Contáctanos

Acceso Usuarios

Los críticos son los sepultureros de la ópera

Por Alexander Dick

 

ALEXANDER DICK: Señor Schenk, desde hace más de diez años está usted instalado en Bayreuth, se puede decir que usted pertenece al “Inventario” del Festival. ¿Se tiene un sentimiento patriótico al regresar a Bayreuth?

 

MANFRED SCHENK: Mucho, naturalmente. Precisamente éste es mi décimo año de participación. Hace diez años que vivo en la misma casa, en Seulbitz, y realmente me siento aquí como en casa.

 

A.D: En su momento usted recibió de Bayreuth una "llamada tardía",  ¿cómo sucedió?

 

M.S: Empecé a mis 51 años como Pogner; el contrato llegó tras la tercera audición. La prueba tuvo lugar en octubre de 1980. Tuve la suerte de que en aquel momento Wagner necesitaba un Pogner y así pude dar el salto...

 

A.D: Para usted, ¿qué significa Wagner como compositor?

 

M.S: Todo. A veces tengo la impresión de que Wagner escribió expresamente para mí, tan fácil me resulta cantar su música. En él encuentro la perfecta unión entre palabra y música, sencillamente óptima para los cantantes.

 

A.D: Un comentario interesante. Muchos opinan lo contrario...

 

M.S: ... y están completamente equivocados. Naturalmente se ha de saber cantar. El que se limita sólo a unas determinadas tonalidades, éste, especialmente en Wagner se encuentra completamente fuera de lugar. En Wagner se puede cantar el más bello pianissimo en un suspiro pero está claro que se le debe oir. Has de cantar con la música, no contra la música. Esto algunos no lo entienden y creen que forzosamente han de superar y dominar la orquesta.

 

A.D: ¿Qué papeles prefiere?

 

M.S: He cantado todo el repertorio wagneriano y más de 150 veces el Hans Sachs. Prefiero sobre todo Gurnemanz, Sachs y Marke.

 

A.D: Me gustaría hablar un poco sobre la dirección escénica en la ópera. Usted como miembro de la Opera de Frankfurt...

 

M.S: ...damnificado. Soy un damnificado de Berghaus, lo digo con toda franqueza. He trabajado con Ruth Berghaus durante diez años y con mucha frecuencia he encontrado absurdo lo que exige a los cantantes.

 

A.D: ¿Qué es lo que usted le reprocha?

 

M.S: Creo que la Sra. Berghaus tergiversa completamente el sentido de las óperas. Las figuras principales se convierten en figuras secundarias. La acción es absolutamente accesoria. Por ejemplo, en una conferencia sobre “El Ocaso de los Dioses” la advertí que no había mencionado una sola vez la palabra "Anillo". Su respuesta literal fue: “El anillo es absolutamente insignificante”.

 

A.D: ¿Cuál cree usted que es la finalidad de una buena “regie”?

 

M.S: Yo soy ya un hombre maduro... quiero decir que mis gustos no son los actuales. Creo que en la escena debe seguirse la idea del compositor, del libretista y de la acción de la obra y no al contrario. Cuando todo lo que se hace va en contra de esta idea, como en el caso de Berghaus, para mí esto es puro guiñol. Por ejemplo, haciendo yo el Hagen del “Ocaso de los Dioses” pretendió que cuando cantara: “Me siento aquí para vigilar” (Acto 1º, escena 2ª) realizara un intento de suicidio. Al preguntarle por qué, contestó textualmente: “Una persona que siente una intensa alegría se mata”. Trabaje usted con una tal señora durante meses...

 

Los culpables de que estas puestas en escena y estos regidores sean posibles son los críticos. A ellos les parece bien. Por esto creo que los críticos son los sepultreros de la ópera. Pero los resultados ya pueden verse: Frankfurt es uno de los primeros teatros que está luchando por su supervivencia. Los culpables son los regidores y los críticos que destrozan las puestas en escena “normales”. Parece que todo se ha de poner cabeza abajo: Tristán e Isolda ya no se quieren, etc...

 

A.D: Usted mantiene una posición crítica y distante con la Opera de Frankfurt. ¿Por qué, a pesar de ésto, se queda allí?

 

M.S: Si tuviera ante mí diez años más me marcharía, pero ahora sólo me queda un año y medio para la jubilación.

 

A.D: ¿Cómo juzga usted la situación del teatro musical en Alemania?

 

M.S: Muy crítica. La rueda debe regresar a su lugar. La gente está hambrienta de ópera pero con estas absurdas puestas en escena se está alejando al público adicto. Otro ejemplo: 
Observe usted la situación del Teatro Schiller de Berlín. Todo el mundo grita, escribe y se declara solidario, pero estos son los que han llevado la casa a la ruina. Los intendentes vienen y van y se dejan pagar, nos encontramos ante un caso parecido al de los entrenadores de futbol.

 

A.D: ¿Cuáles son las representaciones wagnerianas de los últimos diez años que usted cree más logradas?

 

M.S: La mayoría de las representaciones de Bayreuth con excepción del último “Anillo” en el que existía un exceso de movimiento y una sobreactuación. Tengo colegas que tuvieron que entrenarse para poder hacer las acrobacias de la parte de “Siegfried”. Así, un cantante que hace los grandes papeles debe parangonarse a un atleta de alto rendimiento. Cuando canto Hans Sachs tengo la impresión de que participo en la maratón. De todas maneras no llegamos al entreno con poleas... en lugar de ésto se debería dar más valor a la belleza del canto.

 

A.D: Hablando de canto: ¿Qué es lo principal en la educación de sus alumnos?

 

M.S: La técnica. La técnica es lo absolutamente primordial y sobre todo la correcta colocación de la voz. Con la voz bien colocada se puede hacer todo. Después viene el resto. Si se tienen problemas en la voz no es posible moverse libremente en escena. Cuando se canta mal no es posible tener la libertad de movimientos.

 

A.D: ¿Se dan las suficientes nuevas voces?

 

M.S: Sí. Quizás no hay las voces excepcionales de hace años, pero el promedio es mucho mejor. Hoy es posible ver representaciones de gran calidad en pequeños teatros. Otro tema del que se debe hablar es el de los cachets. Encuentro muy acertada la norma de Bayreuth de no pagar a los cantantes sino a los papeles. A mi me ha pasado que para cantar Hans Sachs he cobrado la mitad de lo que cobré para cantar Pogner...

 

La culpa de esto la tienen los intendentes. Y lo peor de todo es que así un cantante no es valorado por su prestación sino por su cachet. Con lo cual podemos decir que en los teatros el nivel artístico no es lo primordial. Lo primordial es la administración que cada vez reclama más y más. Las actuaciones se planifican principalmente bajo el punto de vista de la técnica. No tendremos otra solución que retroceder, no solo en el teatro, también en la vida. No puedo seguir aceptando lo que los sindicatos exijen: trabajar menos-ganar más. En algún lugar se encuentra el punto de explosión. Pues bien, yo creo que ya lo hemos alcanzado.

 

(Reproducido de las Richard Wagner Nachrichten, enero 1994)