Traducido por Javier Nicolás de la revista de la Internationale Siegfried Wagner Gesellschaft E.V., agosto de 1980. El tilo sagrado, nº5. 1997
Mis recuerdos de Siegfried Wagner
Por Katharina Heidrich

 

    Pocas personas han habido en mi vida que han brillado con luz propia como una estrella, y de cuya imagen nunca uno puede olvidarse. ¡Una de esas estrellas luminosas ha sido Siegfried Wagner!

    Uno de mis sueños infantiles era para mí poder visitar alguna vez Bayreuth, y ello tuvo lugar, gracias a la intervención de mi padre por su relación con la familia Wagner, y así pude contemplar por primera vez el edificio mágico en la verde colina. La conversación de nuestra familia tuvo lugar en el mismo Festspielhaus, con una figura principal, que tenía luz propia y era inimitable, era Siegfried.

    Fueron los primeros años de la 1ª Guerra Mundial. A través de mis padres llegué yo como niña a entrar en contacto con los dos Wagner (Cosima y Siegfried) en Wahnfried: con Cosima fue un primer contacto cariñoso; su semblante inclinado ligeramente hacia mí, mientras acariciaba mi cabello rojo. Mi madre era profesora de trabajos manuales y de bordados tradicionales: incluso hizo para Cosima alguna ropa blanca, vestidos y una bata blanca. Por ello iba muy a menudo a Wahnfried, además vivíamos nosotros en la misma esquina de la calle Jean Paul .

    El bello rostro de Siegfried, que siempre aparecía iluminado, sus ojos claros, que cuando te miraban parecían dos pequeños soles, es difícil de olvidar. He conocido hasta hoy muy pocas personas que puedan compararse con él...

    La aplicación y el empeño por sus ideas fueron siempre inagotables. El estaba trabajando en esa época su ópera An allem ist Hütchen schuld. Yo había oído y sabía que él era un gran compositor de música, que trabajaba mucho y encarnizadamente, con febril intensidad y amor filial por la obra de su padre. Y no solamente en el campo musical, sino también en la parte técnica. En el Festspielhaus estaba él siempre con todos los trabajadores manuales, y estaba orgulloso de ellos y se reía con todo el personal. Mi propio padre era Maestro artesano en la firma Ernst Heuberger, que para citar un ejemplo, había trabajado en la parte de la electrificación de la copa del Grial en  Parsifal.

    En una ocasión insistí yo tanto, que pude acompañar a mi padre, y así llegó el día, un domingo que fuimos con Siegfried Wagner a la pequeña isla Röhrensee, y recuerdo que nos sentamos y Siegfried me cogió, me sentó en sus rodillas y me hizo el tradicional juego de niños "Hoppe hoppe Reiter". También en la Opera Imperial tuve ocasión de contemplar a Siegfried Wagner: allí dirigió en la época de pre-navidad el Hänsel und  Gretel de Humperdinck.

    Cuando escucho la música de cuento de hadas de Siegfried Wagner, me acuerdo enseguida de Humperdinck. El Ser y el Conocimiento de Siegfried tiene algo de inocencia infantil, libre de culpa, como de cuento de hadas. Y por ello me parece muy mal que su trabajo sea tan poco conocido y que no sea hoy en día escuchado. Pese a que ha habido artistas muy competentes, como Martha Mödl que han trabajado mucho para que su música sea conocida. 
 

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