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Rogelio de Egusquiza, un pintor amigo de Wagner

Por Jordi Mota y María Infiesta

 

ROGELIO DE EGUSQUIZA fue, junto a Joaquín Marsillach, uno de los dos únicos amigos españoles que tuvo Wagner. Dado que Egusquiza era pintor y que nosotros siempre nos hemos interesado por el tema de Wagner y la pintura, era lógico que nos sintiésemos atraidos por su vida y su obra. 
En nuestro libro “Pintores Wagnerianos”, elegimos seis pintores de cuya obra queríamos ocupamos con el máximo de detalle dentro de nuestras posibilidades económicas y uno de ellos fue naturalmente el ilustre compatriota. Habíamos recibido toda la colaboración posible de los Museos del Prado, Badajoz y Santander, así como de la Biblioteca de Catalunya y de la “Bibliothèque et Musée de l’Opéra” de París, pero seguíamos sin localizar algunas obras importantes. Los Museos del Prado y Santander nos informaron de que la Sra. Sonia Blanco estaba preparando una tesis doctoral sobre este pintor. Nos pusimos en contacto con ella y, dado que nosotros los teníamos, le facilitamos una serie de datos que ella desconocía, como era el texto de la carta de Egusquiza a Cósima Wagner que se conserva en Bayreuth, el artículo que publicó en las “Bayreuther Blätter” y los comentarios que sobre él se hallan en los Diarios de Cósima. Como sea que tenía que presentar su tesis doctoral inmediatamente le dimos esta información telefónicamente. Por nuestra parte, le rogamos nos indicase el paradero de algunas de las obras del pintor. Nunca recibimos contestación a nuestras cartas. Citamos este ejemplo como muestra de que en ocasiones los más entusiastas defensores de un artista logran lo contrario de lo que pretenden, no contribuyen a difundir la obra del autor en que están especializados, sino que más bien lo dificultan. Debido a la falta de colaboración de la señora Sonia Blanco, en nuestro nuevo libro “Das Werk Richard Wagners im Spiegel der Kunst”, la obra de Egusquiza se halla sólo modestamente representada aunque nuestro deseo hubiera sido el de darle mucha más importancia. Naturalmente, y pese a tener nosotros por él un interés preferente, tuvimos que realizar gestiones para enteramos de datos de 150 artistas diferentes y no pudimos dedicar a cada uno todo el tiempo que hubiésemos deseado. Esta falta de colaboración fue verdaderamente una lástima. 
Ahora, la Fundación Botín ha impulsado la celebración de una Exposición dedicada al pintor Rogelio de Egusquiza y ha editado un soberbio catálogo donde pueden verse unas 30 obras de este pintor cántabro sobre temas relacionados con Richard Wagner reproducidas con la mejor calidad, más otras tantas sobre temas diversos. Pese a nuestro interés desde siempre por la obra de Egusquiza, hasta ahora no habíamos conseguido obtener una visión global de este peculiar artista. Dado que Joaquín Marsillach falleció el mismo año que el Maestro, sólo quedaba Rogelio de Egusquiza como wagneriano español vivo entre los que conocieron a Wagner. Durante muchos años el wagnerismo en España únicamente estuvo representado por él, ya que en las listas de miembros de la asociaciones wagnerianas del mundo, el nombre de Rogelio de Egusquiza era el único español que figuraba, aunque como residente en París. 
El recientememente fallecido Julio Caro Baroja en el prólogo que tuvo la amabilidad de hacernos para nuestro libro “Richard Wagner y el Teatro Clásico Español”, indicaba sobre este artista; “Recuerdo también ahora que, siendo estudiante de bachiller, se abrió en Madrid una exposición del pintor wagneriano y schopenhaueriano Rogelio de Egusquiza (1845-1915) y que ésta no contribuyó demasiado a wagnerizar a los jóvenes, porque las obras de aquel artista consistían en grandes cuadros “de figura”: es decir, que representaba a los personajes de las óperas en actitudes melodramáticas y no daba impresiones o notas de ambiente ni de conjunto”. Efectivamente esta peculiar manera de tratar el tema wagneriano es en cierto modo poco habitual y en un primer momento puede llegar a defraudarnos pues siempre, al remitimos al tema de la pintura wagneriana, esperamos la plasmación en la tela de la visión ideal de las descripciones wagnerianas que por su dificultad sólo se pueden lograr mediocremente aún en el mejor teatro. Los cuadros de Egusquiza estudian la naturaleza del personaje e intentan transmitir su sentido y su estado anímico a partir de la expresión corporal. Ahora precisamente, a través de esta magnífica exposición y su no menos impresionante catálogo, puede analizarse este aspecto con detalle. El artista quiere que podamos entender al personaje, simplemente por sí mismo, al margen de todo lo que le rodea. A este respecto mencionaremos como único ejemplo, la diferencia que se percibe entre el Amfortas que se reproduce en la página 161 del catálogo (o la página 30 de nuestro libro “Pintores Wagnerianos”) y la que reproducimos en la contraportada de la presente revista, dibujo especial hecho por el pintor para la publicación “Bayreuther Festblaetter” de 1884. Comparemos la expresión de las manos y del rostro y observaremos que en el que reproducimos se acentúa más la gravedad y el sufrimiento del personaje, pudiéndose explicar quizás por el hecho de que este dibujo le fue encargado para el número monográfico dedicado a la muerte de Wagner y que el artista estaría todavía bajo lo efectos de tan infausto acontecimiento. 
Como hemos mencionado antes, Rogelio de Eguzquiza fue, junto al Dr. Letamendi, el único colaborador español en las “Bayreuther Blätter”, con un artículo titulado: “Ueber die Beleuchtung der Bühne”[existe traducción en la hemeroteca ]en el que estudia los efectos de la luz en el teatro: 
“Cuando contemplamos directamente la naturaleza, la hora del día influye involutariamente en lo que vemos: en el color, en la fuerza, en las propiedades de la luz, en la dirección” y por ello insistía en la necesidad de mejorar este aspecto de las representaciones de Bayreuth suprimiendo definitivamente las candilejas pues “tanto en el interior de un templo, en un palacio o en cualquier otro edificio, en el campo o en el lugar ideal donde el compositor nos transporta para mostramos a sus dioses y sus héroes, la luz proviene de todos lados, excepto del suelo”. Para Egusquiza este aspecto es decisivo ya que Wagner "no olvidó la iluminación en su obra, ya que indicaba en diversos momentos la hora exacta del suceso, incluso la música ayuda a expresar el tipo de luz que se necesita. El gran genio se dio cuenta del efecto que producía en el espectador el alba, el amanecer, el sol de medio día y todos los cambios de luz hasta llegar a la oscuridad". Este artículo está fechado en París el 20 de diciembre de 1884 y fue publicado en el número de junio de 1885 de la aludida publicación.

En un artículo de las dimensiones del presente es imposible extenderse lo que desearíamos sobre el personaje. Digamos que el ya mencionado catálogo de la exposición contiene interesantes comentarios sobre su vida y mucho más todavía el libro “Rogelio de Egusquiza, pintor y grabador” de Aureliano de Beruete. La Exposición ha culminado con un concierto con lieder de Wagner, los habituales de Mathilde Wesendonck, así como algunos otros menos frecuentes, habiendo colaborado modestamente en dicho concierto a través de las traducciones de estos lieder menos conocidos. Queremos felicitar desde estas páginas a todos cuantos han hecho posible la exposición, el catálogo y el concierto. Incluyendo a la Sra. Sonia Blanco quien si bien no nos prestó en su día la atención que esperábamos de ella, no podemos negar que desborda entusiasmo por la obra de Egusquiza y que ha contribuido a la recuperación y redescubrimiento del prestigioso artista.