Por Jordi Mota
PEQUEÑA RESEÑA HISTÓRICA

LA PRIMERA audición de Wagner en España tuvo lugar en Barcelona y fue dirigida por Josep Anselm Clavé, sin embargo hay serias dudas sobre la obra interpretada y la fecha concreta. Hay constancia impresa que confirma la interpretación de la "gran marcha triunfal" de “Tannhäuser” el 16 de julio de 1862, pero testimonios de solvencia indiscutible aseguran que fue en 1860 la primera audición dirigida igualmente por Clavé pero interpretando la obertura de “Tannhäuser” (1) y todavía hay otra fecha y otra obra en liza. En una entrevista con la junta directiva de la Sociedad Coral Euterpe se menciona el coro de los peregrinos y el 1 de abril de 1861 (2) como el primer concierto y aunque yo personalmente me inclino por la indeterminada fecha de 1860 debido a los testimonios que la avalan, de lo que no hay duda alguna es de que en uno de estos tres años fue interpretada la primera obra de Wagner en España y en todos los casos dirigida por Josep Anselm Clavé. 


En Madrid la primera audición sería también la obertura de “Tannhäuser”, siendo dirigida por Barbieri el día 12 de marzo de 1864 (3) y también en la capital se estrenaron los dos primeros dramas completos, “Rienzi” en 1876 y “Lohengrin” en 1881, pero a partir de este momento Barcelona se ve inundada por la corriente wagneriana y se suceden los estrenos. Algunos hechos sorprendentes contribuyeron a crear ese “ambiente” wagneriano en Cataluña, entre los que cabría señalar especialmente el entusiasmo wagneriano de Joaquin Marsillach que a los 19 años escribiría una biografía del Maestro editada en 1878. Wagner la conoció través de la traducción italiana ,escribiendo la famosa carta a Marsillach -la única de cierta entidad que fue dirigida por el Maestro a España- y que permitió que, aunque muy tarde, empezara a despertar este país al wagnerismo. Esto posibilitó un hecho sorprendente: “de España nos llegó, para la gloria del Maestro, la primera colaboración extranjera para sus “Bayreuther Blätter”, escribe Cósima Wagner. (4) Efectivamente, Wagner quedó tan impresionado por el prólogo del Dr. Letamendi al libro de Marsillach que lo hizo publicar en primera página de la revista recientemente creada.(5) Marsillach murió el mismo año que el Maestro, en 1883 (6) y así se truncó el primitivo impulso wagneriano. En las listas de miembros de la Asociaciones Wagnerianas del mundo publicada en 1884, únicamente figuraba un español, el pintor y amigo de Wagner Rogelio de Egusquiza, residente en París. 
El entusiasmo de Marsillach fue recogido años más tarde por Joaquín Pena que logró, a través de sus traducciones catalanas de los dramas de Wagner, contribuir a crear la fama de Barcelona como ciudad wagneriana. Naturalmente no fueron sólo Marsillach y Pena los responsables del wagnerismo, pero sí pueden ser considerados los pilares fundamentales en la defensa de la obra wagneriana. Con frecuencia la actitud de una sola persona puede contribuir de manera decisiva a marcar una corriente de opinión. Algo así ocurrió en Madrid según relata Durand-Vignau en su libro “El Wagnerismo en Espafia” (7) pues si Wagner era abucheado en los conciertos de Bretón, al ser cambiado en el atril por Mancinelli, todo lo que eran silbidos se convertían ahora en aplausos, y así el wagnerismo pudo despertar también en Madrid y en el resto de España, aunque a diferencia de lo que ocurría en Barcelona, no residió la difusión de Wagner en las traducciones y menos adaptadas a la música, sino en trabajos originales o divulgativos, algo que en Barcelona fue muy raro.(8) Rodrigo Soriano escribió en 1898 un extenso, interesante y variado libro sobre sus experiencias en Bayreuth: (9) “como curioso fui hace dos años a Bayreuth y volví como convencido”, nos dice en el prólogo. También hay que destacar el interesante libro de Eduardo López Chavarri “El Anillo del Nibelungo”, autor que contribuyó a difundir la obra de Wagner a través de escritos y traducciones siendo él mismo compositor, o el libro de Adolfo Bonilla y San Martin, “Las Leyendas de Wagner en la Literatura Española”. Sin olvidar la “curiosa obra -recientemente reeditada- titulada “Wagner mitólogo y ocultista”, del singular Mario Roso de Luna del que decía acertadamente el poeta catalán Segarra, “nunca he sabido si era un fantasioso o un intelectual solvente, después supe que entre los brujos internacionales tenia cierta fama”.

La Asociación Wagneriana de Barcelona fue creada en 1901 y en 1902 contaba ya con 251 miembros. Por otro lado la de Madrid fue fundada el 4 de mayo de 1911, en un acto en el Teatro Princesa en el que tenía que participar Menendez y Pelayo, pero que por haber sido avisado muy tarde no pudo asistir asegurando su participación en el siguiente, falleciendo antes de poder cumplir su promesa. La Presidencia la ostentaba el Duque de Alba, pero el alma de la Asociación era Félix Borrell, autor de diversos trabajos sobre Wagner. Al poco tiempo ya sobrepasaban los 1200 miembros, pero la existencia de la Asociación no llegó a los tres años aunque durante ese corto tiempo realizaron muy importantes conciertos wagnerianos. El proyecto más ambicioso, lamentablemente no alcanzado, fue preparar conjuntamente entre las asociaciones de Madrid y Barcelona el estreno de Parsifal en el Monasterio de Piedra. Conciertos, conferencias, ediciones de libros, traducciones y todo tipo de actos conmemorativos, permitieron a España en poco tiempo, situarse al mismo nivel que otros paises de Europa en el tema wagneriano y los Festivales de Bayreuth en Barcelona en 1955 constituyeron un hito único en la historia mundial del wagnerismo.

LA INFLUENCIA DE WAGNER EN ESPAÑA

Bien se tratara de influencia o en ocasiones de coincidencia, no es posible negar ni discutir la influencia que tuvo Wagner en España durante un periodo bastante extenso de años. Yo me inclino por considerarla importante, otros como Joan-Lluis Marfany (10) la consideran muy reducida, pero todos estamos de acuerdo en que existió. Dadas las reducidas dimensiones de un artículo, vamos a reseñarla un poco de manera telegráfica:

• COMPOSITORES Y DIRECTORES

Todos los músicos de su tiempo se vieron influenciados por la obra de Wagner, y si Conrado del Campo o Morera no dudaron en reconocer esta influencia otros la negaron o disimularon. Bien fuese asumiendo toda la reforma wagneriana o parte de ella, bien a través de los argumentos de las obras, de la inclusión de leitmotiv, a través de escritos teóricos o por medio de programas de conciertos wagnerianos destinados a difundir su obra, fueron muy pocos los que escaparon a la influencia del Maestro de Bayreuth. Algunas obras se basan en temáticas legendarias y sus nombres, como “Merlín” de Albeniz, “Arthus” de Vives o “Bruniselda” de Morera, hablan claramente de esa infuencia, pero en definitiva, todos los grandes músicos, de una manera o de otra, no pudieron sustraerse a la fuerte corriente wagneriana de su tiempo: Morera, Conrado del Campo, Pahissa, Manén, (11) Vives, Sorozabal, Falla, (12) Manrique de Lara, Mancinelli, Lamote de Grignon, Granados...

• CANTANTES

La influencia de Wagner entre los cantantes españoles es manifiesta. Casi todos nuestros cantantes famosos han cantado ocasio nalmente Wagner: Montserrat Caballé, Fleta, Gayarre, Mercedes Capsir, Pilar Lorengar, Carreras... Algunos como Victoria de los Angeles y Plácido Domingo han llegado a cantar en Bayreuth pese a no ser cantantes escrictamente wagnerianos, pero no hemos de olvidar a aquellos grandes cantantes españoles que obtuvieron fama y reconocimiento en todo el mundo, precisamente cantando básicamente Wagner, como fue el caso de Francisco Viñas, Fidela Campiña, Isidoro Fagoaga, Joan Raventos e incluso Maria Llácer. 
 

• PINTORES Y ESCULTORES

El más importante entre los pintores es sin duda Rogelio de Egusquiza, amigo de Wagner y entusiasta wagneriano que decidió, a partir de trabar conocimiento con la obra wagneriana, “vivir para la pintura y no de la pintura”. El más prolífico ha sido sin duda José Mestres Cabanes, pero muchos otros se ocuparon de Wagner en una o varias ocasiones, como es el caso de Dali, Tapies, Alejandro de Riquer, Torres García, Junyent, Muñoz Degrain, Mariano Fortuny y Madrazo... o los escultores Mariano Benlliure, Gargallo, Montané, Arnau, Julio Antonio... por citar sólo algunos.

• ESCRITORES

Más de 50 obras de Wagner -con un total de unas 3000 páginas- han sido traducidas al castellano o catalán. Prestigiosos escritores como Blasco Ibañez o Joan Maragall colaboraron en ello, y otras muchas personalidades literarias manifestaron su entusiasmo o se ocuparon del tema como Menéndez y Pelayo, Josep Plá, Torras i Bages, Sagarra, Peña y Goñi...

• DIRECTORES DE CINE

Sólo dos casos, pero ¡vaya dos!. El primero de ellos, menos importante pero más entrañable, es el de Daniel Mangrané que realizó una de las mejores películas hechas en el mundo sobre un tema wagneriano: “Parsifal”. Parece ser que el proyecto le llevó a la ruina, pero la película es una de las pocas que lleva al cine una obra wagneriana y no, como en las diversas películas sobre los Nibelungos, la leyenda antigua original. La música es de Wagner y se basa en el drama wagneriano y no en ninguna leyenda anterior. 
El otro caso, bien diferente, es el de Luis Buñuel, pues aunque su cine puede ser calificado de cualquier cosa menos de wagneriano, incluyó en diversas películas extensos fragmentos de Wagner (“Un Chien Andalou”, “L’Age d’Or”, “Cumbres Borrascosas”) y la razón fue su entusiasmo por Wagner, especialmente en su juventud. “Como se trataba de un film que quería hacer hace veinte años -se retire a “Cumbres Borracosas”-, y en aquella época era yo muy wagneriano, he puesto una hora de Wagner”. (13) Mientras Luis Buñuel dejaba de ser wagneriano con el paso del tiempo, su hermano, contrariamente, en los últimos años de su vida escuchaba casi exclusivamente Wagner.

***

Políticos tan polémicos como el Dr. Robert fueron entusiastas wagnerianos y peregrinos en Bayreuth. El ingeniero-artista Carlos Buigas, concibió su no realizado teatro de Agua y Luz como marco ideal para representar “El Holandés Errante”. El prestigioso abogado José Maria Pi Suñer dedicó su discurso al ser nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Jorge, al “Parsifal”. Mencionar asimismo publicaciones importantes o modestas como “Monsalvat”, “Hojas Wagnerianas”, “Fulls Wagnerians”, “Wagneriana”, “Nothung” o “Tilo Sagrado”, consagradas a Wagner o el wagnerismo y también, como demostración de la permanente actualidad del fenómeno wagneriano, -al menos en Cataluña-, citar la existencia de tres diferentes asociaciones wagnerianas legalizadas actualmente en Barcelona, defendiendo y difundiendo tres puntos de vista diferentes sobre la obra de Wagner, sin olvidar tampoco la labor realizada en Madrid por Ángel Mayo a través de artículos, críticas y traducciones, especialmente a través de la revista “Scherzo”. Todo ello demuestra sin discusión la influencia de Wagner en España.

LA INFLUENCIA DE ESPAÑA EN WAGNER

Wagner era un entusiasta y un admirador de España, aunque fundamentalmente la veía a través de la óptica de los clásicos españoles, especialmente Calderón, a los que conocía en profundidad. Mi esposa y yo escribimos un libro dedicado a la influencia de los clásicos españoles en Wagner (14) al que remitimos a los interesados, pero aquí señalaremos algunos datos más, no mencionados en nuestro libro, para confirmar nuestra tesis fundamental de la gran influencia que recibió Wagner de Calderón, Lope y Cervantes, lo que se puso especialmente de manifiesto en “Tristán” y “Los Maestros”, dos obras totalmente diferentes, pero muy influidas ambas especialmente por Calderón. “Entre los clásicos extranjeros Calderón está mencionado muchas veces, de manera significativa, en las cartas a la amiga -se refiere a Matilde Wesendonck-. El poeta del honor y la fidelidad aparece, como acertadamente menciona Glasenapp, en las creaciones wagnerianas”. (15) 
Precisamente analizando la posible influencia de Calderón en “Tristan e Isolda” se publicó en el programa de los Festivales de Bayreuth de 1962 un interesante articulo. (16) Para A. Farinelli en su escrito titulado “Wagner e Calderón” (17) la influencia de Calderón en Wagner es evidente en el “Tristán”, pero mucho menos en “Los Maestros”. Ello no obstante, Hans Mayer nos dice en su libro sobre los “Maestros Cantores” que en esta obra, totalmente diferente de “Tristán”, también se halla presente la influencia calderoniana. (18) Por último, tanto Marsillach (19) como Liszt (20) consideran los Autos Sacramentales de Calderón como precedentes de “Parsifal”.

EL SANTO GRIAL

No podemos olvidar tampoco la influencia que el Santo Grial, actualmente venerado en la Catedral de Valencia, tuvo en la obra wagneriana a través de las leyendas primitivas. Es difícil asegurar que el Cáliz que se conserva en Valencia sea el mismo que utilizó Jesucristo en la última cena, pero sin duda se trata del que se menciona en “Parsifal”, obra que, como todos nuestros lectores saben, Wagner sitúa en España. En la época en que este Cáliz se custodiaba en San Juan de la Peña, sugestivo monasterio oscense -sin duda el Monsalvat de la leyenda-, reinaba en Aragón Alfonso el Batallador que en algunos documentos aquitanos se le llamaba “Anfortius”, con lo cual la leyenda está servida.

España, pues, influyó en Wagner y creemos que de manera decisiva -aunque fuese casi exclusivamente a través de Calderón-, pues es perceptible en todas sus obras de plenitud con excepción de “La Tetralogía”. Estoy seguro que sin Calderón o no habría escrito “Parsifal” o lo habría hecho de una manera totalmente diferente.

CONCLUSIÓN

Poco o mucho Wagner influyó en España y España en Wagner. La importancia de esta mutua influencia la dejamos a criterio de nuestros lectores, lo único que hemos querido dejar claro es que existió una mutua y permitasenos añadir, productiva y provechosa influencia. 
 

Notas:

(1) Alfonsina Janés, “L’ Obra de Richard Wagner a Barcelona”, Barcelona 1983, pag.20. 
(2)  “Diario de Barcelona”, 6 de mayo de 1955. 
(3) José Luis García del Busto, “La Dirección de Orquesta en España”, Madrid 1991, dentro del libro “Los Grandes Directores de Orquesta”, pag. 202. 
(4) Cósima Wagner, “La mia vita a Bayreuth, 1883/1930”, Milán 1982, pág. 68. 
(5) El artículo apareció en el número 9, septiembre de 1878, precedido de un laudatorio prólogo. En total 18 páginas, es decir, unas dos terceras partes de ese número. 
(6) “La Ilustración Musical” del 1 de setiembre de 1883 publicó en primera página un retrato de Marsillach anunciando la noticia de su muerte: “Durante seis años una enfermedad temble por lo sutil e indomable estuvo socabando la existencia de Marsillach”. A los 18 años empezó a escribir sobre música y a los 24 era ya un hombre consagrado, pero su prematura muerte impidió que se pudiera desarrollar plenamente su impetuosa y precoz capacidad. 
(7) Durand-Vignau, “El Wagnerismo en Empaño”, San Sebastián, 1902. Pág.52 y siguientes. 
(8) Quizás el único trabajo original y verdaderamente profundo, al margen de lo polémico, fue el libro de Miguel Domenech Espanyol titulado “Parsifal l’Apothéose muslcale de la Religlon Catholique”, editado en Barcelona en francés en 1902. 
(9) Rodrigo Soriano, “La Walkiria en Buyreuth”, Madrid 1898, 160 páginas de texto, más otras tantas de interesantísimos apéndices. 
(10)  Joan-Lluis Marfany, “El Wagnerisme a Catalunya”, Serra d’Or, febrer 1983, pág. 
14. 
(11) Joan Manén es uno de los casos más injustos, pues habiendo obtenido éxitos con sus óperas, tanto en Alemania como en España, siendo celebrado por la crítica y definido su estilo como situado entre Wagner y Strauss, y pese a haberse editado numerosas partituras suyas en el extranjero, como la ópera “Nerón y Acté” editada en Leipzig, es un compositor totalmente olvidado. 
(12) Probablemente algún lector se sorprenderá de incluir a Falla entre los músicos con influencia wagneriana. Falla criticó duramente algunas partes de la reforma wagneriana (ver a este respecto el libro "Escritos sobre música y músicos"), sin embargo lo hemos incluido ya que Hugo Patino en su artículo “Présence et Absence de Richard Wagner dans le monde hispanique” (Programa de los Festivales de Bayreuth de 1969, "Gótterdämmerung"), asegura de manera categórica esta influencia. 
(13) Ado Kyrou,  “Luis Bunuel”, Vienne, 1962, pág. 118. 
(14) Jorge Mota-María Infiesta, “Richard Wagner y el teatro clásico español”, prólogo de Julio Caro Baroja. Ediciones Huguin, Barcelona, 1983. 
(15) Erich Kloss,  “Richard Wagner und die klassischen Dichter”, “Bünhne und Welt”, August 1904, pag. 897. 
(16) Siegfried Melchinger, “Eine Handlung/Versuch über Tristan und Isolde”, Programa de “Tristan und Isolde”, Bayreuther Festspiele, 1962. pág.9 y siguientes. 
(17) A. Farinelli, “Wagner e Calderón”, extenso articulo de 35 páginas probablemente publicado dentro de un trabajo más general titulado “Attraverso la poesia e la vita”, hacia 1934. Dispongo de la fotocopia de este trabajo sin indicación de más datos. 
(18) Hans Meyer, “Parnass und Paradies”, en el libro “Die Meistersinger und Richard Wagner” (Die Rezeptionsgeschichte einer Oper von 1868 bis heute”, Nümberg, 1981, pág. 53. 
(19) Joaquín Marsillach, “Parsifal, Peregnnaclon a la Meca del Porvenir”, Barcelona, 1882, pág. 16. 
(20) Citado por Farinelli, obra citada, pág.302.


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