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Una carta de Berlioz a Ricardo Wagner

Notas musicales y literarias, nº32, 15 de marzo de 1883
Por Hector Berlioz

París, 10 de Setiembre de 1855.

Mi querido Wagner:

Vuestra carta me ha causado gran placer. Deploráis con razón mi ignorancia respecto de la lengua alemana, y lo que decís sobre la imposibilidad en que me hallo de poder apreciar vuestras obras, me lo he dicho yo mismo muchas veces. La flor de la expresión, se aja, casi siempre, bajo el peso de la traducción, por más delicadamente que ésta se haya sido hecha. Hay acentos en la música verdadera, que requieren su vocablo especial, y hay vocablos que, á su vez, exigen su particular acento: separar unos de otros, ó suplirlos con aproximaciones, es como amamatar un perrito por una cabra, y recíprocamente. Pero ¡cómo remediarlo! experimento una dificultad tan endiablada para aprender idiomas, que sólo he llegado á saber algunas palabras de inglés y de italiano.....

¡Conque estáis ya en vias de hacer fundir los ventisqueros al calor de vuestra inspiración, al componer los Nibelungen!..... ¡Qué magnífico debe ser eso de escribir en presencia de los grandiosos cuadros de la naturaleza! ¡Es ese uno de los goces que me están vedados! Los hermosos paisajes, las altas cimas, y los aspectos imponentes del mar me embargan, impidiéndome la manifestación del pensamiento. En semejantes ocasiones, siento, pero no podría expresar. No alcanzo á copiar la luna, sino miro su imagen en el fondo de un pozo.

Quisiera poder corresponder al placer que me causa vuestra demanda, mandándoos las partituras que me pedís; pero, desgraciadamente, mis editores no me las dan ya, desde hace mucho tiempo. Sin embargo, hay dos, y aun tres, que son: el Te Deum, L'enfance du Christ y Lelío (monodrama lírico), que se darán á luz de algunas semanas, y éstas, por lo menos, podré enviároslas.

Tengo vuestro Lohengrin; si pudierais mandarme el Tannhäuser, os lo agradecería. La reunión que me proponeis sería una fiesta para mí; mas debo renunciar á pensar en ello: me es preciso hacer viajes enojosos para ganarme la vida, pues París no produce para mí sino frutos amargos.

Ah! si nos fuera dado vivir todavía un centenar de años, creo que habíamos de ver á muchos convencidos, dándonos la razón sobre muchas cosas. El viejo Demiurgo debe reirse bien solapadamente allá arriba, contemplando el éxito constante del gran bromazo que, de tiempo inmemorial, nos da..... Pero no quiero hablar mal de él; es uno de vuestros amigos y sé que le protejéis. Soy un impío, muy respetuoso para con las Urracas (1). Perdonadme este horrible equívoco, con el que termino, estrechándoos la mano.

P.S. En este momento me llega una bandada de aladas ideas de todos colores, juntamente con el deseo de mandároslas..... Ah! me falta tiempo para ello. Consideradme como una bestia de carga, mientras no cambie mi suerte (2).

NOTAS

(1) El equívoco ó calembour consiste en que, en francés, urracas y piadosos es la misma palabra, por escrito y aún en la pronunciación.

(2) De la Correspondance inédite de Hector Berlioz. Calmann Levy, editeur, París 1879.