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Biografía - III. Königsberg, Riga, París: 1837-42

III. Königsberg, Riga, París: 1837-42

Desde sus comienzos, el primer matrimonio de Wagner se vio acosado por la inseguridad. Al principio se encontró sin empleo en Königsberg, y dos meses después de que fuera nombrado director musical del teatro municipal (1.† de abril de 1837), Minna le abandonó: el 31 de mayo se marchó en secreto a Dresden con un próspero hombre de negocios llamado Dietrich. Wagner salió tras ella, pero a pesar de una breve reconciliación ella volvió a abandonarle y no se reunió de nuevo con él hasta el siguiente mes de octubre. La situación no se vio aliviada por la decisión de Minna de hacer que su hija ilegítima Natalie (n 22 feb. 1826) siguiera viviendo con ella pretendiendo que era su hermana. (Natalie, que negó a Wagner y a sus herederos algunos importantes documentos en poder de Minna, más tarde se convirtió en una fuente clave, si bien muy poco digna de crédito, para la coleccionista Mary Burrell.) Tampoco las cosas mejoraron con los celos de Wagner y su tendencia, especialmente observable en sus cartas, a exigir de su compañera sumisión (su Suada, o «garrulería persuasiva», como Minna la denominaba acertadamente). Wagner llegó a tomar seriamente en consideración el divorcio, pero al parecer fue disuadido de dar semejante paso por su hermana Ottilie y su marido, el orientalista Hermann Brockhaus.

Los difíciles comienzos del matrimonio de Wagner repercutieron en su productividad. Aparte de alguna música incidental para la pieza histórico-romántica de J. Singer Die letzte Heidenverschw6rung (wwv 41) y de la rimbombante obertura Rule Britannia (wwv 42), compuso y dirigió poco. En su autobiografía admite que esta inactividad «hería» su orgullo, en especial dado que su esposa era, en aquellos momentos, más conocida que él y había logrado un mayor éxito. Sin embargo, trató de ocultar este momento vulnerable de su vida con una falsa impresión de su actividad creadora. Probablemente no es cierta su pretensión, expresada en Mein Leben, de que a principios de 1837 escribió un bosquejo del texto de una «opera cómica», Männerlist grösser als Frauenlist (wwv 48), en Königsberg. El Cuaderno Rojo de Bolsillo y sus primeros escritos autobiográficos dan la fecha del verano de 1838, cuando Wagner estaba en Riga. Esta última fecha es también más probable por cuanto la mayor ligereza del texto -el cual tiene carácter de Singspiel (y cuyo argumento está extraído de la noche 194 de las Mil y Una Noches)- concordaba con los gustos del director del teatro de Riga, Karl von Holtei.

En junio de 1837, Wagner fue contratado como director musical en Riga. Mientras esperaba el momento de hacerse cargo del puesto leyó la novela de Edward Bulwer Lytton Rienzi, the last of the Roman Tribunes, en Blasewitz, cerca de Dresden. Según Mein Leben, en seguida se sintió atraído por la idea de crear algo grande y utópico a fin de huir de la sórdida realidad de su vida. Sin embargo es casi seguro que la idea de hacer una «gran ópera heroica» de Rienzi surgió al menos un año antes, en 1836, con su amigo Theodor Apel, como sugieren una carta a Apel con fecha de 20 de septiembre de 1840 y los «Autobiographiscbe Skizze» de Wagner (1843).

Wagner debutó en Riga como director al mismo tiempo que compositor el 1.† de septiembre de 1837, con una representación de la ópera cómica de Carl Blum Mary, Max und Michel, para la cual había escrito un aria adicional para bajo (wwv 43). Compuso un «Himno del Pueblo», Nicolay (wwv 44) en honor del emperador Nicolay Pavlovich, y dirigió diversas óperas, componiendo música adicional para algunas de ellas y reorquestando otras en parte (Die Schweizerfamilie de Weigl, Norma de Bellini y Robert et le diable de Meyerbeer). Además de hacer arreglos musicales para numerosas piezas teatrales y vaudevilles, Wagner inició una serie de conciertos de abono el 15 de noviembre de 1838, en el curso de los cuales dirigió las oberturas Columbus y Rule Britanflia, su orquestación de un dúo de Rossini, Les soirées musicales, su arreglo del coro de cazadores del Euryante de Weber, y obras de Beethoven (las sinfonías nos. 3-8, la obertura Leonore n.† 3), de Cherubini, Mendelssohn (la obertura Mar en calma y Viaje feliz), de Mozart y Weber.

La intensa actividad de Wagner, así como sus planes para reformar la orquesta y el teatro, malamente podían congraciarle con el director von Holtei, hombre de talento pero sin gran enjundia. En consecuencia, su contrato con el teatro para la temporada 1838-39 no le fue renovado. Como quiera que había comenzado a trabajar seriamente en el libretto y la música de Rienzi en el verano de 1838, tomó la decisión de aprender francés y emprender viaje a París, donde confiaba que su ópera sería aceptada en traducción francesa. (También pensó ofrecerla a Berlín: es un mito la idea de que originariamente estuviera destinada a representarse exclusivamente en Paris.) Así pues, emprendió viaje, en compañía de Minna, con la intención de cruzar la frontera rusa en dirección a Prusia oriental. El 19 de julio de 1839 se embarcaron en la goleta Thetis, en Pillau (actualmente Baltiysk, URSS [Rusia]) y, tras su agitado viaje bordeando la costa noruega, llegaron a Londres el 12 de agosto. El 20 de agosto atravesaron el Canal de la Mancha rumbo a Francia (donde Wagner tuvo un primer encuentro con Meyerbeer en Boulogne-sur-mer) y el 17 de septiembre rindieron viaje en París.

El relato que Wagner hace en Mein Leben de su primera estancia en París -sus «años de hambre», como sus apiadados wagnerianos acostumbran a llamarla- constituye uno de sus más sagaces y, desgraciadamente, más tendenciosos coups de théâtre. Entre otras cosas, reordenó la cronología de sus obras para que pareciese que era la víctima y no el beneficiario de la influencia ajena. Un aria adicional para la Norma de Bellini (wwv 52), por ejemplo, escrita para el cantante Luigi Lablache, no fue compuesta con posterioridad a la canción Mignonne (wwv 57) como último recurso a fin de llamar la atención de la gente con influencias en Paris, como Wagner da a entender: sabemos por una carta a Gottfried Engelbert Anders, fechada el 13 de octubre de 1839, que dicha aria debió de ser una de las primeras cosas que compuso a su llegada a la ciudad. El coro que escribió para el vaudeville parisino Descendons gaiment la courtille (wwv 65), no fue compuesto durante la primera mitad de 1840, como nos dice Wagner y la mayoría de sus listas de obras, sino un año después, cuando, según Mein Leben, supuestamente había abandonado París por considerarlo una causa perdida, a fin de consagrarse al verdadero arte alemán. Su trabajo como arreglador de músicas de otros compositores para editores parisinos fue, asimismo, más amplio y se prolongó por un espacio de tiempo mayor del que generalmente se reconoce. La confección de partituras para piano, dúos y arreglos para cuarteto de cuerda de composiciones de Donizetti, Herz, Auber y Halévy (véase wwv 62A-F) no le fue impuesta por el editor judío Maurice Schlesinger, como sugiere Mein Leben. Trabajó también para otros editores, y hay pruebas de que fue él mismo quien tomó la iniciativa.

Wagner hubo también de refechar y reinterpretar una de sus experiencias artísticas clave: su pretendido redescubrimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven en un ensayo de los tres primeros movimientos a cargo de la orquesta del Conservatorio de París bajo la dirección de Habeneck. Según Mein Leben, esta obra abrió de nuevo sus ojos a las glorias del arte alemán. El pretendidamente deliberado retraimiento de influyentes judíos como Meyerbeer y Schlesinger no fue, sin embargo, óbice para que Wagner se sintiera inspirado a escribir una obra profundamente «alemana»: la obertura Faust (wwv 59). No obstante, y por desgracia, no existe evidencia alguna de que Wagner oyera la Novena de Beethoven cuando según él la había oído. Por el contrario, las fechas de los apuntes de Wagner sugieren que lo que verdaderamente influyó en él fue la sinfonía dramática de Berlioz Roméo et Juliette, dirigida por Berlioz en el Conservatorio de París el 24 de diciembre de 1839. Para el 13 de diciembre Wagner había terminado ya el primer boceto de la obertura Faust. La partitura de la versión original, la cual fue terminada el 12 de enero de 1840, contiene instrucciones en francés, y el empleo de cuatro fagotes (reducidos a tres en la versión revisada que se publicó) es característico de la orquestación de Berlioz. Años más tarde Wagner admitió en privado al crítico londinense Edward Dannreuther que había realizado un «minucioso estudio» de la instrumentación de Berlioz, estudio que «se remontaba al año 1840».

Si, más que Beethoven, fue Berlioz quien abrió a Wagner nuevas perspectivas musicales, fue Meyerbeer quien, en un principio, le proporcionó el modelo para su carrera de compositor de óperas. (Lo que no quiere decir que Wagner estuviera influenciado técnicamente por Meyerbeer.) Siguiendo una sugerencia de Meyerbeer, Wagner intentó que su «gran ópera cómica» Das Liebesverbot fuese aceptada en una sala como el Théâtre de la Renaissance, de dimensiones más pequeñas, antes de intentar algo más ambicioso con la Opéra. Wagner tradujo el libretto al francés y arregló algunos números a fin de dar una audición. No hay, sin embargo, pruebas de que recibiera ningún ofrecimiento en firme, como tampoco las hay de que desconociera el desastroso estado económico en que se encontraba el teatro, como afirma en Mein Leben. Probablemente es incierta la implícita afirmación de que Meyerbeer le engañó al ocultarle la situación real del teatro. Se conservan documentos según los cuales -incluidos los diarios de Meyerbeer- Wagner era, de hecho, el mejor informado de ambos compositores: en una carta fechada el 3 de mayo de 1840, el propio Wagner decía a Meyerbeer que el Théâtre de la Renaissance se encaminaba hacia la bancarrota.

A principios de mayo de 1840 Wagner envió al principal libretista de Meyerbeer, Eugène Scribe, un bosquejo en prosa de una nueva ópera titulada Der fliegende Holländer, rogándole le tomara en consideración el convertirlo en un libretto. Wagner tenía esperanzas de recibir un encargo de la Opéra para escribir la música y compuso tres números a fin de dar una audición, siendo él mismo quien hizo los versos, en una traducción de Marion Dumersan (no Emile Deschamps, como dice Wagner en Mein Leben). Wagner informó a Meyerbeer el 26 de julio de 1840 de que los tres números -la balada de Senta y las canciones de los marineros noruegos, así como las de la tripulación del Holandés- estaban «listos». (Su ulterior pretensión de que la balada de Senta fue el primer número de la ópera que compuso no se ve corroborada por un detenido estudio de las fuentes documentales.) Ni la audición ni el encargo llegaron a materializarse, empero, y Wagner se resarció de las pérdidas vendiendo, el 2 de julio de 1841, a Léon Pillet, director de la Opéra, el bosquejo en francés de la ópera, por 500 francos. (P. Foucher y B. H. Révoil convirtieron dicho bosquejo en un libretto al que, bajo el título de Le Vaisseau-Fantôme, puso música Pierre-Louis-Philippe Dietsch, futuro director de Tannhäuser en París.)

En el verano de 1840, Wagner desoyó la sugerencia de Meyerbeer en el sentido de que debería colaborar con otro compositor a fin de hacer alguna música de ballet para la Opéra. Pese a ello, Wagner siguió trabajando en Rienzi y se las arregló para terminar por completo la partitura el 19 de noviembre de 1840. Con la ayuda de algunos amigos (entre ellos la Schröder-Devrient) y una fuerte recomendación de Meyerbeer, consiguió, en junio de 1841, que la obra fuese aceptada para su representación en el Teatro de la Corte Real de Dresden. El éxito le espoleó a escribir lo que le faltaba de Der fliegende Holländer. Comenzó componiendo las dos canciones que quedaban, de las cinco principales de la ópera: la Canción del Piloto en el acto I y el coro de las Hilanderas en el acto II. Para noviembre la partitura se hallaba terminada en su totalidad y, de nuevo con un fuerte apoyo por parte de Meyerbeer, en marzo de 1842 fue aceptada para ponerse en escena en la Hofoper de Berlín.

Cuando, pasado un tiempo, Berlioz recordó en sus memorias la primera estancia de Wagner en París, comentó que Wagner no había logrado hacerse un nombre como compositor. (La interpretación, el 4 de febrero de 1841, de la obertura Columbus, en presencia de Berlioz, y la audición de Liebesverbot el mes de mayo del año anterior, habían constituido dos fracasos.) Pero en cambio Berlioz rememoró el éxito de Wagner como autor, en especial con algunas piezas frívolas al estilo de Heine y E.T.A. Hoffmann, escritas para la Revue et Gazette musicale. Sin embargo, los años 1840-42 fueron también dignos de mención debido a la publicación de algunos de los primeros y más serios ensayos de Wagner (p. ej. Ueber die Ouvertüre, y tres artículos sobre Halévy y su ópera La reine de Chypre) que tocan cuestiones históricas y teóricas que habrían de preocupar al artista maduro. Wagner fue también un hábil periodista, y las numerosas reseñas que enviara a los periódicos alemanes acerca de la música en la capital francesa aún vale la pena leerlas.