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Cita con... Daniel Barenboim

Por Fernando Guzmán

 

El pasado mes de febrero, Canal Plus TV inició la emisión de la “Tetralogía” Wagneriana en la versión Barenboim-Kupfer. Con ocasión de tal acontecimiento, del cual nos ocuparemos posteriormente, Juan Angel Vela del Campo, director del espacio de música clásica de la cadena privada de televisión, entrevistó al conocido pianista y director de orquesta. De la extensa entrevista, destacaremos las siguientes opiniones.

La primera de las preguntas tuvo como núcleo central el por qué del interés de Wagner. En respuesta a la misma Barenboim expresó, en un correctísimo castellano, que su interés era por razones musicales “hay compositores cuya importancia histórica no va de la mano con la importancia de sus obras individuales. Por ejemplo: Brahms ha escrito sinfonías fabulosas, seríamos mucho más pobres sin las sinfonías de Brahms, pero el desarrollo de la música no hubiera sido tan diferente sin Brahms”... “Wagner, es uno de los pocos músicos que tiene una misma importancia musical e histórica, “Tristán”, “la Tetralogía”, “Parsifal”... no sólo son grandes obras, que claro que lo son, pero sin Wagner no hubiera existido la música del siglo XX, hubiera tenido otra cara...”

“Para un director de orquesta es imprescindible no sólo interesarse, sino ocuparse y a fondo de la obra de Wagner. Hay muchas cosas que son cuestión de gustos, se tiene en cuenta la afinidad para una música pero hay otra música que es realmente imprescindible para el desarrollo individual de los demás músicos, de igual modo que el pianista que no se interesa por las sonatas de Beethoven no puede realmente desarrollar el talento que tenga, es una cosa absolutamente necesaria, si luego tiene afinidad por otra música es evidente que se va a ocupar más de esa, pero debe haber habido un estudio de las sonatas de Beethoven, de igual manera las óperas de Wagner son esenciales para un director de orquesta”.

En cuanto a los problemas claves de la interpretación de una obra como la “Tetralogía”, Barenboim afirmó que “los problemas claves de la interpretación de Wagner son fáciles de definir, pero no de resolver. El problema de la estructura, no solo del “Oro del Rhin”, que son dos horas cuarenta de música... sino de los actos separados de la “Walkiria”, “Sigfrido” y el “Crepúsculo”, en ellos encontrar la fórmula porque no son escenas como en la ópera italiana: duetos, tríos y arias, sino que de una cosa se pasa a la otra sin que se rompa el discurso musical y dramático, ese es el problema mayor, estructural que influencia todo el contenido. Luego está el volumen que en las partituras de Wagner está escrito en un dinamismo extremo de un pianísimo extremo, exagerado, que a veces no tiene ni que apenas oirse, tan fino y tan dramático cuando se mantiene a un nivel de volumen muy bajo... hasta las explosiones de volumen más grandes... controlar todo esto, siempre teniendo en cuenta las voces que están en el escenario, es naturalmente muy difícil y complicado. Y desde el punto de vista del contenido son partituras muy ricas en detalles que no se pueden dirigir sin ocuparse de todos los detalles... el más mínimo detalle es tan importante y, al mismo tiempo tender una línea que una todo esto... es muy fácil perderse y perder la línea, como es facil buscar esa línea y no darse cuenta de los detalles que pasan por ella”.