Biografía - V. Exilio, amnistía parcial: 1849-60


V. Exilio, amnistía parcial: 1849-60
Aún no está claro hasta qué punto estuvo implicado Wagner en la Revolución de 1849 en Dresden. Se vio envuelto en el encargo de granadas, y es cierto que distribuyó carteles exhortando a la población a que tomara partido con los rebeldes contra las tropas prusianas que habían sido llamadas a fin de detener los combates. El 16 de mayo de 1849 se emitió una orden de arresto contra Wagner, quien, con la ayuda de Franz Liszt, el 24 de mayo logró huir a Suiza, adonde llegó cuatro días más tarde, permaneciendo proscrito de Alemania durante los siguientes once años.

En los meses que precedieron a la revolución, la influencia del libro de Jakob Grimm Deutsche Mythologie, que Wagner había leído por primera vez el verano de 1843, se dejó sentir de múltiples maneras. Los últimos meses de 1848 se había consagrado a la creación de Siegfrieds Tod (más tarde titulada Göitterdämmerung), cuyo libretto fue concluido el 28 de noviembre. Y, en diciembre, Wagner modificó radicalmente el puño y letra de su escritura al seguir la sugerencia de Grimm en el sentido de utilizar minúsculas para los nombres y hacer uso de la cursiva latina en vez de la alemana. Pero sus intereses no se dirigían por entero hacia el mito: a medida que se aproximaba la revolución perdió interés por Siegfrieds Tod en favor de un proyecto más antiguo, Friedrich I (wwv 76), que desarrolló en un complejo ensayo, Die Wibelungen. Sin embargo, en su autobiografía y en el segundo volumen de sus escritos reunidos, Wagner volvió del revés la cronología de Siegfrieds Tod y Die Wibelungen para hacer ver que su interés por la historia no era sino un mero azogue de su preocupación -más significativa- por el mito. Un detenido examen de las fuentes documentales y del diario de Eduard Devrient, el actor y empresario que en aquel tiempo veía a Wagner con frecuencia, sugiere que su interés por Friedrich I y por otro proyecto -Jesus von Nazareth (wwv 80)-, acorde con su filosofía de «Vormärz» («antemarzo»), era más fuerte de lo que posteriormente admitió. La composición del Ring fue una decisión que no tomó de modo definitivo hasta dos años más tarde, el 1851, tras algunos experimentos estériles con la música de Siegfrieds Tod y tras someter a consideración al menos otros dos proyectos: Achilleus (wwv 81) y Wieland der Schmied (wwv 82). Por consejo de Liszt y con el apoyo de Minna, quien se había reunido con su marido en Suiza a comienzos de septiembre de 1849, Wagner decidió probar fortuna una vez más en París. Partió hacia la capital francesa el 29 de enero de 1850. Al principio no le fue fácil decidir cuál de los proyectos operísticos que tenía entre manos sería el adecuado para el gusto francés, y finalmente eligió Wieland der Schmied, aunque sin mucho éxito a la hora de convencer a los demás. Pero su suerte experimentó de pronto un giro inesperado: se encontró con Jessie Laussot, a la que había conocido en los lejanos tiempos de Dresden, y al parecer se enamoró de ella. La aventura duró de marzo a mayo, cuando sus planes de fuga a Grecia y el Asia Menor fueron desbaratados por Eugène, el marido de Jessie, rico comerciante en vinos de Burdeos. El 3 de julio, y tras algunas feas recriminaciones, Wagner se reunió con Minna en Zurich. Cuatro días después escribió a su viejo amigo el pintor Ernst Benedikt Kietz, residente en París, que sus planes de viajar al Este se habían desmoronado, y añadía con humor que había regresado a Zurich «sin la cola del caballo y sin el turbante» -símbolos turcos de la autoridad marital.

Las amargas experiencias de Wagner en París y, muy en particular, el éxito de Le prophète de Meyerbeer, constituyeron, probablemente, las motivaciones de su más escandaloso ensayo, Das Judentum in der Musik. Lo terminó el 24 de agosto de 1850 y poco después se publicó en la Neue Zeitschrift für Musik, bajo el seudónimo de K. Freigedank. (Se volvió a publicar en 1869 con su verdadero nombre y un prefacio explicativo justificando su contenido.) El estreno de Lohengrin en Weimar el 28 de agosto de 1850, bajo la dirección de Liszt, constituyó un desengaño y le confirmó en su falta de fe hacia el teatro convencional. Los comentarios que sobre la puesta en escena le hicieran algunos amigos fueron desalentadores, y por primera vez, en carta a E. B. Kietz, fechada el 14 de septiembre de 1850, Wagner mencionó la idea de un teatro de festivales construido por él mismo de acuerdo con su propio diseño, en el cual tendría la seguridad de lograr representaciones ideales.

El 10 de enero de 1851, Wagner concluyó su obra teórica capital, Oper und Drama. En mayo y junio de ese mismo año escribió el bosquejo en prosa y el libretto de Der junge Siegfried (más tarde titulado Siegfried). La mayor parte de su tiempo durante los meses de julio y agosto lo dedicó a escribir un muy influyente prefacio a la edición de los librettos de sus primeras óperas. Se trata de un ensayo de virtuoso en el arte de trazar un perfil de sí mismo, «Eine Mitteilung an meine Freunde» («Comunicación a mis amigos»), su exposición autobiográfica más importante previa a Mein Leben. El texto de la parte que quedaba por escribir del Ring fue redactado dentro de los dieciocho meses subsiguientes: Wagner escribió los bocetos en prosa de Das Rheingold y Die Walküre (en este orden) al año siguiente. Los dos dramas sobre Sigfrido hubieron de ser revisados a fondo posteriormente y reescritas algunas de sus partes (Siegfrieds Tod, por ejemplo, fue provisto de un nuevo final influido por el filósofo Ludwig Feuerbach). Aparte de las copias en limpio, el texto de todo el Ring fue concluido el 15 de diciembre de 1852.

En Zurich, Wagner pronto se atrajo a amigos dispuestos a ayudarle económicamente. El más importante de ellos fue el negociante en sedas Otto Wesendonck, quien trabó conocimiento con Wagner en febrero de 1852 y no tardó en completar la asignación de 800 táleros anuales que le había sido concedida a Wagner por su amiga de Dresden Julie Ritter. Al cabo de dos años, Wesendonck ayudaba a Wagner a salir de graves crisis financieras provocadas por la acumulación de deudas. Las cosas se tornaron más complejas a causa de la famosa pasión que Wagner sintiera hacia la esposa de Wesendonck, Mathilde. Probablemente nunca se sabrá hasta qué extremo llegaron sus relaciones: aparte de los desesperantemente escasos documentos que escaparon a las manos de los herederos de Wagner, los originales de sus cartas a Mathilde que fueron publicadas han sido destruidos, a excepción de las citas musicales, las cuales fueron cuidadosamente recortadas y guardadas en un sobre que se halla todavía en los archivos de Bayreuth.

Las dificultades de Wagner para iniciar la composición del Ring, tal y como admitió en «Eine Mitteilung an meine Freunde», tuvieron mucho que ver con el hecho de que aún no había oído Lohengrin, salvo el final del acto I, que había dirigido en Dresden. El 18, 20 y 22 de mayo de 1853 organizó una serie de conciertos en Zurich en los que figuraban (junto con extractos de Rienzi, Holländer y Tannhäuser) el preludio, trozos corales del acto II, y la introducción y el coro nupcial del acto III. Dotó a los extractos de Lohengrin de nuevas transiciones y finales (la mayoría de los cuales se han perdido) y guió el juicio del público mediante elaboradas notas en el programa, las cuales se convirtieron en modelo para muchos futuros conciertos en los que habría de presentar obras nuevas y raramente interpretadas con un arreglo suyo de los pasajes más sobresalientes. Los conciertos de mayo -dicho sea entre paréntesis- no fueron sino uno de los puntos culminantes de sus actividades como ejecutante en Zurich. Aparte de interpretar con regularidad las sinfonías de Beethoven, hubo otros acontecimientos dignos de mención, como su arreglo del Don Giovanni de Mozart (wwv 83), el 8 de noviembre de 1850, un nuevo final para la obertura de Gluck Iphigénie en Aulide (wwv 87), que dirigió el 7 de marzo de 1854, y el estreno de la versión revisada de la obertura Faust (wwv 59) el 23 de enero de 1855.

Hay que considerar con cierto escepticismo la célebre descripción que Wagner hace en Mein Leben de su -como la llamó- «visión» del preludio de Das Rheingold en La Spezia el 5 de septiembre de 1853. Las cartas que Wagner escribió inmediatamente después de esa fecha no hacen mención alguna de tal experiencia. El primer boceto del preludio que se ha conservado tiene, por otra parte, fecha de 1.† de noviembre de 1853, y fue escrito mucho más tarde, además de ser mucho menos definitivo de lo que sugiere el relato en Mein Leben. (El primer boceto del preludio en su forma definitiva está en partitura completa y su fecha es la del 1.† de febrero de 1854.) Es más, la más antigua referencia a la «visión» de La Spezia se encuentra en una carta a Emilie Ritter, escrita más de un año después, el 29 de diciembre de 1854 (no el 25 de diciembre, como suele afirmarse). Poco antes, en el otoño de 1854, el poeta Georg Herwegh había dado a conocer a Wagner dos libros de Schopenhauer, Die Welt als Wille und Vorstellung («El mundo como voluntad y representación») y Parerga und Paralipomena. En este último, Wagner encontró un capitulo titulado «De la visión de espíritus y materia relacionada», el cual contenía una explicación de la clarividencia y el fenómeno de los sueños, que evidentemente influenció su descripción de la experiencia de La Spezia. (Sabemos, por una carta cuyo matasellos era de octubre de 1854, dirigida a Hans von Bülow, que Wagner leyó los dos libros recomendados por Herwegh.) No cabe decir con certeza si Wagner sintió «fluir el agua» y oyó «el acorde perfecto» de mi bemol mayor en un «estado de somnolencia». Lo que parece más probable es que -como tienden a sugerir sus apuntes y su correspondencia- pusiera fecha atrasada a una idea musical y la combinara con una experiencia de alguna otra índole a fin de realzar el aura de la obra -de nuevo- mediante una poderosa imagen autobiográfica.

Wagner terminó la partitura completa de Das Rheingold el 26 de septiembre de 1854. La composición de Die Walküre estaba ya en marcha: había comenzado el primer boceto el 28 de junio y logró dar fin a la partitura en su totalidad el 23 de marzo de 1856. La única interrupción de importancia fue su compromiso con la Sociedad Filarmónica de Londres para dirigir ocho conciertos de marzo a junio de 1855. Wagner vio en esta oferta una oportunidad de que la estrepitosa «eterna canción» de su vida, el problema de sus deudas, dejara de sonar. Los conciertos resultaron menos remuneradores de lo esperado, pero le dieron la oportunidad de conocer personalmente a la reina Victoria y de hacer amistad con uno de sus futuros colegas más valiosos, el pianista Karl Klindworth. Un detenido estudio de la primera estancia de Wagner en Londres ofrecería un buen ejemplo de cómo su reputación y sus escritós (en el Musical World se habían publicado, traducidos, algunos extractos de Oper und Drama) perjudicaron, llenándola de prejuicios, la acogida a su música. Muchos críticos se pusieron en contra suya desde el principio. Pero al menos un alma más original que las demás hubo de confesar que los extractos de Lohengrin le parecían decepcionantemente conservadores.

No está claro cuándo Wagner tuvo la idea de escribir Tristan und Isolde. La primera mención se encuentra en una carta a Liszt, fechada el 16 de diciembre de 1854. Sin embargo, algunos de sus bocetos en prosa sin fechar podrían ser anteriores. Antes de decidirse de una vez por todas a componer Tristan, hizo un boceto en prosa, el 16 de mayo de 1856, a partir de un drama basado en una leyenda budista, Die Sieger (wwv 89). Y, como una consecuencia más de sus lecturas de literatura india, bosquejó otro nuevo final para el Ring, bajo la influencia de la filosofía budista. No es rigurosamente cierto que cambiara los títulos de Der junge Siegtried y de Siegfrieds Tod en 1856; si bien en una carta a Franz Müller con fecha de 22 de junio de 1856 indicaba los títulos -más familiares- de Siegfried y Götterdämmerung, ello no significa que los tuviera por definitivos. En su correspondencia con amigos y editores, Wagner siguió utilizando los títulos antiguos hasta la aparición de la segunda edición del poema del Ring en 1863.

No es cierta la afirmación de Wagner en Mein Leben de que escribió el primer boceto en prosa de Parsifal el Viernes Santo (10 de abril) de 1857. El propio Wagner se lo confesó a Cósima, quien pone en su boca la siguiente cita: «De hecho, todo eso es tan rebuscado como mis aventuras amorosas, pues no fue en modo alguno un Viernes Santo, sino un placentero estado de ánimo ante la Naturaleza, lo que me hizo pensar: “Así es como debería ser un Viernes Santo”» (22 de abril de 1879). Hasta el 28 de abril de 1857 Wagner no se trasladó al «Asyl», la casa de campo cercana a Zurich que le había proporcionado Otto Wesendonck, donde se suponía que el Parsifal había sido escrito. Allí fue donde, el 9 de agosto, interrumpió el trabajo en Siegfried -habiendo finalizado el segundo bosquejo completo del acto II- para dedicarse a Tristan, cuyo boceto en prosa había comenzado el 20 de agosto. Aparte de su aventura amorosa con Mathilde Wesendonck y de la necesidad de «llevarse a sí mismo hasta el extremo» musicalmente, había dos razones más mundanas para escribir la obra: sus deudas y la negativa de Breitkopf y Härtel a publicar el Ring. Breitkopf accedió posteriormente a editar Tristan, después de que Wagner le asegurara que sería apto para su representación en la mayoría de los teatros alemanes. En carta fechada el 4 de enero de 1858 solicitaba una remuneración de 600 luises de oro o 12.000 francos, cantidad que habría de serle pagada en metálico en tres plazos (4.000 francos a la entrega de cada acto). Por primera vez en su vida se encontró en una situación por la que comenzaba a editarse una de sus obras antes de haber terminado de componerla. (Envió cada uno de los actos al editor, una vez terminados, antes de seguir componiendo el siguiente.) Logrando una notable hazaña de exactitud planificadora -que ofrece un sorprendente contraste con el aura subjetiva de la obra- Wagner y Breitkopf fueron -entre los dos- capaces de llevar a cabo la impresión, corrección de pruebas y, finalmente, la publicación de la enormemente compleja partitura el 13 de enero de 1860, sólo cinco meses después de que el manuscrito hubiera sido terminado.

Entre noviembre de 1857 y mayo de 1858, Wagner puso música a cinco poemas de Mathilde Wesendonck (wwv 91A-E), dos de los cuales, Träume y Im Treibhaus, Wagner los calificó más tarde como «estudios» para Tristan. La intercepción por parte de Minna de una carta dirigida a Mathilde (uno de los documentos que ha suscitado más desaforadas interpretaciones, de entre los pocos que escaparon a las manos de los herederos de Wagner) vino, el 7 de abril de 1858, a precipitar una catástrofe que luego llevaría a Wagner (el 17 de agosto) a abandonar el «Asyl», marchándose a Venecia, donde, en el Palazzo Giustinian, terminó la partitura del acto II de Tristan en su totalidad el día 18 de marzo de 1859. La policía sajona intervino a fin de limitar su estancia en Venecia, y el 24 de marzo se trasladó primero a Lucerna, donde terminó el Tristan, y luego a París, a donde llegó en septiembre con la intención de persuadir a la Opéra para que montara el Tannhäuser.

Sus planes de ver representado Tannhäuser en París datan del otoño de 1857, como demuestra una carta (dirigida presumiblemente al empresario Leopold Amat) escrita el 23 de noviembre de ese año. El éxito de los tres conciertos que dio en París los días 25 de enero y 1.† y 8 de febrero de 1860 (conciertos para los que escribió nuevos finales a la obertura de Der fliegende Holländer y el preludio de Tristan) le allanaron el camino para una serie de jugadas diplomáticas que culminaron, el 11 de marzo, en una orden de Napoleón III para que Tannhäuser se pusiera en la Opéra. Los diplomáticos amigos de Wagner, entre ellos el embajador de Sajonia en París, barón von Seebach, le tomaron inmediatamente bajo su protección e iniciaron maniobras tendentes a lograr una amnistía para el único compositor alemán favorecido ahora por los más altos poderes de Francia. Y lo consiguieron. El 15 de julio de 1860, Seebach recibió una carta del barón von Beust, presidente del Consejo de Ministros sajón y ministro de Asuntos Exteriores, en virtud de la cual se concedía a Wagner libre acceso a Alemania con excepción de Sajonia.

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