Biografía

Vida de Richard Wagner

Por John Deathridge i-deinfo

 

I. Primeros años: 1813-32
Wilhelm Richard Wagner nació en Leipzig el 22 de mayo de 1813. Era hijo legítimo de un escribano de la policía, (Carl) Friedrich (Wilhelm) Wagner (n Leipzig, 18 junio 1770; m Leipzig, 23 nov. 1813), y de su esposa Johanna (Rosine), de soltera Pätz (n Weissenfels, 19 sept. 1774; m Leipzig, 9 enero 1848), hija de un panadero. El día en que Goethe cumplía 65 años (28 agosto 1814), nueve meses tras el fallecimiento de Friedrich Wagner, Johanna se casó con Ludwig (Heinrich Christian) Geyer (n Eisleben, 21 enero 1779; m Dresden, 30 sept. 1821), pintor retratista, actor y poeta.

La famosa e incontestable cuestión de la paternidad de Wagner es menos importante que las ideas de Wagner acerca de la misma. Según el diario de Cósima (26 dic. 1868), Wagner «no creía» que Ludwig Geyer fuera su verdadero padre. Al mismo tiempo atribuía un presunto parecido -observado por Cósima- entre su hijo Siegfried y Geyer a «afinidades electivas» -(Wahlverwandtschaften)- sugestiva cita que posiblemente aludía a las cordiales relaciones de Geyer con Goethe, pero lo suficientemente ambigua como para nublar toda afirmación categórica

Tampoco estaba Wagner seguro -o menos de lo que probablemente habría admitido- respecto de su nacimiento y su bautismo. En su primer diario, el así llamado «Cuaderno rojo de bolsillo» (die Rote Brieftasche, comenzado a mediados de agosto de 1835), la fecha de su nacimiento fue cambiada del «12» al «22» -ligera y acaso insignificante equivocación que socava la teatral confianza en sí mismo del comienzo del diario-. (El nombre completo de Wagner, la fecha y lugar de nacimiento al inicio del diario más bien se asemejan al arranque de un artículo de un diccionario musical que a un aide mémoire privado.) Por si fuera poco su autobiografía Mein Leben da comienzo con la incorrecta afirmación de que su bautismo en la Thomaskirche de Leipzig tuvo lugar dos días después de su nacimiento. En realidad fue bautizado tres meses más tarde, el 16 de agosto de 1813. Al parecer, la causa del retraso -en torno al cual se ha alborotado mucho- se debió a un viaje que Johanna emprendiera a Teplitz (hoy Teplice), Bohemia, el mes anterior, donde el actor Geyer cumplía un compromiso de actuación. Pese a que Strobel, Reihlen y Rauschenberger investigaron a fondo los orígenes de Wagner (no es de extrañar que tal investigación se llevara a cabo en los años del nazismo), dicho viaje no hace sino aumentar el misterio, ya que su propósito sigue sin estar claro.

Así pues, lo único cierto sobre la paternidad de Wagner es que él mismo no estaba seguro de ella, cosa que puede explicar el casi cósmico significado que daba a cada uno de sus cumpleaños en años posteriores. Y ésta fue, probablemente, la razón de que siguiera la sugerencia de Nietzsche en lo que respecta al blasón que adorna las páginas titulares de cada una de las secciones de Mein Leben en su primera edición, el cual muestra un buitre (Geier) con escudo en el que figuran blasonadas las siete estrellas de la Osa Mayor o el Carro (der Wagen). Cabría ver en el buitre una alusión irónica a los blasones de las familias aristocráticas alemanas que utilizaban la similar forma del águila como símbolo de poder. (A diferencia de Beethoven, Wagner no se hacía vanas ilusiones respecto a sus orígenes mesocráticos.) No obstante, es más probable que la combinación de der Wagen con el símbolo del Geier se refiera a la «doble» paternidad de Wagner, tal como él seguramente la veía, y quizás al vacío emocional que dejara la muerte prematura de sus dos «padres».

Resulta tentador interpretar el curso de la vida de Wagner en función de su escasamente estable comienzo. Hay, ciertamente, indicios de lo que Erik Erikson llamaría una «crisis de identidad» en el joven Wagner, provocada (entre otras cosas) por la ausencia de una fuerte figura paterna y por el simple hecho de que se llamó Richard Geyer hasta que el 21 de enero de 1828 ingresara, a la edad de casi quince años, en la Nicolaischule de Leipzig. (Manuscritos posteriores en los que Wagner ha escrito «Wagner» no ya una vez sino varias, sugieren que incluso estaba inseguro de su nombre.) También es evidente que las dudas existenciales de Wagner, hondamente arraigadas (y a menudo confidencialmente declaradas por carta a sus amigos), tenían mucho que ver con su aplastante egotismo y la tendenciosa dramaturgia de Mein Leben. Sin embargo, sus escritos autobiográficos obsequian al biógrafo con un problema más inmediato. Si la necesidad que Wagner tenía de registrar, interpretar y reinterpretar su vida al detalle era un síntoma duradero de su «crisis de identidad», lo primero que hay que aclarar es el embrollo que esto ha ocasionado, más que la crisis en sí misma.

A juzgar por los documentos que se han conservado, los primeros tiempos de la vida de Wagner fueron, intelectualmente, más gregarios y traumáticos de lo que sugieren las entretenidas páginas iniciales de Mein Leben. Wagner adormeció sus dolores de parto como artista por el procedimiento de convertirlos en un chiste. Ludwig II «se rió de buena gana» al oír a Wagner leer en voz alta la primera parte de su autobiografía, y Nietzsche confesó que a duras penas pudo reprimir una sonrisa al recordar la interpretación que Wagner daba en Mein Leben de sus correrías juveniles. Las primeras composiciones y cartas de Wagner revelan, sin embargo a un individuo trabajador, vulnerable y, al mismo tiempo, sorprendentemente práctico, distinto de la imagen autobiográfica de un genio atolondrado «poco menos que sin instrucción». La cantidad y variedad de sus primeras composiciones prueban que sus tempranos gustos musicales y literarios eran más amplios y cosmopolitas de lo que él más tarde admitiera. También sus cartas muestran una disposición favorable a adaptarse a la moda imperante en todos sus matices, lo que brinda un chocante contraste con el reformismo abiertamente agresivo del artista maduro.

Los principales hechos de la educación de Wagner son los siguientes. Una vez que la familia Wagner se hubo trasladado con Ludwig Geyer a Dresden, Wagner ingresó en la escuela del Vizehofkantor Carl Friedrich Schmidt en esa ciudad el año 1817. El 2 de diciembre de 1822 se matriculó en la Kreuzschule de Dresden, donde recibió algunas lecciones de piano. Lo familia Wagner/Geyer se trasladó a Praga el año 1826, pero Richard se quedó en Dresden; la Grecia Antigua se convirtió para él en una obsesión cada vez mayor, hasta el extremo de que tradujo los cantos de la Odisea y trató, en vano, de escribir un poema épico, Die Schlacht am Parnassus. Después de trasladarse en 1828 a la Nicolaischule de Leipzig terminó la primera de sus obras que se ha conservado, Leubald (una amalgama involuntariamente surrealista de Shakespeare, Kleist y Goethe), la cual, a fin de proveerla de música, le impulsó a estudiar la teoría de la composición de Johann Bernhard Logier y la música del Egmont beethoviano. (Se ha conservado una copia de puño y letra de Wagner, correspondiente a parte de la música de Egmont.) En el otoño de 1828 empezó a tomar clases secretas de teoría de la armonía con Christian Gottlieb, Müller, compositor local y director, y el 16 de junio de 1830 ingresó en la Thomasschule de Leipzig, donde por un breve espacio de tiempo recibió lecciones de violín a cargo de un miembro de la orquesta de la Gewandhaus, Robert Sipp. Pronto descubrió a Beethoven, de cuya Novena Sinfonía hizo una transcripción para piano que terminó para la Pascua de Resurrección de 1831. El 23 de febrero de 1831 se matriculó en la Universidad de Leipzig a fin de estudiar música, y en el otoño de ese mismo año se hizo alumno del Thomaskantor Christian Theodor Weinlig, con el que (según Mein Leben) estudió contrapunto durante seis meses.

No es cierta la afirmación de Wagner en Mein Leben, según la cual oyó a Wilhelmine Schröder Devrient cantar Fidelio en Leipzig el año 1829. Tal representación no está mencionada en su diario, el Cuaderno Rojo de Bolsillo, y no hay rastro de la misma en los registros del teatro de ese periodo. (Queda como cuestión abierta el que oyera o no cantar a Emmy en la primera representación de Der Vampyr en Leipzig el año 1828.) La evidencia de que disponemos sugiere que lo que realmente ejerció influencia sobre él fue el famoso retrato de Romeo que la Schröder-Devrient hizo en I Capuleti e i Montecchi de Bellini, probablemente durante las representaciones de marzo de 1834 en Leipzig. Por las trazas, Wagner puso una fecha anterior a tal experiencia con objeto de hacer aparecer como inevitable desde un principio su supuesta herencia del legado de Beethoven, y con ella su destino como creador de un drama musical específicamente alemán.

Las clases de composición que Wagner recibiera tampoco fueron tan de pasada como dice Mein Leben. Las anotaciones en el Cuaderno Rojo de Bolsillo y una carta, recientemente descubierta, a Müller -su primer profesor- (actualmente en la Pierpont Morgan Library, Nueva York) muestran que su dependencia de Müller duró mucho más de lo que se desprende del relato autobiográfico. Además sólo disponemos de su palabra para fiarnos de que las clases con Weinlig duraran sólo medio año. Los ejercicios de contrapunto que se han conservado no llevan fecha, y la afirmación que hace en Mein Leben de que renunció a la composición para concentrarse en el contrapunto no es cierta, puesto que una serie de manuscritos fechados, entre los que se cuentan la segunda versión de la obertura en re menor (wwv 20) y la fantasía en fa sostenido menor (wwv 22), demuestran que trabajó en obras no contrapuntísticas durante, al menos, parte de los presuntos seis meses de estudio. La dedicatoria a Weinlig de la primera obra de Wagner publicada, la sonata para piano en si bemol (wwv 21) constituye asimismo un indicio de que las lecciones de Weinlig poseyeron mayor alcance que el sugerido por Wagner y acaso fueron más allá de la fuga y el canon, llegando hasta las formas de la sonata clásica.

Los grandes granos de verdad en Mein Leben hacen que sus engaños sean tanto más sutiles. Es cierto que el joven Wagner estuvo profundamente influido por Beethoven. Aparte de sus clases de composición, Wagner se adiestró a sí mismo mediante la confección de cuidadosas copias de las partituras completas de la Quinta y la Sexta sinfonías (actualmente en los archivos de Bayreuth), y muchas de sus primeras obras instrumentales están bajo la influencia de modelos beethovianos. Sin embargo, la afirmación -constantemente implícita en Mein Leben- según la cual el espíritu del drama musical había comenzado ya a remontar vuelo sobre las alas de la música sinfónica de Beethoven al comienzo de su carrera, es una distorsión de la más modesta verdad de que se inició como compositor con obras de diversos géneros -predominantemente instrumentales- siguiendo moldes clásicos. De acuerdo con el Cuaderno Rojo de Bolsillo, estudió las sinfonías de Mozart tanto como las de Beethoven. Realizó un arreglo para piano de la sinfonía n† 103 en mi bemol, de Haydn, y todavía existe una copia de su puño y letra de la sinfonía n† 104 en re. (Se conserva en la Huntingdon Library, San Marino, California.) Pero fue Beethoven quien dominó sus primeras sonatas, oberturas y música incidental. Resulta irónico el que cuando finalmente se puso a escribir óperas, la influencia musical que Beethoven ejercía sobre él perdió rápidamente su anterior intensidad.

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