Desde el punto de vista del Ocultismo Cristiano o Sabiduría Occidental, de la Fraternidad Rosacruz. Conferencia, enero de 1999.
El anillo del nibelungo
Por Francisco-Manuel Nácher López

EL ORO DEL RIN

1.- La nota clave del cuerpo vital es la repetición. De él se extrae el alma intelectual, que es el alimento del Espíritu de Vida, el verdadero principio crístico en el hombre. Como quiera que la labor de occidente consiste en desarrollar el Cristo Interno, la repetición de ideas es esencial para ello. Y todos obedecemos esa ley inconscientemente, precisamente aprovechando el mecanismo de la actuación por medio de hábitos.

2.- El cuerpo de deseos es de más reciente adquisición y menos denso, por lo que es más impresionable, pero menos retentivo y, por eso, las emociones se disipan rápidamente.

3.- Cuando las ideas y aspiraciones llegan al cuerpo vital a través del aura envolvente, éste sufre sólo un ligero impacto, pero los efectos de las lecturas, conferencias, estudio, sermones, etc. son de naturaleza duradera. Y muchos impactos similares crean tendencias poderosas para el bien o para el mal.

4.- Con el fin de aprovechar esta Ley de Impactos Acumulados, vamos a estudiar otro de los mitos relativos al alma, que esclarece el misterio de la vida y del ser, para que podamos conocer y comprender de dónde hemos venido, por qué estamos aquí y adónde vamos.

Dijimos ya que los mitos son grandes verdades cósmicas en forma de alegorías que el espíritu capta sin razonar.

5.- Los espíritus grupo de las especies animales actúan a través de sus cuerpos de deseos, enviándoles las imágenes que les indican lo que han de hacer. Los mitos actúan de un modo parecido y gracias a ellos la Humanidad ha podido llegar donde actualmente se encuentra. Incluso ahora, ya que la evolución no ha concluído, siguen influyéndonos aunque no nos apercibamos de ello. Y unos son más sensibles que otros a sus mensajes.

6.- La civilización, y con ella la evolución, ha ido del Este al Oeste. En el Oeste, en las costas del Pacífico, se está más en contacto con las realidades espirituales. En el Este, en Europa, se está aún más cerca del misticismo y de los mitos. La vida del alma de los habitantes de Noruega, de Escocia, de la Selva Negra o de los altos de Suiza es tan profunda y mística hoy como hace mil años. Están más en contacto con los espíritus de la naturaleza y otras realidades fantásticas y suprafísicas, mientras que en Occidente se tiende más al saber directo. Si logramos amalgamar las dos posturas, obtendremos una gran ventaja. Y vamos a intentarlo estudiando uno de los mitos más profundos del pasado, El Anillo del Nibelungo, el poema épico del norte de Europa. Contiene la historia del hombre desde los tiempos de la Atlántida hasta que este mundo termine con una gran conflagración y se establezca en los Cielos, como anuncia la Biblia.

7.- La primera escena, que se desarrolla cuando aún el hombre era inocente, tiene lugar bajo las aguas del Rin, donde las doncellas nadan con movimientos rítmicos al tiempo que cantan imitando las olas. Éstas están iluminadas por un enorme y reluciente bloque de oro, a cuyo alrededor danzan las doncellas, como lo hacen los planetas en torno al sol.

Las doncellas del Rin representan a la Humanidad cuando vivía en el fondo del océano, en la densa y acuosa atmósfera de la Atlántida. El oro que les alumbra representa el Espíritu Universal, que entonces se extendía como una nube sobre la Humanidad. Entonces no podíamos ver las personas y los objetos con la claridad de hoy, pero percibíamos internamente sus cualidades anímicas.

El Espíritu Universal se siente como un “yo”, un ego separado de los demás. Pero esa sensación, ese principio separatista no estaba aún en la mente de los hombres de entonces. No había conciencia del “mío” ni del “tuyo”. Éramos una gran familia, hijos del Padre Divino. Ni nos preocupaba el alimento ni el vestido. El tiempo era sólo juego y diversión.

8.- Esta situación, sin embargo, no podía durar mucho o hubiera sido imposible la evolución. Y, lo mismo que los niños crecen y han de enfrentarse a la vida y sus problemas, los atlantes tuvieron que ir subiendo a las alturas, a medida que las aguas de la atmósfera se fueron precipitando sobre los valles. Es la etapa de Noé y del paso del Mar Rojo, que no son sino alegorías del mismo acontecimiento.

En tales condiciones, sin embargo, el hombre no tenía consciencia de su individualidad. Hacía lo que le ordenaban las Jerarquías a su cargo. Esa individualidad la obtuvo cuando Lucifer le sugirió que podía convertirse en un dios y conocer el Bien y el Mal.

Ese momento lo representa Albérico, uno de los atlantes, nibelungos o hijos de la niebla, ya que “nebel” significa “niebla” y la terminación “ung”, “hijo de”. Albérico, pues, ambicionaba el oro que tanto brillaba en el fondo del Rin.

Le habían dicho que, quien se apoderase de él y le diese forma de anillo, dominaría a todos los demás y al mundo entero. Así que nadó hasta la gran roca sobre la que estaba, lo arrancó y subió con él a la superficie, perseguido por las desconsoladas doncellas del Rin que veían su tesoro perdido.

Apenas llegado a la superficie, una voz le dice que no podrá darle forma de anillo ni obtendrá ningún poder si no abjura del amor, cosa que Albérico se apresura a hacer.

Albérico representa al buscador, al evolucionado que desea conquistar nuevos mundos. Tales individuos fueron los primeros a los que el Espíritu Universal dotó de alma y emigraron a la parte alta y montañosa. Y, al aclararse la atmósfera, pudieron verse y reconocerse como seres distintos. Y empezaron a darse cuenta de que cada cual tenía sus propios intereses y de que para satisfacerlos debía esforzarse, sin tener en cuenta los intereses de los demás.

De ese modo el espíritu trazó un anillo en torno suyo. Todo lo que estaba dentro era “yo” y era “mío”. Y todo lo externo era ajeno y antagónico. Por eso, al adoptar esa postura, abjuró del amor que hasta entonces había presidido su vida. Porque sólo así, abjurando del amor, podía ocuparse de sí mismo sin hacerlo por las necesidades de los demás.

Pero Albérico no era el único que trazaba ese anillo en torno suyo. Los dioses están también evolucionando y, obedeciendo el axioma oculto de que “como arriba es abajo y como abajo es arriba”, también ellos trazan un anillo en torno a sí, porque en el cielo hay también sus guerras por la consecución del poder, como podemos comprobar con las luchas entre pueblos, dirigidas por los Espíritus de Raza, contenidos en la Biblia, sobre todo en el Libro de Daniel.

9.- El Ego, pues, por haberse rodeado de un anillo - símbolo de que el espíritu no tiene principio ni fin - llegó a convertirse en una entidad separada. De modo que, dentro de ese anillo, es soberano, libre y se basta a sí mismo, oponiéndose a la pretensión de cualquier otro Ego de invadir sus dominios. Se había colocado, pues, fuera del recinto de la confraternidad. Se convirtió en el Hijo Pródigo. Pero la religión vino en su auxilio, para hacerle ver que ese mundo por él creado no le conduce más que a la muerte, y enseñarle el camino de retorno a la casa del Padre.

En el mito que estudiamos, los custodios de la religión se consideran como dioses. El jefe es Wotan, el Mercurio nórdico (aún se llama al miércoles wotansday o wednesday en algunos países nórdicos). Freya, la Venus nórdica - el viernes -, era la diosa de la hermosura y alimentaba a los dioses con manzanas de oro que conservaban su juventud. Tor, el homólogo de Júpiter - el jueves, - conduce su carro a través de los cielos. El ruído que hace son los truenos, y los relámpagos son las chispas que su martillo despide cuando hiere a sus enemigos. Loge es el dios del sábado - Saturno, Saturday - y la encarnación del Engaño.

En el mito se hace referencia también a épocas anteriores, con dioses inferiores a los citados, dioses del agua, por ejemplo. Y se dice que cabalgaban cada día hasta el lugar en que se administraba justicia, atravesando el “puente del arco iris”, llamado “Bifrost”. Está claro, pues, que se refiere a la época en que los hombres vieron por primera vez ese arco en el cielo que Jehová aseguró ser el signo de su alianza con Noé. El arco iris y las estaciones cambiantes, pues, permanecerán con nosotros hasta la nueva Época.

10.- La verdad es universal e ilimitada. Pero, cuando el hombre se envolvió en su anillo limitador, se hizo incapaz de comprender la verdad absoluta. Por eso, una religión que hubiera contenido toda la verdad le hubiera resultado incomprensible y, por tanto, inútil. Y, por eso también, se le fueron dando al hombre religiones cada vez más avanzadas, a medida que él mismo iba ampliando su capacidad de comprensión.

Por esa razón, los dioses - arcángeles, espíritus de raza - se nos presentan como deseosos de construir sus propios castillos en torno suyo para desde allí combatir la fe contraria. Y, aconsejados por Loge, hacen un trato con los gigantes Fafner y Fasolt, que representan el egoísmo, para construir esa muralla de limitación. Y la construyen. Pero, desde ese momento, los dioses han perdido la luz y el saber universales, de que hasta entonces disfrutaban. Y por eso el mito cuenta que, una parte del precio que tuvieron que pagar a los gigantes constructores tenía que ser el Sol y la Luna. Cuando, además, la religión se ha autolimitado tras la muralla de un credo, entra en ella el espíritu de la decadencia y envejece. Por eso el mito dice que Wotan, la sabiduría y la razón, consintió en entregar a los gigantes la manzana de la juventud y la diosa de la belleza Freya. De ese modo, por escuchar a Loge, los dioses perdieron sus luces, su sabiduría y su eterna juventud. Aunque, hemos también dicho que esto era necesario porque el hombre, dada su autolimitación, no podía comprender la verdad absoluta, cosa que aún no le es posible en nuestros días.

El poder espiritual de la religión se simboliza en el mito por la lanza de Wotan, en cuyo mango se grabaron, con letras mágicas, los términos del acuerdo de la entrega de Freya a los Gigantes. La lanza, con ello, quedó debilitada porque cuando la religión pacta con los poderes materiales, pierde su poder espiritual.

11.- Según sus creencias, sólo los guerreros que morían combatiendo eran conducidos al Walhalla, el paraíso nórdico, ya que Wotan sólo quería allí guerreros fuertes y poderosos. Los que morían de enfermedad o en la cama, iban al mundo inferior de Hel (infierno: en inglés “Hell”, en alemán “Hölle”). Esto nos está diciendo claramente que los nobles y valerosos luchan sin tregua en la batalla de la vida, mientras que los que faltan a sus obligaciones y, más que trabajar en el mundo, buscan su paz y su tranquilidad y comodidad, no pueden aspirar a progresar en la escuela de la vida. Tampoco nos bastará luchar durante una temporada. Ha de ser toda la existencia. Es, en el fondo, la misma lección que nos da de San Pablo cuando nos encarece a “hacer paciente y persistentemente el bien”. Porque, a pesar del anillo del Nibelungo (la limitación de la separatividad) y el anillo de los dioses (el credo y los convencionalismos religiosos), podemos estar seguros de evolucionar si cumplimos nuestras obligaciones lo mejor que podamos. Veremos más claro a través del velo del individualismo.

12.- Mientras la mayor parte de la Humanidad se ocupa de seguir y de cuidar las religiones ortodoxas, van apareciendo unos cuantos líderes, cuya intuición les habla de niveles superiores, y ven la luz por encima de la muralla del credo, y suspiran por la manzana de la juventud y por el Amor, vendidos por los dioses a los gigantes. Y los dioses, perdida la manzana de la juventud y perdida la diosa del amor, envejecen rápidamente, ya que una religión sin amor no puede atraer por mucho tiempo a los hombres. Por ello, los dioses fueron obligados a consultar de nuevo a Loge, la astucia y el engaño, para salir de esta situación.

Loge les dice que Albérico ha acumulado un gran tesoro esclavizando a sus hermanos. Los dioses le permiten a Loge que utilice sus artes engañosas para capturar a Alberico y hacer que devuelva su tesoro. Luego, aprovechando la avaricia de los gigantes, Loge rescata a Freya, pero ha de dar, a cambio, el anillo a los Gigantes.

Así pues, la maldición del anillo , la separatividad, el egoísmo, ha corrompido hasta a los dioses. Para obtener el poder, Albérico tuvo que abjurar del amor, oprimió a sus hermanos y los esclavizó. La religión, por su parte, abjuró del amor vendiendo a Freya y condescenció con los amos del mundo haciéndoles pagar un tributo. Y, cuando el anillo llegó a manos de los gigantes, les ocurrió lo mismo: Un hermano asesinó al otro para ser el único dueño de la riqueza del mundo.

Los dioses han rescatado, pues, a Freya. Pero ésta ya no es la misma pura diosa del amor de antes. Ha sido prostituída y es sólo una apariencia de la antigua Freya. Y ya no puede satisfacer a aquellos cuya intuición penetra por debajo de la superficie, los “Wahlsung”(viene de “wählen”, elegir, y “ung”, hijo de), los hijos de la voluntad de escoger libremente, los que quieren decidir su propio sendero y seguir su propio instinto divino.

LA WALKIRIA

13.- Las Walkirias, que dan título de la segunda parte del gran drama cósmico de Wagner, son las hijas de Wotan, como también lo son los Wahlsung.

Brunilda, el Espíritu de la Verdad, era la primera entre ellas, que representaban a las demás virtudes. Era, pues, la favorita de su padre.

Cuando los dioses se limitaron a sí mismos mediante el anillo, el credo y el dogma, y perdieron la universalidad de la verdad, los Wahlsung, los buscadores sinceros de la verdad, se sublevaron.

Adelantándonos a la acción, diremos que Sigmund, el valiente que es capaz de buscar la verdad aún a riesgo de cualquier cosa, puede ser asesinado como consecuencia de su audacia. Y Siglinda, su hermana, y luego su esposa, puede morir de desesperación. Pero ella transmite el ansia por la verdad a su hijo Sigfrido, “el que gana la paz mediante la victoria”, de modo que, lo que una generación de buscadores de la verdad no ha logrado, lo consiga la de sus sucesores y, finalmente, la verdad triunfe suprema.

Así que, cuando Sigmund, empujado por su deseo de encontrar la verdad, abandona el Wahlalla, Wotan se indigna y, para frenar el espíritu independiente de los Wahlsung ordena el casamiento de Siglinda con Hunding, el espíritu del convencionalismo. Ella, sin el valor de su hermano para abandonar las tradiciones de sus antepasados como él ha hecho, se abandona en brazos de Hunding. Simboliza, pues, a aquellos que, aunque rebeldes en su fuero interno, se “casan”, es decir, se acomodan a las normas del mundo y temen infringir las de la iglesia. Recordemos el pasaje del joven rico del Evangelio, que desistió de seguir a Cristo a cambio de seguir con sus posesiones.

Un día Sigmund llega por casualidad a casa de Hunding y no reconoce a Siglinda. Pero, cuando ambos se dan a conocer, aquél propone a su hermana que huya con él. Saben que este ultraje, esta infracción de los convencionalismos, no lo perdonarán los dioses y, para preparar la batalla que saben llegará, se llevan con ellos una espada mágica llamada Notung.

Not significa necesidad, por lo que Notung viene a ser “hijo de la necesidad”. La espada, pues, es el hijo de la necesidad, de la desesperación. Había sido enterrada, hasta la empuñadura, en Yggdrasil nada menos que por el propio Wotan, para evitar que pudiese ser usada en un caso como éste.

14.- Vamos a hacer una digresión para comprender mejor lo que sigue en la obra de Wagner:

Yggdrasil, el Árbol de la Vida, se eleva desde la tierra hasta el cielo. Una de sus raíces está en los mundos inferiores, donde reina Hel, una terrible bruja, sobre los que murieron de enfermedad y no estaban calificados para habitar en el Wahlalla por haber sido indolentes en la batalla de la vida.

Hel tiene tres hijos de su misma naturaleza que, permanentemente, luchan con los dioses que cuidan amorosamente de los hombres. Representan a los elementos que forman el mundo material, en el que reina la muerte. Uno de esos hijos es la serpiente Midgaard, un monstruo prodigioso que rodea al mundo en forma de círculo y que se muerde su propia cola. Representa el Océano. El segundo es el lobo Fenris, tan sutil y tan fuerte que nada puede detenerlo. Representa la atmósfera que rodea la tierra y los vientos que la habitan. Y el tercero, Loge, del que ya hemos hablado, es el espíritu del engaño y de la ilusión.

Otra raíz del Árbol de la Vida, Yggdrasil, está en el caos, con los Gigantes de la Escarcha, de la que salió el universo.

La tercera raíz está en la morada de los dioses.

Debajo de la raíz que está en los dominios de Hel, yace la serpiente Nidhog, el Espíritu de la Malicia y de la Envidia, enemigo, por tanto, del Bien, ya que “Nid” significa envidia y “Hog” significa derribar.

Como el Árbol de la Vida, Yggdrasil, vive del Amor, Nidhog quiere derribarlo y sepultarlo en el infierno de Hel.

Pero, bajo la raíz que está en la morada de los dioses existe una fuente, llamada Urd, de donde las tres Parcas o Nornas sacan el Agua de la Vida, el ímpetu espiritual, con la que riegan el Árbol de la Vida y conservan así sus hojas verdes y frescas.

Esas tres Parcas se llaman: Urd, Skuld y Verdante. La palabra Urd viene de “Ur”, que significa lo primordial, lo original. Esta Norna hila en su rueca el hilo del destino generado por nosotros en el pasado y se lo pasa a su hermana Skuld, que significa Deuda, quien se lo pasa luego a la tercera, Verdante, que significa “el futuro, lo que tiene que llegar, lo que está formándose”. Cuando el hilo llega a sus manos, lo rompe en pedazos, significando que, una vez pagada una deuda de destino, está pagada para siempre.

Debajo de la segunda raíz, en el reino de los Gigantes, está el manantial de Mime.

Esos Gigantes de la Escarcha existían antes de nacer el mundo y contribuyeron a su formación, por lo que conocían muchas cosas que los dioses ignoraban. Por eso el mismo Wotan, dios de la Sabiduría, tenía la costumbre de ir al manantial Mime para beber sus aguas y recibir así el conocimiento del pasado. Y también tenía que beber de la fuente de Urd para poder renovar su vida.

Nos indica toda esta descripción que las Jerarquías que nos ayudan en la evolución están, a su vez, aprendiendo y eso demuestra que están sujetas a error y explica por qué Wotan, su jefe, tiene que facilitar la espada Notung a aquellos en cuya contra él se había equivocado. Es el caso de Jehová, al no haber previsto en su esquema de evolución para el Período Terrestre, del que está encargado, la intervención de los Luciferes y sus consecuencias, la principal de las cuales fue la necesidad de la Redención por el propio Cristo.

15.- Cuando Sigmund y Siglinda, reconfortados con la posesión de Notung, abandonan la casa de Hunding para buscar la verdad por el mundo, Hunding, sin decir nada a Wotan, sale en su persecución con la intención de matarlos. Enterado Wotan, ordena a la walkiria Brunilda que esté presente, aunque invisible, en la lucha que se avecina y que luche a favor del Hunding, el convencionalismo. Pero el Espíritu de la Verdad, que es Brunilda, no puede combatir contra el buscador de la Verdad. Y por eso Brunilda, apenada, se niega a obedecer la orden de su padre. Y cuando, en plena batalla entre Sigmund y Hunding, aquél está a punto de vencer a éste, Wotan interpone su lanza, al chocar contra la cual se rompe Notung, la espada de Sigmund, que muere a consecuencia de un golpe propinado por Hunding.

Vemos, pues, que la Verdad está siempre del lado del que la busca y lucha contra los convencionalismos, tanto religiosos como civiles. Pero que, cuando el poder de la religión está ayudado por la fuerza del credo, representado aquí por Wotan, muchas almas sinceras son vencidas, aunque no convencidas. Recordemos a Galileo y su juicio por la Inquisición. Y recordemos también su ¡Eppur si muove! (¡Pero se mueve!) No importa, pues, que Sigmund muera y que Siglinda le siga a la tumba con el corazón destrozado cuando, asistida por Brunilda, haya dado a luz a Sigfrido, el vencedor. Porque la sed de verdad, una vez despertada, nunca se apaga hasta que es satisfecha.

Wotan, sin poder abandonar el Wahlalla, el anillo del credo, se ve obligado a alejar de su lado a su hija Brunilda, espíritu de la Verdad, por haberle desobedecido, ya que una de las características del credo religioso es el ser autocrático y no admitir contradictores. Pero, como todas las religiones, en el fondo, están inspiradas por el amor y por el deseo de ayudar a la Humanidad, Wotan siente un enorme dolor al tomar esa decisión, indispensable para su táctica, a la que permanece pegado, a pesar de los ruegos de su hija.

Es terrible separarse de la verdad. Y Wotan lo experimenta cuando, limitado por el credo, tiene que hacer dormir a Brunilda con estas palabras: “No despertarás hasta que venga uno que sea más libre que yo”. En estas palabras está Wagner exponiéndonos la clave de la búsqueda de la verdad, ya que resuenan como aquéllas pronunciadas por Cristo: “El que no abandone a su padre y a su madre, no puede ser mi discípulo”. Ya que hay que abolir todas las limitaciones para tener éxito en la búsqueda de la verdad.

16.- Además de eliminar todas las limitaciones, sin embargo, para la conquista de la verdad, hace falta otro requisito: vencer el miedo a quedarse solo, a ser el objeto de las burlas y los desprecios de las gentes más queridas porque ellos no pueden compartir nuestra necesidad irresistible de verdad y no encuentran, por tanto, lógica, nuestra conducta.

También este aspecto se refleja en la obra de Wagner. Por eso, cuando Wotan sumerge a Brunilda, el Espíritu de la Verdad, en un profundo sueño, pronuncia su sentencia con tristeza, sabiendo que “el amor perfecto hace huir al miedo”. Brunilda es abandonada, dormida, sobre una roca desierta, rodeada eternamente por un círculo de fuego alimentado por Loge, el Espíritu de la Ilusión. Nadie, pues, salvo un hombre libre, un alma independiente e intrépida, puede abrigar la esperanza de penetrar en ese círculo de alucinación - convencionalismos - y vivir amando al Espíritu de la Verdad, siempre adorable y juvenil.

SIGFRIDO

17.- Los Wahlsung sólo tienen ya un representante, el niño Sigfrido, que quedó en la cueva de Mime, el nibelungo, abandonado allí por su moribunda madre Siglinda.

El niño crece y se convierte en un gigante fuerte y sano, en contraste con el enano y feo Mime, que se hace pasar por su padre. Sigfrido duda de esa paternidad porque observa que, en el bosque, todas las criaturas se parecen a sus padres excepto él.

Cuando, un día, Sigfrido, con su prodigiosa fuerza, captura un oso gigantesco y lo lleva a la cueva de Mime, éste siente miedo, sentimiento totalmente desconocido para Sigfrido.

Mime es el más famoso herrero de los nibelungos y ha hecho muchas espadas para el joven Sigfrido, pero las rompe todas a causa de su enorme fuerza. Ha intentado soldar de nuevo la espada Notung, que Siglinda le entregó al llegar a su cueva, rota al chocar contra la lanza de Wotan. Pero esa espada sólo puede ser trabajada y empuñada por alguien sin miedo. Por eso, a pesar de todos sus intentos, no ha logrado soldarla. Un día Sigfrido se ríe de él por su incapacidad para hacerle una espada que resista su fuerza y entonces Mime saca los pedazos de Notung y se los entrega diciéndole que pruebe a ver si él es capaz de soldarlos. Sigfrido, a pesar de su poca pericia, logra hacerlo y se prepara así para la búsqueda de la verdad. Y del saber.

Vemos aquí cómo la Humanidad, a pesar de las imposiciones de las religiones, nunca deja de sentirse libre y sin limitación alguna. Pero vemos también cómo los hombres siempre conspiran de modo sutil. Porque Mime, al ayudar a Sigfrido está pensando que éste es el único que, con su valor e intrepidez, puede vencer al gigante Fafner, que posee y custodia el Anillo del Nibelungo y que es un poderoso dragón de aspecto repugnante. Y, si lo logra, espera hacerse dueño del Anillo y conseguir así el dominio del mundo. Está Mime, pues, representando a la naturaleza inferior, que trata de usar al Yo Superior para obtener sus bajos propósitos.

Sigfrido, pues, representa al Yo Superior. Se ha quedado sin padres ni parientes. Y, además, se da cuenta de que ese ser deforme que es Mime no es carne de su carne. Así que decide proseguir la búsqueda que, ya en vidas anteriores, iniciaron Sigmund y Siglinda, de los que heredó el valor indomable y la falta de miedo.

Hay mucha gente que, si bien se sienten impelidos hacia la realización de sus poderes espirituales, acaban sometiendo su naturaleza divina a las exigencias de la inferior, representada por Mime.

Cristo, sin embargo, que “no tenía sitio donde reposar la cabeza”, que nunca usó sus poderes en beneficio propio, incluso hasta en el momento de ser crucificado, representa la verdadera senda a seguir. Porque, como Él dijo: “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”.

Cuando nos decidimos a seguir el Sendero, la naturaleza inferior está sentenciada, a pesar de todos los esfuerzos que haga para salvarse.

Así que, cuando Mime ha ideado el enviar a Sigfrido a luchar contra Fafner, el Espíritu del Deseo, en realidad está preparando su propio destino. Porque, cuando el alma ha luchado y vencido el deseo, ha muerto para el mundo, aunque siga viviendo en él. O, mejor dicho, vive en este mundo sin ser de este mundo.

Guiado, pues, por Mime, Sigfrido llega a la cueva de Fafner. Hemos de reconocer que todos tenemos algo de Mime y arriesgamos nuestras vidas en busca del oro que nada vale. Sigfrido, pues, mata al gigante y luego mata también a Mime, símbolo del cuerpo denso.

Liberado, pues, Sigfrido, de su cuerpo físico, su espíritu es ya capaz de entender el lenguaje de la naturaleza, y su intuición, representada por un pájaro, le descubre la verdad, es decir, dónde está Brunilda la walkiria, y emprende el camino hacia la roca rodeada de fuego que la defiende, para despertarla y conquistarla.

No obstante, aunque hayamos logrado desprendernos del cuerpo denso, el camino no es llano: Wotan, el guardián del credo, extiende su lanza sobre el camino del héroe y trata, hasta el último momento, de desviarlo de la senda que ha escogido.

Sigfrido, sin embargo, aparta todos los obstáculos. Porque no tiene más que una idea fija, un único anhelo: Conocer la Verdad. Por eso, después de haber roto la lanza de Wotan, sigue adelante guiado por el pájaro de su intuición hasta llegar al círculo de llamas que rodea a Brunilda. Las atraviesa con paso firme y puede, por fin, contemplar lo que con tanto tesón ha buscado durante tantas vidas. Se inclina, toma a Brunilda en sus brazos y, con un beso ferviente, despierta al Espíritu de la Verdad de su largo sueño.

18.- No es posible explicar con palabras lo que el Espíritu siente cuando se encuentra, cara a cara, con la Verdad allá en el Mundo del Pensamiento Concreto, el plano de los arquetipos de todas las cosas. Sólo allí encontramos la verdad en toda su belleza cuando comprobamos cómo esos arquetipos pertenecen al coro celestial que Pitágoras llamó la “armonía de las esferas” y donde se ve la Verdad en toda su belleza.

Pero no podemos permanecer siempre allí. Hemos de descender de nuevo al mundo físico para ser un valor real en la vida práctica. Así que Sigfrido ha de abandonar la roca de Brunilda, atravesar el fuego de la ilusión y volver a entrar en el mundo material para ser de nuevo tentado y puesto a prueba, con el fin de comprobar si será fiel a los votos de amor eterno que ha hecho a la valkiria, o sea, a la Verdad.

Es una batalla muy ardua la que ha de ganar, porque el mundo no está preparado para la Verdad y, aunque parece buscarla, en realidad conspira con todas sus fuerzas contra el que intente acercarla a sus puertas, pues existen muy pocas instituciones que puedan resistir el brillo de su luz.

Ni siquiera los dioses la soportan. Si no, ¿por qué fue Brunilda expulsada del Wahlalla? ¡Por negarse a ayudar a las convenciones! Wotan era su padre y la quería. Pero la quería a su modo, porque deseaba más el poder que el Wahlalla representaba. El anillo del credo mediante el cual dominaba a la Humanidad era, a sus ojos, más valioso que su hija Brunilda, el Espíritu de la Verdad.

Y, si de tal modo obran los dioses, ¿qué se puede esperar de los hombres que no profesan ideales tan elevados como debían profesar los guardianes de la religión? Todo esto pasó como un relámpago por la mente de Brunilda en el momento de separarse de Sigfrido cuando éste partió para la batalla de la vida y, con el fin de ayudarle y ofrecerle alguna probabilidad de ganar, lo hizo invulnerable. Todo su cuerpo, pues, quedó protegido, salvo un punto de la espalda, entre los dos hombros, que no consideró necesario blindar, puesto que Sigfrido siempre hacía frente al enemigo y jamás le volvía la espalda.

También este pasaje nos expone que el buscador de la verdad, el aspirante que camina por el Sendero, protegido con la coraza de luz de que habla San Pablo, no tiene nada que temer, a pesar de todos los ataques de que sea objeto. Porque, ofreciendo valientemente su pecho a las flechas de las calumnias, antagonismos y descalificaciones, demuestra la firmeza de sus convicciones y que un poder superior a él le protege, cualquiera que sea la batalla a librar.

Pero, si en algún momento vuelve la espalda, cuando no vigile el menosprecio de los enemigos de la verdad, éstos encontrarán en su cuerpo el punto vulnerable, bien en el talón, como ocurrió a Aquiles, bien entre los hombros, como es el caso de Sigfrido. Hemos, pues, de aprender la lección y no volver nunca la espalda, es decir no dejar de amar ni un momento la verdad.

Así que no nos engañemos: Aunque todos proclamen la libertad religiosa, las persecuciones seguirán en pie. Pero, mientras miremos al frente y sigamos nuestro camino desdeñando las críticas, la verdad saldrá triunfante. Y sólo si nos acobardamos, si volvemos la espalda, pueden nuestros enemigos herirnos de muerte.

Cuando Sigfrido abandona a Brunilda para volver al mundo material, le entrega el Anillo del Nibelungo porque, una vez que el espíritu ha visto, en el Mundo del Pensamiento, que todas las cosas son una, que están unidas por un hilo invisible y, por tanto, ha comprendido la mentira de la individualidad y el separatismo y ha vuelto a la universalidad y al amor, ya jamás podrá cambiar de sentimientos ni de ideas. Ya es un ser universal. Ya no tiene familia ni país y puede exclamar aquello de “El mundo es mi patria y hacer el bien, mi religión”.

Las walkirias, hijas de Wotan, cabalgaban por los aires y acudían donde se combatiese. Y allí, cuando alguien caía muerto, lo trasladaban amorosamente al Wahlalla, la morada de los dioses, donde era resucitado y vivía en la gloria eternamente. Fijémonos en que la palabra walkiria significa “elegido por aclamación”. Lo cual quiere decir que los que sostienen la batalla de la vida hasta el final, son aclamados para convertirse en compañeros de los dioses.

Brunilda le dio a Sigfrido, su marido, su propio caballo, Grane, el más rápido de los corceles celestes. Porque la verdad es la novia de quien la ha encontrado. El caballo, pues, es el símbolo de la rapidez y decisión con las que uno que se casa con la verdad, puede distinguir en un instante entre la verdad y el error. Pero con la condición de permanecer fiel a su amor.

Con el amor de la Verdad, con el Tarncap o casco de la ilusión, y montado sobre el caballo del discernimiento, Sigfrido parte para librar la batalla de la Vida y traer al mundo cautivo a los pies de Brunilda.

El cielo y la tierra están en la balanza. Porque, si permanece fiel, puede revolucionar el mundo. Pero, si olvida su misión y se deja atrapar en la esfera de la ilusión, habrá desaparecido la última esperanza de salvarlo. El ocaso de los dioses estará llegando cuando desaparezca el actual estado de cosas, cuando los cielos se fundan en ardiente calor para que del trabajo de la naturaleza nazcan un nuevo cielo y una nueva Tierra en la que la equidad cobijará a todos los seres.

EL OCASO DE LOS DIOSES

19.- El mito nos lleva a la corte de Gunter, un rey bueno y honesto según el criterio del mundo. Es descendiente de los Nibelungos, emparentado con Albérico, el que modeló el anillo fatal.

Los nibelungos, desde que el anillo salió de manos de Albérico han vigilado a sus poseedores: Primero a Wotan, que engañó a Albérico y se lo robó; después a Fafner y Fasolt, los gigantes que habían construído el Wahlalla para Wotan y que lo obligaron a darles el anillo para rescatar a Freya, la diosa del Amor y la Juventud, y a la que Wotan había prostituido para obtener más poder; después, cuando Fafner mató a su hermano Fasolt, vigilaron la cueva donde el primero yacía oculto, cubriendo con su cuerpo el tesoro de los nibelungos. En el momento en que se sitúa la acción, sin embargo, los nibelungos no saben dónde se encuentra en realidad el Anillo cuando Sigfrido vuelve al mundo. Lógicamente suponen que está en poder de Brunilda y, acto seguido, empiezan a conspirar para su obtención.

La corte de Gunter está en el camino que Sigfrido ha emprendido, así que Albérico se apresura a comunicar al rey que el actual poseedor del anillo se acerca. Ambos tratan de averiguar dónde lo esconde, pero los dos intentando engañarse mutuamente. Y es que, en la batalla del yo separado no hay honor, sino que todos están contra todos sin considerar quiénes son.

Así que le administran a Sigfrido una pócima para hacerle olvidar su pasado y, por tanto, a Brunilda, el Espíritu de la Verdad, a quien él ha conquistado.

20.- Vamos a hacer aquí otra digresión . Ordinariamente se cree que la doctrina del renacimiento sólo se dio a conocer a los pueblos orientales. Sin embargo, no es cierto. Los europeos del norte no sólo conocían esa Ley, sino la de Retribución, como demuestra su mitología, acallada casi totalmente por la iglesia cristiana a raíz de la evangelización de esos pueblos. Practicaron, pues, como todos los convertidos sin argumentos y por la fuerza, el sincretismo religioso. Lo demuestra esta historia que se cuenta del santo Olaf, rey de Noruega, uno de los primeros y más ardientes convertidos al cristianismo:

Cuando Asta, la esposa del rey Harold, estaba de parto y no podía dar a luz, apareció en la corte un hombre con algunas alhajas sobre las que contó que el antepasado de Harold, el rey Olaf, que reinó muchos años atrás, se le había aparecido en sueños y le había dicho que cavase en un montón de tierra que le indicó y en él encontraría su cuerpo; que separase con la espada la cabeza del tronco, que tomase las joyas que había en el ataúd y las llevase a la reina, cuyos dolores de parto cesarían y el niño nacería enseguida. Hicieron lo que el hombre decía y la reina dio felizmente a luz a un niño, al que llamaron Olaf, y al que todo el pueblo consideró como la reencarnación de su antiguo rey del mismo nombre.

Aún son muchos los que, en el norte de Noruega pueden ver salir del cuerpo, en el momento de la muerte de alguien, su vehículo etérico como una neblina que toma la forma de aquél. Y sabemos, por las Enseñanzas de la Sabiduría Occidental, que eso es así, como lo es que la mayor parte de los que mueren pasan largas temporadas en sus propios hogares, donde los clarividentes pueden verlos, hasta que comprenden que han muerto o alguien se lo aclara debidamente.

Cuando un estudiante admite la reencarnación se pregunta por qué no recuerda sus vidas anteriores. No comprende, generalmente, la enorme ventaja que entraña ese olvido y envidia a quienes aseguran recordarlas y dicen haber sido reyes y reinas y personajes célebres.

Pero ese olvido de las vidas pasadas persigue un fin benéfico. Porque lo aprendido durante esas vidas, ha sido transformado en experiencia, en sabiduría a través del paso por el purgatorio y los distintos cielos y luego, en las vidas siguientes, actúa como un impulso instantáneo guiándonos por el camino correcto. Y del recuerdo de las vidas anteriores nunca podríamos extraer mejores lecciones.

Si el acontecimiento que provocó la experiencia fue negativo, en las vidas siguientes, ese conocimiento nos advertirá antes de volver a caer. Y, si fue positivo, nos animará a actuar de ese modo. Y esto es mucho más rápido que el ver de nuevo todo el suceso y después elegir la actuación correcta. Porque podría ocurrir que, cegados una vez más por la carne, cayésemos de nuevo. Y lo que necesitamos es saber de modo inequívoco si debemos imitar las acciones pasadas o debemos evitarlas.

Por otra parte, si recordáramos nuestras vidas anteriores nos sería muy difícil querer y convivir con las personas que durante ellas nos hirieron y que en esta existencia son, quizás, nuestros padres, hermanos o parientes que están intentando pagarnos la deuda que entonces contrajeron, o esperan de nosotros el pago, en amor o en servicio, de nuestro odio hacia ellos en otras vidas. Hemos de considerar, por un momento, que nuestros hijos, a los que tantísimo queremos, fueron muy probablemente, en otras vidas, nuestros peores enemigos, a los que perjudicamos gravemente.

Lo mejor, pues, es dirigir nuestros esfuerzos hacia las posibilidades que en esta vida se nos ofrecen.

Por supuesto que, cuando adquiramos la facultad de consultar la Memoria de la Naturaleza, podremos conocer nuestras anteriores vidas. Pero, posiblemente entonces estaremos tan ocupados trabajando en la viña del Señor que esos conocimientos habrán perdido todo su valor, pues no responden más que a una curiosidad innecesaria. Y ya al recibir la primera Iniciación, se le advierte al neófito sobre la prohibición de emplear sus poderes para satisfacer su curiosidad, para hacer ostentación de los mismos o para obtener fama, riquezas o poder. Y en cada visita al Templo, se le insiste sobre estos extremos. Porque la línea que separa el uso correcto e incorrecto de los poderes espirituales es tan fina que, a medida que se progresa, las restricciones que se imponen son mayores. Claro que los profanos pensarán: ¿Entonces para qué sirve la visión espiritual o el poder abandonar voluntariamente el cuerpo físico, por ejemplo? Pero eso no preocupa al iniciado, pues el sentido de la responsabilidad sólo proporciona mayor crecimiento. También en la vida vemos como la idea de lo permitido y lo no permitido varía de un individuo a otro, debido al grado de evolución que cada uno haya alcanzado. O sea, que cuando disponemos de la llave para muchas cosas que el mundo apetece, como a nosotros ya no nos atraen, no las usamos.

Por ese motivo se le dio a Sigfrido la bebida que le haría olvidar su vida, en el momento de entrar en la corte de Gunter. Y olvida a Mime, el enano; olvida que forjó la espada Notung; que luchó contra Fafner y le venció; que conquistó el Anillo del Nibelungo, emblema del egoísmo; y que mató al propio Mime que se hacía pasar por su progenitor; olvida que es un espíritu libre, intrépido y sin miedo; que rompió la lanza de Wotan, el guardián del credo; y que siguió al pájaro de su intuición hasta la morada de la Verdad; y olvida su matrimonio con Brunilda y el voto de fidelidad y altruísmo pronunciado al darle el Anillo.

Pero todos esos acontecimientos han dejado un poso en su alma y es llegado el momento de comprobar si esa huella es lo suficientemente profunda para dirigir su vida. El tesoro acumulado en el cielo ha de ser probado mediante la tentación. Cristo también hubo de pasar por ello y, tras su Bautismo, hubo de ser tentado para probar su fuerza. Por eso, tras cada experiencia celeste, somos conducidos de nuevo al banco de prueba de la tentación para ver si somos capaces de soportarla debidamente.

21.- Al llegar, pues, Sigfrido a la corte de Gunter, la hermana de éste, Gutrune, le entrega la copa mágica del olvido, convirtiéndose, al beberla, en un alma desnuda, dispuesta a entrar en la batalla de la vida. Pero no está inerme: Lleva consigo la quintaesencia de esa vida anterior que le han hecho olvidar. Y todavía está con él Notung, la espada que representa “el coraje de la desesperación” con la que combatió contra la codicia y el credo, simbolizados por el dragón Fafner y el dios Wotan; posee el Tarncap o Casco de la Ilusión, un casco mágico, con un poder hipnótico, que hace aparecer al que lo lleva como quiera aparecer ante los demás; y tiene a Grane, el caballo de Brunilda, el discernimiento, que le permitirá descubrir siempre la verdad y distinguirla del error y de la ilusión. Y dispone aún de la libertad que puede usar, según le plazca, para el bien o para el mal.

22.- La primera parte de la Época Atlante, cuando los inocentes Hijos de la Niebla o Nibelungos vivían en las cavidades nebulosas, está representada por el Rhinegold u Oro del Rin.

La última parte de la Época Atlante fue una era de salvajismo, cuando la Humanidad abjuró del amor, como Albérico, y formó el anillo del egoísmo y empleó sus energías para luchar contra los demás para acumular tesoros, lucha en la que se enzarzaron gigantes, dioses y hombres con gran brutalidad. Esta etapa está recogida en La Walkiria.

La primera parte de la Época Aria se caracteriza por el nacimiento de los idealistas, los Wahlsung (Sigmund, Siglinda, Sigfrido), una nueva raza cuyos miembros aspiraban a cosas nuevas y más elevadas, que tenían el coraje de sus propias convicciones y estaban siempre dispuestos a luchar por la verdad, tal como ellos la veían, y a dar su vida en el empeño. Así el salvajismo realista, cedió su lugar a la Hidalguía idealista.

Estamos ahora en la última parte de la Época Aria. Los buscadores de la Verdad hemos abandonado otra vez la roca rodeada de llamas de Brunilda; el velo de la carne nos envuelve, hemos bebido la pócima del olvido y estamos representando el último acto del gran drama épico “El ocaso de los dioses”, que es idéntico a nuestro Apocalipsis.

23.- Nos hallamos en el momento de la probación, como Sigfrido en la corte de Gunter, para comprobar si queremos vivir “casados con la Verdad” o vamos a sacarla de su escondite y a prostituírla.

Sigfrido, como consecuencia del olvido de su pasado que le ha producido el brebaje que le han suministrado, se enamora de Gutrune y promete rescatar de en medio del fuego a Brunilda para hacerla esposa de Gunter, que está enamorado de ella. Así lo hace, quitándole, además, el anillo del dedo y colocándoselo en el propio y, luego, cediéndole el casco milagroso, el Tarncap, a Gunter, hace que éste se haga pasar por él y engañe a Brunilda. Cuando llegan Gunter y Brunilda a la ciudad y ésta ve a Sigfrido casado con Gutrune, se le rompe el corazón por su traición y declara que ella es su verdadera esposa.

Todos se muestran escandalizados y acusan a Sigfrido de violador del santo pacto del matrimonio y adúltero, y exigen su muerte.

Sigfrido, ciertamente, ha prostituído a Brunilda y ha cometido adulterio con Gutrune pues, siéndose casado con la verdad, es un adulterio espiritual buscar los honores del mundo a cambio de la misma.

Brunilda, diosa pero aún no perfecta y habiendo perdido su divinidad desde el momento de ser despertada por Sigfrido, indica a sus enemigos el punto de la espalda en que éste es vulnerable. Lo hieren, pues, allí y Sigfrido, moribundo, despierta del hechizo y se da cuenta de lo sucedido. Lo mismo le ocurre a Brunilda. Sigfrido, moribundo, le declara su amor a Brunilda y le dice que siempre le ha permanecido fiel. Acto seguido, muere. Brunilda saca el anillo del Nibelungo del dedo de Sigfrido y lo devuelve a las doncellas del Rin. Se prepara pira funeraria frente al castillo y, cuando ésta arde en tremenda hoguera, Brunilda monta sobre su corcel Grane y se lanza entre las llamas para morir junto con su esposo que nunca le ha sido infiel.

24.- El cielo y la Tierra han quedado ultrajados por ese abuso cometido con la Verdad. De modo que Yggdrasil, el árbol del ser y de la vida tiembla en sus raíces donde Urd, Skuld y Verdante mueven los hilos del destino. Aumenta la oscuridad de la Tierra. La lanza de Hagen encuentra el único punto vulnerable en la espalda de Sigfrido y, como el ideal más elevado de la época ha fracasado, no vale la pena perpetuar el orden existente en el mundo. Por ello, Heimdal, el guardián celestial toca la trompeta y los dioses cabalgan en solemne procesión por el Puente del Arco Iris por última vez, para enfrentarse a los gigantes en la batalla final, provocando así la destrucción del cielo y de la Tierra.

25.- Estudiemos esto con detalle: Al principio de la obra, los Nibelungos están en el fondo del río. Albérico, luego, forja en Anillo en el fuego que sólo puede arder en la atmósfera de la Época Aria. Durante esta época los dioses celebran sus concilios en el Puente del Arco Iris, que es el reflejo del fuego del cielo. El arco del cielo, pues, se elevó entonces y, según la promesa de los dioses, cuando sea quitado de allí, la época terminará y un nuevo estado de cosas, tanto físicas como espirituales, empezará a manifestarse.

26.- Al sonido de la trompeta de Heimdal, todos los factores de destrucción se adelantan hacia el valle Vigrid, la contraparte del Armagedón del Apocalipsis, donde los dioses de todos los credos y sus servidores se hallaban reunidos para la última defensa. Los hijos de Muspel, el Fuego Físico, se adelantan desde el sur, derrumbando el Puente del Arco Iris. Los Gigantes de la Escarcha avanzan desde el norte. Fenris, la atmósfera, barre la Tierra con sus feroces rugidos. Tan terrible es su velocidad que la fricción genera fuego. Por eso se dice que su mandíbula inferior está en la Tierra, la superior llega al sol y de sus fosas nasales salen llamas. La serpiente Midgaard, elemento acuoso, es vencido por Tor, dios de los truenos y los relámpagos. Pero, cuando las descargas eléctricas se han librado del elemento agua, ya no puede haber truenos ni relámpagos y por tanto Tor muere del humo que arroja la serpiente. También el Apocalipsis dice que habrá truenos y relámpagos y que “se acabará el mar”.

Pero el mito no termina: Tras la gran conflagración, en la cual los elementos fueron disueltos por un calor abrasador, se previó una nueva tierra más bella y etérea. Se la llama Gimle. No está deshabitada, puesto que un hombre y una mujer, Lif y Liftharaser (Lif significa “vida”) se salvaron y de ellos nace una nueva raza que vive en paz y cerca de Dios.

27.- El mito nórdico, pues, enseña lo mismo que la Escritura cristiana, desde el Génesis hasta el Apocalipsis y es muy importante darse cuenta de la verdad de estas leyendas.

Y, lo mismo que el Diluvio acabó con los que no habían desarrollado los pulmones, el fin del Tiempo sorprenderá a quienes no hayan desarrollado el cuerpo alma o “vestido de bodas”, que es un cuerpo etérico, construído con los dos éteres superiores. Y es fundamental. Porque, cuando la Tierra densa haya sido disuelta en el cambio por venir, quien no posea ese vehículo no podrá sobrevivir y quedará rezagado en la evolución.

La Fraternidad Rosacruz es la encargada por los Hermanos Mayores de difundir un método científico de desarrollo espiritual, adaptado a la humanidad occidental, y por el que sea factible preparar ese vestido de bodas y acelerar la venida del Señor.

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