Monsalvat, nº40. 1977. Copiado de “Musical Times” y “Revista musical catalana”, 1908. 
Una entrevista entre Wagner y Rossini
Por Edmond Michotte


 

Cuando Wagner estuvo en París en 1860 para preparar la desgraciada ejecución del Tannhäuser, Rossini vivía en la misma capital, y aunque su estrella había sufrido un eclipse momentáneo a causa de la influencia meyerberiana, era mirado por todo el mundo con respeto y como uno de los primeros maestros en su arte.

Era, como es sabido, un bromista de fama, y muchos de los chistes que se habían hecho a propósito de la “música del porvenir” eran atribuidos a Rossini. Se explicaba, por ejemplo, la historía de la comida en cuyo menú figuraba “pescado a la alemana”, que resultó ser una bandeja de salsa sin pescado, equivalencia, segun los comentaristas, de la Música de Wagner, sin melodía. También se citaba el hecho de Rossini queriendo leer la partitura de Tannhäuser, puesta al revés, con el pretexto de que al derecho no se entendía nada. Todas estas bromas ahora sólo nos hacen sonreír, pero Wagner, que era en aquella época un compositor casi desconocido, que luchaba con toda su alma para imponer sus ideales contra la indiferencia de muchos y la hostilidad de otros, no se atrevía a presentarse ante un maestro del que se suponía que se había permitido hacer a sus expensas todas aquellas bromas, y no tenía demasiadas ganas de visitarle, como había visitado a Auber, Halévy, Ambrós Thomas y otros.

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