Madrid, 1891. Pamplona, 1955. Bilbao, 1990
Memorias de Julián Gayarre (1844-1890)
Por Julio Enciso

 

    En el otoño de aquel mismo año 1872 cantó en Bolonia.

Discutíase por entonces muchísimo y reñíanse grandes batallas entre los dilettanti  de Italia, acerca de la nueva música del gran compositor alemán Ricardo Wagner. Muchos eran los entusiastas y muchos detractores del ilustre maestro, entre los cuales también algo de pasión, hija del espíritu de nacionalidad, porque creían que la nueva música de Wagner venía a levantar sombras en la limpia región en que siempre había brillado la música italiana.

    La batalla se dio al fin en Bolonia, para donde había sido contratado Gayarre, a quien por entonces comenzaron a llamar algunos "el joven sucesor de Mario".

    Se cantó el Tannhäuser, y Julián era el protagonista.

    Parte del público, enemigo del maestro alemán, iba decidido a echar abajo la ópera, y la primera noche, en efecto, hubo escándalo mayúsculo; pero Gayarre fue muy aplaudido, pues la manifestación se hacía sólo contra la partitura  de Wagner.

    La segunda representación tuvo ya otro cariz, pues el éxito fue franco y grande para la ópera y para los artistas. Gayarre, sobre todo, fue festejadísimo en esta primera vez que Italia escuchaba el Tannhäuser.

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Roma 9 de Marzo de 1873

Sr. D. Conrado:

(...) Poco tengo que hablar del tiempo que ha pasado desde que no le he escrito hasta ahora. Todo se reduce a decirle que el verano lo he pasado estudiando y paseando, y el otoño he cantado en el teatro de Boulogne una ópera titulada Tannhäuser, del célebre Ricardo Wagner, el maestro de la llamada música del porvenir. La primera noche no gustó, pero luego concluyó por entusiasmar al público.

Julián Gayarre

 

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    La temporada (de 1881) tuvo un magnífico remate cantando Gayarre la grandiosa partitura de Wagner Lohengrin, ópera que se representaba por primera vez en Madrid.

    La música de Wagner era discutidísima; pero cuando se oyó cantar a Gayarre el Mercé, mercé cigno gentil; cuando se escuchó el hermoso dúo de "Elsa" y "Lohengrin", y, sobre todo, el gran raconto  final, la victoria del maestro alemán fue completa. Como en Bolonia, Gayarre, ganaba también en su patria la batalla.

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    Era ya principios de enero de 1888 cuando se presentó nuevamente en la Scala  de Milán con La Africana. 
    ¿A qué repetir una vez más el éxito inmenso que allí obtuvo? 
    -¡Ecco il nostro gran tenore!  -exclamaban los milaneses, aplaudiéndole a rabiar.

    Lo que conquistó esta vez fue una doble victoria con el Lohengrin.

    Y fue el caso que la célebre partitura del maestro alemán había naufragado  en aquel teatro de la Scala  la primera vez que se puso en escena. Ahora, al cantarla Gayarre, el éxito varía mucho. Hizo que los milaneses aceptarán la ópera, obligándoles a aplaudir el raconto, el gran dúo y la canción del Cisne; éxito que fue acrecentándose en las representaciones sucesivas, hasta dejar de repertorio el Lohengrin.

    La victoria fue, pues, completa para el compositor alemán y para nuestro artista.

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