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Entrevista a Plácido Domingo

Monsalvat, nº3. 1974
Entrevista a Plácido Domingo
Por José Antonio Gutiérrez de Liencres

 

    Plácido Domingo nos recibe durante el segundo entreacto del "Attila", que se está representando en el Liceo. Cruzamos el escenario en febril actividad, y, en lugar de encaminarnos hacia el habitual camerino de los tenores, atravesamos un estrecho corredor, hasta dar con el del director de orquesta. Sí: esta noche, Plácido Domingo no es el tenor de los grandes exitos: dirige la orquesta del Gran Teatro del Liceo. Cuando ha subido al primer podio para dar comienzo a la representación del verdiario "Attila" aún resonaban en el Liceo los aplausos dirigidos la noche anterior al Radamés excepcional de Plácido Domingo. Ahora, sin embargo, el famoso tenor alza la batuta y da inicio al breve e inspirado preludio de la ópera. Ver dirigir a Domingo es una auténtica delicia: -"vive" la ópera con emotiva espontaneidad, respira con los cantantes, impulsa con brío y sincero entusiasmo el flujo del cálido melodismo verdiano. Esta noche la orquesta del Liceo no ha sonado ni mejor ni peor que en otras ocasiones, pero ha tenido el ritmo, la vibración y el vuelo lírico del Verdi más genuino. Plácido Domingo, el excepcional tenor, es también un emocionante director. 
    Cuando hemos llegado al camerino, se encontraba en él Gianfranco Masini, que la noche anterior dirigió en la “Aida” al Domingo-tenor, y que esta noche está felicitando efusivamente al Domingo-director. 
    El artista nos ha recibido con su habitual amabilidad y cordial sencillez que invita a la confianza y al diálogo. Cuando el maestro Masini ha abandonado el camerino, comenzamos la entrevista. 
 

Plácido Domingo, ¿tenor o director?

Bueno, lo que quieran: esta noche director... ayer fui tenor.

Cuando termines tu carrera como cantante, ¿piensas dedicarte a la dirección?

Sí, ésa es mí idea. Ahora pienso practicar lo más que pueda cada año, aceptar pocos contratos como director, pero que me den al mismo tiempo la oportunidad de prepararme, y cuando termine mi carrera de cantante, dedicarme de lleno a la dirección de orquesta.

Ya has dirigido alguna vez ópera, ¿verdad?

Dirigí “La Traviata” en Nueva York, y tengo un disco en el que por una cara dirijo fragmentos de ópera a Sherrill Wilnes y por la otra me dirige él a mí.

Si no me equivoco, también has dirigido zarzuela...

Sí, también zarzuela. Empecé dirigiendo a mis padres en obras como “Luisa Fernanda”, “La Chulapona”, y algunas operetas. En fin: bastantes obras de este tipo.

Plácido Domingo es hijo de los cantantes de zarzuela Pepita Embil y Plácido Domingo, que aún perduran en el recuerdo de muchos por sus actuaciones en España. ¿Qué es para ti más agotador físicamente: cantar o dirigir?

Dirigir, sin lugar a dudas - responde inmediatamente sonriendo.

Se cuenta que Miguel Fleta, en una ocasión, a raíz de una discusión con Toscanini en La Scala, dijo: “Maestro, usted da la espalda al público, soy yo el que tiene que dar la cara”. Tú, como cantante y director, ¿qué opinas de esta frase?

Bueno, el cantante, como dicen, da la cara; pero el director lleva indiscutiblemente todas las riendas del espectáculo: debe tener una concentración tan tremenda que, pese a su posición en el podio, está dando la cara ante el público, puesto que expone la función, y de él depende en gran parte el resultado final del espectáculo.

Los cantantes suelen defender los cortes en la ópera, y los directores de orquesta acostumbran a mostrarse en desacuerdo. Tú que amalgamas las dos facetas, ¿qué opinas sobre los cortes?

En muchos casos, los cortes son necesarios: por ejemplo, las cabalettas con dos estrofas son prácticamente irrealizables en teatro en muchos casos. También admito algunos cortes en óperas determinadas, para evitar que se hagan excesivamente largas.

¿También estás de acuerdo en bajar el tono de algunas páginas de tesitura más comprometida?

Naturalmente: lo encuentro totalmente justificado, e incluso preciso, puesto que la tonalidad antiguamente era mucho más baja que en la actualidad. Un Do natural cantado entonces es, más o menos, el equivalente a un Si bemol de hoy día. Así pues, estoy plenamente de acuerdo en bajar algunas cosas.

¿Te gustaría dirigir Wagner?

Ya lo creo.., y cantarlo también: ya he interpretado “Lohengrin”, y estoy contratado para hacerlo en Bayreuth en el año 1977. Además, en breve grabaré “Los Maestros Cantores”, con Solti y la Orquesta de Chicago.

Supongo que estarás satisfecho de tus compañeros de reparto en la “Aida” de anoche, pero me gustaría saber tu opinión sobre un cantante concreto, en el que los liceístas tenemos grandes esperanzas: el bajo Juan Pons.

Tiene una voz estupenda. Actuamos juntos en el “Ballo in maschera” del año pasado, y esta temporada en la “Aida”, y es una voz no sólo que promete, sino que tiene una seguridad y una dignidad escénicas fabulosas. Lo considero, con toda sinceridad, un artista de brillante porvenir.

Aparte de la grabación de “Lohengrin”, de la que hemos hablado antes, ¿tienes otros proyectos discográficos a corto plazo?

Sí: todos los años grabo un par de óperas o tres... pero este año, además, grabaré “Das Lied von der Erde”, de Mahler, “Iphigénie en Tauride”, de Gluck, y alguna otra cosa popular que aún hemos de decidir.

¿Has pensado alguna vez en componer ópera?

No. No creo tener la inspiración suficiente, puesto que me iría a temas que ya conozco, y que están agotados.

De todos modos, podrías seguir las nuevas tendencias o crear un estilo propio...

A mí, la música moderna, a partir de Stravinsky, en general, no me gusta... -duda un momento y continúa- No, no podría componer.

Ya que no podemos contar con el Domingo-compositor, volvamos de nuevo a Plácido Domingo, tenor y director. ¿Qué harás el año que viene en el Liceo?

Cantaré dos títulos: “Vespri Siciliani”, con Montserrat Caballé y Justino Diaz, y una de las cuatro representaciones de “Carmen”, con Joy Davidson.

¿Qué opinas sobre la claque en los teatros de ópera?

Creo que debe ser abolida totalmente -responde con seguridad-. El público ha de guiarse por lo que siente en el momento. Además, cuando la claque provoca un aplauso que a juicio del público no es merecido, el mismo público lo hace callar.

Pero ¿ni siquiera crees que tiene una razón de ser como guía para señalar al público los momentos en que el discurso musical permite el aplauso?

No: actualmente, esto no es preciso. Hace años, cuando la gente no conocía las óperas, cuando no había discos, ni radios, la claque era necesaria, pero hoy en día estoy absolutamente en contra de ella.

Tus relaciones con el señor Pamias, empresario del Gran Teatro del Liceo, creemos que son excelentes. ¿Podemos contar con Plácido Domingo para muchos años?

Eso espero, sinceramente. Mis relaciones con público y empresa son estupendas, tanto es así que he decidido establecer nuestro hogar en Barcelona y, naturalmente, quiero que el Liceo sea “mi teatro”...

El altavoz instalado en el camerino hace ya rato que llama a los que intervienen en el espectáculo a sus puestos de trabajo: “Figurantes a escena ‘‘, “Ballet a escena”, “Coro a escena , empezamos Han comenzado al mismo tiempo a sonar timbres 
insistentemente. Eso quiere decir que ya están apagándose las luces de la sala. Plácido Domingo se levanta, se peina con rapidez, y sale hacia el foso apresuradamente y con una mirada en sus ojos de nerviosismo y de ilusión casi infantil. Le vemos alejarse por el corredor, mientras los altavoces siguen llamando sin cesar: “Empezamos, empezamos...“