Mientras la pléyade de idiotas asignan a Wagner las más neuróticas teorías, hoy en día se componen ‘operas’, o ‘cantatas escénicas’, como llama el crítico musical ¿? Sr. Tellez a semejante adefesio, que serían realmente objetos dignos de análisis freudianos.
Es curioso, en esta época lamentable se dicen locuras de los dramas wagnerianos serios, y se escriben cosas pretendidamente ‘serias’ de una obra de locura de verdad.
Se trata de una ‘opera actual, de un tal Héctor Parra (1976) bajo el sugestivo título de ‘Hypermusic Prologue, ópera descriptiva en siete planos’.
El comentario sacado en la revista Diverdi junio 2010 pag 53 no tiene desperdicio como muestra del lenguaje científico-de-altura para explicar una obra de ruidos….  Es como esos casos en que una mancha negra requiere un título a lo ‘Geografía astral del alma del andrógino’ para ocultar la estupidez del borrón negro.

Se inicia la explicación dando como de ‘dominio público’ que se conoce la teoría de cuerdas y la gravedad cuántica, que yo, ingeniero superior, conozco solo superficialmente, aparte de no estar probada en absoluto y que a la gente le debe sonar a chino.
Pero la frase esencial es.
“Ninguna idea poética podría resultar más atrayente para un joven operista que el viaje por esa hipotética dimensión escondida que separa irremediablemente los universos de sus protagonistas, una soprano y un barítono (marido y mujer en la ficción) que se debaten en espacios y tiempos incompatibles. El conflicto dramático se establece en razón de que la mujer logra acceder al universo de cinco dimensiones mientras que el hombre queda confinado en el espacio-tiempo relativista tetradimensional, de tal modo que ella dispone de energías y tiempos variables de acuerdo con su posición espacial mientras que él no puede exceder sus límites originales ni liberarse de la gravedad: la vida misma”.
¡Por supuesto!, no hay nada más poético en el mundo actual que la teoría de cuerdas, y ser feminista asignando a la mujer 5 dimensiones y solo cuatro al hombre, seguro que merece una subvención del Ministerio de Igual-da que Zapatero organizó.
Un poeta sensible el tal Parra, que ocupa actualmente la cátedra de composición electro-acústica del Conservatorio de Aragón, donde puede cobrar por hacer estos ruidos electrónicos.
Lo más jocoso es que el tal Parra ‘se haya sentido fascinado por los trabajos teóricos de Lisa Randall en astrología’, genial… un astrólogo de catedrático, leyendo la mano y echando el tarot para aprobar a sus alumnos.
En fin, leamos este texto porque es realmente un ejemplo de la locura actual en composición de ‘óperas’….:

LA DIMENSION ESCONDIDA
“Como es de público dominio, la teoría de la relatividad es incompatible con la mecánica cuántica, lo que plantea la gravísima cuestión de integrar la gravedad a la teoría unificada de interacciones si se quiere elaborar una Teoría del Todo. Diversas hipótesis han sido formuladas en los últimos treinta años para solventar este espinoso problema que trae a la humanidad entera de cabeza desde las primeras décadas del siglo XX. La teoría de cuerdas y la gravedad cuántica de bucles son, de momento, los dos candidatos más firmes para abordar esa cuestión trascendental, pero sus desarrollos matemáticos distan de hallarse cerrados por la gran complejidad que exigen, a lo que se añade la imposibilidad objetiva de obtener pruebas experimentales de sus predicciones dada la ingente energía necesaria para ello (sería preciso un acelerador de partículas del tamaño de la galaxia): solamente sería posible obtener evidencias indirectas que -como la supersimetría, por ejemplo- permitiesen otorgar un importante grado de fiabilidad a la teoría de cuerdas (que, por su parte, tampoco se encuentra actualmente unificada: hay, como mínimo, cinco variantes principales) En la última década. Lisa Randall v Raman Sundrum han desarrollado una ingeniosa cosmología de branas que permite describir la realidad subatómica e integrar el gravitón en un espacio Anti-Sirter (que, como se sabe, tiene una geometría hiperbólica de curvatura negativa), lo que propiciaría la aparición de una quinta dimensión mensurable separando dos branas de Minkowsky. una de las cuales albergaría el universo de los bosones y fermiones del modelo estándar y la otra el del gravitón, regida esta última por la teoría de la gravedad cuántica: la función de probabilidad de esta partícula postulada por la teoría (aún no encontrada experimentalmente: uno de los cometidos esenciales del recientemente inaugurado LHC sería, justamente, el hallazgo del bosón de Higgs) tendría un valor muy alto en ésta, y extremadamente bajo en aquélla, lo que explicaría la (relativa) debilidad de la interacción gravitatoria en el universo observable. Ninguna idea poética podría resultar más atrayente para un joven operista que el viaje por esa hipotética dimensión escondida que separa irremediablemente los universos de sus protagonistas, una soprano y un barítono (marido y mujer en la ficción) que se debaten en espacios y tiempos incompatibles. El conflicto dramático se establece en razón de que la mujer logra acceder al universo de cinco dimensiones mientras que el hombre queda con finado en el espacio-tiempo relativista tetradimensional, de tal modo que ella dispone de energías y tiempos variables de acuerdo con su posición espacial mientras que él no puede exceder sus límites originales ni liberarse de la gravedad: la vida misma.
Que el barcelonés Héctor Parra (1976) es uno de los nombres más relevantes de la joven música española es un hecho tan incuestionable como que la, antaño desdeñada, constante cosmológica de Einstein ha adquirido nueva actualidad (pasando al lado derecho de la ecuación de tensores con signo negativo, se entiende! a partir de la reciente constatación empírica de que la velocidad de recesión del cosmos crece de forma acelerada ) no lineal. Discípulo de David Padrós, Jonathan Harvey y Brian Ferneybough, Parra ocupa, actualmente la cátedra de composición electro-acústica del Conservatorio de Aragón y ha sido compositor residente en el parisino IRCAM. Parra ha trabajado en estrecha colaboración con Lisa Randall, autora del libreto, de modo que Hypermuisic Prologue ha crecido, a la vez, como entidad musical y literaria en perfecta simultaneidad entre un artista y un científico. La obra nació como un encargo del Ensemble Intercontemporain. Fue estrenada en el Centro Pompidou y presentada en el Liceu barcelonés el pasado año en la misma producción cuyo testimonio sonoro se presenta ahora.
Si el lector ha llegado a este punto del texto se preguntará, y con razón, si Hyperinusic Prologue es realmente una ópera: la opinión del abajo firmante es que no, ni falta que le hace. Se trata, más bien, de una especie de cantata escénica en que dos cantantes (y hay que destacar que la escritura es muy cantable, tiene un evidente interés melódico y jamás fuerza los limites vocales) exploran todas las posibilidades del canto y la palabra en una rica sinergia con la restringida materia instrumental que la envuelve (cuarteto de cuerda, flauta, oboe, trompa y percusión: la problemática quinta dimensión de la geometría de Randall-Sundrum viene representada por el trabajo electroacústico que se realiza en vivo a partir de las fuentes instrumentales y vocales y es aquí donde se halla, quizá, el mayor atractivo de la obra, en la imaginación, sensibilidad y delicadeza con que el material se transforma y proyecta, fluye y refluye en simultaneidad con la propia ejecución trasladándose espacial y temporalmente de acuerdo con las sugestiones del (imposible) texto. Ni que decir tiene, se trata de una formalización puramente metafórica, ante la imposibilidad objetiva de que la música (es decir: la percepción que el espectador tiene de ella) cruce esan barrera camino de un cosmos hiperdimensional. Pero, en definitiva, toda forma de representación no es sino metáfora de sí misma, y la música, por su parte, tiene una fortísima vertiente esotérica en la medida en que se trata de una articulación del tiempo basada en la geometría de las frecuencias audibles y el tiempo es, en definitiva, el único problema filosófico de verdadera categoría. No es de extrañar, por ello, que Parra se baya sentido fascinado por los trabajos teóricos de Lisa Randall en astrología. Nepruno rige la música, el océano, el cosmos, el secreto y el misterio, de manera que un músico, tenga o no conciencia de ello, trabaja siempre en el límite de lo inexpresable. Parra ha abordado su obra con apasionada y enfebrecida convicción. Podemos interesarnos o no por el argumento de la pieza (supuesto que pueda denominarse de tal modo al dialogo que se desarrolla entre los dos personajes, que es una especie dé glosa dramatizada de Warped pasaje, el libro divulgativo de Randall acerca de su teoría), pero lo que importa es otra cosa: la calidad de la música. Y lo que debe decirse a tal respecto es que se trata, quizás, de la obra que alberga alguna de la mejor y de carácter más directo que el compositor catalán haya escrito hasta el presente y, sobre todo, la que posee un mayor, rico y subyugante trabajo electroacústico, y semejante realidad está muy por encima de que su punto de partida argumental puedan no resultar comprensible para el común filarmónico. Otrosí: ¿Habrá posibilidad de presenciar algún día Hvpemusic Prologue en Madrid y otras ciudades de la geografía patria (la obra ha hecho una tournée por diversas capitales europeas) en su realidad espacial y visible, más allá de su ya irrecuperable estreno? Porque, aunque todos los pasados (y todos los futuros) posibles existen eternamente en el espacio-tiempo einsteniano, la posibilidad de viajar a cualquiera de ellos parece estar definitivamente descartada.


Escrito por J L Tellez


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