Por el Dr. Julius Knapp y Hans Jachmann

 

COMO ya comentamos en el número 15 de WAGNERIANA: “Primer texto sobre Wagner en España”, Juan Valera escribió el 26 de noviembre de 1856 una carta comentando sus impresiones tras una representación de “Tannhäuser” en Berlín. En ella se deshacía en alabanzas sobre el personaje de Elisabeth, interpretado por Johanna Wagner, sobrina del compositor. Es por ello que consideramos oportuno dedicarle ahora estos comentarios que han sido sacados en su totalidad del libro “Richard Wagner und seine erste Elisabeth” del Dr. Julius Kapp y Hans Jachmann (Dom-Verlag, Berlín 1927) gracias a la amable colaboración de la Sra. Rosa Mª Safont, que ha tenido a bien leerse el libro entero y traducimos los párrafos más interesantes. Desgraciadamente, al no existir grabaciones históricas, ninguno de nosotros puede dar su parecer sobre las cualidades vocales y artísticas de Johanna Wagner.

 

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Johanna Jachmann Wagner nació el 13 de octubre dc 1826 en Seelze (Hannover). Hija del hermano mayor de Richard Wagner, Albert, y de Elisa Gollmnann, pasó su infancia y juventud en Würzburg donde su padre ejercía como cantante, actor y regista en el Teatro Real Bávaro. Recibió la instrucción musical de sus propios padres y, como ya desde niña poseía una hermosa voz, cantaba en el coro de la escuela. A los seis años comenzó los estudios de piano con un oboista de la orquesta del teatro llamado Wolf pero al poco, por motivos de salud, abandonó los estudios. En este sentido, Johanna siguió el mismo camino que su tío Richard, quien cuenta que a los nueve años abandonó los estudios de piano, profetizando su profesor que en esta matería no llegaría a hacer nunca nada.

En enero de 1833 Richard Wagner visitó a su hermano en Würzburg y escuchó por primera vez a su sobrina, acompañándola él mismo al piano. 
Su debut tuvo lugar en la pequeña ciudad de Ballenstedt; donde el Duque de Anhalt-Bernburg, gran aficionado al teatro, se enteró del estreno en París de “Los Hugonotes” de Meyerbeer y quiso que la ópera se estrenase inmediatamente en su ciudad. El reparto se cubrió con la plantilla del Teatro pero faltaba alguien para el papel del paje y Johanna, con permiso de sus padres, se presentó para interpretarlo. Obtuvo un éxito clamoroso. Desde este momento participó en los conciertos de la Corte y, al enfermar la primadonna durante una nueva representación de “Los Hugonotes” ocupó su lugar, comenzando así una brillante carrera como cantante. Día tras día, su voz fue creciendo en potencia y dramatismo, siendo su padre su mejor maestro. Su repertorio fue aumentando con Julieta, Catarina Cornaro de “La Reina de Chipre” de Halévy, la Baronesa de “Wildschütz” de Lortzing y Doña Elvira del “Don Juan” de Mozart. Richard Wagner quedó admirado al escuchar de nuevo a su sobrina y, siguiendo sus consejos, en 1844 Johanna se presentó en la Opera de la Corte de Dresde, donde fue contratada. Tenía a la sazón 18 años. Allí aprendió mucho de los magníficos cantantes de la Compañía: el tenor Josef Tichaschek y la famosa Wilhelmine Schröder-Devrient.

Como anécdota de la notable relación que tuvo Johanna Wagner con esta cantante, a quien conoció en Ballenstedt, interpretando el papel de Romeo en la ópera de Bellini, citaremos que, al acabar la representación, acudió al camerino de la cantante y se inclinó ante ella, mientras la Schröder-Devrient se quitaba los guantes. Al no lograr sacárselos, se ayudó con los dientes, de manera tan violenta, que arrancó uno de los dedos. La joven admiradora solicitó como recuerdo este dedo que llevó durante mucho tiempo, sujeto con una cinta, alrededor del cuello. Y, hasta su muerte, conservó como una reliquia el vestido que la gran cantante había llevado en “Fidelio”.

Pronto se convirtió Johanna en una magnifica actriz dramática y Richard Wagner no tardó en ver en ella a su futura Elisabeth. En efecto, Johanna estrenó este personaje del drama wagneriano y, como recuerdo y agradecimiento, su tío le regaló un broche de oro con la forma de una corona de laurel. En su autobiografía escribe el compositor: “La juventud de mi sobrina, su cuerpo esbelto y gracioso, su fisonomía ingenuamente alemana, su voz, ya entonces de un timbre muy agradable y de una expresión frecuentemente infantil y conmovedora y por añadidura su talento, no de trágica pero sí de actriz, le granjearon el fervoroso beneplácito del público. Con este papel alcanzó pronto la celebridad y, años después, cuando me hablaban de una representación de “Tannhäuser” en la que mi sobrina había participado, me decían que el éxito de la obra se debía a ella casi esclusivamente”. 
Algo más tarde, al interpretar Johanna el papel de Leonora en “La Favorita” de Donizetti, Wagner se opuso a ello con todas sus fuerzas, por creer que esto perjudicaría la aureola de pureza y castidad que el público admiraba en ella. Esto contribuyó a aumentar una cierta hostilidad en el ambiente familiar, que ya se hallaba enrarecido por el hecho de que el padre de Johanna, Albert Wagner, había prohibido a ésta que aceptara la propuesta de Richard de interpretar la Senta de su “Holandés Errante”, por temor a perjudicar su voz. Al respecto, el compositor dejó un amargo testimonio en su “Autobiografia”. 
En 1846 Johanna viajó a Paris acompañada por su padre y allí, Manuel García, hermano de la Malibran, le concedió una audición. Admirado de su voz, la acogió como alumna y la dirigió hacia la ópera italiana: “Norma”, “El Barbero de Sevilla”... 
Este mismo año regresó a Dresde cosechando grandes éxitos. Actuó en Hamburgo y Berlín donde, en la primera representación de “Lohengrin”, interpretó el personaje de Ortrud.

En 1859 se casó con Alfred Jachmann. En 1860 decidió dedicarse también al teatro hablado, algo que ya tenía previsto hacer cuando llegara el momento de tener que dejar la ópera. Durante una temporada simultaneó las dos especialidades escénicas. Se retiró de la ópera el 12 de diciembre de 1861 con el “Orfeo” de Gluck. Sin embargo, en 1876, por expreso deseo de Richard Wagner, cantó de nuevo en Bayreuth (ya había cantado allí el papel de contralto solista en una “Novena” de Beethoven con ocasión de la colocación de la primera piedra del Teatro del Festival), interpretando a Schwertleite de “La Walkiria” y a la Primera Norna de “El Ocaso de los Dioses”. Esta fue realmente su última actuación operística. 
Además de sus actuaciones en Hamburgo, Berlín y Dresde, Johanna cantó ópera y lied en Viena y Londres (donde ofreció un concierto en palacio ante la Reina Victoria) con triunfal éxito. También cantó en Weimar, manteniendo estrecha relación con Liszt. En 1858 actuó en Leipzig. En 1860 en Polonia, Karlsruhe, Mannheim, Frankfurt am Main, Breslau, Stettin, Danzig, Halle y Würzburg. En 1853 fue nombrada “Kammersängerin” de Prusia. Invitada a menudo a las reuniones íntimas de la Corte, su trato con los Reyes era afectuoso. 
Al retirarse, se dedicó a la enseñanza. En 1882 se trasladó a Munich donde ejerció como profesora de la Escuela Real. El Rey Luis II le concedió la libre entrada a todas las representaciones del Teatro de la Corte y, en la primera representación de “Tannhäuser” a la que Johanna asistió, encontró su butaca adornada con ramas de laurel y con la siguiente inscripción: “A la única e inigualable Elisabeth”.

Sabido de todos es que Luis II gustaba de atender en solitario las representaciones del Teatro, organizando funciones donde no se permitia la entrada de espectadores. Durante esas sesiones, el rey se sentaba solo en el palco real. Por ello, Johanna quedó sorprendida al recibir una invitación del Rey para asistir a una representación de este tipo de “Parsifal” (que por aquellos tiempos únicamente se representaba en Bayreuth). Recibida por el intendente, fue acompañada hasta un asiento de primera fila bajo el palco real y, al acabar el primer acto, un enviado del Rey la saludó en su nombre y le expresó el deseo de que la representación fuera de su agrado. 
Johanna empezó a sufrir problemas de salud, con el tiempo fue engordando y tenía problemas para respirar por lo que andar y subir escaleras le costaba un gran esfuerzo. Todo ello degeneró en una dolencia cardíaca. De regreso de unas vacaciones a Berlín su estado se agravó enormemente. El 13 de octubre en que cumplió 68 años celebró su último aniversario. Pasó los siguientes días en estado semi-inconsciente y falleció el 16 de octubre de 1894. 
 

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