Ricardo Wagner, por René Dumesnil. Vergara, Barcelona, 1956. Traducción y notas de F. Gutiérrez y R. Llates
El wagnerismo en España
Por Fernando Gutiérrez y Rosendo Llates
Digitalizado por Víctor Córcoles

 

Es hacia la justa mitad del siglo XIX cuando se empieza a hablar de Wagner en España. Uno de los documentos más antiguos, por no decir el que más, es una carta del novelista, ensayista y diplomático español Juan Valera, dirigida a un amigo suyo en ocasión de un viaje que hizo a Rusia al ser destinado a la embajada de este país. De paso por Alemania, pudo asistir a una representación de Tannhäuser, y recuerda en la carta que el autor de la obra, Richard Wagner, está desterrado de su país por actividades políticas de matiz revolucionario, y celebra la belleza de su sobrina, Johanna Wagner, en el papel de Elisabeth. Finalmente Valera opina que la obra subraya la profundidad de la concepción junto con la sencillez de los medios puestos para lograrla.

Sin duda existieron otros comentarios sobre Wagner por aquella época, pero no han dejado rastro documental. La primera audición wagneriana en España tuvo lugar en Barcelona, el 16 de julio de 1862, formando parte de los conciertos populares ofrecidos por los coros "Euterpe", que dirigía el maestro y compositor catalán Anselm Clavé, donde se ofreció una audición íntegra de la "Marcha triunfal" de Tannhäuser, integrada por los citados coros y reforzada por triples del Gran Teatro del Liceo, 60 profesores de orquesta y la Banda del Regimiento de la Princesa. El éxito fue enorme. El concierto se celebró en los ya desaparecidos Campos Elíseos, en cuyos jardines se edificó más tarde el "Teatro lírico". El fragmento de la obra se repitió tres veces más en el mismo local y en el intervalo de pocos días.

Desde entonces comenzaron a difundirse en algunas salas teatrales otras composiciones musicales de Wagner.

Dos años más tarde en la ciudad de Madrid, se celebró un conciero vocal e instrumental, dirigido por el maestro Barbieri y que ofreció asimismo la marcha de Tannhäuser. También por aquel entonces se hizo famosa una melodía de Rienzi que se interpretaba en... un circo. Otras obras wagnerianas se interpretaron en Madrid dentro de los programas sinfónicos de los conciertos dirigidos por Mariano Vázquez, Mancinelli y Levi, entre otros. Pero la primera obra completa no fue estrenada en el Real hasta 1876. La obra era Rienzi, de la que dijo un crítico ignorante que creía que ésta era la principal creación de Wagner. "Si esta es la mejor, ¡ como serán las otras !". En 1881, en el Real se estrenó Lohengrin, cantado por Gayarre; en 1890, Tannhäuser y Los Maestros Cantores; en 1896, El Holandés Errante; em 1899, La Walkyria; en 1901, Sigfrido; en 1909, El Ocaso de los dioses; en 1910, El Oro del Rin; en 1911, Tristan e Isolda y en 1914, Parsifal.

En Barcelona, también se siguió conociendo la obra de Wagner, que iba penetrando lentamente a través de los conciertos de la "Sociedad Catalana de Conciertos" y la "Asosiación de Conciertos de Madrid", bajo la dirección de maestros tan prestigiosos como Vincent D'Indy, Richard Strauss, José Mertens y Gustave Vogel.

En 1892 y en el desaparecido Teatro Lírico, el maestro Antoni Nicolau dio a conocer en Barcelona la gran escena de la Consagración del Grial, de Parsifal y en 1896, fragmentos del Anillo. A partir de estas fechas, comienza en Barcelona un movimiento wagneriano popular, que constituye uno de los más curiosos fenómenos sociales de la ciudad condal.

Los dos teatros de ópera que existían en esta ciudad- el Teatro Principal, llamado también de La Santa Cruz y el Gran Teatro del Liceo-, siguieron con cierto retraso las escenificaciones wagnerianas, debido a la fuerza que en ellos ejercían las tendencias italianizantes y belcantistas, el movimiento iniciado por las sociedades populares de conciertos y algunos críticos y literatos. El 17 de mayo de 1882 se estrena en el Teatro Principal, Lohengrin, y al año siguiente es cantado nada menos que por Massini en el Gran Teatro del Liceo. En 1885, se representa en el Liceo, El Holandés errante, con el título de El Buque Fantasma. En 1887, aparece Tannhäuser, dirigido por el maestro Goula (era el 11 de febrero y coincidía con el cuarto aniversario de la muerte de Wagner y nevaba copiosamente). En 1893 vuelve El Buque Fantasma, cuyo capitán holandés es interpretado por el barítono catalán Ramón Blanchart, de voz agradable y perfecta vocalización.

Luego siguieron representaciones de algunas partes de la Tetralogía. En 1899, La Walkyria, fue cantada por la tiple italiana Ada Adini y dirigida por Mertens, que dio lugar a discusiones entre los admiradores de la artista de potentes facultades vocales y artísticas y la dirección de la orquesta, al parecer bastante mediocre en su cometido.

En cambio, el Teatro Novedades- dedicado a verso y zarzuela- ofrece la representación de Lohengrin, cuyo protagonista es un artista francés, Engel, que a los 60 años supo maravillar al público.

Tristán e Isolda se interpretó en el año 1900, encargándose del papel de Isolda a Ada Adini. La dirección de la obra estuvo a cargo del maestro Colonne, que provocó la protesta de los wagnerianos entusiastas, que ya empezaban a ser legión y poseían grandes conocimientos de las partituras, a causa de haber omitido nada menos que 833 compases. El día 15 de diciembre de 1899 y con ocasión del estreno de Tristán e Isolda, había aparecido en Barcelona un número de la revista "Hispania" dedicado exclusivamente a esta obra y donde se acompañaban fotografías del decorado de la obra creadas por el famoso escenógrafo Soler y Rovirosa, junto con otras del teatro de Bayreuth. El escrito no llevaba firma, aunque ya se sabía que era debido a la pluma de un joven musicólogo, Joaquín Pena. Desde entonces el público empezó a interesarse por la ópera wagneriana y - como en todas partes- aparecieron los melómanos conocedores de su temática y de su complejo simbolismo.

En el año 1900 apareció por primera vez en los carteles de Barcelona y de España, Sigfrido, bajo la dirección del maestro Mertens, con un elenco de cantantes la mayor parte poco conocedores de sus respectivos papeles.

En la segunda mitad del siglo XIX habían ya aparecido defensores del músico. Citemos a Castro Serrano, quien desde 1876 (año de la inauguración del teatro de Bayreuth) publicó una serie de artículos alabando los dramas musicales de Wagner en "La Ilustración Española y Americana"); también a Antonio Peña y Goñi, el gran crítico español. Publicó además un artículo sobre Rienzi (1875), una versión española de Lohengrin (1882) y otra sobre Los Maestros Cantores (1893).

En España, como en el resto de Europa (y como también sucedió en América), la aparición de las óperas wagnerianas dio lugar a las más severas críticas, generalmente basadas en un desconocimiento de la obra wagneriana.

Entre los años 1885 y 1889 se editaron biografías de Wagner, folletos y libros, que demuestran un creciente interés del público español. Abundan los ensayos sobre Tannhäuser, La Walkyria y Tristán. Los nombres de los autores son: Benavent, Borrell, Lassalle, Salvat, Obiols, Soriano. También el novelista Blasco Ibáñez, con el título de "Novelas y Pensamientos" realizó la traducción de varios escritos de Wagner, como "Una visita a Beethoven", "El Final de un artista en París", "Músicos, poetas y filósofos" y "Wagner, comentado por sí mismo" (1897).

De todas estas obras, la más importante sin duda, es la escrita por Joaquín Marsillach Lleonart, "Richard Wagner. Ensayo biográfico y crítico" (Barcelona, 1878), un estudiante de medicina que además había conocido y tratado personalmente a Wagner. El libro, que se agotó con rapidez, explica exactamente las ideas básicas del pensamiento y el sistema de Wagner, al que había visitado en su residencia de Wahnfried, en Bayreuth. Esta monografía contiene un prólogo epistolar del doctor catalán Letamendi, que fue traducido al alemán a instancia del propio Wagner y publicado en la "Revista de Bayreuth".

El doctor Letamendi, algunos años después, en 1884, publicó otro interesante trabajo wagneriano:"La música del porvenir y el Porvenir de mi Patria".

En enero del año 1900, se funda en Barcelona el semanario local "Joventut", dedicado al arte, la literatura y la ciencia, promovido por Lluis Vía con la colaboración de las personalidades más eminentes del mundo cultural de la época en Barcelona: Santiago Rusiñol, Joan Maragall, Pompeu Gener, Enric Morera, Angel Guimerà, los Folch y Torras, Pere Aldavert, Ramón Cases, Salvador Vilaregut, Eduard Marquina, Miquel Utrillo, Pompeu Fabra, Adrià Gual, Oriol Martí, Emili Tintorer, Xavier Viura, Jerónimo Zanné, etc. La sección de información y crítica musical estaba a cargo de Joaquín Pena y el maestro Antoni Ribera.

En dicha revista Joaquim Pena publicó una serie de artículos de crítica wagneriana muy elaborados. Junto con el maestro Ribera, publican una incesante información sobre los Festivales de Bayreuth desde 1876 y las representaciones del "Teatro del Príncipe Regente" de Munich. Barcelona se hallaba en pleno fervor modernista y europeísta. Era la época de los "Quatre (cuatro) Gats (gatos)" y "Pel i Ploma". (pelo y pluma).

Entre los más entusiastas lectores y comentadores de aquellos escritos, se destacaban tres estudiantes de medicina: Josep María Ballvé, Amalio Prim y Lluis Suñé y Medán. Este pequeño grupo, junto con el crítico de teatro Rafael Moragas, inició en 1901 una serie de sesiones íntimas a base del estudio de las obras wagnerianas, para partituras de piano y canto de la Casa Ricordi y Breifkopf y Härtel. Amalio Prim era el pianista del grupo.

Este grupo fue el germen de la futura Associació Wagneriana de Barcelona, al unirse los anteriores estudiantes citados con el de Ingenieros Alfonso Gallardo y el ya mencionado Joaquín Pena.

Después de una convocatoria en la prensa y una reunión en los "Quatre Gats", centro artístico y ambiental de la época, se nombró una comisión y quedó constituida la "Associació Wagneriana" de Barcelona. Su primer presidente fue Joaquin Pena; vicepresidente, Salvador Vilaregut; secretario, Rafael Moragas; vicesecretario, Amalio Prim; tesorero, Lluis Suñé; bibliotecario, Jerónimo Zanné y director artístico, el maestro Antoni Ribera. La fecha fundacional de la Wagneriana fue el 2 de noviembre de 1901. La Sociedad se proponía el estudio de Wagner, no sólo considerado como músico, sino también en sus aspectos de pensador y poeta.

La labor realizada por la nueva entidad fue considerable. Consistió en conferencias y traducciones de los textos wagnerianos. En cuanto a las conferencias, hay que precisar que fueron ofrecidas con un criterio muy amplio y se dio cabida en ellas, además de a toda la producción wagneriana, a la de Charpentier (Louise), Vincent d'Indy, Berlioz, Morera, Mozart, Haydn, Haendel, Mendelssohn, Weber, Schubert, Brahms, Max Bruch, Palestrina, Saint-Säens, Couperin, Rameau, Fauré, Ravel, Debussy, Massenet, Grieg, Tchaykovsky, Granados, etc.

Se deben asimismo a esta entidad una serie de publicaciones, como las partituras para piano y canto, con anotaciones orquestales y con texto catalán y alemán de Lohengrin, Tristán y Parsifal; las dos primeras impresas en Alemania y la última en Barcelona.

La Wagneriana llevó también a término dos extraordinarias actuaciones: la primera celebrada el dia 13 de febrero de 1903, en el XX aniversario de la muerte de Wagner, y que consistió en una audición de la "Consagración del Grial", de Parsifal, efectuada por vez primera en Barcelona, en la forma dispositiva de tres tramos: bajos, galería y cúpula, conforme a las indicaciones escénicas. La orquesta, de 60 miembros, estaba bajo la dirección del maestro Ribera; la parte coral corría a cargo del "Orfeó Canigó" y dirigido por los maestros Más y Serracant y Llongueres. En dicho concierto se interpretó también la Obertura y la Bacanal de Tannhäuser, así como fragmentos del tercer acto.

La segunda manifestación artística tuvo lugar en el año 1913, con motivo del Centenario del nacimiento de Wagner. Consistió en cinco grandes Festivales en el Palau de la Música, en los que tomaron parte una numerosa orquesta del "Sindicato Musical de Cataluña" y el "Orfeó Català", bajo la dirección general del maestro Beidler, yerno de Wagner, y los maestros Lluís Millet y Lamote de Grignon. Los principales cantantes fueron Francesc Viñas, Lina Passini- Vitale, Andrea Fornells, Inocencio Navarro, Conrad Giralt, Joan Reventós y Vicent Gallofré. Se ejecutaron las obras de Rienzi, El Holandés Errante, Tannhäuser, Lohengrin y Tristán e Isolda, la escena final de ésta última y la obertura del poema sinfónico Faust. Se dieron además fragmentos orquestales y vocales de La Walkyria, Sigfrido, Tannhäuser, El Ocaso de los Dioses y Tristán. También se interpretaron las escenas de "La Consagración del Grial", el tercer acto completo de Parsifal (estrenado en aquella ocasión en Barcelona) y el primer íntegro de La Walkyria.

En el año 1909 se había presentado en el Liceo, por vez primera, toda la Tetralogía, bajo la dirección de Siegfried Wagner, el hijo del compositor, y Beidler, su yerno. Puntualmente, a las doce de la noche del 11 de febrero de 1913, a los treinta años de la muerte de Wagner, cuando la obra pasaba a ser del dominio público y cesaba el privilegio de Bayreuth, se estrenó el Parsifal en el Gran Teatre del Liceu, terminándose la representación cerca de las seis de la madrugada. La figura de Parsifal fue admirablemente creada por el tenor Francesc Viñas, a quien tanto debe el wagnerismo en España, y en general, la ópera lírica y técnica del canto.

Estos actos marcan el apogeo del culto wagneriano en España. Con la guerra de 1914, se dibuja una fuerte corriente anti- Wagner en Francia, que no deja de tener una cierta repercusión en nuestro país. Al propio tiempo, la llegada a España de los famosos ballets rusos produjo un deslumbramiento y polarizó los gustos de una parte del público, como sucedió en el resto del mundo musical durante los años de la primera postguerra. Strawinsky fue el nuevo semidiós...

Esto no impide que, desde los años 1920 al 1930, se hayan ofrecido y producido excelentes representaciones de las óperas de Wagner en el Liceo de Barcelona, alternando con la ópera rusa, que puede decirse que no se conocía en España antes de aquella fecha. La influencia de las nuevas obras rusas es enorme, principalmente del Boris Godunov y las óperas de Rimski- Korsakov. Pero el entusiasmo de los públicos por el drama wagneriano ha continuado intacto y así ha seguido hasta nuestros días, a pesar de las opiniones de algunos críticos, de criterio por lo demás ecléctico y fluctuante. La guerra de 1939-1945 no ha ejercido tanta influencia en los juicios de valores estéticos, por lo que a Wagner se refiere, ni en España ni el resto del mundo, como la conflagración anterior.

Obras influidas por la obra de Wagner abundan en el teatro lírico de España; con todo no puede decirse que hayan alcanzado un éxito definitivo: Pedrell, en sus Pirineos; Morera, en su obra Emporium; Albéniz, en Merlín y Henry Clifford; Pahissa, en Gala Placidia, rindieron tributo a la entonces nueva tendencia. Obra de resonancias wagnerianas y coronada por un gran éxito de público en 1953, fue El Canigó del P.Antoni Massana, estrenada en su versión definitiva en el Liceo. El libreto de la ópera, debido a Josep Carner, se inspira en el poema de Mossén Cinto Verdaguer. La obra contiene momentos de gran belleza, siendo la escena final, en que el coro y la orquesta glosan el tema popular de "Muntanyes del Canigó", de verdadera grandeza y rara fuerza musical.

En abril de 1954 se representaron en Barcelona, el Parsifal, Tristán La Walkyria, puestas en escena de decoración luminotécnica y con la nueva estilización que crearon para los festivales de Bayreuth los nietos de Wagner, Wolfgang y Wieland; los cantantes pertenecían al conjunto de los Festivales germanos; la orquesta fue la Sinfónica de Bamberg, que asimismo tomaba parte en las representaciones de Bayreuth. Actuaron como directores los especialistas wagnerianos Jochum, para el Tristán y Kleiber, en Parsifal y La Walkyria. Se renovó toda la instalación eléctrica del Liceo. Las fiestas resultaron de una brillantez extraordinaria. Una vez terminada comenzaron las discusiones entre los pro y los antiwagnerianos, y entre estos últimos, los partidarios del decorado realista y los entusiastas e la nueva técnica. El mismo calor que se puso en las controversias da prueba de la enorme vitalidad del arte wagneriano y de la difusión que entre nuestro público todavía alcanza. Claro que ya no son tantos los que siguen las representaciones con la partitura en la mano, procurando que no se les escape el menor leitmotiv, pero el placer que se encuentra con la simple audición es precisamente el ideal que persigue todo músico, aunque éste se llame Richard Wagner.

NOTA

Queremos dar nuestro profundo agradecimiento al Dr.Lluis Suñé Medán, que nos ha proporcionado multitud de datos y nos ha comunicado su conferencia inédita "Origen y Fundación de la Associació Wagneriana" de Barcelona, que pronunció en el Saló del Tinell el día 28 de noviembre de 1951, con motivo del L aniversario de la fundación de "La Wagneriana".

El Dr.Suñé Medán es el único superviviente del trío fundador de la "Associació" y su información nos ha sido de una gran y estimable ayuda.


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