Por Ramón Bau


El Festival Sacro por excelencia es sin duda “Parsifal” de Richard Wagner. Pese a todas las interpretaciones más o menos extravagantes que se han dado a esta obra, que son muchas y de lo más variado, desde el Budismo extremo a un Esoterismo semi-pagano continuador de las interpretaciones a ese uso de la Tetralogía, es evidente que ‘Parsifal’, tanto por el texto como por su música, es un canto a la Compasión y la Redención por la Religión, y dentro del espíritu cristiano.

‘Apoteosis de la Religión Católica’ lo llamó Domenech i Español aunque no ha contado con la aprobación  de los medios teológicos oficiales. En vano trataréis de encontrar la obra ‘Parsifal’, ni siquiera ‘Wagner’, en la obra magna de 12 volúmenes de “Dogmática Eclesiástica”, concebida como una Enciclopedia del Catolicismo, de Karl Barth, tampoco en la obra “Teología Sistemática” de Paul Tillich, que trata el tema de Arte y Teología, donde evidentemente podría esperarse encontrar algo de Parsifal.

Si se busca en alguno de los grandes diccionarios teológicos podemos encontrar ‘Graal’, pero con referencias al relato de Wolfram von Eschenbach, o Chretien de Troyes, pero nada sobre Wagner!. 
Y sin embargo la obra de Wagner es muchísimo más intensa como base de interpretaciones ,y de sentimiento teológico incluso (no digamos ya humano), que el Parsifal de Troyes y de Eschenbach.

Pero no pretendo aquí realizar un análisis de este tema, sino exponer algo mucho más sencillo y de menor importancia. Como ha llegado un pagano a sentir este monumento del Arte Religioso cristiano como algo propio, de forma que ‘Parsifal’ es sin duda una de las obras que más me emocionan.

Creo que la base de ‘sentir’ Parsifal está en la Compasión. Ninguna otra obra de Wagner trata este tema. El sentimiento de Redención puede encontrarse muy bien tratado en Tanhäuser o el Holandés, especialmente en Elisabeth y a otro nivel en Senta, pero no se expresa en ninguna ese sentimiento ‘nuevo’, profundamente cristiano, que es la Compasión, entendida tal como la siente Parsifal, no como mera Piedad, sino como Dolor compartido, como desgarro ante el dolor del prójimo.

Y creo que es una brillante idea de Wagner iniciar a Parsifal en la Compasión a través de la muerte de un cisne. No hay Compasión si no existe el sentimiento de dolor por todo lo que sufre, no sólo por el humano o conocido, sino por la más mínima criatura natural que sufra. Quién sufre solo por el dolor humano y no por los animales suele ser porque ‘intelectualiza’ ese dolor, lo piensa más que sentirlo. Porque quien ‘siente’ el dolor y sufrimiento debe sentirlo así mismo en los animales.

Parsifal choca con el dolor y la compasión al ver morir al cisne, sigue con el dolor humano, Amfortas, y culmina su camino al sentir el dolor divino, el Cristo, que refleja el dolor por toda la Tragedia del Mundo, pues en Cristo no se ‘siente’ su ‘dolor personal en la cruz’ sino su ‘dolor compartido por la humanidad entera’.

Nunca he logrado sentirme identificado con el personaje de Parsifal, sino con Amfortas. Creo que Parsifal está fuera del alcance de un pagano, y en todo caso fuera del alcance de una persona normal. Parsifal exige una vida de sacrificio, austeridad y rectitud, el largo camino para encontrar Montsalvat, una inocencia, simpleza, en la compasión, que es difícil de asumir por alguien normal, pero que es evidentemente fácil de sentir como algo sublime y deseable. 
Amfortas en cambio me fascina. Su dolor es el dolor humano, el de tantos que sufren. Creo que ese dolor global, tan vivido e intenso, tan sangrante y doloroso como la herida de Amfortas, es el motor de toda actividad de lucha.

El Sentimiento Trágico de la Vida, religión de todo pagano, se basa precisamente en el sentido de Dolor y Tragedia que llena la vida humana. Unamuno tenía la llaga de Amfortas tan abierta y sangrante como pueda describirse en Parsifal, esa llaga que no es producto sólo del ‘pecado’ sino del ‘sentir interno’. Para Unamuno la muerte, la tragedia de la pérdida del Yo, era su llaga. 
El ‘pecado’ de Amfortas es algo global, es la Tragedia en cada caso, desde la miseria hasta el miedo, la enfermedad y la pérdida de los amigos, el paro y la angustia de los padres, el Dolor Humano es enorme y se expande a lo externo y lo interno.

Frente a este Dolor la Humanidad contesta con la insensibilidad, el dolor resbala en amplios ríos a cuya orilla crece la vulgaridad, el desinterés, el egoísmo, el YO como centro, el aislamiento, y todo lo más esa ‘caridad’ externa pero exenta de la compasión, o sea del sentimiento de compartir el Dolor.

Algunos tratan de curar la herida de Amfortas pero pocos hacen suya esa herida, pocos la sientes ellos, como Parsifal la siente. Parsifal no ayuda a Amfortas sino que Muere de Dolor con Amfortas. Y ese sentimiento de compartir el dolor es el que le hace lograr la Redención. 
El mundo ha tratado de curar la tragedia a base de ‘asignar’ dinero, o sea tratando de ‘arreglar’ el motivo concreto del dolor, pero eso es absolutamente insuficiente ,y en muchos casos inútil. Lo que necesita Amfortas es el Simple Compasivo, el que asume su dolor como propio.

En realidad la lucha política no debiera existir. No debemos luchar por unas Ideas políticas, pura temporalidad, y a la postre discutibles a nivel del Intelecto. Luchamos para asumir el dolor, para llamar a un Parsifal que logre redimir el mundo. Todos los revolucionarios deberían ser Amfortas, heridos por la tragedia del mundo, incapaces de salvarse pero dispuestos a ayudar y reclamar un Redentor.

Si se redime la Tragedia, si el Hombre logra ser Persona y elevar su espíritu, ¿qué importan las ideas y símbolos?. No luchar por ‘ismos’, sino por redimir la Tragedia del Mundo. Por ello la lucha debe ser dura, sacrificada, larga e intensa, como lo es la búsqueda de Parsifal, pero nunca basada en el odio, la brutalidad, el terror y la barbarie, porque Parsifal salva por la Compasión y no creando más dolor. Hay que destruir a Klingsor pero sin odio, sin convertirse en un nuevo Mago del Mundo, otro más de los que ofrecen Poder y Triunfo. 
Este es el sentido de Parsifal, cuando lo veáis representar tratad de sentir en su música y su tragedia el dolor del mundo. 
  


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