"TRISTAN UND ISOLDE" EN ESSEN
Por Dirk Hünnemeyer

 

Wolf Siegfried Wagner anunció en una interviu que quería convertir en realidad el teatro invisible de su bisabuelo. Desgraciadamente no mantuvo su palabra ya que desde el primer acto fue muy visible una gran pared blanca con ojos de buey y además crudamente iluminada. Para completar la atmósfera de "ensueño" del navío se encontraba en el escenario un banco de 15 metros de largo, también pintado de blanco, sobre el cual Isolda gemía su dolor.

Al ir los actores vestidos con los trajes de la época, el conjunto producía la impresión de que una compañía musical ambulante distraía el aburrimiento de los pasajeros de un barco de lujo. En el momento en que la pared de los ojos de buey fue sacada de escena -desgraciadamente una hora tarde- y se amortiguó algo la luz empezó una representación algo aceptable. Los mejores momentos de W.S. Wagner y su equipo fueron aquellos en los que empezó el ahorro de energía (seguramente la central eléctrica de Westfalia hizo poco negocio aquella noche), ya que entonces fue menos visible la desastrosa dirección de actores (por ejemplo en la escena del filtro, con Tristán separándose de Isolda).

El que W. S. Wagner haya leído por lo menos las hojas de propaganda justifica que cree el "reino mágino de la noche" en un baldaquino negro, bajo el cual la pareja canta su amor. Como que "Wummi" cree que en esta escena de amor la música de su bisabuelo es esencialmente pobre, hace que al lado del toldo unos comparsas realicen escenas de lucha a cámara lenta. Al final se hace la luz y los hombres desgarran el toldo con gran enfado de Tristán e Isolda.

El hijo de Wieland situa el tercer acto en una blanca planicie inclinada en la que Tristán, sobre una sábana negra, está perdiendo la vida. Ante una simbología tan sutil Tristán se pregunta con razón: 
"¿Dónde estoy?". Así en esta escenografía exhala el último suspiro, lo mismo que su amigo Kurwenal, el cual es muerto por unos guerreros que entran deslizándose por unas cintas rodantes montados en unos enormes caballos-balancín. La muerte por amor de Isolda (aquí mejor la vida por amor) esta revalorizada con un despliegue de técnica escénica (panorámicas nubosas, kitsch, transformaciones) ante la evidente opinión del regidor de que la música es cosa secundaria. Al final todo resulta inútil. Isolda continua viva.

Tras esta producción la separación de Wolf Siegfried Wagner de la Verde Colina es imposible que sea por motivos artísticos: su genio escénico encaja sin la más mínima duda con el Bayreuth post-chéreau. 
 

Mitteilungen der Deutschen Richard Wagner Gesellschaft, enero 1993. 
 

Contáctanos