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Ramón Vinay

Por Fernando Guzmán


El pasado 4 de enero[de 1996] fallecía en la ciudad mejicana de Puebla, como consecuencia de un infarto, el cantante Ramón Vinay. Sea el presente artículo, un pequeño homenaje a su memoria. 
Ramón Vinay había nacido en la ciudad chilena de Chillán el 31 de agosto de 1911. De padre francés y madre italiana, se educó en Francia, estudiando en el Lycée Gasdendi de Digne. 
De vuelta al Nuevo Continente, la familia fija su residencia en la ciudad de Méjico, será allí donde Vinay estudie canto con el maestro José Pierson.

Hizo su debut operístico en 1931, cantando el papel de Alfonso en “La Favorita”. Siete años más tarde continua en la ciudad de Méjico, cantando el papel de Conde Luna en “el Trovador”. En años sucesivos incrementa su repertorio como barítono, incluyendo -a los ya mencionados- el Rigoletto verdiano y Scarpia de “Tosca”. Sólo cuando entra en la vida del barítono chileno René Maison, reorienta su voz hacia la tesitura de tenor. En 1943 hace su segundo debut en la ciudad de Méjico, esta vez como tenor, interpretando el papel de Don José de la opera “Carmen” de Bizet. En 1944 interpreta, por primera vez uno de sus más característicos papeles, el del Othello verdiano. Un año más tarde, hace su debut en el City Center Opera de Nueva York, con el mismo papel con el que hiciera su segundo debut ante el público mejicano. Durante la temporada 1945-46 y de nuevo en la de 1948, el tenor chileno cantará en el City Center Opera el Samson de Saint-Saënns, el Cavaradossi de “Tosca” y el Des Grieux de “Manon Lescaut”.

 

El 22 de febrero de 1946 debutó en el Metrpolitan Opera House, interpretando el Don José de “Carmen”. Durante 16 temporadas (1946- 61) Vinay cantó en el MET, un total de 121 representaciones en las que interpretó 14 papeles, entre ellos: Canio, Ramadés, Tannhäuser, Siegmund, Tristán, Samson, Herodes, Egisto y Othello. 
Fue precisamente con este papel con el que debutó en la Scala de Milán durante la temporada de 1947-48, registrando un éxito, que sin duda marcaría la trayectoria del cantante. (A lo largo de su trayectoria profesional llegó a interpretar el papel del moro de Venecia más de 250 veces). Un año más tarde, volvería a representarlo en la Arena de Verona. En 1950 lo interpretó en el Covent Garden, junto a la compañía de la Scala y la batuta de Arturo Toscanini. Durante el Festival de Salzburgo de 1951, bajo la dirección de Wilhelm Furtwängler lo volvería a interpretar. En todas estas ocasiones su encarnación del personaje verdiano lograría un éxito antológico, siendo considerado como “el mejor interprete de Othello”. En la década de los cincuenta le abrirían las puertas los escenarios de la Opera de Viena, la Grand Opera de Paris, el Teatro Colón de Buenos Aires, el de la Opera de San Francisco y el de Chicago.

 

Fue también a comienzo de la década de los cincuenta, cuando Vinay canta su primer papel wagneriano.., y nada menos que el Tristán. De 1952 a 1957, Vinay cantó en Bayreuth, roles de tenor, (aunque su última aparición en el Teatro de los Festivales en 1962, fue como barítono) Tristán (1952), al que le siguió Siegmund(1953 y 1957), Parsifal (1956) y Telramund (1962). 
Curiosamente hasta final de la década, Vinay se mantiene en la tesitura de tenor. Tesitura que abandona volviendo a la de barítono, en la que se puede denominar su tercera carrera. En 1962 interpretó, durante los Festivales de la Colina Sagrada, el papel de Telramund.

 

 Fue a partir de éste momento cuando Vinay, volvería a interpretar papeles de barítono, como los de: Iago, Falstaff y Scarpia. Incluso, llegó a abordar la tesitura de bajo, el papel de Basilio, en una representación del “Barbero de Sevilla”, durante la temporada de 1966, en el MET. Su despedida se produjo en Santiago de Chile, en 1969, con el papel de Iago. Pero hasta 1972 siguió vinculado a los teatros, como director de escena.

 

Ahora que su voz se ha hecho memoria en todas aquellas grabaciones, -la mayoría de las cuales pertenecen a grabaciones en vivo- recuperadas de un injustificado olvido gracias al CD, se impone la necesidad de valorar en su justa medida la voz de un cantante que logró escribir su nombre en el libro de la Opera como Radamés y Othello, como Telramund y Tannhäuser... Sin duda el lector convendrá conmigo, parafraseando los versos de la inmortal opereta de Lehár “La viuda alegre”: que callen las palabras, surrurre lavoz (1).

 

NOTAS:

 

(1) “Lippen schweigen, / ‘s flüstern Geigen” (Callen los labios,/ susurran los  violines).