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Entrevista a Martha Mödl

Monsalvat, nº14. Febrero de 1975.
Entrevista a Martha Mödl [1912-2001]
Por Jesús García Pérez

 

Martha Mödl, la insigne cantante wagneriana, uno de los más firmes pilares del resurgimiento de Bayreuth en la postguerra, ha venido a Barcelona para participar en el estreno de la versión concertante de la ópera "Edipo y Yocasta", de Soler. En los momentos de máximo dramatismo, ya en el acto segundo, cuando Edipo comprende que el oráculo decía la verdad, y que su madre y su mujer son una misma persona, la figura de Yocasta-Mödl -mujer y madre- se engrandece a cada paso y llena el escenario con su vibrante voz de soprano dramática, como en sus mejores tiempos. Al final, ovaciones interminables.

 

    Después del concierto, me la presentan. Se la nota cansada, y no es para menos. Acaba de cantar un papel erizado de dificultades. Al oír que soy redactor de una revista wagneriana, parece de repente renacer: la mirada le brilla, como lade aquel que vuelve a casa tras un largo camino. Las pocas palabras que podemos cruzar en medio de la confusión normal en tales instantes: felicitaciones, presentaciones, fotografías..., son sobre los personajes wagnerianos que ha interpretado -la mayor parte-. Cuando nos citamos para el día siguiente en el hotel, ya he tomado partido: sólo hablaremos de temas wagnerianos. 
 

  Me recibe amablemente en una salita, le entrego unos ejemplares de MONSALVAT que he llevado para ella y empezamos la conversación. 
 

 ¿Qué le gusta más cantar, la Kundry, la Marie del Wozzeck o la Yocasta de Soler?

Verá, usted sabe que la voz tiene sus épocas determinadas, distintas, en las que resulta más adecuada para cantar ciertos papeles y menos para otros. La Marie la canté una sóla vez, hace muchos años -sonríe, como el que se excusa- ¡en 1949!, y creo que era entonces, con la voz joven y aún no del todo formada, cuando me correspondía hacerlo. Así pues, si he de responderle a esa pregunta concreta le diré: Marie, entonces. De siempre, Kundry. Ahora, Yocasta. 
 

De entre todos los personajes wagnerianos que ha interpretado ¿cuál prefiere?

Isolda, Kundry y Brunhilda. No sabría cual escoger.

 

¿Desde cuando no ha cantado en Bayreuth?

Desde 1967, precisamente cuando canté Wagner por última vez. Le aseguro que es difícil para un cantante wagneriano acostumbrado a actuar allí -y yo lo hacía de forma ininterrumpida desde 1951- cantar después obras wagnerianas en otro lugar. Es un mundo completamente aparte. 
 

¿Cuál es su opinión acerca de la calidad actual de los Festivales de Bayreuth?

Es muy sencillo. Mientras vivía Wieland Wagner, la calidad no sólo se mantenía, sino que iba en alza. Wolfgang Wagner no ha logrado mantener esa calidad y el Festival decae. Para mí, es un problema eminentemente de personas, de espíritu director, o de su defecto, en este caso... Tal vez también de amplitud de miras, de elevación espiritual. 
 

Así, su impresión sobre el futuro del Festival ¿es pesimista?

¡No, en modo alguno! El Festival está vivo y siempre lo estará. Hay algo en Bayreuth que está en el aire y lo abarca todo: artistas, escenario, público... Al paso de los años, el Festival puede tener altibajos, tal vez esté pasando ahora por una alternativa desfavorable; pero seguro que volverá a ver tiempos mejores. 
 

¿Cree usted que faltan hoy buenos cantantes y directores wagnerianos?

Sí, pero no es sólo una opinión mía. Me gustaría que pudiese hacer una encuesta entre las grandes personalidades musicales, y vería cuantas opinan lo mismo que yo, recuerdo haber oído más de una vez a Karl Böhm expresarse en ese sentido. Le pondré otro ejemplo revelador: es muy difícil encontrar ahora una Brunhilda para representar toda la Tetralogía. Normalmente se escoge una distinta para cada una de las jornadas. 
 

Hablemos ahora un poco de sus preferencias personales ¿compositores?

 

¡Wagner! 
 

¿Y después de él?

Beethoven y Strauss.

 

¿Obras?

El ocaso de los dioses, Fidelio, Ariadna en Naxos, Electra, El caballero de la rosa. 
 

¿Directores?

Desde luego no me gustaban Bruno Walter ni Toscanini. Cite a Kleiber, Mitropoulos, Furtwängler, Knappertsbusch, von Karajan y Böhm, pero no me pregunte cual es el mejor pues no podría escoger a ninguno de ellos, y tal vez la cuestión no tenga sentido, ¡como si se tratase de ganar un campeonato o de batir un "record"! Cada uno de ellos es -o era- por sí mismo una gran figura, y de hecho no se pueden comparar entre sí. 
  

La entrevista se prolonga aún. Martha Mödl habla de tiempos pasados con innegable nostalgia, pero no se trasluce en ella tristeza, sino más bien satisfacción, como la que -se me ocurre mientras la escucho- se puede sentir ante un deber cumplido o ante una obra bien hecha. 
Cuando la abandono, se queda hojeando una de las revistas que le he llevado, la dedicada a Wagner-Bayreuth 1974. Hasta la vista, y que sea pronto.