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Wagner y Schopenhauer

Por Ramón Bau 
 

Reseña de: “RICHARD WAGNER ET SCHOPENHAUER”. Por EDOUARD SANS. EDITIONS UNIVERSITAIRES DU SUD, BP 4011, 31028 Toulouse 4 , France, 1.999, 466 páginas.

Solo de tarde en tarde se editan obras realmente singulares y esenciales sobre la cosmología wagneriana, textos que no siguen esa tendencia actual a hablar de Wagner según la mentalidad de un espectador de cine o de un asistente al último recital de algún cantautor de moda, sino que logran elevarse con Wagner a la concepción misma del Arte y la Vida. 


Es de reseñar que en el Prólogo el autor, E. Sans, señala expresamente su homenaje al gran pensador Henri Lichtenberger, con su obra “Richard Wagner Poeta y Pensador”, como “el mejor libro que jamás se haya escrito en francés sobre el Maestro, y en el que yo he basado lo mejor de mi inspiración”. Y es de reseñar porque sin duda la obra de Lichtenberger, pese a la dificultad en lograr su única edición en francés, era hasta ahora, para los que no entiendan alemán, la mejor forma de introducirse en el wagnerianismo en serio, de forma que Sans sigue esa línea recta y acertada de penetrar con seriedad, conocimiento y profundidad en el sentido wagneriano de la vida.

Y con este preámbulo espero haber despejado cualquier duda sobre la imposibilidad de leer este libro en un fin de semana de playa ni en abordarlo como si fuera la novela de moda de uno de esos recientes Premios Literarios creados para distraer a aburridos bajo la sombrilla de un merendero o para tratar de aumentar algo el ‘ratio’ estadístico de libros leidos al año del español medio. No, es un libro difícil, arduo, que debe leerse, aparte de en francés, con suma atención y meditando cada cinco minutos. Para colmo, y con ello espero evitar a esta obra genial algunas otras lecturas intrépidas pero inadecuadas, exige un cierto conocimiento previo de las bases de la filosofía schopenhauariana, no digo a fondo, pero si mínimas y de lenguaje. 
En una palabra, no es un libro para divertirse ni para pasar el rato, no pretende distraer sino formar, no pretende alegrar unas vacaciones sino dar sentido a una vida.

SOBRE EL AUTOR:

¿Quién conoce algo de la vida de Lichtenberger?… pues por eso mismo tampoco casi nadie sabrá nunca de Edouard Sans. Doctor en Filosofía y Letras, especialista en el idioma alemán y responsable durante años de la enseñanza oficial del francés en Alemania. Sans es una de estas personas para las que el pensamiento, el arte y la formación son la riqueza de su vida, y en este caso su atención se ha centrado siempre en la obra wagneriana. Conferenciante brillante, he podido asistir a un par de sus charlas sobre temas wagnerianos, que muestran un conocimiento profundo y meditado de todos y cada uno de los aspectos de la obra wagneriana, desde el musical hasta el filosófico.

INTRODUCCION

Wagner no fue un filósofo, y en realidad no se interesó nunca por la ‘Filosofía como Ciencia’, como sistema y según sus concepciones digamos ‘profesionales’. Pero en cambio Wagner estuvo muy al tanto de las líneas de pensamiento, de lo que podemos llamar Filosofía Vital y esencial, no en sus detalles sino en su base fundamental, como explicación del Mundo, la Vida y el Hombre. 
Sabemos que leyó con desagrado a Hegel, con dificultad a Kant y con pasión a Feuerbach. Pero sin duda el gran cambio en el pensamiento de Wagner viene de la lectura, de la aportación ‘intelectual’ que recibe de Schopenhauer en 1854, hecho que él mismo reconocerá reiteradamente y sin recato llamando en adelante a Schopenhauer ‘nuestro filósofo’ y manifestando su admiración y respeto absoluto por su pensamiento. 
Y en esta Introducción se plantea en realidad la esencia del problema: la concepción del mundo. 
Hay dos grandes formas ‘serias’ de entender la Vida y el Mundo: Optimista o Pesimista, o como decía Lichtenberger: Con una visión de Poder o una Visión Religiosa. Yo diría, para ser justos que hay una tercera forma de ver la vida: la Estúpida, que suele ser mayoritaria, y que consiste en no plantearse nada y tratar de vivir lo mejor posible los placeres inmediatos del cuerpo, mientras se trata de alimentar el ‘alma’ de TV y necedades (usando, como mucho, a Wagner como música de fondo en la boda de un hijo gracias a su marcha nupcial). 
Pero, si nos ajustamos a una cierta seriedad, podemos ver que Wagner inicia su Drama con una visión optimista del mundo, tomada de Feuerbach, reflejada perfectamente en la personalidad de Siegfried, el que tiene confianza de sí mismo y se enfrenta a su destino desde la Voluntad de Poder, para a partir de la lectura de ‘El Mundo como Voluntad y Representación’, girar rápidamente a una visión Pesimista del Mundo, en la que se asume el Dolor y la Inevitabilidad de la Tragedia de la Vida, siendo Parsifal el paradigma de esa medida del Hombre que siente la Compasión por el Dolor como elemento Redentor. 
Esa visión Pesimista que Wagner asume totalmente (y que en la Tetralogía le lleva a centrar su introspección más en Wottan y Brunilda que en Siegfried), se manifiesta en 3 grandes Areas: 
El plano Metafísico, donde se analiza la tragedia de la Vida y el valor de la intuición y el sentimiento frente a lo material y la Razón. 
En el plano Etico, asumiendo la Piedad, la redención y la unidad de todos los seres en el dolor y el Amor. 
En el plano Estético al centrar en el Arte y la obra Trágica el camino estético para la redención del Hombre sumido en el Dolor. Y tras ello concebir la Música como esencia de la Voluntad sin Tiempo ni Espacio, o sea liberada de lo Mundano, de las ataduras de lo individual.

EL ENCUENTRO CON SCHOPENHAUER Y SU FILOSOFIA

Antes de empezar el análisis profundo de las repercusiones en estos tres planos vitales del pensamiento de Schopenhauer en Wagner, el libro expone en dos Capítulos cuando y como Wagner empieza a leer a Schopenhauer, de manos de su amigo Herwegh, en su destierro de Zurich, primero en 1852 de forma parcial, para en 1854 estallar su descubrimiento al leer la obra principal del pensador. 
Primero Wagner se sintió atraido por lo más superficial: por la concepción estética que Schopenhauer tiene de la música, a la que pone con centro de las artes, y a su lenguaje directo y comprensible, frente a ‘lo confuso y charlatan del lenguaje de Hegel’. Pero en 1854 asume ya la concepción global del pensamiento. 
Es importante destacar que nunca dejará de manifestar su admiración y respeto por Schopenhauer pese a que éste no dejará de dar motivos para que Wagner se hubiera molestado con él, lo que demuestra la falsedad de esas concepciones de Wagner como persona irascible y maniática. Schopenhauer no simpatizó con el grupo de sus amigos exilados en Zurich, en parte por la posición política que habían tenido, pero además al recibir como regalo de Wagner el poema del ‘Anillo’, Schopenhauer lo criticó duramente por considerarlo ‘contrario a la moral’, y en lo musical le hizo llegar estas palabras: “decirle que yo sigo fiel a Rossini y Mozart” (más adelante analizaremos por qué esa preferencia en Schopenhauer por la música pura frente al Drama Musical). Pese a ello Wagner nunca criticó a Schopenhauer sino que por contra lo difundió y exaltó, sus veladas literarias y filosóficas en Tribschen eran una alabanza continua a la filosofía schopenhaueriana, y fue Wagner quien animó a Nietszche a escribir una defensa absoluta de la cosmovisión schopenhauriana en ‘El Nacimiento de la Tragedia’. 
Es interesante constatar como en la carta a Liszt del 24 Enero 1.858 Wagner subraya ya como genial a Calderón por su ‘La Vida es Sueño’, obra que evidentemente coincide al 100% con la visión schopenhaueriana en la negación de la autenticidad del mundo de los fenómenos y la visión trágica de la vida (“Pues el delito mayor del hombre es haber nacido”).

El Capítulo II del libro está dedicado a introducir al lector en la esencia de la filosofía de Schopenhauer, asumiendo un mínimo de conocimiento previo. Lo más importante es comprender su crítica absoluta a la ‘Representación’, todo lo material y superficial, lo que hoy en día es lo único ‘importante’. Y a la vez la visión trágica de la Voluntad, la fuerza vital, que empuja con fuerza increíble al hombre al Deseo, que es la antesala de todo Dolor y Tragedia. 
El Deseo se objetiviza en miles de temas, se materializa en el tiempo y el espacio, y no tiene fronteras, el deseo insaciable que lleva siempre a la insatisfacción de la Voluntad sin freno y al Dolor, a la tragedia y la muerte sin satisfacción del deseo. 
Para Schopenhauer, en la línea budista, la renuncia y la superación del Deseo es la única salida, pero exige una lucha constante, jamás se logra eliminar a la Voluntad desbocada, solo se logra controlarla más o menos. Todo lo que es ‘individual’, o sea sometido al tiempo y espacio, está en la imperfección y el dolor. Solo superando lo particular y elevándose a lo ideal, se logra evitar deseos y decepciones. 
La Música (y el arte en general) no solucionan el deseo, que solo se elimina con una concepción Etica, pero si dan un reposo, un momento de elevación fuera del tiempo y el espacio, donde calmarse del torbellino del dolor y el deseo.

CONTRA EL ESPACIO Y EL TIEMPO

El Espacio y el Tiempo son la base del principio de Razón, o sea de lo Representativo, y además son los elementos básicos de la individualización. Por tanto son los elementos que condicionan el Ideal. El Espacio individualiza y multiplica lo general, el Tiempo le da lo efímero. 
Wagner quiso tratar este tema esencial en el pensamiento schopenhaueriano, y que fue totalmente aceptado por Wagner, dentro de “Tristan e Isolda”. 
En el texto de Wagner “¿Para que sirve este conocimiento?” (escrito en 1880) se apoya radicalmente la concepción del espacio y tiempo de Schopenhauer, y dice “La paz, la calma, la felicidad interior, no se encontrarán más que allí donde no exista el donde y el cuando”. Tema que como sabemos explicita en Montsalvat, ese ‘lugar sin espacio ni tiempo’ de su Parsifal (todos recordamos las enigmáticas palabras de Gurnemanz a este respecto), pero que tiene en el ‘Tristan’ su versión poética. 
Tristan e Isolda maldicen el tiempo y el lugar, su amor es invencible si está fuera del Tiempo y el Espacio, que los separan con sus limites y tragedias. Los separa todo lo que los concreta y los une aquello que les permite elevarse por encima de las ‘cosas representativas’. 
Por eso su amor se expresa especialmente libre cuando eliminan de alguna forma de su relación los elementos Tiempo (al beber el filtro y creer en la Muerte que les libera del Tiempo) o del Lugar (en la Noche, cuando ‘no están’ en ningún sitio, fuera de todo ‘lugar’, en la oscuridad). Y su tragedia se inicia cuando no mueren y se enfrentan a la realidad del barco que llega al puerto, o cuando acaba la Noche y llega el Día, o sea la realidad. 
La individualización, lo concreto, la representación… el fin del Sueño, es la maldición que nos y les lleva al Dolor y la Tragedia, el deseo, la decrepitud, la limitación del Ideal, la necia y vulgar realidad temporal. 
Un amigo me decía con razón que todo nuevo ‘Tristan e Isolda’ acabaría cuando deban ir al lavabo,… allí la Representación se burlaría de su Voluntad de Amor e ideal, la vulgaridad de la vida concretada en sus necesidades lógicas son el mejor antídoto al Ideal. 
Wagner escribió su obra “El público en el Espacio y el Tiempo”, donde comenta la tiranía de estos conceptos: “Mientras Giordano Bruno era enviado a la hoguera, en el Oriente Budista hubiera sido honrado como un santo. Espacio y tiempo hacen del genio una anomalía, una aberración”. 
Que palabras más indicadas para nuestra época… la vida actual, con sus tabús igualitarios, hace del genio una aberración que molesta.

LA INTUICION FRENTE A LA LOGICA REPRESENTATIVA

Es evidente que la representación, la realidad material, mantiene un valor y debe ser tenida en cuenta en la vida, y está ligada claramente a las leyes de la Lógica, de la Ciencia. Pero lo que Feuerbach o Schopenhauer indicaban es que ese ‘conocimiento’ lógico que Hegel (más tarde Marx y con ello el mundo actual materialista) es puramente utilista, no descubre la esencia de las cosas ni el Valor de la Vida, sino que es solo una herramienta para el tiempo y el lugar, no para la esencia y el sentido de una existencia. El conocimiento lógico no va a evitar el dolor y la Tragedia, ni dará sentido a su actuación. 
En esto Wagner coincide totalmente con los dos pensadores que más le influyeron. Y con la esencia de la Tragedia Griega, que ya trató con una certeza absoluta este tema en “Edipo Rey”. Edipo sigue la lógica y ésta le lleva irremediablemente al desastre, hasta que comprende que su error ha sido fiarse de sus sentidos y su lógica y no mirarse adentro, por eso al final se arranca los ojos, símbolo de que rechaza el ‘ver superficial, material’. 
En Feuerbach el rechazo a la lógica material viene dado por su apoyo al sentimiento, a la defensa de la sensualidad y el Poder (que es lo que mueve a Siegfried, su Voluntad de Poder, no su lógica), en Schopenhauer el Conocimiento de la Tragedia de la Vida y la adopción de una Etica de Renuncia es lo que permite asumir lo inevitable (el tiempo y el lugar con sus consecuencias), sin pretender ‘comprenderlo en su ilógica material’, sino superarlo por su aceptación trágica. Wottan o Parsifal no tratan, en el caso de Wottan a partir de un momento dado en que ‘acepta’ el destino inevitable de los dioses al desastre, de razonar sino de Sentir, uno por la Compasión y otro por la Renuncia, y así superar el drama. 
Cuando Wottan trata de razonar (en el ‘Oro del Rhin’) para lograr el Poder, solo logra lanzar todo a la Tragedia. Loge, el gran razonador, no logra más que hundir el mundo en la maldición. Solo cuando Wottan asume la tragedia y deja de razonar, cuando renuncia y deja el destino en manos del Hombre Nuevo (sin pretender intervenir, pues sus intervenciones son siempre desastrosas) es cuando se empieza a resolver el drama. 
De la misma forma Parsifal encontrará el Camino de Montsalvat solo cuando deje de buscarlo en lo Espacial y se encuentre con su Compasión y asuma el Dolor. 
Wagner concibe el drama en base intuitiva, sentimental, no lógica, lo que es coincidente con sus filósofos preferidos. Es muy significativa la respuesta que da a Rockel cuando este le pregunta porque se destruye el Walhalla si el Anillo ya está en poder de las hijas del Rihn tras la muerte de Brunilda. Y Wagner le escribe en su carta del 25-1-54 indicándole que en realidad es Wottan quien destruye el Walhalla con su sentimiento y deseo íntimo de que así sea. No es Siegfried ni Brunilda, ni el Anillo, es Wottan que siente el deseo de acabar con el poder de los dioses. Es pues el sentimiento el que escribe el poema, no la lógica de los hechos. 
“El artista es el que es consciente del inconsciente” escribirá en Opera y Drama, mucho antes de que Schopenhauer le dé la base filosófica precisamente para esa misma idea. Tomar conciencia de la Voluntad (lo inconsciente) es el camino de superación en Schopenhauer, frente a los que ignoran la Voluntad y siguen sus trampas en la Representación, en lo material, en la Lógica. 
Por ello Wagner indica que “La forma artística ideal es aquella que puede ser enteramente entendida sin reflexión, la que pasa directamente del corazón del artista “ (Carta a Villot 1860). 
En este sentido Wagner critica la ‘Ciencia’ cuando ésta pretende asumir un papel ‘rector’ en la conciencia, como es el caso de la Vivisección con animales por ejemplo, y en su ‘Carta abierta a Ernst Weber’ indica que para la ciencia el conocimiento es solo un tema lógico, un interés psicológico, mientras que para Wagner (como para Schopenhauer) se trata de dirigir la ciencia por el sentido Etico. “El poeta busca en el mundo el orden moral, el científico busca el orden mecánico”, y lo malo es cuando ese orden mecánico representativo pretende dominar sobre todo.

EL DOLOR EN EL MUNDO

Es bien conocida la experiencia principal de Schopenhauer: El bienestar es solo ausencia de dolor, el dolor es lo único real. La consecución de un deseo trae solo un placer inmediato y temporal, pero es absolutamente incapaz de durar y siempre es seguido de otro deseo insatisfecho, o peor, queda relegado por un dolor real nuevo. Basta un dolor de muelas para echar por la borda todo deseo satisfecho. 
Con la satisfacción del deseo se atenúa un instante la Voluntad del deseo, pero es solo un instante en una vida de deseos y dolores. Amfortas encuentra un momento de paz en su baño pero el dolor se repone en breve. Klingsor trata de eliminar el deseo por la castración, pero con ello solo elimina ‘su’ deseo temporal, en el espacio y tiempo, pero no el ‘deseo en sí’, su esencia. Por eso sigue insatisfecho y su deseo es el mismo aunque no le permita su ‘espacio y tiempo’ cumplirlo. 
En este sentido el consumismo actual sería como si Amfortas quisiera curarse a base de un baño cada diez minutos!, la continua satisfacción de deseos como cura es solo una ilusión, ni cierra la herida ni logra satisfacer más que al necio. 
Esta realidad trágica, es la que muchos no se atreven a mirar a la cara, tratando así de escapar por no tener fuerza suficiente como para aceptar la realidad y buscar su superación. Wagner acepta el hecho del Mundo como dolor, pero al mismo tiempo asume la Redención, la solución al dolor por la Compasión y la Conciencia de ese Dolor. “Creer que el Mundo solo tiene un significado Físico, representativo, y no un sentido Moral, este es el error Capital, el más nefasto y la verdadera perversidad del pensamiento” (“Parerga” de Schopenhauer). 
Y así se entra en uno de los Capítulos fundamentales del pensamiento de Wagner bajo la clara influencia de Schopenhauer: La Piedad, no como sentimiento de simpatía sino como asumción del dolor de cada ser como propio. O sea trascender del Espacio y Tiempo, no hay el dolor de uno y ahora, sino el Dolor eterno, de todos y siempre. 
No se trata de algo ‘moral’, es más algo Místico, debe significar un sentimiento general contra el egoísmo, aniquilar el YO individual en favor del YO global, o sea considerar a la comunidad como YO. 
En su ‘Carta a Ernst Weber’ Wagner declara que es gracias a Schopenhauer que “ha descubierto la Piedad como la única base moral verdadera”. 
La importancia de este hecho en la vida personal y en la obra de Wagner es fundamental, y no hace falta decir que esta toma de conciencia fue además la base de su ‘Parsifal’.

Y en el dolor no se cuenta la Muerte, que es precisamente el fin del dolor individual, pero no del dolor vital del mundo. Siegfried recupera el amor y la lucidez cuando muere, vuelve a pronunciar “Brunilda!”. La muerte libera, no es dolor sino redención, escapa del Tiempo y Espacio. Por ello los indues consideran el objetivo máximo para el ‘santo’ el Nirvana, o sea la aniquilación total, el dejar de reencarnarse, pues re-vivir es el castigo al pecado. Wagner en ‘La Obra de arte del Porvenir’, también antes de leer a Schopenhauer, ya ‘intuye’ la muerte como liberación (es constante esa intuición previa de Wagner de los conceptos que luego racionalizará con Schopenhauer): “La muerte despoja al hombre de su egoísmo personal y lo diluye completamente en la Comunidad”, siempre negando el suicidio, que no es más que un engaño ‘material’, no una Superación interior. El suicidio es como la castración de Kligsor, un engaño material cuando lo que se precisa es eliminar el deseo y la Voluntad del alma.

LA COMPASION Y LA REDENCION

Para Schopenhauer la Piedad (en el sentido de compasión íntima, asumir del dolor ajeno y vencer el egoismo personal) es la Virtud por excelencia. Muy superior al Amor. 
Schopenhauer tuvo en su perro ‘Brahma’ (el nombre ya decía mucho) al mejor amigo, porque era incapaz de ser hipócrita. En el Amor hay un dar pero también un recibir, en la Compasión verdadera solo se da. Por eso la Compasión está libre de hipocresía, es pura. 
De esa forma si en la obra de Wagner el Amor es la base de la Redención hasta llegar a Parsifal, la sublimación total que se da en Parsifal es superar el Amor por la pura Compasión. 
En Wagner existe además una superación del concepto pesimista radical de Schopenhauer, pues en Wagner la muerte no es nunca el fin, sino el precio de la Redención. Pagado el precio por la Muerte o por la Renuncia, por la Compasión y el Dolor, el Redentor es la figura ‘optimista’ que el artista Wagner intuye y sobrepone al pesimismo radical del filósofo. 
La Redención parte de la idea de que el Mundo está unido al dolor y el mal, pero que es posible superar esta realidad por la conciencia del sufrimiento y la compasión. 
Parsifal logra vencer su Voluntad pero no para aniquilarse en el Nirvana budista, ideal de Schopenhauer, sino para a través de la compasión llevar la salud al mundo entero.

LAS CONSECUENCIAS DE LA PIEDAD

La condena contra la vivisección y el vegetarianismo son consecuencias directas de la filosofía schopenhaueriana. 
Primero de la concepción del Mundo como un Ente global, de forma que el dolor del animal es algo que concierne al Hombre Superior y le conmueve con igual fuerza que el dolor humano, pues la diferencia está en el ‘Espacio y Tiempo’, no en su esencia. El Dolor se objetiviza en un hombre o en un animal, pero su esencial es la misma, es la Tragedia de la Vida, y el Hombre que asume una conciencia del dolor y busca en la Compasión un camino de Redención y de superación de esa Vida trágica, debe ver en el dolor animal esa misma esencia de todo el dolor del Mundo.

Wagner va más lejos en este tema: Subraya que el dolor de los animales más sensibles le causa mayor compasión que el de los hombres, porque un hombre puede superar el dolor por su comprensión, puede dar sentido al dolor al comprender la tragedia de la vida, de forma que un sentido superior de la vida puede atenuar el dolor al darle sentido. Pero el animal queda solo ante el dolor, es puro dolor el que siente y no puede superarlo, en dolor en el animal es una tragedia sin sentido para él. 
En este sentido hay que entender también su posición vegetariana, común en el filósofo y en Wagner, quien explicita en la comunidad del Graal su abstención de carne. 
Es importante ver la diferencia con Kant, que considera que el animal no tiene derechos, pero que debemos ser piadosos con los animales como ‘ejercicio’ para serlo con los hombres, en una palabra, para la moral clásica el hombre cruel con los animales muestra que será cruel con los hombres, y por eso se le critica, no por serlo con los animales sino por manifestar así su crueldad con los hombres. En cambio para Wagner y Schopenhauer los animales son parte de esa unidad global del dolor y la sensibilidad, y la crueldad con ellos es un mal en sí misma, no en referencia al hombre. 
Sin embargo tanto Schopenhauer como Wagner no llevaron nunca su concepción moral vegetariana hasta extremos inasumibles. Ambos asumían que el dolor por la muerte de un insecto es en todo caso menor que el dolor que causa ese insecto con su picadura, de forma que se negaron ambos a llevarse al extremo de las religiones indostánicas sobre estos temas. Aun aceptando el principio de unidad de los seres vivos no asumieron posiciones extremistas sino solo defendieron un ‘principio de actuación’ general: evitar el dolor innecesario y compadecer siempre el dolor de todo ser viviente.

LA NEGACION DE LA VOLUNTAD DE VIVIR

En Schopenhauer esta es la única vía posible para superar el dolor y la tragedia de la Vida, de la Voluntad: negarla a través del conocimiento. O sea concienciarse de la incapacidad del Deseo para dar la felicidad, y negarse pues a seguir el juego a las trampas de la Voluntad, las ilusiones del Deseo y el Placer. No hablamos de querer morir ni suicidarse, que no son más que trampas que solucionan en todo caso ‘tu’ caso, sino de asumir una filosofía de la Vida que supere el deseo, ayudando así por Piedad a todos a superar los dramas vitales que irremediablemente sufrimos. 
Wagner asume esto como una verdad dura, muy dura: “la negación final de la Voluntad de Vivir es de una gravedad terrible, pero es la única solución redentora” (Carta a Liszt 1854). 
Hay que comprender fundamentalmente este tema, que en el fondo está perfectamente reflejado en Wottan una vez deja de querer (desear!) intervenir en el mundo, tras su encuentro como ‘El Viajero’ con Siegfried. Y que es también reflejo de la posición, mucho más wagneriana como veremos, de Sachs frente a Eva. 
El hombre común, dice Wagner en su carta a Liszt vive creyendo en el Deseo y las ilusiones de lo representativo, y de golpe de encuentra enfrentado a la terrible gravedad de la vida, por el dolor, el drama, la enfermedad, la tragedia o la miseria, por la insatisfacción y la temporalidad de todo lo que desea y obtiene. El engaño de la vida lo descubre tarde o temprano y queda anonadado, desamparado. Para el hombre vulgar solo hay una defensa: la ignorancia y la falta de sensibilidad, que hacen que sufra sin llegar a captar ni siquiera el drama de la Vida. Pero para el hombre sensible, para el hombre que ‘entiende’, el drama y el dolor del mundo es insoportable si no lo conoce de antemano, si no se prepara para ello, y en este sentido la filosofía de Schopenhauer y el arte wagneriano prepara a la humanidad para en la compasión y la idea de Redención y Resignación soportar el dolor del mundo. Es un camino difícil y doloroso, como el de Parsifal hacia Montsalvat. 
La castración de Klingsor es un aviso (el propio Wagner lo explica en su exposición de Parsifal de 1865) de que no es solución eliminar el ‘deseo’ en la vía de lo material, en la Representación, o sea poner trabas de Espacio y Tiempo al deseo, eso es inútil, el Deseo, el dolor está en el alma, en la Voluntad. 
Para Wagner la solución está en Sachs o el Rey Marke, en la Renuncia y el Amor compasivo por los demás, en negar la Voluntad y asumir el dolor superándolo en el sentimiento del alma. Así donde más se ve la influencia de Schopenhauer en la obra wagneriana es en que tras su lectura Wagner lleva la Redención al interior, al tema ético, y abandona la idea ‘optimista’ de Siegfried, de una redención en el mundo exterior, por la acción social en lo Representativo.

LA RELIGION

Sin duda Wagner no se mostró muy favorable a la religión en general hasta 1854, sus escritos de la primera época (especialmente Arte y Revolución) lanzan acusaciones concretas contra el cristianismo: 
1- El cristianismo es antinatural, promueve un divorcio del hombre con la Naturaleza, siguiendo las ideas de Feuerbach. 
2- La Iglesia está ligada al mundo terrenal y se ensucia con su contacto, cosa que se ve en las críticas efectuadas en Tannhäuser al papado. 
3- La religión ha cerrado capacidades al arte, restringiendo la sensualidad y condenando como pecado la libre expansión sentimental. Esta era la principal acusación de Feuerbach en el plano estético a ‘las religiones’. 
La lectura de Schopenhauer le lleva a cambios de concepción absolutas, y en adelante incluso irá mucho más lejos que Schopenhauer en este tema, promoviendo lo religioso muy por encima de la propia consideración del filósofo. 
Para Schopenhauer, un ‘ateo religioso’ como se llamará el mismo, su rechazo total a la teología y las bases ‘lógicas’ de las religiones, está compensado por su consideración en favor de la faceta asceta y mística del cristianismo y por ello cree positivo el sentimiento religioso, no por su ‘verdad objetiva’, sino por su apoyo a la negación de la Voluntad, por ser la base en la que muchas personas logran el consuelo y la Piedad por el Dolor. 
Wagner no solo asumirá esta visión favorable sino que en ‘Religión y Arte’ dará a las artes la misión de hacer llegar la esencia de la religión allí donde molesta sus dogmas. O sea, superar los errores ‘formales’ de las religiones mediante hacer llegar su mensaje íntimo, espiritual y positivo mediante el Arte.  Wagner asume en ‘Religión y Arte’ que la esencia de una religión es la insatisfacción del hombre ante el mundo y su dolor, una búsqueda pues de comprensión a esa insatisfacción. 
En este sentido revela Wagner de que la música de Haendel refleja lo positivo de la Religión, mientras que la letra bíblica que se canta no corresponde en modo alguno al sentimiento de la música. El Arte descubre el sentido real, mientras la ‘letra teológica’ estropea ese mensaje. Dice “El texto que se canta en las grandes composiciones religiosas no es sentido por el auditorio en base a su significado conceptual, sino que sirve solo de material para la Voz como instrumento musical”. Es pues la música (el arte) la que nos induce el sentimiento religioso, no los textos bíblicos.

De la misma forma Wagner no acusa a la religión del estado catalamitoso del hombre moderno, sino que culpa al hombre mismo: “Es inútil lanzar sobre la religión las culpas de la situación actual, el error viene de la propia decadencia de la humanidad”. 
Wagner es cristiano mediante un pesimismo activo, el mundo es pecado pero la redención existe. 
En cambio Schopenhauer está muy cerca del Budismo, una religión sin dios, que tiene su ‘cielo’ en el aniquilamiento individual.

LA TEORIA DEL ARTE MUSICAL

Como ya hemos dicho Schopenhauer dedica en su obra principal bastante espacio a tratar el tema de la Música, a crear una cierta ‘filosofía de la música’. 
Lo primero que le llama la atención es que hay temas que ‘llegan al hombre’ de forma directa, sin necesidad de nada más, de alguna forma ‘pre existen’. Una de ellas es el sentido de los colores (¿por qué unos colores excitan y otros calman?) pero sobretodo el tema de la armonía, la acción directa de ciertas combinaciones de sonidos sobre el sentimiento. De esa forma la música es un arte ‘directo’, que se basa en una sensación natural preexistente a la formación o preparación musical. 
Por tanto para Schopenhauer la Música es una expresión directa de la Voluntad, y como tal no es conceptual o racional sino sensible. Es por ello que Schopenhauer critica a Wagner y en general, a la llamada ‘música descriptiva’, que abandone la ‘pureza musical’ mezclando música con ‘conceptos de la representación’. Así el filósofo prefiere Rossini o Mozart como músicos de belleza y armonía perfecta, mientras critica que la concepción de música como parte del arte dramático (drama, música y texto) es una ruptura de la pureza de la música como pura Voluntad y la mestiza con el mundo de lo representativo (lo teatral). 
En esto Wagner ya se había pronunciado antes de conocer a Schopenhauer en su ‘Opera y Drama’, donde expone los límites de la música y critica la separación de música, teatro y poesía, propugnando su unidad en el drama musical. 
La música da el sentimiento, la poesía nos dice, de forma bella, el porque de ese sentimiento, el teatro dramático expone el entorno de Espacio y Tiempo que necesita el hombre para entender. 
Así pues si bien Wagner se entusiasmó con la concepción de Schopenhauer sobre la superioridad de la música, no renunció totalmente a sus ideas expresadas en ‘Opera y Drama’, pero si las dulcificó: Trsitan y Parsifal son obras en las que el ‘argumento’ se deja más en la música, en lo ‘interior’, y ‘dejan de pasar cosas’ si lo compramos con el Anillo. Wagner asume más el elemento musical como lenguaje interior frente a las explicaciones cosmológicas (mucho más políticas, en el sentido de implicadas en lo representativo) del Oro, por ejemplo. 
En realidad pensamos que para Wagner el Arte es algo ‘serio’, lo más serio, y que en realidad lo político solo tiene como objetivo lograr las condiciones materiales para la expansión del Arte, o sea para la elevación del hombre. Por eso rechaza la ópera como distracción agradable (con Rossini en la cumbre) o espectáculo (la Gran Opera que buscaba Meyerbeer). 
El teatro para ir después de una buena cena a hacer la digestión y la música como ‘hilo musical’ es todo lo contrario a Wagner.

SCHOPENHAUER Y LA TETRALOGIA

Cuando Wagner se inicia a fondo en Schopenhauer (1854 a 1856) ya tenía escrito todo el libreto del Anillo. En la noche del 23 de diciembre de 1852 Wagner lo lee en casa de sus amigos los Wille. Esta obra estaba así influida por la posición de Wagner entonces, acorde al optimismo sensible, el Amor y la Voluntad de Poder de Feuerbach. De todas formas Wagner ya asumía de forma inconsciente aun los principios que luego iba a conceptualizar gracias a Schopenhauer. La inutilidad del Deseo en Alberich (que es una imagen perfecta de la Voluntad desbocada al deseo en Schopenhauer), y el personaje de Wottan que va a cobrar una importancia vital tras 1854. 
En ‘Mi Vida’ dice Wagner “Volvi a leer mi poema del Nibelungo y reconocí asombrado que lo que ahora descubría en la teoría (de Schopenauer), ya me era familiar en mi propia concepción poética. Fue en ese momento que yo comprendí totalmente a mi Wottan y, trastocado, me lancé a estudiar aun más la obra de Schopenhauer”. Tras esto retocó partes del poema, mientras seguía con la composición musical, pero ya centrando mucho más en Wottan y Brunilda el centro del drama. 
En este sentido Siegfried es un ‘residuo del pensamiento wagneriano previo a 1854’, mientras que Wottan y Brunilda están ya tratados según las nuevas ideas que asumió con pasión.

GENIO Y VITALISMO

El odio al ruido y lo feo fueron fundamentales en Wagner y Schopenhauer, ambos no podían crear si no estaban rodeados de tranquilidad y cierta belleza. No sorprende así ver que todos los lugares donde estuvo Wagner componiendo fueran de una belleza natural enorme, y alejados del ruido ciudadano. 
Se habla en los medios vulgares del afán de lujo en Wagner, pero no comprenden que no era lujo sino belleza. Wagner y Schopenhauer tenían ciertas características comunes del carácter: una enorme sensibilidad, conciencia de genialidad, irritabilidad con lo vulgar, capacidad de sufrimiento por el dolor ajeno. Por ello ambos deseaban aislarse y necesitaban un ambiente tranquilo, pues cualquier fealdad o disturbio, que a otros les resbala, a ellos los irritaba tremendamente. 
El aislamiento de Schopenhauer no es producto de un carácter retraído, sino de una experiencia de insatisfacción y decepción ante los contactos con la humanidad. Es conocida la anécdota de Schopenhauer que entraba cada día en un Café y ponía una moneda de oro en su mesa. Al marchar la recogía. Un día le preguntó el camarero porque ponía esa moneda. El filósofo le dijo: “Cada día pongo esa moneda para dársela al primero al que le oiga una conversación inteligente y bella… pero cada día me la tengo que llevar”. 
En Wagner la conciencia de genialidad y superioridad ante la vulgaridad general era tan fuerte como en Schopenhauer, pero Wagner tuvo la suerte de saberse rodear de un círculo de amistades elevadas que le permitieron vivir en un ambiente cultural ‘social’, mientras que en Schopenhauer la solución que tomó fue un fuerte aislamiento progresivo. 
Veamos que para Wagner no todos los redentores, los que Renuncian, son vencidos o deben morir para redimir, son compasivos. Sachs, Parsifal, Marke o Wolfram viven, no mueren ni renuncian a la vida, solo son compasivos con la dicha de otros. Son los que ‘tienen Conciencia’ del dolor y la Compasión… todo lo contrario que Siegfried, el que no tiene Miedo, ni conciencia del Dolor, no tiene ‘mala conciencia’, no cambia ni duda, porque está concebido bajo una visión externa a Schopenhauer.

WAGNER Y LO POLITICO

Tras una primera etapa claramente revolucionaria, donde preconiza la liquidación del Estado y la idea de liderazgo de un “hombre del pueblo que fuera el primero del pueblo, el más libre de los hombres libres”, Wagner fue abandonando las ilusiones políticas puras, aunque siempre siguió fiel a 2 principios que le causaron enormes problemas:

1- El nacionalismo alemán, el concepto de Comunidad y de Raza. El fin del egoísmo, el final de la indivualización que da Tiempo y Lugar es precisamente sentirse unido a la Comunidad, al pueblo. Wagner denuncia la decadencia germana producida por el dinero y el egoismo individual. 
Es bien conocida la amistad y la coincidencia de ideas entre el Conde Gobineau (famoso ya entonces por su “Ensayo sobre la desigualdad de las Razas” con Wagner). 
Para Wagner en ‘Heroísmo y cristianismo’ el conjunto de razas debe reconocer su unidad en el dolor, y deben todos sentir esa conciencia de dolor común. No hay nada pues de ‘odio’ o ‘racismo del desprecio’ en Wagner. 
Pero para Wagner, siguiendo a Gobineau, la Raza Blanca es aquella que ha sido más consciente del dolor en el Mundo y ha sabido superar las limitaciones Tiempo-Espacio para ‘conocer la esencia’. En este sentido Wagner apoyaba el ‘racismo’ en un sentido de asignar una sensibilidad distinta a cada raza. 
Orgulloso del pueblo alemán, apoyo siempre su unidad y el Reich, lo que le comportó no pocos problemas en su vida, y más posteriormente. 
Es evidente que para Edouard Sans esta parte del pensamiento wagneriano le es difícil de valorar, atado a lo ‘políticamente correcto’ del momento actual y al apoyo que Wagner dio a la derrota de Francia en la guerra Franco-Prusiana en su texto “¿Quién es Alemán?” y el texto “El 25 de agosto de 1870, el Ejército alemán en París”… por algo Wagner declara “Soy el hombre más alemán, soy el espíritu de lo más alemán”.

2- Una crítica radical al judaísmo, en eso coincidente con Schopenhauer. No rechazaba al individuo judío, tuvo buenos amigos y admiradores judíos, sino al ‘judaísmo’ como concepción del mundo. Junto a su filósofo preferido consideraba el judaísmo como arquetipo de una visión ‘progresista’ y ‘materialista’ del mundo, falto de piedad y causante mediante la Biblia y su crueldad de la degradación de la raiz compasiva y pacífica del cristianismo. No fue un antijudaísmo agresivo sino defensivo, contra las acciones que ese judaísmo comportaba. 
No daba posibilidad de redención a este judaísmo, pues para ello debería ‘dejar de serlo’, eso es, aniquilarse como judío. Esta posición se trajo problemas gravisímos en su época y ahora. De todas formas recordemos las palabras de Henmann Levi en carta del 13 abril 82: “El combate que Wagner lleva contra el judaísmo en la música y el arte proviene de los motivos más elevados,… y por eso su comportamiento conmigo mismo, con Josef Rubinstein y otros judíos a los que apreció profundamente”.

LA CRISIS PESIMISTA DE WAGNER

Cuando Wagner lee a Schopenhauer está bajo una profunda crisis pesimista, que le hace mucho más receptivo. 
Exilado, sin posibilidades de actuar artísticamente sobre el público, convencido del fracaso de los proyectos revolucionarios, rechazadas sus peticiones de volver a Alemania, con problemas económicos y su dependencia de donativos de amigos, y para colmo el convencimiento de la imposibilidad de su amor con Mathilde, estando Minna, su esposa, de viaje y roto ya su amor matrimonial. Wagner conoce pues la angustia y el dolor, más aun dada su sensibilidad extrema, e intuye ya en sí la necedad del Deseo y las trampas de la Vida, el Dolor y la desesperanza de encontrar soluciones en lo Representativo… al leer Schopenhauer no hará sino ‘re-descubrir’ esas mismas intuiciones propias y darles una forma conceptual coherente. 
Pero además Wagner, como Schopenhauer, tenían una visión seria de la vida y de su existencia, alejados ambos de esas formas superficiales de vivir que llevaron a Calderon a decir “Bienaventurados los que viven engañados”. No, en Wagner no es posible un autoengaño, una vida fácil superficial. Su seriedad vital le impulsan a buscar las razones finales y las consecuencias últimas. Schopenhauer es el único que le ofrecerá un cuerpo lógico y una solución al drama vital. 
El Pesimismo no debe entenderse como una posición de fatiga y decadencia. El propio Nietszche en su “Nacimiento de la Tragedia” (cuando estaba en su etapa schopenhaueriana) indica perfectamente lo que se debe entender por el pesimismo activo: “¿El pesimismo debe ser siempre signo de decadencia, de instintos fatigados y débiles?…No, hay un pesimismo de los Fuertes”. En Wagner el pesimismo siempre fue activo, fuerte pero consciente, compasivo y Redentor.

WAGNER NO ES SCHOPENHAUER

Aunque hemos visto y veremos la gran influencia que tuvo en Wagner el descubrimiento de la filosofía schopenhaueriana, Wagner nunca asumió ésta como un total, ni siquiera en temas realmente centrales. Wagner conceptualiza con Schopenhauer sus propias intuiciones previas, se adapta en algunos temas, pero no deja de marcar grandes diferencias.

Ante todo Wagner es un hombre pasional, que tiene altos y bajos, y que pone toda la pasión de vivir en sus hechos y obras. Mientras Schopenhauer se retira y se recluye en una vida cómoda y aislada, conforme a su idea de negar el deseo y la pasión, Wagner nunca dejará de ser apasionado aunque reconoce la necesidad de la Renuncia y lo inútil del deseo. En una palabra, Wagner es mucho más ‘humano’ y vitalista, y no reniega nunca de serlo.

Wagner intuye ,y así lo expresa en su arte, la posibilidad de Redención, y la Alegría de esa Redención, cosa inaudita e imposible en el marco puramente schopenhaueriano. En Schopenhauer la compasión es una virtud pero no una solución al mundo, está más cerca de las posiciones budistas, no hay más Redención que el Nirvana, la aniquilación de la Voluntad en la Nada. Basta escuchar el canto de alegría de vivir del tercer acto de Los Maestros Cantores o la esperanza del Encanto del Viernes Santo para comprender que Wagner tiene una concepción de la Redención completa, real, no solo individual. 
En Schopenhauer puede encontrarse una luz para el individuo superior que es capaz de dominar el deseo y la Voluntad, pero nunca aceptará una Redención para la Colectividad, real, en el mundo de la representación.

Y aquí estamos en otra diferencia capital: Wagner ama al pueblo sencillo, y a su Alemania especialmente. Wagner cree en una redención para el pueblo entero, mediante un Redentor Genial, Unico y especial, pero un redentor para todos, un Cristo, no una redención de una minoría. Schopenhauer despreció siempre al pueblo, y aplaudió todo aplastamiento de los movimientos populares de su época. Fiel absolutamente a su filosofía no tenía esperanza alguna de que la ‘cantidad’ pudiera ser elevada, y no daba por ello a la masa más valor que ser el decorado ‘Espacio y Tiempo’ para las obras de algunos pocos genios superiores. Wagner en cambio reconoce la necesidad del Héroe y del genio, y aborrece la idea de igualdad o de masa, pero pone como condición que el Genio actue en bien del pueblo sencillo.

En Wagner el desprecio al dinero fue absoluto, pese a la fama dada por sus enemigos de malgastador, nunca se preocupó del dinero y nunca fue avaro, fue generoso y si quizás gastó por encima de sus posibilidades nunca lo hizo por egoismo atesorador. Buscó rodearse de belleza e inteligencia, arte y naturaleza, no de dinero. Schopenhauer vivió de renta pero debido a ello fue huraño y ahorrativo, siempre preocupado por disponer del dinero que le permitía vivir aislado del mundo.

Wagner ni fue ateo ni dejó de creer en Cristo, incluso en sus años más alejados de la religión, y posteriormente encontró en la religión (no en las Iglesias sino en el cristianismo asceta y piadoso) el centro de la redención por la Piedad. Schopenhauer era ateo, aunque apreciaba en las religiones el contenido de piedad y de amor no egoista, pero solo como una ‘ayuda a la difusión de la Piedad’, no como una solución y menos como una realidad postmundana.

En una palabra Wagner quiere reformar el Arte y el drama para educar al público y lograr que una minoría superior logre la Redención del pueblo, elimine el materialismo y establezca un Estado Artístico que ayude a los necesitados por la compasión y el Amor. Todo esto es una utopía para Schopenhauer, que solo aspira a que unos pocos genios sean capaces de conceptualizar el Dolor del Mundo y así sobrellevar la cruz de la Vida con dignidad. Los demás los deja a merced de su necedad y al destino de correr inútilmente detrás de las trampas y fantasmas del deseo mundano que la Voluntad les impone. El filósofo compadece el dolor de los demás pero no puede hacer más que mostrarles el camino en la negación de la Voluntad, el que no sea capaz de ello tendrá el infierno del mundo como merecido castigo.

WAGNER Y EL PROGRESO

Tanto Schopenhauer como Wagner eran absolutamente anti-dialécticos, “El progreso en vuestra quimera, es el sueño de nuestro siglo, como el de la resurreción de los muertos fue la quimera del siglo X. Cada Tiempo tiene su utopía” (El Mundo como Voluntad y representación”), de forma que Hegel y Marx son lo más alejado del pensamiento schopenhaueriano. Wagner dulcifica esa posición aunque niega el interés por el Progreso Material, de lo Representativo, pero concede la posibilidad e interés al progreso del espíritu, del pensamiento y el conocimiento. Mientras que en Schopenhauer no hay posibilidad de cambiar el futuro, la humanidad está condenada a bailar tras el deseo y la Voluntad desbocada hasta su extinción, y la redención del genio que es capaz de controlar la Voluntad y asumir la Piedad por el mundo es solo un caso aislado.

En su obra “Kunstwerk der Zukunft” Wagner expone muy bien su rechazo al progreso moderno de lo representativo, lo material: “Todo lo que la civilización llamada moderna trae consigo, el gusto por el lujo, lo superfluo que nos hacen olvidar las necesidades profundas, la moda que es la peor de las tiranías”… “Nos hemos convertido en un pueblo lector de la prensa, esto ha sido nuestra pérdida”. El progreso en este sentido material y social tomado como ‘valor en sí’ es un desastre que lleva a la decadencia. El progreso para Wagner solo tiene sentido rector en el mundo del conocimiento y el sentimiento, no en lo representativo.

EL AMOR

Schopenhauer dedicó un Capítulo de su obra principal a la ‘Metafísica del Amor sexual’, en el que designa el Amor como una trampa de la Naturaleza para la reproducción. Satisfacemos el egoísmo en forma de placer a cambio de una posibilidad de reproducción, que sin esa ‘recompensa’ sería más difícil de obtener por el egoismo de la gente normal. De ahí que las opiniones del filósofo sobre la mujer no sean precisamente ‘políticamente correctas’ hoy en día. 
Sin embargo Schopenhauer en este texto acepta un tema como incomprensible para él: El suicidio de los amantes frustrados, el morir de amor, el deseo de aniquilamiento cuando el amor une y el Espacio-Tiempo separa. 
Wagner en su importantísima carta del 1 diciembre de 1858 a Mathilde expone como tras releer a Schopenahuer lentamente en esos momentos tan sensibles para él, es capaz de ‘corregir’ en algún tema al filósofo, y precisamente el tema es “indicar claramente la vía hacia el aniquilamiento de la Voluntad a través del Amor, no solo por la filantropía abstracta (como indica Schopenhauer) sino por el verdadero Amor… vía que no ha aceptado Schopenhauer”. Wagner comprende que el Amor auténtico, es un contacto con el Ideal, o sea con la serenidad, y que el sufrimiento viene precisamente en el retorno a la mezquina realidad Espacio-Tiempo. 
El error de Tannhäuser o Kundry no es dejarse llevar al Amor, sino en no saber asociar al Amor natural y sensual la espiritualidad y la profundidad, como dice Tannhäuser: “solo conozco el Amor en la felicidad del placer”. De forma que mientras Schopenhauer dice “Todo amor verdadero y puro es Piedad, y todo amor que no sea Piedad es sólo egoísmo”, según su concepción de que el amor sensual es solo una trampa del egoísmo, en cambio Wagner da al Amor, quizás por haberlo sentido tan profundamente y de forma tan espiritual como con Mathilde, una dimensión especial, el amor que partiendo de lo sensual se eleva a Ideal, alcanza el espíritu y une a ambos en un estado fuera del Tiempo-Espacio, momentáneamente siempre claro, siendo pues otra vía, junto a la Compasión, de aniquilar la Voluntad desbocada del Deseo. 
Por ello el Amor físico sin esa elevación superior es un prostitución, el pecado de Klingsor, es el ‘amor’ convertido en ‘Oro’, pues si Alberich maldice el Amor es porque está convencido de comprar el ‘amor puramente sensual’ a través del Oro. Alberich maldice el Ideal del Amor, no el engaño de la Naturaleza, el placer y el sexo. 
Wagner escribirá a Mathilde el 1 enero de 1859 “Es fantástica la sensación que me domina cuando comprendo la dulzura y la delicadeza, pero también la castidad con la cual tu me has amado”. Castidad que no es continencia o ausencia de deseo, sino elevación y subordinación de ese deseo al Ideal.

Si queremos entender un poco más este Amor y su diferencia con el sentimiento de Amor-Compasión, recordemos lo que dice el propio Wagner en la carta del 1 de octubre de 1858 a Mathilde: “Lo que caracteriza a la Piedad es que no está determinada por las cualidades individuales de la persona que sufre, sino solo por su propio sufrimiento. En cambio en el Amor nos debemos elevar hasta unirnos al otro, y solo podemos compartir ese Ideal con alguien con quien sus cualidades sean lo más afines a nuestro Ideal”.

El Amor en Wagner, expresado en su ‘Tristan’, contiene mucho de Schopenhauer, pero en el tercer acto los amantes se unen ya no en la sensualidad desbordada del primer acto, en su amor como producto de la Voluntad, sino que se produce en ellos una unión Ideal, un Amor fuera del Espacio-Tiempo, un Amor que es unión total en ‘otro mundo’, un ‘suicidio por Amor’, eso que Scopenhauer no entendía, y que Wagner lo había sentido con Mathilde, el Amor Ideal fuera de la Representación temporal. 
En realidad Schopenhauer está muy cerca del Budismo, una religión sin dios, que tiene su ‘cielo’ en el aniquilamiento individual. 
Mientras Thomas Mann en sus textos sobre Tristan no logra ver más que sensualidad desbordada al máximo, y una renuncia intelectual ante las dificultades, en Wagner no se trata de una renuncia sino del Amor Puro Ideal que los une una vez han superado las inquietudes de la realidad aceptando la Muerte.

APENDICES:

Este libro acaba con un apéndice de textos wagnerianos sobre Schopenhauer poco conocidos, traducidos al francés, cartas y el fragmentos del diario de Venecia. Y por último un índice bibliográfico.

Por supuesto la lectura detallada de este libro da mucho más de sí que lo que se puede escribir en un artículo, es un libro con enormes posibilidades, tantas como tiene el pensamiento y arte de Richard Wagner. 
Y dejemos claro que Edouard Sans, como yo mismo, deja claro siempre que Wagner, como artista, persona e intuitivo es muy superior a Schopenhauer. El filósofo proporciona la sistematización, la concienciación intelectual, pero Wagner supera el encorsetamiento de todo sistema de pensamiento y lo lleva a la Vida y el Arte.