Monsalvat, nº62. 1979
Entrevista a Jess Thomas
Por Luis Ángel Catoni

 

    Una de las grandes figuras que se presentó en la pasada temporada lírica del Liceo ha sido el tenor norteamericano Jess Thomas, muy famoso por sus creaciones wagnerianas en todo el mundo, incluido el Festival de Bayreuth. Con él conversamos para los lectores de Monsalvat, en compañía de su esposa, argentina de nacimiento, y su hijo de poco más de dos años.

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¿Nos podría dar su concepto de Siegmund, desde el punto de vista técnico-vocal y como personaje dentro de la producción wagneriana?

 

Empezaré con el Anillo, ya que cantó los cuatro papeles del ciclo, Loge, Siegmund y los dos Siegfrieds. Creo que Siegmund es más el muchacho de la naturaleza. Está lo que se podría decir un paso debajo de Siegfried, en el sentido de que nunca alcanza el desarrollo completo. Nunca tiene todas las sensaciones y realizaciones que tiene Siegfried como tener miedo, luchar con el dragón, etc. Nunca tiene su oportunidad. Es de una naturaleza muy primitiva pero muy sana. Musicalmente es muy grave; yo lo clasificaría en la producción wagneriana junto a Parsifal. El segundo acto de Parsifal está escrito de manera muy parecida a Siegmund en cuanto a colocación de voz. Es mucho más grave que los demás roles wagnerianos. Si se compara con Walter von Stolzing, que yo canto mucho, o Lohengrin, o Tannhäuser o Tristán o Siegfried, estos dos roles son mucho más graves. Pero quizás no hay tarea tan agradecida como el primer acto de “Walküre”, ya que está tan unido que en toda su obra, y lo digo siendo un gran admirador de Wagner, es difícil encontrar un acto tan unificado desde la primera nota a la última. Todo está colocado perfectamente. Si se tiene la suerte de trabajar con gente buena, un buen director, una buena combinación, es todo muy gratificante.

 

¿Cómo lo clasificaría en cuanto a dificultad?

 

No es fácil. Yo soy un tenor puro, empecé como barítono, pero nunca fui barítono.Para poderlo hacer y que nos suene a tenor, hay que trabajarlo mucho. Y el primer acto es 90 por ciento Siegmund, con lo cual se está una hora seguida cantando. Comparando con otros papeles es difícil, aunque todos tienen su dificultad. Parsifal dura 20 minutos, pero es difícil porque se ha de estar en escena toda la noche.

 

Siendo un especialista wagneriano, ¿con qué frecuencia canta, o cuántas funciones de este tipo hace al año?

 

Creo que es muy importante limitarse a unas 35 ó 40 funciones al año. No parecen muchas, pero si se para a pensar que eso significa cantar una vez por semana durante diez meses, y con todos los ensayos, o, como ha sucedido aquí, que hay tres en una semana, es bastante. Pero yo hacía dos semanas que no cantaba y no cantaré hasta dentro de una semana. Mi meta es no más de una a la semana.

 

¿Tiene algún límite anual para según qué papeles, por ejemplo, no más de cinco o diez Tristanes al año?

 

No. Además en esta carrera se trabaja por ciclos. Afortunadamente ahora puedo ir a los sitios que me gusta y trabajar con la gente que me gusta. Y eso lo miro primero: Qué hay de reto. Con quién trabajaré. Mi esposa, de habla hispana, dijo que teníamos que venir a Barcelona, y yo había oído hablar de éste bello teatro y del público, así que quería venir. Pero entonces pasa como en 1971, en que tuve una verdadera epidemia de Tristanes. Hice cinco producciones. Unas treinta funciones. Prefiero la variedad, pero si las cosas se presentan así no me importa. A veces son Siegfrieds. Ahora, después de muchos años sin cantarla, me acerco a una temporada que tendrá muchas: “Mujer sin Sombra”. Podría cantar sólo Tristán si me lo pidieran. Pero también me gusta tener algún Lohengrin o Maestros Cantores en medio.

 

¿Qué canta además de Wagner?

 

He cantado de todo. He cantado sobre 90 papeles que van desde el repertorio francés al italiano. Pero ahora canto Strauss, Fidelio, los ocho o nueve Wagner y, de vez en cuando, en según qué sitio, me gusta hacer alguna Aida, Turandot o Tosca.

 

Cuando canta estos roles italianos, ¿lo hace, como algunos, como una especie de terapia vocal?

 

No. Yo no las consideraría ni una terapia ni un descanso, pues tampoco son fáciles. Lo que sí hago en este sentido, como una especie de engrase para la voz, es cantar recitales. Hago bastantes recitales tanto en Europa como en América, en los que también me he especializado en repertorio germano, sea Schubert, Schumann, Wolff o Strauss. Y también hago, en América, conciertos wagnerianos, lo cual es muy saludable, pues sólo se cantan dos o tres arias, que no es lo mismo que aguantar las cinco o seis horas de representación.

 

¿Cuál es el rol más difícil de su repertorio desde el punto de vista vocal?

 

Quisiera citar a Wieland Wagner, con quien trabajé tanto. Hay tres. Son igualmente difíciles por distintas razones. Son, naturalmente, Tnistán, el joven Siegfried y Tannhäuser no es muy largo, pero ingratamente agudo y muy dramático. El joven Siegfried es el papel más largo en la historia de la ópera, sobrepasando en unos veinte minutos a Hans Sachs. El texto es muy difícil, y hay que decirlo muy rápido. Es también agudo, y además en el tercer acto se presenta a la Brunnhilde fresca y descansada. Es muy pesado desde el punto de vista físico. Tristán está siempre bordeando el desastre; si uno se deja llevar en cualquier momento por la emoción, hay el peligro de no acabar el acto, cualquiera que sea.

 

¿Y desde el punto de vista musical?

 

Diría que el más sofisticado es Tristán. Es mucho más refinado que Siegfried, por ejemplo. Este último es mucho más medido, más lanzado. Tristán es esta clase de música-drama, con un fluir constante, repitiéndose los temas tan frecuentemente que es muy difícil, en especial en el tercer acto, estando cansado, distinguir cómo viene en un momento una frase archiconocida.

 

Esta vez hemos sido afortunados pues, a pesar de haber muchos cortes en esta Walkiria, en especial en el tercer acto, hemos oído la parte de Siegmund prácticamente íntegra. Pero ¿qué opina de estos cortes?

 

Sólo se hizo un pequeño corte a mi parte en el segundo acto. El primero fue íntegro. Francamente, cuando se empieza la ópera a las nueve de la noche, o incluso antes, como en América, es imposible hacer Wagner sin cortes, ya no se hace. El hombre moderno espera salir del teatro a cierta hora, y si esto no se cumple, Wagner está mal servido para estas personas. Si necesitan uno o dos cortes para asistir, me parece bien. Volvería a citar a Wieland Wagner, que decía no tener reparo alguno en recortar nada de la obra de su abuelo. Decía que todas se podían cortar menos una de Parsifal. Yo prefiero cantarlas sin cortes, pues sobre todo me molesta que, al ir de un teatro a otro, te tienes que aprender los cortes distintos. Además hay sitios en que los cortes son muy inseguros. Pero es quizás un poco testarudo por mi parte, pues si así viene más gente a la representación, es mejor.

 

Una pregunta sobre escenificaciones. Usted ha cantado hace poco en el Tannhäuser del Met. que, aunque aprovechando todos los medios de la técnica actual, es una producción tradicional de gran belleza. Pero, ¿qué opina usted de esas escenificaciones modernas en que se cambia, no sólo la estética escenográfica, sino la ambientación y el carácter de los personajes?

 

Sí, esta producción del Met. es incluso reaccionaria, y no lo digo en términos negativos. Vuelvo aquí a mencionar a Wieland Wagner, que tanto admiro. Siempre me pregunté cómo trabajaba su mente, pues era un genio. Hice con él la nueva producción de Maestros Cantores, que causó una gran polémica. Tuvo mucho éxito, pero causó una verdadera tormenta. Como el Anillo de Chéreau. Para el artista a veces supone un reto cuando no le ayuda la ambientación. Hemos hecho un círculo. Ante los directores no eran importantes. Luego vino la era de los directores musicales.Ahora estamos en la de los directores de escena. Pero, a pesar de todo, debemos recordar que ópera viene de obra, de trabajo, de funcionamiento, y lo único que hace funcionar esto para el público es la voz. Si las voces funcionan, lo demás es interesante. Pero si la parte oral, la parte vocal, no funciona, lo demás no sirve de nada. La ópera no existe. Se hacen muchas locuras. Pero le diré una cosa. Se puede hacer cualquier cosa, cualquier cosa, si la gente envuelta son grandes artistas. Sinceramente debo decir que mucha gente dijo que el Anillo de Bayreuth 1976 fue horrible. Todavía 
creo que en él hay cosas indefendibles. Pero trabajar con Chéreau fue excitante. Sabía lo que quería y lo hacía muy bien. Es un gran artista. Si en un ambiente en que no crees recibes la sensación musical adecuada, la regia necesaria que crees que ennoblecerá la interpretación vocal, ¿qué importa?. Si, por el contrario, uno se siente ridículo y no se puede cantar como uno sabe que puede, eso no es bueno.

 

Bueno, eso es todo

 

Quisiera añadir que una de las razones por las que amo tanto Wagner fue que me permitió conocer a mi esposa. Era mi primera fan en el Met., pues es una gran wagneriana, de ella aprendo mucho y es mi mejor crítico.

 

Lo celebramos.

 

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