Monsalvat, nº87. 1981
Un réquiem por Karl Böhm 
Por Leo Fremgen
 

En su casa, Salzburg 1976¿A quién no ha afectado hasta lo más profundo la noticia de la muerte del Néstor de nuestros directores? Una vida que pertenecía totalmente a la Música -si bien por deseo paterno iba encauzada hacia la jurisprudencia, en la que era doctor- resuena ahora, vibrante, en nuestros corazones. 
    ¡Y eso, eso es lo que perdura! Así como los poetas crean lo imperecedero, también los músicos permanecen por el valor de su recuerdo. Perdurarán siempre, mientras duren sus preclaros nombres para servirnos también de guía en nuestro trayecto vital. 
    Las estaciones en las que Karl Böhm fue de éxito en éxito: Dresde, Darmstadt, Hamburgo, Viena, Bayreuth y todas las metrópolis del mundo que tienen algo que ver con la Música rivalizarán en manifestarle su recuerdo. Del mismo modo como él ofreció desde su pupitre las obras de los grandes maestros en interpretaciones maravillosas, así, resulta un auténtico acontecimiento su último adiós; sonó y suena aún como un melódico acontecimiento, como una reencarnación de la voluntad de los compositores que él interpretaba. Con su hijo en 1928
    No queremos revisar aquí todos los principales datos de la vida de Karl Böhm, desde su nacimiento en Graz el 28 de agosto de 1894, hasta su muerte en Salzburgo el 14 de agosto de 1981. Hace poco lo hacíamos con motivo de su octogésimo aniversario. Esperamos que el recuerdo de un ensayo pueda arrojar luz sobre su idiosincracia.

    La Deutsche Grammophon ha añadido a una grabación completa de “Tristán e Isolda” (Bayreuth, 1966, escenificación de Wieland Wagner), la del ensayo de un fragmento de la obra. Esta grabación es hoy, cuando la voz del genial director Böhm ha enmudecido para siempre, un inapreciable regalo, que nos permite rememorar, cuando vivo, al difunto. Queremos echar un par de ojeadas a este ensayo del principio del tercer acto de “Tristán e Isolda”, pues nos mostrará a la vez al grandioso músico Karl Böhm, y al hombre. 
    Böhm deja a la orquesta tocar la infinitamente triste melodía, interrumpe primero cuando su sentido de la exacta duración de corcheas y negras no se ve satisfecho. Con su esposa en 1927Después reclama a las trompas que entren más piano, quiere las fermatas más pausadas, quiere las terceras resaltadas claramente; alaba después a la orquesta: “¡Así, ahora ha sonado bien!”. Generalmente emplea dialecto vienés y ayuda cantando a los diversos grupos instrumentales en pasajes contrapuntísticos. ¡He aquí un admirable recuerdo!. 
    Cuando, en el preludio, ha pasado el solo de corno inglés, con su melodía pastoril, casi no deja sonar la orquesta, para destacar el solista de trompa hasta la entrada del bajo, al tiempo que la interpelación: “¡Kurwenal! ¡Eh, habla, Kurwenal!” Acompaña entonces al joven pastor -era, en 1966, el recientemente fallecido Erwin Wöhlfahrt- cuando se imagina ver las murallas de la fortaleza de Kareol. Böhm interrumpe la respuesta de Kurwenal (Eberhard Wächter) y le pide que no haga demasiado larga la corchea situada sobre “er” en “Erwachte er..” En seguida pide al cantante que no decaiga en el paso de “kein Schiff noch” a “auf der See”, para conducir más plácidamente el movimiento. Entonces le grita a Wächter: “ ¡Eberhard!”. Con Richard Strauss en 1944Esto suena a camaradería y es tan favorable para el cantante como para la música que éste interpreta. Después no vuelve a mezclar las correcciones con el elogio, pero sí acompaña con su canto las voces de la orquesta.

    La interpretación exacta del texto de Wagner le interesaba también mucho a Böhm. Por ello corrige al pastor: “Was hat’s mit unsern Herrn?” En la descripción de Kurwenal de que ha transportado en hombros a Tristán a la barca, atrona con la orquesta y llama la atención sobre la indicación de Wagner “etwas zurückhaltend”. Esto es, Böhm no sólo hace correcciones en la interpretación de la partitura, sino que penetra en la esencia de la situación dramática en la escena: los anchos hombros del amigo de Tristán se ven con ello sublimados.

    Ahora alaba a Windgassen, el intérprete de Tristán: “Muy hermoso”. Y es que realmente ha cantado de forma muy bella desde “weiten Reich der Waltennacht”. Böhm: “¡Qué hermoso es eso!” Y después a la orquesta: “Muchachos, esto tendría que ser un tritono; no oigo ningún tritono”. 
    Y entonces se muestra de nuevo su humana bondad y grandeza: deja pasar sin interrupción el canto de Tristán que se despierta. Esto enardece al cantante y no pone nerviosa a la orquesta. Vuelve a su estricta precisión pidiendo a la orquesta que haga los trinos bien marcados. 
    Aquí acaba el ensayo. 
    Pero nosotros queremos, en agradecimiento por esta interpretación de “Tristán e Isolda” que hemos vivido con él, entonar en nuestro corazón un réquiem por este grande entre los intérpretes musicales.Con su esposa en 1979

 

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Karl Böhm había dirigido la Orquesta de la Opera de Graz (1917), la de la Opera de Munich (1921), la de la Opera de Hamburgo (1931-1934), la de la Opera de Dresde (1934-1943) y la de la Opera de Viena (1943-1945). Después de la guerra dirigiría la Orquesta Filarmónica de Viena, la de los Festivales de Bayreuth, Salzburg, etc, etc.

 

 

 

 


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