Por Ramón Bau

 

Las críticas o las opiniones de disconformidad sobre Wagner y su obra suelen venir casi exclusivamente, en esta época lamentable de falta de alternativa artística de una mínima calidad y de conocimientos casi nulos sobre la obra wagneriana, por parte de los enemigos de sus planteamientos políticos o de los lectores de las 'revistas del corazón', y se vuelcan en mentir y difamar sobre la vida privada de Wagner, dado que nada sabrían decir sobre su obra, y menos tratar de discutirla cuando las 'artes' actuales están al nivel del estercolero.

La mayoría de esas críticas personales o políticas son de tan baja estofa que no vale la pena ni comentarlas, y es hacerles un favor a los ignotos difamadores el poner su nombre en nuestra revista. Pero en cambio cuando hay una crítica escrita en serio, con aprecio aunque sea dura, con una personalidad detrás tan excelente como la de Ortega y Gasset, entonces si se merece un comentario, su contestación y debate.

Ortega fue sin duda, junto a nuestro Unamuno, el mayor pensador estético castellano del siglo XX (si, ya se que Unamuno era vasco, pero su esencia, su pensamiento fue castellano). Hombre de calidad, despreciador de lo vulgar, sin pelos en la lengua para denunciar la bajeza y el gusto mayoritario de la masa cuando ésta se orienta a lo degradado, no fue un especialista en Arte pero si en el análisis estético. Sus opiniones sobre la obra de Wagner se basan en una mala comprensión de algunos temas pero no son baladíes, no son tonterías ni dejan de tener una importancia e interés general, razón de más para tratar de contestarlas.

Vamos a centrarnos en las dos críticas principales que efectúa sobre la obra wagneriana, a la que por otra parte asigna el mayor valor y el mayor respeto.

1- ¿LA MUSICA COMO DIRECCIÓN DEL MUNDO?

Cree que Wagner da a la música una amplitud exterior a su campo, asignándola un papel 'imperialista' sobre todo el pensamiento humano. Así podemos leer en Ortega:
"Yo creo que, mirando el hecho desde estos pensamientos, se explica en buena parte el fracaso evidente de música y pintura. Relea el lector las obras teóricas de Wagner y considere lo que este hombre y su generación quisieron hacer de la música ¿No es a todas luces monstruoso esperar tanto de los sonidos concertados? ¿Puede un director de orquesta dirigir el corazón humano, la sociedad y la historia? ¿Puede una melodía sustituir a una religión? Quedaba consignada al siglo XIX, centuria del desmesuramiento en todo, la monstruosidad de este superlativo musical osado por Wagner. Edad de imperialismo omnímodo, no hubo en ella cosa que no quisiera imperar a las demás, ser la primera o la única. Cada arte aspiró a la ilimitación de su esfera. Quiso -muy especialmente la música- convertirse en un idioma de tema universal. Con Wagner, que era un Bismarck del pentagrama, pretendió el sonido ser pintura y narración, poesía y ciencia, política y religión (OC Tomo II-338)".

Hay poca gente que haya leido los textos de Wagner y haya comprendido su intención 'redentora' a través de su obra, pero sin duda algunos de los que han empezado a leerla tienen este mismo pensamiento: "¿No será excesiva la intención wagneriana de hacer de una música, de una ópera, la base de toda redención?". He leido esta misma opinión en algunas cartas con amantes de la música wagneriana que han empezado a profundizar en sus textos teóricos. El propio Nietszche usa este argumento como parte de su ataque a Wagner, al decir que Wagner es un hegeliano, que necesita una 'filosofía' para tratar de elevar su 'música'.

Para contestar, lo primero es citar al propio Wagner en 'Opera y Drama', donde arremete claramente con 'la música' como objetivo de su arte, y, es más, establece que es el Arte, la unión de las artes, lo que busca su obra, no la música.

"Por la música buscan crear unos efectos que sólo pueden alcanzarse por la palabra clara e inteligible de la poesía dramática" ('Opera y Drama' de Wagner).

En 'Opera y Drama': "¿Cómo habría de sentirse el artista, él que sólo ha compuesto de acuerdo a la intención dramática, si los críticos de arte, al referirse a su drama, escribieran únicamente sobre su música maravillosa?". "¿Cómo no iba a ser humillado el músico-poeta si viera al público delante de su obra concentrarse sólo en la mecánica de la orquesta y si fuera elogiado como 'muy hábil instrumentista'?".

"Allí donde un día acabó el Arte, se inició la Filosofía y la Política. Allí donde ahora acaban el político y el filósofo debe empezar el artista" (Wagner en 'Revolución y Arte').

Precisamente Wagner combate y denuncia el 'egoismo de cada rama de las artes', la música, la danza, el teatro, la poesía…. Y exige la unión de todas las formas artísticas en busca de la 'Obra de Arte Total'.

Feuerbach escribe en su obra "El Apolo Vaticano" a este respecto: "No es de extrañar que, dadas sus afinidades, que tienen unas raices profundas, las artes particulares acaben fundiéndose de nuevo en un todo inseparable, que es una nueva forma de Arte. Los juegos olímpicos reunían en una unidad político-religiosa a las ciudades griegas separadas. El Festival Dramático se parece a una festividad de reunificación de las artes griegas".

Esta era la idea de Wagner, y por tanto el camino de redención que marca Wagner no es el de la música, no pretende ser el 'Bismark de la Música', sino que lo que indica Wagner es la redención del mundo por el Arte, por el sentimiento, frente al racionalismo y la economía.

No es el director de orquesta el que dirige el corazón humano, sino que pretende que sea el artista, el arte, el sentimiento elevado, el Amor y la Compasión, en vez de dirigirlo, como ahora, el Dinero, la usura, el placer y el utilismo racional.

Y a la pregunta de Ortega: ¿Puede una melodía sustituir a una religión?, debemos recordar que en 'Religión y Arte' de Wagner deja bien claro que su obra no quiere sustituir la Religión, sino que quiere 'expresar la esencia de la religión'. O sea indica que la esencia más positiva de la religión no es su teología, sino el sentimiento de Amor y Compasión ante el dolor del mundo, y esta esencia se expresa mucho mejor por las artes que por la palabra escrita. Parsifal de Wagner o el mismo 'Mesías' de Haendel acercan mucho más al Dios del Amor y la Compasión que todos los textos de teología juntos, y desde luego mucho más que ese texto lleno de odios y miserias que es el Antiguo Testamento.

Un mundo de sentimiento elevados frente al mundo de deseos materiales, esta es la gran revolución wagneriana del Arte, no es el músico, es el artista.

2- LA MUSICA QUE CONMUEVE O LA MUSICA DE LA BELLEZA

Si la controversia anterior está provocada en la base por una falta de conocimiento de Ortega sobre el pensamiento y la obra de Wagner, en cambio este segundo debate es mucho más interesante pues afecta a la idea misma de la Estética y el Arte, y no a una mala comprensión de Wagner.

Dice Ortega:
"Desde Beethoven a Wagner el tema de la música fue la expresión de sentimientos personales. El artista mélico componía grandes edificios sonoros para alojar en ellos su autobiografía. Más o menos era el arte de la confesión. No había otra manera de goce estético que la contaminación. "En la música -decía aún Nietzsche-, las pasiones gozan de sí mismas". "Aquella música nos compunge, y para gozar de ella tenemos que llorar, angustiarnos o derretirnos en una voluptuosidad espasmódica. De Beethoven a Wagner toda la música es melodrama". (OC Tomo III-368).

"El melodrama llega en Wagner a la más desmesurada exaltación. Y como siempre acaece, al alcanzar una forma su máximo, se inicia su conversión en la contraria. Ya en Wagner la voz humana deja de ser protagonista y se sumerge en el griterío cósmico de los demás instrumentos. Pero era inevitable una conversión más radical. Era forzoso extirpar de la música los sentimientos privados, purificarla en una ejemplar objetivación. Ésta fue la hazaña de Debussy. Desde él es posible oír música serenamente, sin embriaguez y sin llanto".
"Debussy deshumanizó la música, por ello y data de él la nueva era del arte sonoro" (OC Tomo III-370).

Este tema recuerda aquella otra objeción de Nietszche a Wagner: "Detesto toda música cuya única ambición es actuar sobre los nervios". Por tanto acusa a Wagner de necesitar un teatro dramático extremo para justificar una música delirante, "cuando un músico no conoce la sencillez de la música, se hace dramático, se hace wagneriano". "Lo que es bueno es ligero, lo que es divino anda con pie delicado: primer principio de mi estética". "Es preciso 'mediterraneizar la música", (El caso Wagner).

Pero vemos en Ortega una mayor comprensión del tema, que en Nietszche es solo un exhabrupto. No es Wagner, es toda la música romántica, de Beethoven en adelante, la que refleja sentimientos, se hace 'humana', trata de expresar el sentimiento humano, 'temas puramente humanos' como diría el propio Wagner.

Basta oir la primera Sinfonía de Beethoven aun absolutamente clásica, podría ser de Haydn o incluso Mozart, y compararla con la Novena, donde la ruptura del modelo clásico es total. Diríamos que la música de la belleza estructural, con Mozart y Haydn a la cabeza, refleja en ideal de Arte como Belleza, buen gusto, sensibilidad del gusto. Es un arte que se capta con hermosura y profundidad pácida, no exenta de drama o de sentimiento pero siempre encubierto todo por las formas de la belleza y la mesura como centro artístico.

Beethoven es el que rompe con la placidez, provoca el sentimiento continuo, crea la tensión, saca lo humano y lo pone sobre lo bello. Es la diferencia entre un rostro de Fidias y uno de Rodin.

Ortega es un 'clásico', un Goethe, una persona que ama la medida, el medio, la serenidad, el pensamiento centrado. Odia la chusma y teme lo extremo. La valancha de nervios sensibilizados por el drama total debía superar su tendencia al 'centro prudente'. Amaba a Vivaldi, la música centrada, previsible en su hermosura, y cuando escucha Tristan dice que no puede dejar de retorcerse entre sentimientos. Quizás hubiera podido soportar una hora de sentimientos extremos, pero no cuatro. En este sentido Ortega es demasiado interiorista y controlado para amar esa exteriorización total del sentimiento humano. Es curioso que pone como ejemplo de lo contrario 'la deshumanización de la música' con Debussy. Escuchar la música 'serenamente', sin sentir el sobresalto de los grandes sentimientos humanos, ese equilibrio cuasi inhumano de la belleza fría.

Yo creo que la música de la belleza, la armonía y la placitud equilibrada, con el sentimiento fino y delicado, es no solo importante sino necesario, pero no es ese el camino de redención humana, es solo eso que Schopenhauer llamaba 'la música como sedante', el arte que ayuda a soportar la vida, mientras que Wagner es el Arte que expresa la vida, en su dolor y su tragedia, su redención y su destrucción. La belleza nos ayuda a soportar la vida, Wagner nos ayuda a redimirnos como humanos, a buscar un motivo para vivir, un objetivo último.

Beethoven no está contra Vivaldi, es un camino que lo supera.

FUENTE:

WAGNERIANA, n.º 55, 2005


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