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Introducción al artículo del Conde de Gobineau

Bayreuther Blätter, 1881. Wagneriana, nº3. 1982
Introducción al artículo del Conde de Gobineau Un juicio sobre la situación actual del mundo
Por Richard Wagner

 

    La suerte de los “Bayreuther Blätter”, desde que fue acometido su primer objetivo, (que era) publicar unas comunicaciones sobre la obra del Patronatverein, dependerá únicamente del grado de interes que nosotros podamos despertar en los hogares de los lectores, tratando de asuntos relativos a la cultura y a la civilización que parecen, de primer acceso, extrañas a su efecto, pero que se ofrecen a nuestro espíritu en la proximidad inmediata (de ese fin).

    Si yo estoy bien informado, mis ideas sobre “la Religión” y “el Arte” no han recibido una acogida desfavorable en nuestros lectores. Pero, como nosotros nos colocamos primeramente sobre el terreno artístico, y no queremos encontrar una ocasión, una justificación incluso en el exámen de los más vastos dominios del mundo, más que cogiéndolo como punto de partida, nuestros amigos, ciertamente, pensarán que lo más conveniente y lo más agradable también, es que nosotros ponemos el arte o un problema particular del arte en primer plano. He reconocido justamente que, no he encontrado un terreno sólido para la representación correcta de mis obras artísticas más que en los únicos Bühnenfestspiele ejecutados en el Festspielhaus de Bayreuth, que yo he concebido y construido especialmente para ello, es necesario también conquistar, en favor del arte en general, y en favor de su lugar legítimo en el mundo, un nuevo terreno, que no se puede tomar prestado exclusivamente al arte mismo, pero sí justamente al mundo ya la inteligencia al cual debe ser ofrecido. Para esto, nosotros debíamos examinar el estado de nuestra cultura y de nuestra civilización, todo esto presentándolas como un espejo el ideal de un arte noble, tal como se ha ofrecido a nuestros ojos, para verlas reflejadas; pero ese espejo debía quedar empañado y vacío, o no podía reflejar nuestro ideal más que desfigurándolo en una mueca. Arrojemos pues ese espejo y, avanzando más lejos hoy, examinemos francamente y abiertamente el mundo que, a su vez, nos toca tan de cerca, y decimos entonces, sin temor, abiertamente, eso que nosotros pensamos.

    Un día que se le pedía a San Francisco, al salir de una grave enfermedad haciéndole volver a ver por pnmera vez el aspecto admirable de los alrededores de Asís, la manera de complacerle, él respondió, desviándose del mundo interior su mirada de éxtasis profundo donde se sumergía el mundo exterior: “No más que antes”. Hemos pedido al Conde Gobineau, a la vuelta de viajes lejanos a través de los territorios de los pueblos, cansado y rico de conocimientos, lo que pensaba del estado actual del mundo; comunicamos hoy su respuesta a nuestros lectores. También él, ha mirado lo interior: ha examinado la sangre en las venas de la humanidad presente, y la ha encontrado irremediablemente viciada. Lo que su intuición le ha mostrado en el valor de una opinión que no quiere ser agradable a nuestros sabios progresistas. Los que conocen la gran obra del Conde Gobineau, “De la desigualdad de las razas humanas”, habrán adquirido la convicción de que no es cuestíon de esos errores que cometen diariamente, por ejemplo, los exploradores del progreso cotidiano de la humanidad. En cuanto a nosotros, puede sernos agradable encontrar, en las exposiciones de un etnógrafo de los más perspicaces, una explicación del hecho de que nuestros espíritus verdaderamente grandes se encuentran cada vez más aislados y -por esta razón-- se vuelven cada vez más raros; y que nosotros podemos imaginarnos los más grandes artistas y poetas de cara a un mundo contemporáneo del cual ellos no tienen nada que decir.

    Pero, incluso que, unos razonamientos por los cuales Schopenhauer condena el mundo, nosotros hemos podido deducir el medio de examinar la posibilidad de rescatar ese mismo mundo, incluso nos es permitido esperar que, penetrando sin prejuicio y sin miramiento el caos de impotencia y de ignorancia que nuestro nuevo amigo nos revela, nosotros mismos encontraremos una indicación que nos haría desprender nuestras miradas de esta decadencia. Es posible que esta indicación podría sino verse, al menos oírse, como un suspiro nacido de la más profunda piedad, tal que nosotros lo hemos oído ya en antaño de lo alto de la Cruz de Gólgota, y que se escapa hoy de nuestra alma misma.

    Mis amigos saben lo que yo deduzco de ese suspiro perceptible, y presentan las vías que se abren a mí. Esto no está más que en la vía donde nos conducen unos espíritus tan osados como el autor del estudio que se va a leer, que nosotros podemos esperar ver abrirse esos caminos delante nuestro.

    El pequeño trabajo que aquí no tiene otro objeto, por otra parte, que el darnos un resumen de la situación actual del mundo; podría casi parecer a los que conocen bien los resultados de las búsquedas contenidas en la obra del mismo autor mencionado más arriba, como la charla familiar de un hombre de Estado extraordinariamente bien informado y experimentado, charla destinada a responder a una cuestión seria familiarmente, ella también, sobre lo que pensaba deber ser el fin de nuestras complicaciones políticas universales. En todo caso, podría ella provocar en nuestros amigos ese sobresalto del cual nosotros tenemos buena necesidad para arrancarnos a nuestro confiado y ciego optimismo y hacernos buscar seriamente de dónde debemos exclusivamente sacar las direcciones de las cuales yo he hablado hasta ahora.