Por Oswald Georg Bauer

Thomas Mann envidió su muerte en Venecia, la “ciudad del Tristán”. Un año antes Richard Wagner había terminado “Parsifal”, la obra con la que se despidió del mundo, la que desde siempre sabía sería la última y que medio año antes había logrado estrenar en Bayreuth en su propio Teatro. El no se sobrevivió, cosa que sí hizo Thomans Mann. “Parsifal” fue la “redención” “en él alcanzó la consumación, la conclusión, el fin; después de él ya no existe nada, la gigantesca tarea diaria se ha completado y el corazón que bajo difíciles circunstancias ha resistido setenta años, se paraliza en un último espasmo”. (Pasión y grandeza de Richard Wagner). Esto coincide significativamente con un comentario que Wagner hizo el 6 de febrero de 1883, una semana antes de su muerte, y que Cósima nos ha transmitido en sus diarios y que por lo tanto Thomas Mann no podía conocer: “Yo digo como Otello: he aquí el fin de mi viaje”.

Richard Wagner llegó a Venecia como un hombre enfermo. Hacía años que padecía de una dilatación de estómago, tenía exceso de grasa en el corazón y había sufrido ataques de angina de pecho. Además una hernia le producía intensos dolores siendo esto quizás el motivo de su nerviosismo e irritación. En los días húmedos y nublados tenía dificultades respiratorias y a menudo sufría de vértigos y palpitaciones. En noviembre y diciembre el mal tiempo le causó un profundo malestar y debido a los ahogos respiratorios tuvo que renunciar a sus frecuentes paseos. Hasta que llegaron los días fríos pero claros de enero, no se había sentido mejor. A pesar de todos estos problemas no existía un motivo inmediato de preocupación. Su médico, el Dr. Keppler, opinaba que esta situación podía prolongarse durante años, pero que igualmente existía la posibilidad de que el final llegara inesperadamente.

Wagner soportaba mal el duro clima de Bayreuth por lo que decidió pasar el invierno en el más suave de Italia. Alquiló un ala lateral del Palacio Vendramin y el 18 de septiembre de 1882 se instaló allí con su familia; a finales de la primavera de 1883 quería estar de nuevo en su casa de Bayreuth. A partir de 1976, con la publicación de los diarios de Cósima estamos exactamente informados de como transcurrió su estancia en Venecia. Cósima lo apunta todo con absoluta precisión, cualquier detalle por insignificante que sea merece su atención. Junto a sucesos banales encontramos otros realmente importantes, ella consideró que todo era digno de anotarse. Esto convierte estos diarios en unos documentos sumamente humanos, extraordinariamente humanos. El diario de Cósima es el Cantar de los Cantares de un amor excepcional: El le confiesa, “¡lo que nos ha ocurrido a nosotros no creo que haya ocurrido nunca! Existen relaciones absurdas, excéntricas, pero como la nuestra ninguna”. Para celebrar el cumpleaños de Cósima interpreta para ella en el Teatro de la Fenice su sinfonía C-dur, y toca al piano “iQuién ha logrado conquistar una tal mujer! “. La tarde anterior a su muerte, abrazándola larga y cariñosamente, le dice: “Esto sale bien cada 5.000 años”.

Wagner había pasado ya otro invierno en Venecia -de 1858 a 1859- escribiendo allí el segundo acto del “Tristán”, el acto nocturno, con su “trama metafísica del placer” (Thomas Mann). Un “instinto” lo condujo hasta allí; le escribe a Mathilde Wesendonck que este era el lugar ideal para esta composición: “Desde aquí debo dar a conocer al mundo el sublime y puro dolor del más excelso amor, los tormentos del más ardiente placer”. (3-9-1858). Wagner era sensible a la poesía y al encanto de esta deseada ciudad, a su silencio, a su frágil belleza y a su brumosa melancolía invernal. La Piazzeta era para él la plaza más bella del mundo. Que el segundo acto del “Tristán” naciera en Venecia y que 25 años más tarde Wagner muriera allí ha contribuido en gran parte a crear el mito veneciano, sobre todo para los representantes de la literatura decadente. Todavía en 1983, a los 100 años de la muerte de Wagner, el lema del carnaval veneciano fue, “Amore e Morte a Venezia”. Amor y muerte en Venecia.

Wagner también había participado en el carnaval veneciano. El 6 de febrero, martes de carnaval, se le vio, con muy buen humor, junto a su familia entre la multitud de la Plaza de San Marcos y durante febrero y marzo no logró sacarse de la cabeza la melodía, “Arlequín has de morir”, la tocaba y la cantaba una y otra vez. Pero los pensamientos de muerte se mezclaban con planes para el futuro. Quiere ensayar todas sus obras en Bayreuth, quiere vivir 10 años más, hasta que su hijo Siegfried pueda coger el relevo, quiere componer Sinfonías y escribir un último artículo. Lo empieza el 11 de febrero y lo titula, “Sobre lo femenino en lo masculino”; el mismo día de su muerte, el 13 de febrero trabajó en él. Tras las palabras, “Amor-Trágico” la escritura se interrumpe, el trazo de la pluma se precipita hasta media página, allí termina bruscamente, seguramente la pluma se le escurrió de la mano.

FUENTE:

WAGNERIANA, n.º 19. 1995.

Reproducido de: Richard Wagner Verband.

Traducción: Rosa María Safont.

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