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Hermann Prey

Monsalvat, nº12. 1974
Entrevista a Hermann Prey
Por Susan Gould, desde Milán

 

    Incluso vistiendo smoking, e incluso después de una representación extremadamente seria y profundamente musical por parte del barítono, del Requiem Alemán de Brahms, bajo la batuta de Claudio Abbado, Hermann Prey nos da la impresión de ser la mismísima encarnación de Papageno, dispuesto en cualquier momento a prorrumpir en un alegre estribillo del “Der Vogelfänger bin ich...” Sin embargo, mientras caminábamos de prisa de vuelta a su hotel, la vertiente seria de su carácter se mostró a través de su jovialidad: la entrevista no pudo ser demasiado larga, ya que era casi medianoche, y tenía que levantarse a las ocho para tomar un 
avión que le llevaría Munich, desde donde saldría entonces para realizar una tourne por el Japón. Cuando nos sentamos en la antesala y el Sr. Prey pidió tres cervezas (su encantadora y joven esposa estaba con nosotros), pareció preocupado por haber elegido quizás un lugar demasiado ruidoso, pues la sala rebosaba de gritos de americanos e italianos, que parecían estar todos hablando al unísono. “¡Espero que podamos oirnos! y bien ¿qué desea Vd. saber? “, sonrió, reclinándose en su silla y mirando maliciosamente mi magnetófono.

***

Lo primero de todo, me gustaría saber, a raíz del concierto de esta noche, si tiene Vd. intención de grabar el Requiem de Brahms con Abbado, o si éstas, han sido sencillamente unas representaciones para La Scala”.

Ha sido sólo para La Scala, ya que, por lo menos de momento, no tengo intención de grabar el Requiem, e incluso, si Claudio la tiene, no será en un futuro próximo, pues la Deutsche Gramophon acaba de realizar una nueva versión con Barenboim dirigiendo la orquesta.

¿Hay algo que desearía Vd. grabar o que planea hacerlo, en ópera o Lieder?

¡Ah! En Lieder no habrá oportunidad porque acabo de terminar un gran proyecto ¿Sabe algo acerca de él? Lo he acabado, 27 discos en total. En principio hice una lista de 50 discos, pero la redujimos. Sí, era mi idea, mi deseo y me alegro que la Deutsche Gramophon y Philips estuvieran de acuerdo. Trabajaron juntas en ello: D.G. realizó la parte técnica y Philips realizará los discos. Los grabamos todos en Munich, todo desde el mismo sitio, pero con una serie enorme de colaboradores musicales. La canción más antigua -se trata como sabe de una historia del Lied alemán- es de Volkenstein, un Minnesinger del s. XIII, y la canto tal como se escribió, en “mittel hoch Deutsch” [alto medio alemán], con acompañamiento de laúd. También hay canciones acompañadas de viola da gamba, guitarra, órgano, diversos piano: tenemos un Demus para tocar el piano de Schubert, y para Mozart tenemos una clase de Hammerklavier. El gran problema es que existen tantas canciones en todos los tiempos, incluso en los más tempranos, que todo lo que puedo hacer es dar una breve idea. En el primer disco recorremos todo el camino desde Volkenstein hasta Bach, ¡un viaje muy rápido a través de 4 siglos! El siguiente es de Mozart y sus Zeitgenossen, sus contemporáneos”.

¿Debo tomarlo como que la mayoría son de Schubert, Schumann y Brahms?

Sí, y debo decirle que fue muy difícil, pues nadie podría o desearía hacerlo del modo que yo quería realmente, porque era demasiado musicológico, demasiado serio. No quería incluir todos los ciclos de canciones: sólo quería dos discos de Schubert, o incluso uno solo, pero tuve que incluir los ciclos, y de este modo ahora tenemos seis discos de Schubert. Quería más de música primitiva, pero sobre todo, quería más de los últimos románticos, el Lied después de Wolf. Hay muchos compositores que creí deberían estar representados, o representados más extensamente.

¿Pfitzner y Loewe, por ejemplo? Sé que es Vd. uno de sus grandes defensores.

Oh, si, hay un disco entero de Pfitzner, con canciones maravillosas, y uno de Loewe. Strauss tiene un disco, y Wolf dos o tres, después tenemos la Escuela de Viena. El compositor más reciente es Friedrich Gulda.

Hablando de otras grabaciones ¿de quién fue la idea de grabar esas transcripciones para voz y piano de Friedrich Silcher de las sinfonías y serenatas de Beethoven? ¿Las descubrió Vd.?

No, las descubrió la gente de la sección de Archivo de la D.G. ¿Le gustan? ¿Sabe? al principio pensé que era muy divertidas, pero cuando empezamos a realizarlas, lo hicimos de forma muy seria porque, después de todo, era una música magnífica, muy bellas melodías y, a veces, muy buenos poemas de Schiller, Kerner o Uhland. Generalmente las palábras se ajustan sorprendentemente bien y ¡estoy seguro de que si no existiesen las sinfonías y sonatas, éstos serian muy buenos Lieder! También grabé algo más realmente interesante a fines del invierno pasado: la Opera de Pfitzner “Palestrina”, bajo la dirección de Kubelik. Debería sentirme ya satisfecho; había superado la prueba más importante. Tenía un papel pequeño, el de Conde Luna, pero tenía un momento importante: en el segundo acto, aparece un gran consejo y todo el mundo está discutiendo hasta que la reunión entera se calla cuando Luna dice: “Propongo invitar a los Protestantes”, imagínese, ¡en medio de una asamblea Católica! Debería oír lo que sucede después de ésto, ¡es maravilloso! Se produce una explosión de ruido, pero todo dentro de la música, la orquesta y la gente gritan juntos, lo que se podría llamar “tumulto compuesto” ¡Verdaderamente asombroso!

Cuando está Vd. grabando una ópera ¿lo encuentra más fácil o más difícil si no lo ha hecho antes en el escenario? ¿Como afecta el uno en el otro? ¿Cree en los cambios en su interpretación después de haberlo grabado?

Oh, ciertamente diría que sí, comprendo que hay cosas que debo cambiar. Algunas óperas no las había representado antes en el escenario... Recuerdo mi primer “Don Giovanni, un “debut” en grabación para la Electrola, hace años, antes de haber representado la ópera en el teatro y ahora ¡si oigo esa grabación! Pero realizar grabaciones es algo más, es un mundo distinto; al representar una ópera en el teatro se canta y se actua de otra manera, en otra dimensión.

¿Cree que la grabación es un documento tan válido de su interpretación tanto si se hace en el estudio como si se hiciese durante la representación en el escenario?

Esa es una buena pregunta. Bien, como decimos en alemán, hay dos pensamientos en mi pecho. Por una parte, me gustaría tener un documento de una verdadera representación de ópera, por ejemplo éste o aquel papel como se realiza en Salzburgo o en Bayreuth, o en la Opera de Munich, o aquí en La Scala. Por otra parte, creo que hacer una grabación es una cosa completamente distinta, que no tiene nada que ver con la representación. Esta se refiere más al Lieder o a cuartetos de cuerda: no se pueden oír los detalles de un recital en una gran sala como la Grosse Musikvereinsaal de Viena, o el Carnegie Hall de Nueva York, como se escuchan en una grabación. Si se quiere escuchar una cuarteto de Beethoven, y se posee un buen equipo, se escuchará mucho mejor la música en casa que en ninguna sala de conciertos del mundo, aunque se pierda el “ambiente”. Y cuando grabo un Liederabend lo hago para la grabación, para la gente que lo escuchará en sus casas, que no es de la misma forma en que lo haría para una sala de conciertos. Al grabar ópera, aparece un nuevo problema: casi nunca se puede hacer cronológicamente como se debería hacer, siempre puede ocurrir que se grabe la última escena primero, porque se tiene que acabar la parte del coro, o porque tal cantante tiene que desplazarse a otro lugar, o porque tal otro no ha llegado todavía. Intento no permitir que esto me fastidie, si bien, como dije antes, el interpretar para una grabación es distinto de una representación real. Hacer una película es también una nueva experiencia de representación, incluso aunque sea de una ópera ya representada en el escenario: he hecho varias películas, sobre todo para la televisión alemana, como la de “Cosi fan tutte”, hace pocos años. Acabamos de finalizar “Der Wildschnetz” de Lortzing, una hermosa ópera que hicimos en un Castillo, justo antes de venir aquí a Milán. También tengo mi propio “show” musical en televisión, la mayor parte de música clásica y ópera, pero con un poco de opereta y “musical” y eso ya es otro mundo en cuanto a representación musical.

De pronto, comprendiendo que Prey posee una experiencia increíblemente extensa para una persona que todavía no ha llegado a las cuarenta, me sentí impulsada a preguntarle cuándo empezó a grabar discos. Su respuesta estuvo precedida de una risa cordial y sacudió la cabeza como si él, también, se mostrase incrédulo.

Debo reconocer que bastante pronto. ¡En 1952! No sé si habrá oido Vd. hablar alguna vez del pianista alemán -muy famoso en su día- Michael Raucheisen, pues fue el pianista de mi primer disco. Era un 78 revoluciones, con dos Lieder de Schubert: Hark, Hark, el Lark y Heidenröslein. Hice otra grabación con él pero para estaciones de radio, como la de RIAS en Berlin, “Radio del Sector Americano”, ¡Se puede decir que los americanos me oyeron primero! Raucheisen está casado -pues todavía vive- con la famosa cantante María Ivogün que, por cierto, estuvo casada primero con el gran tenor alemán Karl Erb. Erb y Raucheisen eran muy buenos amigos y realizaron muchos conciertos actuando el segundo como acompañante. Después del divordio, Erb declaró a un reportero: “Sabe, es una pena ¡He perdido a mi acompañante! “.

¿Es difícil una grabación como la que ha mencionado antes de liad alemán? ¿se aprende mientras se graba? ¿se puede alternar la grabación con recitales o representaciones de ópera?

Desde luego se aprende, y es lógico. Una grabación de 45 minutos, a mi me cuesta una semana de trabajo, desde las diez de la mañana hasta las cuatro, con una única pausa rápida para tomar una taza de té, pero sin interrumpir realmente el trabajo. Los ténicos saben que sólo hay tiempo de beber algo y que todo debe estar preparado para que marche bien y a las cuatro se haya acabado. Imagine, seis horas, seis dias, son 36 horas de trabajo para una grabación, así que uno no puede evitar el aprender, progresar y mejorar. Respecto a representaciones nunca he querido cantar mientras estoy realizando grabaciones, ¡ nunca! 
 

    Prey es un cantante apreciado en todo el mundo y que acaba de obtener un gran éxito en La Scala, terminamos pues la entrevista pues ya es muy avanzada la noche y la terminamos con una jovial risa propia de Papageno.