Monsalvat, nº185. 1990. Traducción de Ángel Fernando Mayo 
Por Manfred Eger

 

La banda sonora de «Ludwig II», de Luchino Visconti, trajo a los wagnerianos la sorpresa de una, allí llamada «Última composición» de Wagner, una bella frase musical de trece compases. Hubo quien entonces manifestó su incredulidad, a pesar de que esta música es inconfundible. Incluso no aparece citada en catálogos recientes de la obra de Wagner. Publicamos a continuación un artículo que Manfred Eger, director del Museo Nacional Richard Wagner, de Bayreuth, procedente del cuadernillo de las Festspielnachrichten correspondiente al «Holandés errante» de 1981, que edita el Nordbayerischer Kurier. 
 

    Quien lo conoce, aprecia como una joya entre las obras de Richard Wagner a ese tema en La bemol mayor que ha sido conocido hasta ahora como Tema Porazzi. Pero este nombre descansa en un error. Lo prueba un documento que ha estado oculto más de cuatro decenios y que ahora es publicado aquí por primera vez (i). Tan notables son las mistificaciones en torno a este tema, tan memorable es su historia. Esta última revela al mismo tiempo algo sobre el misterioso encanto de la Elegía en La bemol mayor, como podría ser llamada con fundamento.

    Un error y sus consecuencias: lo primero será el aclarar el caso «Porazzi». Desde principios de febrero hasta el 19 de marzo de 1882 Richard Wagner paró con su familia en Palermo, en la villa del príncipe Gangi, sita en la Piazza dei Porazzi. Allí anotó Cosima el 2 de marzo en su Diario: « ...después le oigo improvisar abajo, está escribiendo una melodía, me la enseña y me dice que tiene finalmente la línea tal como la deseaba». Mientras él la tocaba, para Cosima la melodía era «como una flor acuática floreciendo al exterior desde las profundidades de nuestro ser».

    Tres días después, el 5 de marzo, escribe: «Después del arrebol vespertino R. tocó la nueva melodía, en la que ha cambiado algo; ¿y no debo decirle que en ella se manifiesta todo mi actual estado de ánimo?. No me atrevería si yo no sintiera que la anhelada mirada de la criatura humana parece guardar afinidad con los benéficos rayos de las estrellas».

    El 13 de marzo es cuando aparece el nombre: «R. tocó ... la Melodía de los Porazzi,  a la que ha dado la inflexión deseada». Finalmente, el 27 de marzo -la familia se ha trasladado mientras tanto a Acireale- aún vuelve a ser mencionado el tema: «Antes de irse a la cama, R. improvisa sobre la Melodía de los Porazzi, esa melodía que me devuelve el más secreto velo de mi alma».

    A una «entrega de la casa Wahnfried» se refirió el archivero de la familia, Dr. Otto Strobel, cuando en el programa general del Festival de Bayreuth de 1934 publicó por primera vez -con la designación de Tema Porazzi- la Elegía en La bemol mayor. La ponía allí en relación con las antedichas citas de los Diarios de Cosima, que le eran conocidas por resúmenes proporcionados por Eva Chamberlain (ii).

    Pero el Tema Porazzi y la Melodía en La bemol mayor son dos cosas distintas. En 1956, en su libro «Wagner», Curt von Westernhagen publicó un bosquejo musical de mano de Wagner. El tema, presentado como Adagio,  aparece escrito en dos variantes. Para la primera Wagner ha añadido: «2 de marzo de 1882»; para la otra: «4 de marzo». Las dos primeras anotaciones en el Diario de Cosima sobre el Tema Porazzi proceden -como ya se ha dicho- del 2 y del 5 de marzo de 1882. La relación es evidente.

    Cuando los Diarios fueron extraídos, en 1974, de la caja acorazada muniquesa donde habían estado bajo llave desde hacía 35 años, también aparecieron allí varios paquetes con cartas de Cosima manuscritas. En un sobre, dirigido a la condesa Wolkenstein, habla una tarjeta de visita de Richard Wagner. En la parte superior, escrito por él, está anotado un tema de seis compases, en Mi bemol mayor. Abajo, de mano de Cosima, se lee esta advertencia: «Melodie der Porezzi».

    El tema es idéntico al publicado por Westernhagen como Adagio,  con pequeñas divergencias: probablemente aquella nueva «inflexión» mencionada por Cosima.

    Con esto han desaparecido todas las dudas.

    Pero persisten los enigmas. Cuando Eva Chamberlain hizo poner bajo llave en 1941 hasta treinta años después de su muerte los Diarios y numerosas cartas de su madre, para ponerlos fuera del alcance de Otto Strobel, al que detestaba, ¿por qué ocultó también esta inocente tarjeta de visita?. ¿Ouizá porque Eva había sido la fuente de aquella (falsa) tradición familiar y había puesto a Strobel sobre una falsa pista... y porque el documento probaba su error?.

    Y Cosima: ¿por qué se sentía tan aludida por esta melodía, «como si le reflejara el más secreto velo de su alma?». ¿Hay semejanzas con otros motivos «elocuentes» en la obra de Wagner, que al menos permitirían suposiciones?.

    Pero volvamos a la Elegía en La bemol mayor. Fuera de Wahnfried, su existencia fue conocida en 1931 por noticias de prensa: tal como se informó, Eva Chamberlain había regalado a Toscanini, bajo la impresión de la primera representación de «Parsifal» dirigida por éste en Bayreuth un «valioso manuscrito musical». Y además se dijo que de esta hoja había acompañado muchos años a la partitura original de «Parsifal» y que representaba el último homenaje musical de Wagner a Cosima. Al hilo de la cuestión se eleva la pregunta de si Eva Chamberlain estaba autorizada para retirar del archivo familiar esta joya y regalarla, pues después de la muerte de Siegfried Wagner su viuda Winifred tenía, como heredera principal y tutora de sus hijos, los derechos de disposición exclusivos sobre el archivo. Pero también es posible que Cosima hubiera regalado ya antes la hoja a su hija.

    Durante aquellos Festivales del verano de 1931 se llegó a un escándalo. Para el 4 de agosto estaba organizado un concierto en recuerdo de Siegfried Wagner, fallecido un año antes. Toscanini, Furtwängler y Elmendorff debían dirigir una obra cada uno. Se descuidó el ofrecer a Toscanini el primer ensayo. Es posible que él se sintiera postergado por ello, pues las rivalidades habían cargado de electricidad la atmósfera en la colina. Pero lo que de verdad parece haber ofendido el amor propio del maestro es otra circunstancia. Irritable y nervioso a causa de dolores insoportables en los brazos, había exigido que no asistiera público al ensayo. Cuando apareció por allí, se encontró con el teatro lleno. Y no sólo esto: ¡habían cobrado la entrada!.

    Toscanini dirigió sólo unos pocos compases, paró dos veces, de repente dejó la batuta y abandonó el Festspielhaus. Por la tarde no acudió al concierto conmemorativo, y en su transcurso depositó flores en la tumba de Siegfried Wagner. En verdad, dirigió las restantes representaciones de «Parsifal», pero el mal humor persistió (iii).

    Toscanini devolvió una carta y un valioso manuscrito musical enviados por Winifred Wagner. Con una carta de cortesía le agradecíala hospitalidad -había vivido en la Casa-Siegfried-, pero al mismo tiempo manifestaba que no deseaba volver a Bayreuth. Había creído que llegaba a un templo, y había ido a dar en un teatro totalmente al uso, normal.

    Evidentemente, esta puntualización se refería al pago de la entrada para el ensayo. Si se piensa en el motivo de la organización del concierto, es comprensible la reacción de Toscanini, tanto más cuanto se sabe que éste había declinado -al igual que en 1930- la percepción de honorario alguno por su actividad directorial.

    Después de la última representación de «Parsifal», el 29 de agosto, acudió a casa de Eva Chamberlain, invitado por ésta. En la conversación con ella y su hermanastra, Daniela Thode (iv), volvió a dar expresión a su profunda decepción, ciertamente para satisfacción de ambas damas, que se sentían postergadas, por su cuñada, Winifred Wagner, y seguramente no estaban bien dispuestas hacia ella. Durante esta visita Toscanini tocó para ella varias veces, «con profunda emoción», como recuerda Daniela Thode, la Elegía en La bemol mayor anotada en esa hoja que Eva le había regalado. En su noticia sobre la «Aparición y marcha de Toscanini», en Bayreuth, Daniela menciona erróneamente la Elegía como el Motivo Porazzi.

    Después de la publicación por Otto Strobel, en 1934, el tema en La bemol mayor cayó de nuevo en el olvido y fue mencionado aquí y allá de vez en cuando como Tema Porazzi. Circunstancialmente, pudo ser escuchado en revisiones para orquesta; así también -junto a otras obras- en un concierto conmemorativo del 150º aniversario de Richard Wagner, en la Gemeindehaus de Bayreuth, dirigido por Gilbert Gravina, biznieto de Liszt (v). Este minuto -la ejecución no dura más- ha permanecido inolvidable para numerosos oyentes.

    Sólo advertida por pocos, la Elegía emergió en la banda sonora de la película «Ludwig II», de Luchino Visconti. Franco Mannino la empleó allí en la versión original para piano y en dos revisiones propias: una para instrumentos de madera y otra para cuerdas. Y con esta versión orquestal la melodía reveló toda su honda y acabada madurez.

    Los 13 compases fueron anotados en el original en verdad para piano, pero en la concepción de Wagner habían sido sentidos sin duda orquestalmente, túrgidos, fluyentes y sutiles, de una manera que no puede hallar en el piano su plenitud. Fragmentos de esta «música de película» han sido conservados en un disco negro (Polydor 2490150) (vi). La preciosa hoja con el original manuscrito de la Elegía en La bemol mayor había sido dada por desaparecida después de la muerte de Toscanini.

    En 1977 un tal Massimo Ansbacher, de Milán, se presentó en el Archivo Nacional del Museo Richard Wagner, de Bayreuth. Por encargo de su tía, Gabriele Ansbacher, traía consigo diversas fotocopias, entre ellas una de aquella Elegía desaparecida. En una carta la dama rogaba información sobre el particular. El manuscrito había estado en su casa, pero no sabía cómo y cuándo había llegado a poder de su padre. Lo único que sabía es que su padre había tenido amistad con Toscanini.

    En otra copia podía leerse esta dedicatoria manuscrita de Toscanini: «al carissimo amico Avo. Luigi Ansbacher con affettuosa cordialità, Bayreuth 24-6-1931, Arturo Toscanini». ¿Con esta dedicatoria el maestro  había vuelto a regalar la valiosa hoja, quizás a causa de su enfado con la familia Wagner?.

    En contra de esta tesis está el hecho de que Toscanini no había llegado a Bayreuth hasta el 24 de junio de 1931, y que en esa fecha aún no podía hallarse en posesión de la hoja; el escándalo (y la ruptura) se produjo el 4 de agosto. Además, Toscanini tocó el tema a finales de agosto para Eva y Daniela, y con ello dio el testimonio de lo que sentía ante este destello wagneriano. Y aún es impensable, dada su profunda veneración de Wagner, que hubiera profanado una hoja manuscrita suya convirtiéndola en juguete de un estado de ánimo.

    Así pues, es evidente que la dedicatoria no guarda relación con la hoja. Lo más probable es que el «maestro» se la haya regalado después a su amigo Ansbacher, posiblemente entre sus disposiciones testamentarias. Digna de atención es la copia de la parte escrita a mano: al pie del original hay una nota de Eva: «Hoja dedicada a mamá, adjunta a la partitura de "Parsifal". Palermo, 25 de diciembre de 1881. Además, añadido después y con otra tinta: «Eva Chamberlain-Wagner».

    Esta fecha es un indicio que en aquel entonces hubiera tenido que irritar: Si Cosima informaba de la génesis del Tema Porazzi en la primavera de 1882, ¿cómo podría haberle ofrecido Wagner la partitura en limpio ya en las Navidades de 1881 como regalo de cumpleaños, juntamente con la partitura (casi) acabada de «Parsifal»?.

    Si en 1934 Otto Strobel se equivocaba respecto al nombre, su artículo sobre el tema en La bemol contiene indicaciones sobre su génesis que al mismo tiempo arrojan luz sobre el misterio de su significado y efecto.

    Entre los esbozos para «Tristán» había descubierto Strobel una hoja que revela los antecedentes. Zurich, 1858, en El Asilo: Wagner trabaja justamente en el dúo de amor del segundo acto de «Tristán». A lápiz esboza velozmente la música para las palabras de Tristán a Isolda: «Wen du umfangen, wem du gelacht, wie wär' ohne Bangen aus dir er je erwacht» (El por ti abrazado, aquel a quien sonríes, ¿cómo podría jamás despertar fuera de ti sin temor?). En ese momento le viene a la cabeza otro tema y lo anota al dorso con tinta negra, o puede ocurrir que este tema ya estuviera anotado antes. Comienza con notas que ascienden como preguntas, preguntas de Tristán a Isolda... ¿o, mucho más inmediatas e íntimas, preguntas de Wagner a Mathilde Wesendonck?.

    Desde las disonancias de «Tristán», entrando cada vez forte,  se elevan schmachtend  (suspirantes, languidecientes de amor: así reza la indicación dada por Wagner) estas preguntas y no se extinguen piano,  sino que, por decirlo así, permanecen en pie: la primera vez, temerosamente; la segunda, en un semitono de intensidad dolientemente ascendente. Y los dos compases siguientes, con su sucesión de semitonos elevándose crescendo-diminuendo  desde un acorde armónico, se oyen como un consuelo, pero sólo aparente. Pues aún vuelve a emerger la pregunta, más apremiante, dubitativa, casi desesperada, y todavía lo hace una cuarta vez, ahora recogiéndose en un semitono, resignándose de manera consuntiva. Y los dos compases siguientes, con sus sucesiones 
de tonos descendentes, son como un conformarse con esta resignación. Una Elegía... Así queda el apunte, pero sin una verdadera terminación: inacabada.

    Hasta la época de «Parsifal», dos decenios después, no vuelve a caer esta hoja en manos de Wagner, y el recuerdo ha de conmoverle o al menos le inspira ocupación; si no, no hubiera tomado de nuevo papel y pluma (se trata de la tinta violeta de la partitura de «Parsifal»; así, una indicación de época fiel, como ya dedujo Strobel).

    Ahora Wagner tacha el último compás del apunte, el octavo, y lo sustituye por cinco compases adicionales: el motivo de resignación es repetido primeramente un tono más bajo, la melodía queda cerrada formalmente... Después emerge aún dos veces el motivo de la interrogación, sólo que aún más piano,  por decirlo así, como un recuerdo lejano. Este recuerdo desemboca en un acorde armónico, en cierto modo se deja caer tranquilamente en este acorde y se pierde así en un pianissimo  infinitamente apacible, si los primeros ocho compases eran preguntas a Mathilde Wesendonck, las respuestas que aquella mujer no dio las ha dado ahora Cosima.

    ¿ Era esto lo que Wagner quería decir cuando reescribió los últimos cinco compases?. ¿Podemos entender así que con esto hizo retirarse sus recuerdos dedicados a otra detrás de su sentimiento de gratitud a la mujer que supo cómo podía ayudársele, y que efectivamente le ayudó?. En todo caso, para Cosima escribió el esbozo completo, y a ella dedicó y regaló esta hoja. Ha de haber tenido para él un profundo significado en relación a Cosima.

    La velada deI 12 de febrero de 1883, en el Palazzo Vendramin de Venecia, la última noche antes de su muerte, Wagner leyó en voz alta pasajes de la «Ondina» de De la Motte-Fouqué. Después se sentó al piano y tocó -así lo cuenta Glasenapp- «una maravillosa melodía que había encontrado en estos días entre sus papeles y que realmente debía haber sido encuadernada con el ejemplar de la partitura para piano de «Parsifal» destinado a la señora Wagner».

    Esto fue pocas horas antes de que Wagner abrazara a Cosima -a solas con ella- por última vez «larga y tiernamente» y dijera sobre la relación de ambos: «Esto sale bien una vez cada 5.000 años»

    ¿Qué había sentido Cosima antes, cuando él tocó para ella aquella Elegía?. ¿La advertencia sobre la melodía que «me devuelve el más secreto velo de mi alma», ¿no había tenido que referirse mucho más a esta Elegía en La bemol mayor que al Tema Porazzi citado por ella?.

    Pero en sus Diarios no aparece mencionado una sola vez el regalo que acompañaba a la partitura de «Parsifal». Y en sus anotaciones sobre la última noche no se encuentra una sola palabra respecto a que Wagner había tocado al piano el tema en La bemol mayor: ella olvidó lo que otros habían hallado tan «maravilloso».

    Que después de tal noche, a la mañana siguiente, se llegara -probablemente por celos de Cosima a causa de un aviso de Carrie Pringle (vii)- a una discusión, a excitaciones que fueron fatales para la extremadamente amenazada salud de Wagner, impresiona amargamente. Ciertamente, Cosima estuvo a su lado en los últimos minutos. Pero quién sabe cuán solo estaba cuando murió. Esta pregunta da a su última dedicatoria musical a ella, a esos trece compases de la Elegía en La bemol mayor, una resonancia dolorosamente trágica. 
  
  
 

NOTAS

i.    Julio de 1981. 
ii.    Nacida Eva Wagner. 
iii.    La crónica de Berta Geissmar, secretaria de Furtwängler, corrobora los hechos con algunas diferencias: «Por la manaña, en el ensayo general, Toscanini rompió su batuta y abandonó el podio. (Después se supo que el maestro, que durante el periodo de ensayos había esperado ensayar sin perturbaciones al menos esta vez, se enfadó al encontrar la sala llena de público. La Dirección había autorizado la entrada a los allegados de los cantantes, coristas y músicos, así como a los empleados del Teatro). El caso es que, sumamente excitado, Toscanini interrumpió el ensayo y explicó a Furtwängler, que le salió a toda prisa al encuentro, que se marchaba y que esa tarde no participaría en el concierto homenaje (...). Furtwängler, como director musical, dirigió el ensayo hasta el final y me envió entretanto a la señora Wagner, para informarla sobre los propósitos de Toscanini. Esta comentó: "No creo que Toscanini sea capaz de hacerme esto, de abandonarme en esta circunstancia". No obstante, me envió con su sobrino, Gil Gravina, que por mor de sus conocimientos del italiano servia a menudo de intérprete al maestro, a Wahnfried, donde Toscanini se alojaba en la Casa-Siegfried como huésped de honor. Los criados nos participaron que Toscanini acababa de partir para Marienbad con su chófer y sus idolatrados perritos» (Musik in Schatten der Politik, Atlantis, Zurich, 1945, pág. 75. Traducción: AFM). 
iv.    Nacida Daniela von Bülow. 
v.    El mismo Gil Gravina de los incidentes con Toscanini en 1931, hijo del conde Gravina y de Blandine von Bülow. 
vi.    A España llegó como Philips 63 23021. 
vii.    Joven cantante americana que cantó una de las doncellas-flor solistas en el estreno de «Parsifal». Hay indicios de que fue el último devaneo de Wagner. La hipotética carta anunciando su visita en Venecia -seguía estudiando canto en Italia- no es conocida. Sí se conserva su telegrama de condolencia por la muerte de Wagner. En el Festival de 1883, no volvió a actuar en Bayreuth. Su pista se ha esfumado. 
  
  
 

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