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Juicio postremo de Ricardo Wagner

Notas Musicales y Literarias. Año II, nº31 Barcelona, 1.º de Marzo 1883 
Juicio postremo de Ricardo Wagner
Por José de Letamendi

 

El egregio Maestro falleció: sólo rindiendo á sus manes un tributo de justicia, podré dar á mi dolor una expansión digna del sumo aprecio que le merecí en vida.

Cierto que la Música está de luto; mas tambien lo es que lo está asimismo cuanto de culto y liberal encierra el espíritu humano. A los funerales de Ricardo Wagner debe, pues, concurrir la Sociedad entera; en ellos la Música presidirá el duelo á título de hija predilecta del finado, no de hija única.

Ricardo Wagner ha sido el alma de más aliento, de más trascendental mirada y más civilizadora acción que ha resplandecido durante el tercio medio del presente siglo. Como reformador se expresó en músico, porque tal era su lenguaje técnico, de la propia suerte que como escritor se expresó en aleman porque tal era su lenguaje patrio; mas hay que distinguir cuidadosamente en todo hecho de expresión, el fondo y la forma de lo expresado y, en el caso actual, procediendo de esta suerte es como se logra ver de una manera clarísima, toda la universalidad de miras que Ricardo Wagner ha perseguido por medio de una revolucion musical.-Los músicos son los primeros interesados en apurar esta distinción, puesto que si bien lo meditan, cuanto mayor y más transcendental resulte la concepción del gran Maestro, más honrados quedan ellos con ser sus colegas y más, mucho más divinizado su Arte en la Historia.

 

I

WAGNER COMO GENIO.

Considerado como genio resulta Ricardo Wagner un sér realmente incomparable.-Ponedlo en cotejo con Beethoven, con Berlioz, con el mismo Gluck y hallareis que su personalidad se resiste lo mismo á la suma que á la resta; precisamente porque se trata de comparar valores heterogéneos. En efecto, ninguno de los grandes músicos precursores de la reforma extendió su acción más allá de la esfera de su Arte; sólo Wagner ha dominado las artes todas en su íntegra y compleja unidad teórica y práctica. Lo propio acontecerá si pretendéis parangonar á Wagner con Hegel, v. gr., ó con Heriberto Spencer: porque estos representan el pensamiento puro, discutible; mientras que aquel encarnó su pensamiento en su acción, é imprimió á su acción un éxito imperativo.

Para comprender la singularidad de Ricardo Wagner en toda su grandeza basta anunciar su trascendental intento en estos breves términos: LA ELEVACION DEL DRAMA LIRICO Á LA CATEGORÍA DE ARQUETIPO DE TODO ESPECTÁCULO Y NORMA ABSOLUTA DE CULTURA DE TODO PUBLICO ESPECTADOR.

Ahora bien: ¿qué hay de esencialmente musical en esta concepción de Wagner?-Nada.-Entónces qué papel representa la música en esta concepción?-Permitiréme, aunque profano, formular mi respuesta en términos propios del Arte.-Para Wagner la música fué la nota sensible á favor de la cual determinó que el Teatro era la tónica de su empresa; y, una vez, posesionado de esta tónica ajustó á ella la quinta superior, dominantede sus aspiraciones civilizadoras, sosteniéndola como pedal en un crescendo sino al fine. ¡Ah! ¡cuán exacta resulta la semejanza! ¡cuán parecida á la mágica consonancia de quinta justa fué durante la vida de Wagner aquella feliz armonía, aquella íntima fusión de su reforma teatral y su aspiración civilizadora! Precisamente por esto su personalidad se nos aparece siempre como una concordancia tan exacta cuanto indefinible entre el artista y el filósofo; concordancia tan exacta é indefinible como la que funde en un solo acorde aquellas dos notas cuya relación antes he citado, como prototipo y norma de todas las armonias.

Llegar, pues, á la suprema educación social por medio de la perfección del espectáculo teatral, he aquí la singularísima y grandiosa concepción de Ricardo Wagner: esta fué su intención; esta su empresa; esta su gloria confirmada difinitivamente en Parsifal; esta, en fin, la esencia de su influjo sobre las generaciones venideras.

 

II

WAGNER COMO TALENTO.

Las facultades, por deciro así, vegetativas, ó que proporcionan nutrición y desarrollo á las grandes ideas, eran en Ricardo Wagner dignas, muy dignas de su genio creador. Comprendiendo que sin unidad de concierto habia de resultar imposible la realización de su ideal, asumióse él solo todos los poderes, todas las competencias que intervienen en ese intrincado microcosmos, ó mundo en miniatura, llamado TEATRO.-Poeta, músico, escenógrafo, escenoarca, indumentarista, filósofo, historiófilo, mitólogo, todo lo era, y todo con criterio peculiar y seguro, todo con solidez pasmosa. Bajo este concepto, la Música en Ricardo Wagner fué uno de tantos aspectos, el más brillante si se quiere, mas no la total esencia de su mérito y de su poder efectivo. Si el maestro Bellini y el poeta Romani y el pintor Philastre hubiesen asistido al Parsifal, á buen seguro que los tres se hubieran sentido respectivamente atacados en sus tendencias y en su estilo por el gran reformador. ¿Por qué, pues, se empeña el mundo rutinario en reducir la grandiosa y múltiple significación de Ricardo Wagner á la esfera musical?-Sencillamente porque la rutina es ciega, y como ciega no conoce del gran reformador más que la música.

 

III

WAGNER COMO CARÁCTER.

Para hacer algo de provecho en la vida no bastan ni el genio, ni el talento, sino que es menester contar, además, con un depósito inagotable de energía; único elemento capaz de hacer efectivo el valor de los otros dos.

Este elemento, esta fuerza de carácter era tan grande en Ricardo Wagner que, apesar de no haber dado en su vida un solo paso en busca de una simpatía y si muchos y muy graves que le atrajeron antipatias, él logró contemplar realizadas las tres cosas que integran un éxito decisivo y completo, á saber: 1.º el aplauso á sus propias obras, 2.º la gloria creciente de sus discípulos y 3.º inconsciente asimilación de émulos, detractorcs y enemigos.-Si alguien me preguntare que cantidad de energía representa la personalidad de Wagner, no vacilaria, como médico, en contestarle: «toda la que se necesita retener para vivir tantos años en la agitación en que ha vivido, más toda la que supone derrochada la forma repentina con que la muerte le ha sorprendido. »

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Insisto, pues, en mi juicio postremo definitivo. Ricardo Wagner es la figura más completa, grandiosa y transcendente que para la verdadera cultura de los pueblos ha producido el siglo XIX en sus tiempos medios y, si bien no serán muchos los que en el porvenir le representen dignamente, en cambio con muy pocos logrará la Humanidad ver realizadas en beneficio suyo las aspiraciones del gran maestro del supremo buen gusto: aparte de que, si la experiencia vale algo como fundamento racional de un certero pronóstico, puede asegurarse que los Wagner se multiplicarán al compás que la sociedad se vaya sintiendo más apta para cornprender y más necesitada de realizar aquellas aspiraciones.

Por de pronto, lo que se puede afirmar, calientes aun los restos mortales del reformador, es que ya de hoy más entre músicos, ser Wagnerista valdrá como sinónimo de ilustrado en las cosas profanas y, entre profanos, ser ilustrado valdrá como sinónimo de Wagnerista en materia de música.

Sobre la tumba, pues, donde el cuerpo de aquel insigne genio goza el descanso eterno, único adecuado á las titánicas fatigas de su vida, escribamos, con todo el laconismo de un dolor realmente varonil, este breve epitafio:-«¡Gloria á Ricardo Wagner!»,

JOSÉ DE LETAMENDI

Madrid 27 Febrero 1883