Biografía - VII. Munich, Tribschen: 1864-72


VII. Munich, Tribschen: 1864-72
El primer encuentro entre Wagner y Ludwig II tuvo lugar el 4 de mayo de 1864 en la Residenz de Munich. Ludwig, quien a la edad de dieciocho años había sucedido a su padre Max II en el trono de Baviera el mes de marzo de aquel año, consintió en saldar las deudas de Wagner y le concedió una generosa pensión. A lo largo de su amistad (la cual, pese al escándalo y la intriga, duró hasta la muerte de Wagner) Ludwig entregó a Wagner un total de más de 500.000 marcos, y apoyó el proyecto del festival de Bayreuth con un crédito de 400.000 marcos que los herederos de Wagner fueron pagando mediante deducción de una cuota sobre derechos de autor. A cambio, Wagner regaló a Ludwig varios manuscritos, entre los que figura el boceto de composición de Der fliegende Holländer y las partituras completas de Die Feen, Das Liebesverbot, Rienzi, Das Rheingold, Die Walküre, Die Meistersinger y la Huldigungsmarsch (wwv 97). Tanto el boceto como las partituras se han perdido, salvo Die Meistersinger y la Huldigungsmarsch se hallaban en posesión de Adolf Hitler, y seguramente quedaron destruidas en 1945.

El volumen que contiene la correspondencia publicada entre Wagner y Ludwig es, de por sí, una prueba de que ambos apenas se entrevistaron nunca personalmente, y el lenguaje teatral de sus cartas constituye un permanente recordatorio de que su «amistad» existió exclusivamente en esa estilizada forma literaria. El rey permaneció fiel a la visión de Wagner, pero cuando le convino no hizo caso alguno de su persona y, en ocasiones, también le desautorizó en cuestiones artísticas. Las protestas de imperecedera gratitud que Wagner hiciera al rey, disfrazaban una buena dosis de exasperación ante el distanciado retraimiento de Ludwig y sus frecuentes incomprensiones. Pese a que a menudo se sintió tentado de romper con el rey, su dependencia de su benefactor era demasiado grande como para desafiarle abiertamente. Al recibir la noticia de la muerte de Wagner en 1883, Ludwig (según una nota del prowagneriano Ludwig von Bürkel, secretario de la corte, que se guarda en la Biblioteca del Estado Bávaro) dícese que exclamó: «¡Ah! Pues lo siento de veras, aunque en realidad no tanto. Había algo en él que no me acababa de gustar.»

No está claro cuándo entró Wagner en relaciones íntimas con Cósima (n Como, 2 dic. 1837; m Bayreuth, 1 abril 1930), hija de Franz Liszt y esposa del director de orquesta y pianista Hans von Bülow. Según Mein Leben, Cósima y Wagner se juraron fidelidad eterna en tan tempranas fechas como el año 1863, hallándose Wagner en Berlín de visita en casa de los Bülow. Parece más probable, sin embargo, que su relación comenzara en junio o julio de 1864, cuando, en ausencia del rey Ludwig, Cósima fue a ver a Wagner sin su marido y estuvo una semana en Villa Pellet, a orillas del lago Starnberg. Con la llegada a Starnberg de Hans von Bülow el día 7 de julio, dio comienzo el más famoso de los ménage à trois musicales, el cual dio pábulo y alimentó al escándalo y la caricatura. Dicho ménage à trois ha provocado entre los biógrafos un sinfín de reconstrucciones imaginativas e incluso una mítica pieza musical, el llamado Cuarteto Starnberg. (Pese a las hipótesis superficialmente persuasivas de Ernest Newman y la «versión» publicada por Gerald Abraham, no hay evidencia alguna de que tal cuarteto existiera nunca. Véase el comentario a wwv 103.) La primera hija de Wagner, Isolde, nació el 10 de abril de 1865, día en que Hans von Bülow dirigía el primer ensayo de orquesta de Tristan. La niña fue inscrita en el registro como hija legítima de Hans y Cósima Bülow, e incluso años más tarde Cósima se negó a reconocerla oficialmente como hija de Wagner. De cara a la opinión pública, y por temor a poner en peligro la buena voluntad de Ludwig, tuvo tanta importancia para Wagner la pretensión de legalidad, que en el bautismo de Isolde se obligó a actuar como padrino de su propia hija.

El 7 de octubre de 1864, Ludwig se mostró conforme en firmar con Wagner un contrato para que éste terminara el Ring. Según este contrato, Wagner recibiría 15.000 florines de modo inmediato, y otra suma igual a la terminación del proyecto. Ese mismo mes, Wagner se mudó a una casa nueva y notoriamente lujosa en la Briennerstrasse de Munich, lo que había de convertirse en el blanco de indignadas críticas por parte de la prensa local. Por intercesión de Wagner, Hans von Bülow fue designado «Vorspieler des Königs» en la Corte Real, con un sueldo de 2.000 florines. La función de Bülow consistía, por las trazas, en iniciar a Ludwig «en el recto sendero hacia una buena literatura musical», al decir del propio Wagner; pero pronto se vio claro que el cargo no era sino una añagaza para traer a Bülow (y por supuesto a Cósima) a Munich, varios peldaños más cerca del puesto clave en el Hoftheater, donde Wagner tenía puestas sus propias miras. También se planteó Wagner un proyecto de construcción de un teatro de festivales, diseñado por Gottfried Semper. Tal actividad, unida a la arrogancia intelectual con que Wagner y su séquito trataban a los bávaros, pronto alarmó a las gentes influyentes de Munich. La escena estaba dispuesta para una desagradable contienda pública que, inflamada por la extravagancia de Wagner y los rumores de su adulterio con Cósima, forzaron a éste a marcharse de Munich el 10 de diciembre de 1865.

Durante su corta estancia en Munich, Wagner comenzó a hacer bocetos para el tercer acto de Siegfried. También dirigió los preparativos para el estreno de Tristan und Isolde, el 10 de junio de 1865 en el Hoftheater. Tres semanas después de la cuarta representación, el tenor Ludwig Schnorr von Carolsfeld, que había cantado el papel de Tristan, moría repentinamente el 21 de julio. Si bien hoy es imposible decir con certeza la verdadera causa de su muerte, está claro que el papel de protagonista y los sobrehumanos esfuerzos que exige fueron considerados, por lo general, los principales culpables. Tres años más tarde, y antes del estreno en Munich de Die Meistersinger, Wagner escribió y publicó un ensayo «Meine Erinnerungen an Ludwig Schnorr von Carolsfeld», con la expresa intención de corregir la impresión, ampliamente difundida, de que al tenor le había matado Tristan. La esposa del tenor, Malvina, quien cantó el papel de Isolde el día del estreno, no puede decirse que contribuyera a arreglar las cosas, pues, guiada por pretendidas «fuerzas espirituales», amenazó con revelar al rey Ludwig la verdad sobre el triángulo Wagner-Cósima-Bülow si Wagner no enmendaba sus maneras artísticas. Aunque las amenazas de Malvina eran menos peligrosas de lo que parecían, Wagner y Cósima descendieron a lo que Ernest Newman ha llamado con acierto «las más hondas simas del subterfugio, la ruindad y la malicia» a fin de salvarse de la amenaza de verse puestos en evidencia.

Cuando todavía estaba en Munich, Wagner comenzó, en julio de 1865, y a petición del rey Ludwig, a dictar su autobiografía Mein Leben. También escribió el primer boceto completo en prosa de Parsifal, el mes de agosto -otro proyecto que habría de ocuparle hasta casi el final de su vida-. (Tras muchas interrupciones, terminaría el dictado de Mein Leben en 1880.) Al abandonar Munich se trasladó a una casa («Les artichauts») cerca de Ginebra, a fin de reanudar el trabajo de Die Meistersinger. Siguió buscando una casa más grande en el sur de Francia donde poder instalarse con Cósima. En enero de 1866, y de forma inesperada, le llegó la noticia, hallándose en Marsella, de que su esposa Minna había muerto en Dresden.
El 23 de marzo de 1866, Wagner terminó la partitura completa del primer acto de Die Meistersinger, y poco después, el 15 de abril, se trasladó a Tribschen, una casa en Suiza, con vistas al lago cercano a Lucerna, donde habría de pasar sus próximos seis años. En Tribschen terminó Die Meistersinger, el 24 de octubre de 1867, y el 21 de junio de 1868 tuvo lugar su estreno en Munich.

El 25 de octubre de 1866, Wagner escribió a su viejo amigo August Röckel hablándole de su indigna dependencia del patronazgo regio: «Si en Alemania hubiera aunque sólo fuese una brizna de Espíritu Alemán... no habría necesidad de dar tantos rodeos para colocar a un hombre como yo entre el soberano y el pueblo». Casi dos años más tarde, en el estreno de Die Meistersinger, el rey Ludwig dio el paso sin precedentes de permitir a Wagner que se sentara a su lado en el palco real -gesto simbólico cuya significación no pasó desapercibida para los antiguos amigos políticos de Wagner-. Heinrich Laube, cuya reseña negativa de Die Meistersinger en el periódico vienés Neue Freie Presse distaba de ser, como a menudo se ha supuesto, un simple acto de despecho y venganza, acaso sabía mejor que nadie que Wagner estaba modificando sus antiguas opiniones progresistas en favor de una visión reaccionaria de la Deutschtum y de la supremacía alemana. La visión que de sí mismo tenía Wagner como mediador a través de su arte entre intereses políticos opuestos se tomó sumamente chauvinística. Esto quedaba claro el año 1867 en el periódico semioficial Süddeutsche Presse, con una serie de artículos anónimos sobre «El arte alemán y la política alemana», los cuales, al menos en parte, pueden interpretarse también como un comentario a Die Meistersinger. Esa sombría mezcla de estética y filosofía política revisionista se reveló demasiado fuerte incluso para Ludwig, quien ordenó la supresión de los últimos dos artículos. Wagner publicó el texto completo en forma de libro en 1868.

El 8 de noviembre de 1868, hallándose en Leipzig en casa de Hermann Brockhaus, cuñado de Wagner, éste conoció al filólogo y filósofo Friedrich Nietzsche. Nietzsche se había sentido anonadado por las representaciones que había presenciado de Tristan y Die Meistersinger, habiéndose convertido en un ardoroso wagneriano. En mayo de 1869, después de su designación para ocupar una cátedra en Basilea, realizó la primera de sus veintitrés visitas a Tribschen. Wagner y Cósima no tardaron en considerar a Nietzsche como un discípulo cercano, al que se podía confiar la organización y envío a la imprenta de los primeros volúmenes de Mein Leben, y cuya evolución intelectual seguían con el más vivo interés. El primer libro importante que Nietzsche publicara, Die Geburt der Tragödie aus dem Geist der Musik, no sólo fue objeto de discusiones durante aquellas visitas sino que recibió la influencia directa de Wagner, el cual, una vez que Nietzsche, en abril de 1871, se lo hubo leído, sugirió algunas modificaciones y cambios en la extensión de ciertos pasajes. Las relaciones entre Wagner y Nietzsche no se vieron, al parecer, enturbiadas hasta el festival de Bayreuth de 1876. (Los apuntes para la cuarta de las Unzeitgemässe Betrachtungen de Nietzsche, «Richard Wagner in Bayreuth», revelan, sin embargo, claros indicios de disensión antes de esa fecha.) Mucho se ha especulado acerca de la causa de su ruptura. El célebre ataque de Newman a los métodos eruditos de la hermana de Nietzsche, Elisabeth Förster-Nietzsche, es una urdimbre virtuosística que no hace sino disfrazar la incómoda verdad de que no sabemos qué provocó realmente su separación. Las objeciones de Nietzsche al primer festival de Bayreuth y a Parsifal, cuyo primer boceto en prosa había leído en 1869, se hallan demasiado nubladas por la ambigüedad como para considerarlas las únicas razones de su extrañamiento, como tampoco es probable que la mal acogida preocupación de Wagner por la vida sexual de Nietzsche fuera la causa de la ruptura. Cuando Nietzsche averiguó finalmente que Wagner, a sus espaldas, había escrito a su médico, el doctor Eiser, para enterarse de los más recónditos detalles de su «enfermedad», ello no hizo sino confirmar una opinión negativa acerca de Wagner, que venía manteniendo desde hacía algún tiempo.

En marzo de 1868, Ludwig interrumpió las negociaciones con Gottfried Semper en lo tocante a los planes para un teatro de festivales wagnerianos en Munich. Dándose cuenta de que las perspectivas de representar el Ring en Munich en condiciones ideales se estaban convirtiendo rápidamente en una vana ilusión, Wagner comenzó a componer el tercer acto de Siegfried el 1.† de marzo de 1869, a sabiendas de que tendría que ir a buscar en otro lugar la realización de su ideal. Al mes de mayo siguiente fue elegido miembro de la Academia Prusiana de las Artes, en Berlín, y dos años más tarde, el 28 de abril de 1871, dio una conferencia en la Academia, titulada «Sobre el destino de la ópera». Para los observadores marginales y no imbuidos de las sutilezas de la política organizativa de las artes en Alemania, la vinculación de Wagner a la Academia parece en cierto modo un acto de autocomplacencia, pero era una parte importante de su estrategia encaminada a lograr establecer en Berlín una firme posición que le permitiera ampliar las perspectivas de dirigir sus planes para un festival a celebrar fuera de Munich. En agosto y septiembre de 1869 parecía inminente una abierta ruptura entre el rey Ludwig y Wagner: en contra de los deseos de Wagner, Ludwig ordenó el estreno de Das Rheingold, estreno que, pese a los intentos del compositor para frustrarlo, tuvo lugar el 22 de septiembre en el Hoftheater de Munich. El 26 de junio del siguiente año, y en ese mismo teatro, Die Walküre, una vez más en contra de los deseos de Wagner, fueron estrenadas. La orden real para poner en escena Siegfried en Munich fue impartida en marzo de 1871, y al siguiente mes de septiembre Perfall, el intendente del teatro, informó de que estaban en marcha planes en lo que se refiere a decorados y ensayos con piano, pero que resultaba imposible avanzar más sin la partitura completa. Aunque Wagner aseguró a Ludwig en una larga carta fechada el 1.† de marzo de 1871, que no conseguía terminar la instrumentación de Siegfried, la partitura completa del tercer acto había sido concluida ya en Tribschen poco antes, el 5 de febrero. Munich no recibió nunca el manuscrito, y el proyectado estreno de Siegfried fue cancelado.

La utópica visión que Wagner tenía de la unidad alemana y el ascenso de Prusia y Baviera constituyó la única razón de su elección de Bayreuth como sede de las representaciones del Ring en el marco de un festival. Esta ciudad, en tiempos perteneciente a Prusia, estaba a mitad de camino entre Berlín y Munich y poseía un teatro de ópera con uno de los escenarios más espaciosos de Alemania. La idea de Bayreuth se le ocurrió a Wagner el 5 de marzo de 1870, ayudado por un artículo sobre la ciudad en el Konversationslexikon de Brockhaus. Sin embargo, al inspeccionarlo más de cerca, el escenario de la ópera se reveló inadecuado, y el 16 de abril de 1871 se tomó la decisión de construir un nuevo teatro. El 1.† de febrero de 1872 se creó una comisión compuesta por Muncker (alcalde de Bayreuth), el banquero Friedrich Feustel, y un abogado de nombre Käfferlein, cuya misión era la de supervisar la organización del Festival de Bayreuth. Wagner dijo su último adiós a Tribschen el 22 de abril de 1872 y llegó a Bayreuth dos días después para dar comienzo a la ardua labor de afincar su idea del festival sobre sólidas bases artísticas y financieras.

Una referencia a Tribschen, por breve que sea, no puede soslayar una mención a Cósima Wagner. Cósima visitó la casa por vez primera en mayo de 1866, y se trasladó para vivir en ella de forma permanente el 16 de noviembre de 1868. En Tribschen dio a luz a los otros dos hijos de Wagner, Eva (n 17 feb. 1867) y Siegfried (n 6 junio 1869). Poco después de divorciarse de Hans von Bülow se casó con Wagner, el 25 de agosto de 1870, en la Hofkirche protestante cerca de Lucerna. Fue también en Tribschen donde Cósima comenzó su famoso diario, el 1.† de enero de 1869, diario que, si bien estaba pensado para sus hijos como un relato de «cada hora» de su vida, el casi millón de palabras que contiene muestra una sorprendente reticencia respecto de sus propios sentimientos. De hecho, la laguna que en él existe (del 21 de noviembre al 3 de diciembre, momentos en los que se encontraba «demasiado turbada» para escribir) es, de múltiples maneras, más elocuente que el resto del diario en su conjunto. «Usted sabe bien que yo siempre me abstengo de expresar cualquier opinión contraria al maestro», escribió Cósima al editor Julius Fröbel en 1867; «sus ideas acerca del arte se han convertido en nuestro credo».

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