Por Oswald Georg Bauer

Thomas Mann envidió su muerte en Venecia, la “ciudad del Tristán”. Un año antes Richard Wagner había terminado “Parsifal”, la obra con la que se despidió del mundo, la que desde siempre sabía sería la última y que medio año antes había logrado estrenar en Bayreuth en su propio Teatro. El no se sobrevivió, cosa que sí hizo Thomans Mann. “Parsifal” fue la “redención” “en él alcanzó la consumación, la conclusión, el fin; después de él ya no existe nada, la gigantesca tarea diaria se ha completado y el corazón que bajo difíciles circunstancias ha resistido setenta años, se paraliza en un último espasmo”. (Pasión y grandeza de Richard Wagner). Esto coincide significativamente con un comentario que Wagner hizo el 6 de febrero de 1883, una semana antes de su muerte, y que Cósima nos ha transmitido en sus diarios y que por lo tanto Thomas Mann no podía conocer: “Yo digo como Otello: he aquí el fin de mi viaje”.

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