tema que más adelante veremos se une á la idea del anillo maldito (tema [7]).

De pronto surge un sonido extraño en las regiones de la orquesta; nota grotesca, como una mueca, que contrasta con las armonías anteriores: es Alberich, el Nibelungo, el enano de hirsuta barba, habitante del Nibelheim, las entrañas de la tierra en donde los gnomos trabajan los metales (2).

La nota á que nos referimos es un diseño cromático, mueca y gemido á la vez,


que más adelante, y por un cambio del valor de las notas, adquirirá suma importancia, guardando siempre el carácter de tristeza que el intervalo de segunda menor le comunica.

Alberich contempla ávidamente los juegos dé las ondinas y las requiere de amores, á lo cual contestan ellas burlándose del ridículo enano haciéndole subir afanosamente por las rocas, y escapando ligeras cuando éste las va á coger.

Un detalle curioso puede observarse aquí: lá melodía con que Floshilda expresa su amor al enano (para burlarse luego de él), tiene semejanza con las frases de la seducción de Venus en el primer acto de Tannhäuser.Ya veremos luego una semejanza análoga mucho más acentuada.

El desencanto del Nibelungo al verse burlado y considerar su condición inferior, aparece indicado por un tema que se deriva de las notas anteriormente citadas [3].


Febril y excitado, el gnomo persigue á las ninfas con furioso anhelo que la orquesta traduce en entrecortados acordes cuando aquel dice: «aunque os riáis y me engañéis he de alcanzaros» (3), hasta que jadeante y fuera de sí los amenaza con rabia. Una explosión de los timbres agudos de la orquesta marca esta amenaza [4] con un ritmo de martilleo, característico de los Nibelungos forjadores de metales:


En este instante baja un rayo de luz á través de las aguas é ilumina con claridad cada vez más intensa la cúspide del montón central de rocas, en donde se ve el oro que despide mágico resplandor. La música expresa el esplendor de aquel metal en un tema lleno de nobleza [5],


mientras las ondinas, nadando alrededor del peñasco envueltas en nimbos luminosos, cantan al oro que aparece radiante como un sol [6]:


Extático el Nibelungo, pregunta qué es aquello cuyo brillo nunca se imaginó en sus tenebrosos antros. Las ninfas le enseñan el poder del oro: quien forje con él un anillo, dominará en el mundo.

Por primera vez se escucha entonces en el canto y la orquesta el motivo del anillo, tema que luego reaparecerá constantemente en toda la Tetralogía con siniestro carácter, indicando las catástrofes que de aquél se originen [7].


Mas, pará forjar el anillo, es preciso renunciar al amor, y estas palabras aparecen cantadas en la triste melodía [8, a] (4):


del renunciamiento á amar, á la que prestan terrible impresión unos acordes apagados de trombones y tubas.

El ansia de poder penetra en el corazón del despechado enano; furioso, escala las peñas y llega hasta el oro pronunciando la horrible imprecación: «Oid, ninfas; extingo esta luz que adorábais. Arranco el oro de las rocas y forjaré el anillo que me vengará. ¡Oiganlo las aguas! ¡MALDITO SEA EL AMOR!» Y apoderándose del oro, desaparece en el fondo perseguido por las hijas del Rhin, y las tinieblas invaden la escena mientras se oye lejana la risa estridente del enano.

La música ofrece tétrico aspecto. Los temas de la «maldición de amor» y del «renunciamiento», adquieren proporciones grandiosas y luego disminuyen paulatinamente; las obscuridades de la escena se convierten en nieblas cada vez más diáfanas; el tema del anillo se escucha siempre más apagado y va transformándose; la música adquiere carácter tranquilo y majestuoso, la niebla finísima se desvanece, y nos encontramos en la región de la luz, en las cumbres de las montañas, en el lugar donde habitan los dioses.

***

La luz del naciente día ilumina con intensidad un espléndido palacio que se ve en lo alto de una roca: es el Walhalla, la mansión que los dioses se han hecho construir para perpetuar orgullosamente su poder (5).

El palacio está aislado en el peñón, y entre éste y el primer término se extiende un hondo valle por donde corre el Rhin.

En la orquesta nace un motivo vibrante y majestuoso; es el tema del Walhalla, que se asocia á la idea de la majestad de los dioses [9]. Frecuentemente se presenta seguido de una terminación que parece traducir la aspiración [9, .b] hacia las celestes regiones:


En la escena aparecen Wotan, el dios de los dioses, personificación de la Voluntad, de la fuerza creadora, y su esposa Fricka, la diosa de la razón.

Los dioses del poema de Wagner, como los de la mitología escandinava (según se dijo oportunamente), personifican los elementos naturales; son hijos de la Naturaleza, á cuyas eternas leyes están sometidos; un día vendrá en que deben morir, como todo cuanto vive (Crepúsculo de los dioses): Wotan encarna la fuerza creadora de la naturaleza sometida, no obstante, á leyes inmutables. La voluntad del dios está encadenada á estos principios: no es libre en absoluto. Los conflictos entre su voluntad y la razón (Fricka), son los que originan las peripecias que luego nos harán presenciar los dramas sucesivos.

Fricka es la diosa de los consejos prudentes que recuerda á Wotan el cumplimiento estricto de lo pactado, y siempre trata de refrenar las pasiones vehementes de su esposo. Si un día alentó los deseos de éste de construir el Walhalla, fué con el propósito de que, una vez en el palacio divino, cesara Wotan de crear é investigar, no dando motivos á los celos de la esposa. El amor de Fricka se expresa en una melodía seductora,


que recuerda (como lo observado en la frase amorosa de Floshilda), la del encanto de Venus en Tannhäuser; se ve, pues, que los sentimientos parecidos hallan expresión semejante en el artista. El carácter insinuante de este tema le comunica significativo aspecto, evocando la idea de los suaves lazos con que el amor encadena las almas, y con los cuales Fricka trata de atar la voluntad del esposo, ¡sugestivo detalle! Pero el amor de la diosa no representa únicamente aquel sentimiento avasallador que lleva consigo la abnegación y el sacrificio, sino que es, en cierto modo, el amor «vulgar» que encierra la «suave astucia femenina, hábil en estimular las pasiones viriles para obtener partido de las debilidades del hombre, apoyándole en sus errores, si es preciso, con el propósito de asegurar mejor su dominio sobre él». Este aspecto egoista del amor trae consigo, según explica Wagner, la ausencia del afecto, el desamor (lieblosigkeit: recuérdese la carta del cap. II).

Wotan grabó en su lanza las leyes por las cuales se ha de regir el mundo. Al aparecer en escena, despierta maravillado por ver construido el palacio que soñó; pero su esposa le recuerda que aquel palacio tan resplandeciente lo ha hecho construir el dios por los gigantes, á condición de entregarles la diosa Freia; la juventud, el amor. El símbolo está ya completo: la sed de dominio ha introducido entre los dioses la ausencia de amor. La orquesta deja oir el llamado «tema del pacto»,


qué háce alusión al aspecto de Wotan, mantenedor de la fe jurada. Es una sucesión de notas graves, de marcado carácter afirmativo.

Wotan espera la vuelta de Loge (dios del fuego y de la astucia), quien le ha dicho que evitará la entrega de Freia; pero Loge tarda, y Freia acude pidiendo protección, pues los gigantes vienen ya para llevársela. En efecto, Fasolt y Fafner, símbolo de las fuerzas brutales de la Naturaleza, aparecen con sus enormes mazas. Wotan trata entonces de negarles el divino premio á los gigantes, cuyo asombro es indecible al ver al dios faltar á sus pactos. Por la fuerza van á apoderarse de Freia, que llama en su socorro á su compañero :Froh (dios de la primavera), y á Donner (el dios del trueno). Estos acuden, y Donner levanta su colosal martillo contra Fafner y Fasolt. Pero Wotan interpone su lanza para defender el pacto, en este momento de ansiedad aparece Loge (6).

Musicalmente, el anterior período es admirable por el movimiento que ofrece, reflejo fiel de lo que pasa en la escena. La polifonía orquestal vive con los personajes, causando una impresión poderosa. La ansiedad de Freia la expresa un motivo anhelante [12],


que en su período ascendente, no es sino el tema que después [17] veremos asociado á la idea del amor que reina en la Naturaleza, y presentado ahora en su forma angustiosa y doliente. Cuando salen los gigantes, la música parece condensar su fuerza en un ritmo brutal, pesado, incisivo: [13].


La alusión de Fafner á las manzanas de oro que crecen en el jardín de Freia (símbolo de la primavera eterna en que vive la juventud), va acompañada de un motivo lleno de dulzura y delicaldeza: [14],


el cual parece el aspecto «plácido» del «renunciamiento al amor» [8], ó más bien éste es la transformación triste de aquél. Las asociaciones de sentimientos y de ideas que origina la música, son de un efecto introducible con palabras, y apenas si es posible dar idea del modo como expresa la música los diferentes momentos de la acción. Así, cuando el gigante alude á la vejez de los dioses si se privan de la juventud [Freia], se dejan oir unas armonías tristes y apagadas como un presentimiento del fin de éstos: [15].


La salida de Froh cogiendo á Freia y amenazando á los gigantes, es un valiente apóstrofe de la orquesta en que los instrumentos de metal exponen el tema de la juventud [14] en toda su arrogante apariencia. Y como «fondo» de este tejido de temas, se escucha siempre el motivo «del pacto» [11], reapareciendo constantemente, cerrando todas las peroraciones, como la idea fija á la cual por precisión hay que volver. Por tltimo, la entrada de Loge se manifiesta por el rápido murmullo que le acompaña en la música, al cual se une un tema inquieto y brillante; parece que la orquesta tiene la ondulación del fuego y la claridad de la llama:


Antes de pasar adelante, hemos de insistir en una observación: Wagner no pretende que el efecto de sus obras se desprenda de estos análisis; lo que sí sucede, gracias á esta disposición de la música, es un ajuste de conjunto tal, la expresión de cada momento está realizada con tal vigor y exactitud de carácter, que la impresión dramática se impone por sí sola. Dicho esto, sigamos con el poema.

Sus compañeros, increpan á Loge porque no trae la ansiada solución. «Dejadle -dice Wotan-; cuanto más tarda en dar su consejo, más vale éste.» Y aquí aparece una extraña sucesión de notas de aspecto sombrío:


Este motivo (que tendrá después en Siegfried mucha importancia), parece unirse al sentimiento de la «meditación inquieta» de quien intente apoderarse del oro.

En vano preguntan á Loge si ha encontradó medio para romper el pacto con los gigantes. Loge cuenta, con asombro de los dioses, que nadie en el mundo ha querido renunciar al amor «que es la vida», y por lo tanto, no es posible dar á Fasolt y Fafner nada que equivalga á Freia. Sólo el Nibelungo Alberich maldijo del amor, robó el oro á las hijas del Rhin, y se ha construído él anillo con el que dominará lo existente. Ahora las ondinas piden se les devuelva lo que es suyo.

Todos estos momentos tienen gran intensidad de sentimiento; se ve nacer el mal en estas luchas entre los elementos del mundo, y causan trágica emoción esos dioses y esos gigantes que tratan de dominar eternamente.

La relación de Loge es una página de poesía admirable. Al decir que en vano buscó quien renunciase al amor, se oye una característica transformación del tema [8], de melancólica apariencia [8, b]. Cuando habla el dios de que en el mundo vió el amor en todo lo que vive una suavísima melodía, sostenida por armoniosos arpegios, parece exhalar la frescura de la naturaleza penetrada por la bienhechora sonrisa de Freia:


á esta melodía se unen los temas ya conocidos del oro de la maldición del amor, del anillo, de las hijas del Rhin, según los evoca el relato, en una maravillosa combinación de los timbres orquestales.

En tanto, los dioses no saben qué decidir; Wotan no se atreve á abandonar á Freia, é impacientes los gigantes, se apoderan de ésta, llevándosela en rehenes; la guardarán todo el día, y si al venir la noche no se les da el oro, Freia será para siempre de los dos hermanos Fasolt y Fafner.

Quedan los dioses angustiados, notándose entonces una niebla luminosa, pero tétrica, que le da pálido aspecto, pareciendo que envejecen ó se mueren; todos miran á Wotan, que está pensativo; de pronto el dios se decide; seguirá el consejo del pérfido Loge, robará el anillo al Nibelungo, pero no para devolverlo al Rhin, sino para apoderarse de sus tesoros y darlos á los gigantes. «¡Ea, Loge! Vamos en busca de Nibelungo, dice, vamos á rescatar á Freia». «¿Pasaremos por el Rhin?», pregunta con ironía el astuto dios del fuego. «Por el Rhin no», contesta Wotan, queriendo desoir su conciencia. Y desaparece con Loge por una grieta del suelo, de donde se escapan vapores sulfurosos que, cada vez más espesos, ocultan los personajes y el sitio.

***

De nuevo cambia la escena: los vapores se van condensando hasta convertirse en negras nubes; y éstas en enormes rocas, cuyo movimiento ascensional causa el efecto de que nos hundimos en las entrañas de la tierra.

La música adquiere tonos sombríos é imponentes. Entre murmullos sordos del tema del fuego se oye la lamentación de la renuncia al amor [9], el tema del oro [5], modificado ahora con siniestro aspecto, el de la amenaza del Nibelungo [4],el del anillo [7], el del peligro de Freia [12], y último, un ritmo persistente de martilleo acentuado.

El ánimo queda en suspenso en este intermedio fantástico. Parecenos descender á un infierno más sombrío que el de Dante. Entre las rocas surgen rojos resplandores y se oye cada vez más distinto el retumbar de yunques, cuyos ecos repercuten en cavernas sin fondo. Son las fraguas de los nibelungos que forjan sus tesoros.

El ritmo de las fraguas se convierte en la orquesta en el tema característico de los nibelungos forjadores de los metales:


Crece aquel ritmo en imponente reiteración y luego se apaga gradualmente, al mismo tiempo que, poco á poco, va apareciendo una caverna subterránea, de la que parten en todas direcciones obscuras galerías. Estamos en el Nibelheim, la región de los nibelungos.

En todo este cuadro escénico la música toma los acentos del dolor y de la tristeza que allí dominan desde que Alberich forjó el anillo con el oro del Rhin, sometiendo á su despotismo á los gnomos. Tal carácter se debe al empleo de los temas cromáticos que aquí se oyen, en rnucho de los cuales se encuentran las notas acerbas y ásperas del despecho de Alberich [3], ahora convertido en odio á todo lo que representa amor, vida y juventud. El gemido tórnase imprecación.

El gnomo ha hecho construir ál hábil forjador Mime un casco que hace invisible á quien se lo pone y pronuncia el conjuro mágico.

Al aparecer la escena de la caverna, sale Alberich maltratando á Mime, el cual se resiste á soltar el casco que acaba de fabricar, porque sospecha el poder oculto que encierra. Toda esta escena musicalmente aparece desarrollada sobre los diseños cromáticos indicados.

Pero Alberich arrebata á su hermano el casco, y se lo pone él diciendo, al mismo tiempo las cabalísticas palabras que acompañan unas significativas armónías: (7) «¡Noche y tinieblas, vuélvame invisible!» [20]; y cada vez que esto hace, desaparece, quedando en su lugar una columna de humo.


El nibelungo, con este último talismán, siente la fuerza de su inmenso poder: «¡Oh, nibelungos, inclináos ante Alberich!», dice con frases musicales [21], de las que se deducirá más adelante un tema nuevo [23], que expresará el ansia febril de dominio experimentada por el perverso gnomo.


Este continúa increpando á los suyos: «¡Despedíos para siempre de la tranquilidad y el reposo! ¡aunque no veáis á vuestro amo, estaréis bajo su dominio!» Y el fantasma de humo desaparece por el fondo, oyéndose alejar la voz imperiosa del gnomo, mientras que de las cavernas salen gritos de los nibelungos azotados por el invisible látigo de su señor. Mime cae desfallecido. La impresión de esta demoniaca escena es terrible.

En este momento salen Wotan y Loge, los cuales interrogan á Mime ofreciéndole luego auxilio contra su despótico hermano. «¿Quién podría conseguirlo?», dice pensativo el enano (y se oye una reminiscencia del tema de la meditación [17]). Cuando Mime está contando sus cuitas á aquellos dos extranjeros, óyese un rumor confuso que se acerca; poco después aparece Alberich, que con un látigo obliga á los Nibelungos á amontonar para él los tesoros. Una turba de gnomos sale de todas partes cargados de alhajas y metales preciosos que depositan ante su dominador: «Id todos -dice éste-, sacad el oro de las inexploradas cavernas! ¡Tiembla y desespérate, pueblo de esclavos: obedece al instante al poseedor de este anillo!» Y quitándose el anillo lo besa, mostrándolo luego á los Nibelungos.

Toda esta imprecación aparece como subrayada por estridentes notas de la orquesta. Las últimas palabras se presentan acompañadas por un tema que expresa el dominio del Nibelungo sobre su raza, y que está, en realidad, constituído por el tema del «despecho del gnomo» [3] (despecho que siente todo el que tiene conciencia de su condición servil), y el del «anillo» [7].


La asociación de ideas que establece así la música, no puede ser más sorprendente (8).

Los gnomos desaparecen, y quedan solos Alberich y los dioses. Entonces cambia el carácter de la escena: la astucia de Loge, aprovecha el amor propio que el orgullo despierta en todos los poderosos. ¿De qué sirven aquellos tesoros acumulados en la región de las tinieblas? Y el Nibelungo no teme descubrir sus pensamientos confiado en su inmenso poder: «¿Ves aquel montón? -contesta- hoy es insignificante, pero llegará á ser formidable y nunca visto. Con él conquistaré el mundo» Frases que dan lugar al expresivo tema qué


crece en progresión ascendente como el montón de oro deseado y la creciente concupiscencia del gnomo, motivo que en forma más determinada se repite cuando exclama el dueño del anillo: «¡Guárdense los dioses, del ejército nocturno cuando desde las profundidades del Nibelheim salga á la claridad del día!»

El diálogo precedente, tiene contrastes que sorprenden. Las frases engañosas de Loge, se oponen con las soberbias del enorgullecido Nibelungo, y la música sigue fielmente estos cambios con bellísimos detalles: así cuando preguntan al gnomo qué hará con su poder, y éste responde: «Cuanto allá arriba en la región de la luz vive, sonríe y ama, os lo robaré, ¡oh, dioses!, con mi puño de oro», se escucha la melodía del amor [18] con acentos alterados y ásperos. Asimismo, cuando Wotan, por un impaciente movimiento de orgullo ante las ambiciosas frases de Alberich, exclama: «¡Muere, vil!», en la orquesta aparece el tema del Walhalla. Todo el diálogo está combinado sobre el tema de Loge y los que evocan las palabras de los personajes.

Loge invita al señor de los gnomos, para que muestre su magia, y el presuntuoso Nibelungo, poniéndose el casco, pronuncia un conjuro que le transforma en un dragón enorme, mientras que después de oirse el tema del casco encantado, de las profundidades de la orquesta se desliza pesadamente una melodía tortuosa.


El astuto dios del fuego, finge asustarse, y dice ál gnomo cuando recobra su forma natural: ¿Así como te puedes agrandar, podrías hacerte pequeño é insignificante? Alberich se transforma en un pequeño sapo, y en este instante dice Loge á Wotan: «sujétalo». Así lo hace el dios poniendo el pie sobre el sapo, y Loge se arroja sobre éste, viéndosele con el casco mágico en la mano á tiempo que Alberich recobra repentinamente su forma y queda fuertemente atado por los dioses. Estos, le arrastran consigo á pesar de sus desesperados y furiosos sacudimientos.

El tema de los dioses [9] aparece con alegres sones, como celebrando la victoria de Wotan. Cambia la decoración en sentido inverso á la mutación anterior, volviéndose á oir los ruidos de las fraguas; sucesivamente, aparecen en la orquesta los temas del fuego, de los gigantes y del Walhalla, que se combinan en característicos movimientos ascendentes. Desvanécense los negros vapores, y aparece de nuevo la cumbre de las montañas, con la misma niebla pálida que envolvía á los dioses.

***

En una escena que ofrece extraordinaria animación del diálogo, y durante la cual, expone la música los principales motivos referentes al Nibelungo (el anillo, el ansia de riquezas, etc.), Wotan dice á su prisionero que si quiere rescate debe pagarlo; accede éste, y pronunciando un poderoso mandato [22], hace que todos los gnomos salgan de las entrañas de la tierra en espantosa legión y pongan ante Wotan sus tesoros. El enano pide á los dioses su casco, pero éstos lo arrojan al montón de las joyas. Por último, Wotan arrebata el anillo á Alberich y suelta al Nibelungo: «Vete, ya estás libre», le dice irónicamente.

El momento este, ofrece una gran tensión dramática: Wotan cometiendo su crimen, faltando á las sagradas leyes por mantener su poder y conquistar á Freia, aparece con sombríos colores. La orquesta recuerda el tema del oro en acordes estridentes.

El Nibelungo, jadeante, llegado al paroxismo de su rabia, mira con horrible sarcasmo á los dioses; un estremecimiento siniestro de la música, parece indicar su reconcentrada ira:


sus palabras se escapan silbantes entre sus labios, y con trágica expresión escupe á los dioses el horroroso saludo á la libertad: «Asi como por maldición obtuve este anillo, maldito sea ahora. ¡A mí me dió su oro riquezas y poder sin límites, pues ahora dé su magia la muerte á quien lo lleve; nunca acompañe la alegría á su poseedor... Así bendice en el momento supremo el Nibelungo su tesoro!»

El acento de las palabras de maldición, es por demás terrorífico; la frase «maldito sea el anillo», se formula en una sucesión de notas de extraordinaria dureza, á las que dan singular relieve un estremecimiento de los bajos que las acompañan, y una especie de peroración derivada del cromático diseño [3] tantas veces aludido. [26]:


Este momento es decisivo en la marcha de la acción dramática, la maldición que consigo lleva el anillo se extenderá por toda la tragedia, hasta que, devuelto á las hijas del Rhin, sea otra vez el oro inocente de antes.

El Nibelungo ha desaparecido por una hendedura del suelo, y Wotan contempla satisfecho el anillo en su mano. La niebla se hace cada vez más clara, y una melodía tranquila y suave se levanta de la orquesta; el ánimo reposa un momento como si saliera de una pesadilla. El tema de la juventud de Freia [14], se deja oir siempre más distinto y acentuado, juntamente con el ritmo de los gigantes; los dioses acuden y también Fasolt y Fafner con su preciosa rehén. Todo parece renacer á la luz, recobran los divinos personajes su natural aspecto y tan sólo en el fondo permanece la neblina ocultando el Walhalla.

Wotan dice á los gigantes que fijen ellos mismos la medida del rescate. «Echad tal cantidad de oro -responde Fasolt- que oculte á Freia, pues tan sólo así podré olvidarla». Los dos hermanos plantan en tierra sus mazas, colócase entre ellas la diosa de la juventud, y empiezan á amontonar oro, armaduras y joyas de todas clases, en deslumbradora confusión. Mientras crece el tesoro, se oye el insistente ritmo de los gnomos [19] que lo fabricaron, el tema de los gigantes [13], el de Freia [12], etc., y como base de todos ellos, en lo más profundo de la orquesta, el ascendente motivo del ansia de dominio que se apodera de los gigantes como antes se apoderó del Nibelungo [23]. A estos motivos se unen los del pacto (aludiendo al que ahora se cumple) [11], de la renuncia al amor [8], etc., dando origen á interesantísimos recuerdos. «Aún veo sus hermosos cabellos» -dice Fasolt mirando á Freia por entre las joyas- y el casco mágico es arrojado al tesoro; «a través de una rendija -insiste el gigante- veo brillar su refulgente mirada; mientras contemple esos ojos divinos, no puedo separarme de Freia». Como no queda ya oro que satisfaga la sed de los constructores del Walhalla, éstos piden el anillo que Wotan lleva en la mano, ¡el anillo del Nibelungo! El dios se niega á esta petición, los gigantes van á llevarse á Freia, alármanse los dioses, y en esta confusión, obscurécese la escena, un resplandor azulado sale de una caverna próxima y en ella aparece la figura de una noble y hermosa mujer, majestuosa y serena como el saber eterno. Erda, la madre primitiva de los seres, la que sabe lo pasado y lo porvenir (9).

Se la ve tan sólo hasta medio cuerpo, el cual ciñe su negra cabellera, y blanca escarcha la cubre formando como un nimbo luminoso que refleja extraña claridad.

La música torna acentos solemnes y proféticos, dando á esta aparición grandioso carácter. Un tema lento aparece [27]; es el mismo del prólogo la melodía de la Naturaleza [1], solamente que ahora se presenta en elmodo menor, que le comunica misteriosa expresión.


Con voz de oráculo dice Erda: «Cede, Wotan: Erda te predice un gran peligro que te amenaza, escucha: cuanto es, tiene su fin. ¡Un día triste amanece para los dioses!» Al pronunciar estas palabras, óyese una sucesión descendente de notas, frase que muere y parece un vago presentimiento del Crepúsculo de los dioses [28]; este tema (nótase la curiosa asociación de ideas) es una inversión del citado tema «creador» de la Naturaleza.


Hay en todo ello una lógica y una transformación de sentimientos, más fáciles de comprender que de explicar. La música y la poesía se completan en admirable síntesis.

Erda se hunde lentamente en el suelo y Wotan queda pensativo. Esta aparición es de un efecto terrible. Las sobrias líneas de la tragedia griega, resaltan aquí fuertemente acusadas, y durante estos momentos, siente pasar el espectador por la escena el poderoso aliento de Esquilo. El «sagrado terror» del antiguo drama, adquiere en la obra, moderna mayor fuerza de intensidad, gracias á la magia de una música incomparable.

Wotan se decide al fin: ya rescatará en su día el anillo que desde ahora pertenece á los gigantes; arrójalo á las joyas y Freia vuelve con los dioses.

Los gigantes recogen su tesoro en un saco enorme, y cuando han de guardar el anillo maldito, se disputan su posesión. La maza de Fafner cae sobre su hermano, y éste queda sin vida, mientras que en la orquesta aparece vibrante y siniestra, con la poderosa voz del metal, la horrenda maldición del Nibelungo [26].

Los dioses permanecen sorprendidos, y Wotan empieza á entrever el alcance de la maldición. Fafner, entre tanto, recoge tranquilamente sus riquezas.

Donner se dirige á lo alto de una roca: «Estas nieblas -dice- pesan sobre mí; voy á formar la tempestad para que luego luzca azul y en calma el cielo». Agita su poderoso martillo llamando á las nubes: «¡A mi, las nubes; Donner, vuestro señor, os lo manda!» Esta soberbia invocación está realizada de un modo genial; sobre los vertiginosos diseños de la cuerda, que parecen los torbellinos de las nubes y los vapores, aparece la llamada de Donner, que apoyan triunfalmente los trombones.


Las nubes forman espesa masa, cada vez más obscura, ocultando al dios de la tempestad; óyese el choque del martillo contra las rocas, rasga el rayo la nube, y retumba fortísimo trueno. Donner llama á Froh, el dios de la primavera para que enseñe á los dioses el camino, y Froh desaparece también en la nube. Al momento se desvanece ésta, viéndose un espléndido arco iris que forma sobre el valle un luminoso puente que conduce al Walhalla. El palacio brilla refulgente y deslumbrador á los rayos del sol que se pone. Donner y Froh están á la entrada del puentte maravilloso.

Una suave melodía sube lentamente de la


orquesta entre arpegios dulcísimos de la cuerdda cuyas notas se entrecruzan como las frescas gotas de la lluvia de primavera. Luego se oyen los majestuosos acordes del Walhalla [9]; Wotan contempla extasiado la obra que creó su deseo: «¡Libre de zozobras y de temores, yo te saludo, alcázar mío! ¡Sígueme, esposa, vamos á vivir en nuestro Walhalla!». El dios ha pronunciado por primera vez la palabra que revela sus secretos pensamientos (10).

Creará héroes que ayudarán á los dioses á conquistar el anillo y afianzar su poder; el Walhalla será la morada de los dioses y también la de los héroes. Por eso, cuando Fricka pregunta á su esposo que significa tan extraño nombre, dice Wotan: «Lo comprenderás cuando tus ojos vean lo que cree mi valor para vencer el miedo». En efecto, la resolución de Wotan al concebir su idea, coincide con un tema vibrante y heroico lanzado por los instrumentos de metal: es el tema de


la espada que Wotan forjará para los héroes, el símbolo de la nueva fuerza que se propone crear el dios para conseguir los deseos de su voluntad.

Entre tanto, los dioses marchan á la mansión que edificaron para entronizar su dominio. ¿Llegarán á poder eludir las leyes del destino? ¿Se realizarán las obscuras palabras de Erda: «Cuanto existe, tiene su fin»? Loge, rezagado, dice: «¡Cómo corren á su fin los que tan fuertes se creían! De buena gana me convertiría en la ardiente llama que fui, para destruirlos en vez de perderme con ellos..., lo pensaré»... Y se junta con los dioses. Entonces, del fondo del valle sube un canto triste y armonioso; son las hijas del Rhin que piden su oro. Wotan, desde el puente, manda á Loge que haga callar aquel canto que parece la voz de su propia conciencia, y el malévolo dios dirige este sarcasmo á las ondinas: «Escuchad lo que dice Wotan: ya no brilla para vosotras el oro: contentáos con el nuevo esplendor de los dioses».

El poder suele tener esas burlas sangrientas con los débiles.

Las hijas del Rhin, dejan oir su lamentación «Sólo en el fondo de las aguas está la verdad, arriba todo es cobardía y fingimiento». Los dioses indiferentes y altivos, pasan el puente, cada vez más luminoso y brillante; mientras en la orquesta, una explosión de sonoridades, deja oir el tema del arco iris, que adquiere las grandiosas proporciones de un himno á la majestad de los divinos personajes.

Así termina el prólogo de la Tetralogía, dejando la impresión de lo sobrehumano en aquellas luchas entre los elementos primordiales del mundo, y queda el ánimo en espera de acontecimientos grandes que la magnitud de los pasados hace presagiar.

***

El prólogo de EL ANILLO DEL NIBELUNGO deja pues, planteada la tragedia. El conjunto es de una claridad admirable, si se ejecuta según las indicaciones del autor, y tanto el poema como la música, aparecen unidos en íntimo consorcio.

El lector curioso puede notar en esta Tetralogía (cuya larga elaboración tanto se relaciona con la vida del poeta) los cambios que va sufriendo la personalidad de Wagner, siempre en progresión ascendente hacia el perfeccionamiento de la expresión. En El oro del Rhin, todavía pueden notarse vestigios de formas melódicas, peculiares de las obras anteriores de Wagner; los parajes declamados ofrecen todas las trazas de losrecitativos de Rienzi ó de las fórmulas de Tannhäuser. En este sentido, los dramas siguientes (sobre todo los dos últimos, Siegfried El Crepúsculo de los dioses) ofrecen mayor concisión y mayor energía en la acentuación musical de las palabras. Los que niegan á Wagner melodía (¡cuán pueril nos parece hoy este cargo!), pueden observar la riquísima variedad que ofrece el Prólogo de la Tetralogía, en el cual se ven hasta fragmentos líricos bien determinados, formando en realidad, verdaderas piezas de canto, por ejemplo: el relato en que Mime cuenta sus cuitas á Loge y á Wotan; la delicada fantasía de Loge cuando explica su viaje al mundo en busca de alguien que renunciara al amor; el apóstrofe del gigante Fafner á Wotan para que cumpla lo pactado; la magnífica invocación de Donner á la tempestad..., fragmentos todos ellos que revelan la riqueza de invención deWagner, así como su incomparable vigor dramático.

En cuanto á la orquesta, parece un organismo que vive, que palpita y siente con la acción teatral. Los «temas conductores», ya en las voces, ya en los instrumentos, los llevará el músico á través de la partitura como sangre vivificadora de las ideas del poeta, á las que dan exuberante plasticidad. Cada cuadro del prólogo, nos ofrece el contraste más sorprendente. Después de la creación formidable á que parecemos asistir en el preludio, van naciendo las melodías con todo el carácter, con toda la fisonomía que les prestan los momentos que la sugieren. La melodía de la Naturaleza primitiva y eterna, servirá para adaptarse á todo cuanto signifique lo elemental y permanente: Erda (la Tierra), las ondinas (el elemento de las aguas, de donde nacen los mundos, según el Edda), las Nornas (las tres parcas: Presente, Pasado y Porvenir), y las Walkyrias; todos estos personajes, símbolos de lo originario, de lo que es el fondo de la existencia, aparecerán caracterizados por aquella melodía, más ó menos modificada

Los dioses, con sus acordes tonales, nos hacen sentir la majestad de los moradores del Walhalla. Los gigantes y los nibelungos tienen sus ritmos y sus armonías que se oponen. En resumen, el conjunto es completo por su equilibrio y sólidas bases.

Y luego, la convergencia de los efectos, esa conjunción que juzgaba Taine como exigencia de una obra completa de arte, aparece realizada plenamente. Con justicia ha podido decir M. Kufferath, que se necesitan la incomprensión más voluntaria y el prejuicio del más vulgar y estrecho realismo, para considerar este prólogo como ininteligible. No se trata, en efecto, de alegorías ni abstracciones, sino que «ante nosotros aparecen nuestra misma vida, nuestras faltas y desenfrenos, nuestras luchas vanas y sangrientas que crea la egoísta persecución del interés personal, presentados ahora en el brumoso pasado, en el fantástico alejamiento de un mundo imaginario de dioses, gigantes, gnomos y ondinas. Hasta las fuerzas de la Naturaleza tienen su parte en esta divina comedia, como sucede con la tempestad final, que purifica el aire restableciendo la calma por cortos instantes, entre las pasiones y los elementos desencadenados».



NOTAS

(1) Nace la Tetralogía, como los seres, de un germen. Primeramente se oye un sonido (mi bemol), al cual se une, siempre en reposo, la quinta justa (si bemol), esto es, la armonía más elemental que ofrece la música. Lentamente empiezan á moverse estas notas junto con el sol natural, que fija decididamente el acorde fundamental mi bemol mayor; este movimiento origina la primera melodía, que, corno se ve, no es más que la sucesión de las notas componentes de este acorde primario y elemental.

Conviene no olvidar que los temas musicales (leit motive) no significan en absoluto lo que indican los nombres con que se les designa para poder distinguirlos. Téngase presente lo dicho en el cap. IV en este respecto: los temas tienen una significación general, representando de ordinario el sentimiento dominante en el momento de su aparición. También debe tenerse en cuenta que sólo estudiaremos las combinaciones temáticas más importantes: lo contrario necesitaría un análisis de la Tetralogía, casi compás por compás, que resultaría enojoso para el lector no muy versado en música.

(2) Nibelheim, país de las nieblas. Los nibelungos son los gnomos, los hijos de la Noche, raza inferior enemiga de los dioses. Personifican las fuerzas misteriosas que existen en las entrañas de la tierra, y también la malicia, la envidia, el utilitarismo; renuncian al amor, pero no al placer; por eso en el último drama de la Tetralogía (Crepúsculo de los dioses) aparece Hagen, hijo de Alberich y de una reina que se entregó al enano por sed de riquezas.

(3) Estos acordes se asociarán más tarde al sentimiento de odio del Nibelungo (tema [25]).

(4) Más adelante sufrirá una importante módificacion esta frase; véanse temas [14] y [8, b].

(5) Walhalla, palabra femenina en alemán (el uso general entre nosotros le da significado masculino), equivale á Mansión de los elegidos (Wahl, elección, y hall, morada), ó también a Palacio de los muertos (Wahl,cuerpo sin vida), y Mansión de los escogidos (Wahl-elección). Según la mitología, eran llevados al Walhalla los héroes que morían combatiendo.

Recuérdese lo dicho en el cap. III. La falta originaria que causa todas las catástrofes que han de suceder, es la de los dioses que, llevados de su orgullo dominador, quieren eternizarse en el poder desafiando al destino. Por reinar desde el Walhalla, por no querer que un día llegue el, fin de su imperio, permitirán aquellos que el oro del Rhin quede sin ser devuelto á las ondinas y causando todos los males que luego ocurrirán.

(6) Loge, dios del fuego y de la astucia, movible como la llama, y como ella, acechando el momento oportuno para convertirse en elemento devorador. Wotan le dominó con su voluntad, obligándole á ser compañero de los dioses (símbolo del dominio que la voluntad puede tener sobro las fuerzas ciegas de la naturaleza); pero sólo le gusta á Loge aquella compañía, en tanto no puede recobrar su libertad primitiva. Loge es astuto; sus irónicos consejos siempre son los de un ser que se siente superior á los que le rodean; al terminarse El oro del Rhin, manifiesta su aversión hacia los dioses que tantos esfuerzos hacen para sostener su efímero reinado (véase el fin del presente capítulo). En el final de la Tetralogía se realiza el triunfo tardío de Loge.

Freia es la Venus germánica; diosa do la primavera, de la juventud y del amor, en su jardín se crían las manzanas de oro que dan la juventud permanente. Froh, compañero de Freia es el dios de las flores y de la alegría, que forma la lluvia refrescante de Mayo.

Donner, dios benigno, con sus tempestades purifica el aire y trae la fecundante lluvia del verano; su ceño son las nubes, y cuando hiere las cimas de las montañas con suenorme martillo, las chispas son relámpagos y el ruido del golpe es el trueno.

(7) Puede observarse la persistencia de las dos notas cromáticas á que tanto aludimos, y que siempre se relacionan con la idea siniestra del maléfico enano, cuyo despecho y odio son los característicos de un ser que renunció al amor. El tema [3], se ve en la segunda mitad del motivo del casco mágico, precisamente correspondiendo á la palabra noche del conjuro. El primer compás de este mismo tema ofrece invertido el diseño en cuestión (re sostenido, mi natural).

(8) Mr. Wolzogen descompone muy ingeniosamente este tema, en tres partes: 1ª, el motivo del despecho; 2.ª, el del anillo maldito, y final del tema, especie de aspecto triunfal de un leitmotive que aparecerá luego [23] asociado á la idea del crecimiento de los tesoros, es decir, de la creciente ansia de poder del Nibelungo: es como si la música anticipase el sentimiento del triunfo de Alberich, al traducir sus pensamientos. Como se ve, la unión entre la poesía y la música se realiza constantemente en el drama, evócando ó anticipando los sentimientos, viviendo con conciencia de los personajes. Pero hemos de insistir en que esta forma de arte teatral, es consecuencia del temperamento de Wagner como músico-poeta, el cual realiza su labor artística libremente. La obra no es el resultado de estas combinaciones, sino más bien ellas nacen de la obra; por esto es genial la creación de Wagner: por lo inagotable que resulta luego para el análisis.

(9) Erda (la Tierra) es diosa del tiempo y del destino. Sabe cuanto existe y existirá en el mundo actual; «su sueño es visión, su visión es pensamiento, y su pensamiento, la sabiduría imaginaria». Sus hijas son las tres Nornas (Parcas) del pasado, el presente y el porvenir, que hilan el hilo de la vida, representado en dichos tres aspectos. La voluntad de Wotan pudo un día llegar á someter á la profetisa, gracias á lo cual, adquirió el dios la ciencia y conoció las leyes del mundo, grabándolas en su lanza, y por cuya conservación debe velar; pero Wotan sólo pudo obtener el saber de «entonces» y no el de lo porvenir. La sabiduría costó á Wotan la pérdida de un ojo, símbolo de lo que cuesta penetrar los secretos del mundo.

(10) Recuérdese la significación de esta palabra.