Por Wolfram Humperdinck

 

Cuando a finales de agosto de 1882, año del estreno de “Parsifal”, se terminó la última representación, todos los actores y participantes fueron a visitar a Wagner para demostrarle su agradecimiento y felicitarle, estaba entre ellos uno de los más íntimos colaboradores del maestro, su “escudero de Parsifal”, Engelbert Humperdinck. En sus memorias sobre Bayreuth nos informa al respecto: “Fui hacia Wahnfried para despedirme. Allí encontré al Maestro rodeado de sus artistas que habían acudido con el mismo fin que yo. Cada uno recibió como recuerdo una fotografía dedicada de puño y letra. Al verme, Wagner se acercó hacia mí diciéndome:  “¿Vd. también aquí? Vd. no recibirá ninguna fotografía puesto que nos hemos de ver de nuevo muy pronto”.

Wagner cumplió su palabra. Unos meses después, mediado diciembre de 1882, llamó a Humperdinck junto a sí a Venecia, le invitó a ser su huesped y a ayudarle en la preparación de un concierto de una anterior obra de Wagner, la llamada “Sinfonía Juvenil” (en Do) que pensaba dirigir él mismo. Fueron días tensos, inolvidables. Wagner se mostró aquí -poco antes de su muerte- como cordial compañero de sus colaboradores, sobre cuyo futuro formaba ambiciosos planes. Como despedida, le regaló la entretanto terminada partitura del “Parsifal” con la dedicatoria autógrafa: “ ¡Para mi fiel, comprensivo y serio compañero y colaborador Engelbert Humperdinck! Bayreuth en tiempo de Parsifal”.

¿Como fue que mi padre,  Engelbert Humperdinck, fue a Bayreuth a trabajar con Wagner? ¿Cual fue su labor allá, por la que Wagner tan reconocido se mostró? Para informar de ello, permítaseme primero retroceder en el tiempo y exponer sucintamente la vida de mi padre hasta llegar a maduro artista de los sonidos.

Tenía 26 años de edad cuando Humperdinck conoció personalmente a Wagner. Fue en Napoles en la primavera del año 1880. Poco antes había obtenido varios premios en concursos celebrados en Munich sobre composiciones musicales para obras de orquesta con solos y coro. Con estos antecedentes la Escuela Superior de Munich le envió a Roma para completar sus estudios en la ciudad clásica de la música. Durante los dos años que estudió en Munich, topó por primera vez, por rara coincidencia, con el arte de Ricardo Wagner. Aconteció por mediación de una agrupación de jóvenes artistas, que como admiradores entusiastas de Wagner, tenía como fin servir a la difusión de la obra creativa y de las reformas de Wagner y por medio de conferencias y representaciones de conciertos propagar a su Maestro. Como ya conocían la obra poética previamente publicada de Wagner sobre Parsifal, dieron a su asociación una nota sacra y se autodenominaron “miembros y caballeros de la Orden del Graal”. Como expresión exterior de su dignidad portaban grandes sombreros de fieltro adornados con una pequeña pluma de cisne. Se reunian a menudo en su local, en el que un día invitaron al estudiante de música Humperdinck. Este se dejó convencer fácilmente para hacerse miembro, después de que él anteriormente había sentido una profunda impresión ante la representación del “Anillo de los Nibelungos” en Munich, primera representación de la obra completa tras el estreno en Bayreuth en 1876.

A su pertenencia a la Orden puede agradecer Humperdinck que en la primavera de 1880 conociera personalmente a Wagner. Ocurrió en viaje de Roma a Nápoles. Después de haber soñado la noche anterior con una visita a Wagner  -así explicó a sus amigos- se decidió a realizar efectivamente dicha visita. Pero no era fácil. Wagner habitaba en lo alto del Posilip, sobre el golfo de Nápoles, una audaz encolumnada casa llamada Villa Angri, que casi inaccesible como una fortaleza, estaba protegida por un escarpado jardín, para poder así terminar sin molestias su partitura de Parsifal.

Al llegar en su escalada hasta la cima, el joven músico fue en principio rechazado por el servidor de Wagner, pero inmediatamente después de leer su tarjeta de visita, Wagner le mandó llamar. En la tarjeta constaba: “Engelbert Humperdinck, estudiante de música, miembro de la Orden del Graal”. “¿Que hace Vd. en Napoles, caballero del Graal? ¿Cómo es que viene hasta tan lejos aquí en Italia?“ fue la pregunta del Maestro según los recuerdos de Humperdinck. “Le aclaré en pocas palabras el fin y la razón de mi viaje a Italia, así como de la beca de estudios y su creación, sobre lo que se interesó mucho. “Qué extraño” exclamó,  ” ¡que le puede aprovechar hoy en día a un músico para su arte una estancia en Italia! ¡ ¡ Tempi passati! ! En nuestra Patria hay suficiente para crear y para aprender “. Después de otras conversaciónes, vino repentinamente la pregunta de Wagner de que si su visitante querría acompañarle a Bayreuth y ayudarle con una cuidadosa copia de la partitura de Parsifal que estaba componiendo, en la preparación de su representación y de los papeles de los cantores. ¡Con cuanta alegría respondió afirmativamente mi padre! Tras unas semanas pudo participar en la inolvidable fiesta del 67 aniversario de Wagner en el círculo familiar y de sus amigos, cantando al piano en la “Liebesmahlszene” del primer acto (Templo del Graal) el papel de un caballero del Graal mientras las hijas de la Sra. Wagner cantaban las claras voces “de lo alto”. Después de esta impresionante primera audición sobre el esquema de la composición, continuó Humperdinck su viaje de estudios.

Después del regreso de Wagner a Bayreuth se dirigió hacia allá en enero de 1881 una vez terminadas sus obligaciones derivadas de la beca. El Maestro hizo preparar para Humperdinck un estudio con piano en el piso alto del célebre restaurante “Angermann”, muy apreciado por Wagner. Cada mediodía el mensajero le llevaba las todavía húmedas hojas de la partitura recién escrita por Wagner  -Wagner sólo trabajaba en la partitura por las mañanas- para su transcripción a fin de su uso en las pruebas y escenificaciones. Aquí pudo darse cuenta el alumno del interesante método de trabajo del Maestro.La razón de ello fue que a pesar de su intensa dedicación no podía seguir la velocidad de producción de Wagner; el Maestro siempre iba por delante. Finalmente averiguó la razón de esta casi increíble velocidad: Wagner ya había preparado todos los compases y la distribución de tiempos de la futura partitura a base del esquema-composición que había realizado minuciosamente en Nápoles, y ello para toda la obra desde el principio al fin, un trabajo gigantesco en el que el más ligero error o equivocación hubiera podido ser fatal. Al demostrar su ayudante asombro ante tal trabajo, le dijo riendo el Maestro: “¡Yo no me equivoco nunca. Soy “infalible” como el Papa! “.Ya que con este sistema no era necesaria la lenta distribución de los grupos de instrumentos y la alineación de los compases, podía Wagner seguido y sin pausa pasar al papel la melodía de su creación.

Otra ventaja para su alumno fue la de que el Maestro ejecutaba con él al piano las composiciones orquestales de los grandes clásicos de la música y le explicaba su forma, su contenido interno y su mensaje, lo que facilitaba las audiciones de conciertos que organizaba mi padre como director de una orquesta de diletantes en Bayreuth. Esta realmente buena orquesta, había sido fundada por el antecesor de Humperdinck, el director de orquesta Anton Seidl, cuando trabajaba al lado de Wagner como “ayudante de los Nibelungos “. Casi diariamente acudía Humperdinck a Wahnfried, dando allí clase de música a las hijas y disfrutando del clima espiritual de las tardes literarias ofrecidas en derredor de Wagner. Sobre éstas escribe mi padre en sus memorias:’ ‘Wagner leía con la mayor afición a Calderón, Lope de Vega, Shakespeare y Goethe, y a veces en su autobiografía, que todavía no se había publicado. Otras noches eran musicales: los preludios de órgano y fugas de Bach y cuartetos de Beethoven que ejecutaba Rubinstein eran sus preferidos; a veces se sentaba él mismo en el piano de cola, para ejecutar baladas de Löwe; pero lo más interesante era cuando ofrecía escenas de las óperas de Mozart, por ejemplo, “El rapto”, con delicada frescura y especial carácter...”.

Humperdinck gozó de la absoluta confianza de su maestro, se le llamaba a todas las discursiones y pruebas sobre la representación del Parsifal, también fue enviado a Munich para tratar con el director Hermann Levi sobre el “tempi” de la nueva obra y transmitirle los deseos de Wagner. Cuando la familia Wagner pasó el invierno de 1881/ 82 en Palermo, Wagner nombró a mi padre su apoderado en Bayreuth y le designó como responsable único para la preparación de la obra, poniendo a su disposición y a sus órdenes todo cuanto a ello sirviera. Como agradecimiento a esta confianza, pudo ofrecer al Maestro una gran alegría con la sorpresa que le guardaba para el día de su cumpleaños (22 de mayo de 1882) a su regreso de Italia. Mi padre sabía que Wagner estaba muy preocupado para encontrar un coro apropiado de muchachos para las “voces de lo altísimo” de los actos primero y tercero del Parsifal. Durante la ausencia del Maestro en Italia se ocupó intensamente de las mejores voces juveniles de las escuelas de Bayreuth y con ellos estudió detenidamente aquellas “voces de lo altísimo”. Cuando Wagner a su regreso entró en la mañana del 22 de mayo en la gran sala de la villa Wahnfried, le recibieron las frescas voces de los muchachos del coro colocados por Humperdinck a escondidas en la galería superior: “Der glaube lebt, die Taube schwerbt, des Heilands holder Bote...” Todos escuchaban admirados los hermosos timbres. El Maestro se mostró gratamente sorprendido y contestó, y “Hümpchen” (diminutivo familiar de Humperdinck) recibió el permiso de incorporar a sus jóvenes cantores en las pruebas y escenificación en el templo del Graal del Parsifal.

Aún pudo ofrecer mi padre otro servicio al Maestro. Cuando durante las primeras pruebas técnicas con música, en el teatro se comprobó que los decorados de la mutación abierta del primero al segundo cuadro, los llamados “decorados móviles”, por razón de un defecto técnico corrían demasiado lentamente y por lo tanto la música compuesta para este período era demasiado corta, Wagner se irritó de tal manera que juró no componer ni una sola nota más para alargarla y se marchó indignado a su casa diciendo que ya no quería saber nada de las pruebas. ¿Qué se podía hacer? Humperdinck explica lo que pasó a continuación: “El director del Parsifal, que estaba presente durante el suceso, manifestó que a su parecer la cosa no era tan desastrosa, puesto que lo mismo que se pueden hacer guiones, se podían introducir repeticiones. Yo recapacité sobre estas palabras, corrí a casa, compuse rápidamente unos compases de puente, los introduje en la partitura y los encajé en el original. Entonces se lo llevé al Maestro, con temor lleno de esperanza. El echó una mirada a las hojas, movió la cabeza aprobativamente y dijo: “Bueno, ¿por qué no? ¡Esto puede ir! , pero ahora rápido a escribir la parte de la orquesta a fin de que podamos continuar”. Y así sucedió, compaginándose a la perfecci6n música y decorados...” Naturalmente que  en los años siguientes se corrigió el defecto de los decorados y se retiró el añadido de Humperdinck.

Trás esta crisis, las pruebas, ensayos y representaciones en el verano de 1882 se desarrollaron sin incidencias dignas de mención; fue un gran éxito para Wagner y sus ayudantes. Al acabar la última representación, en cuya escena final el mismo Wagner dirigió la orquesta desde un lugar no visible para el público, todos los colaboradores se diseminaron y entonces tuvo lugar la escena que expliqué al principio. Si es cierto que la repentina e inesperada muerte del Maestro en Venecia le impidió realizar los planes que había forjado en relación a sus “ayudantes del Parsifal” para su futuro en Bayreuth, para Humperdinck los casi dos años de trabajar con Wagner, le sirvieron para comprender, aprender y acumular tal experiencia que él mismo se había transformado en un maestro. Viajó por el mundo durante una década, como joven representante del arte wagneriano, fue un apasionado profesor de composición en Colonia, Franckfurt y Barcelona (Liceo Isabel II) (1), hasta que su destino le hizo concebir la ópera que le daría fama mundial: la ópera-leyenda” Hänsel und Gretel”.

(1) Actualmente conocido como “Conservatorio del Liceo”.  Respecto a su ópera “Hänsel und Gretel” fue traducida al catalán por Joan Moragall y Antoni Ribera. 
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WOLFRAM HUMPERDINCK. Hijo del compositor de ópera Engelbert Humperdinck nació en abril de 1893. Eligió profesiones artísticas, ya que primero estudió pintura y escultura en Berlín, dedicándose posteriormente a la música que estudió en la Academia de Leipzig. Después fue Director de ópera y dramaturgo. Dirigió en Weimar, Barmen-Elberfeld, Oldenburg, Köningsberg y Leipzig. Obtuvo sus más resonantes éxtitos con las óperas de Ricardo Wagner y ayudó a Siegfried Wagner en Bayreuth. Dirigió “El anillo de los Nibelungos” en París y “Los Maestros Cantores” en Tokyo. En los primeros años de su carrera estuvo en Londres y Nueva York como asistente del productor mundialmente famoso Max Reinhardt, para montar el gigantesco espectaculo “The Miracle”. Obtuvo un destacado éxito en Kiel y como profesor de canto en Detmold. Ha escrito un libro acerca de su padre, la biografía del compositor, publicada por el editor Dr. Waldemar Kramner de Frankfurt. En la actualidad vive retirado en Bad Neuenahr, Augustinum, cerca de Bonn. 
 

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