EMILI VENDRELL: Un Lohengrin desconocido
Por Eva Muns

EMILI VENDRELL, de quien se celebró el centenario de su nacimiento el año pasado [1993] , fue un tenor muy querido en Cataluña, que se distinguió especialmente por su espíritu de trabajo, su lirismo y el amor a su tierra.

Su vocación arranca de los primeros años de la infancia cuando demostró estar especialmente dotado para la música y se confirmó en enero de 1911 cuando entró a formar parte de l’Orfeó Català, teniendo como maestro a Lluís Millet, fundador de esta agrupación coral tan arraigada en Cataluña y tan estimada por nuestro tenor. Vendrell sentía gran admiración y respeto por el Maestro Millet. Sobre él comenta en la obra “El Mestre Millet i jo”:  “...Amaba la música porque todo él era música, vibración, ritmo. Y de estos amores del maestro nació el Orfeó Català. La obra más grande que haya producido el genio del artista. Por eso fue tan grande el Orfeó Català, porque fue la obra de un gran amor...”

En su época de corista Emili Vendrell ya destacó sobre los demás. Fueron memorables sus interpretaciones como solista en la Novena Sinfonía de Beethoven, Las Estaciones de Haydn, y el Evangelista de la Pasión segun San Mateo, de J.S. Bach. Incorporó a su repertorio obras de los más destacados músicos de la Renaixença; cantó un sinfín de zarzuelas con lo que se ganó merecida fama en muchas ciudades españolas: de Doña Francisquita, por ejemplo, dio más de 1.000 representaciones; llegando a incluir excepcionalmente en su carrera el papel protagonista de Lohengrin, de Richard Wagner, que interpretó en el Teatro Tívoli de Barcelona, los días 12, 13 y 20 de julio de 1924, secundado por los célebres artistas Conchita Callao, Conchita Corominas, Ricard Fusté, Canut Sabat, Josep Fernandez, bajo la dirección del Maestro Antoni Capdevila, 50 profesores de la Orquesta del Sindicato Musical de Catalunya, 40 coristas, banda, numerosa comparsería y decorados y vestuario del Gran Teatro del Liceo. Con motivo de los grandes éxitos obtenidos por Vendrell durante estas funciones el 24 del mismo mes, se homenajeó al tenor organizando una “Serata d’honore”, en la que, entre otras obras, como despedida, interpretó el tercer acto de “Lohengrin” en versión catalana.

La propuesta formal de representar “Lohengrin” en el Teatro Tívoli de Barcelona, en la temporada estival de 1924, ilusionó a Emili Vendrell. Así lo recuerda en su obra “El Canto (Libro para el cantante y el aficionado)”:

“Una fecha bien destacada en mi carrera en el teatro y que me proporcionó mayor satisfacción fue cantar “Lohengrin” en el teatro Tívoli.

El Maestro Capdevila y Pieri organizaron una temporada de ópera y me animaron para que cantara la obra de Wagner. Acepté el ofrecimiento con una sola condición: que “Lohengrin” tenía que ser cantado en catalán.

Nuestros grandes tenores Viñas, Palet y Raventós y también el eminente barítono Blanchart, habían cantado en el Liceo, fragmentos de las óperas de Wagner en catalán.

Les gustó la idea de hacer unas representaciones de la gran obra en catalán, y coros y solistas nos pusimos en seguida a estudiar la obra con la traducción catalana de Joaquim Pena.

Creo que fue la única vez que se cantó esta maravillosa ópera en lengua vernácula, íntegramente en catalán.

El éxito fue grande y el público correspondió con su asistencia y sus aplausos entusiastas a aquel gesto mío y de la empresa de inaugurar una temporada lírica con una obra tan importante y en nuestra lengua”.

Alcanzar el éxito en la interpretación de Lohengrin, ciertamente no era tarea fácil para Emili Vendrell. Pocos años antes, un colega y compatriota suyo, el tenor Francisco Viñas, wagneriano consagrado, le había puesto muy alto el listón. En efecto, el 10 de febrero de 1915, representó esta misma obra en el Gran Teatro del Liceo logrando un éxito ruidoso. La crítica (L.B. de C, en El Noticiero Universal de 10-2-1915) comentó:

“...Al ocuparnos de los artistas que ayer tuvieron a su cargo la ejecución de “Lohengrin”, debemos, olvidando por un momento la galantería debida a las damas, reseñar el triunfo personalísimo de nuestro paisano, el tenor Viñas. En efecto, éste fue estruendoso y debió serle muy agradable al cantante ya que coincidía con el fallo que hace bastantes años y en 9 de febrero, asimismo le otorgó el público del Liceo, al efectuar su debut con los actos segundo y tercero de “Lohengrin”, éxito que le indujo a abrazar la carrera lírica que tantos días de gloria le ha proporcionado”.

“...Durante toda la obra fue objeto el Sr. Viñas de repetidas manifestaciones de simpatía, pero de un modo especial se exteriorizó el entusiasmo de la concurrencia después del “racconto” cantado admirablemente, rayando en los límites de lo inimitable. Tuvo que repetirlo a instancias del teatro en masa, cantando en esta segunda vez la versión catalana que le hemos oído en otras ocasiones...”

El público catalán ciertamente, estaba muy familiarizado con esta obra de Richard Wagner. Se había estrenado en Barcelona, en el Teatre de la Santa Creu el 17 de mayo de 1882, un año después que en Madrid, y el Liceo la incorporó a su repertorio en la temporada de primavera de 1883, bajo la dirección del Maestro Juan Goula. En este escenario, el tenor Viñas la cantó incompleta en febrero de 1888, sirviéndole esta actuación de ensayo para ofrecer la versión íntegra unos meses más tarde, con ocasión de la inauguración de la Exposición Universal. Hasta 1931 se había representado en numerosas ocasiones en el Gran Teatro del Liceo, siempre en italiano, con las excepciones del ya mencionado tenor Viñas, la de otro tenor catalán José Palet, y la del genial tenor aragonés Miguel Fleta, que en la temporada del Liceo de 1926, sorprendió al auditorio interpretando como bis, el “In fernem Land” según la segunda traducción de Joaquim Pena en la que el verso “Al lluny del lluny on mal anar podrieu...” era sustituido por: “En lluny país, que us fora inaccessible...” Tampoco podemos olvidar otros Caballeros del Graal de memorable recuerdo, como Angelo Masini que cantó 34 representaciones de “Lohengrin” en nuestra ciudad, ¡ en una sola temporada !, Giuseppe Borgatti, Ettore Parmeggiani, Beniamino Gigli, además de los españoles Julián Gayarre y Pablo Civil, que lo interpretó en la Scala dirigido por Serafin.

El esfuerzo realizado por Emili Vendrell para poner en escena “Lohengrin” debió ser considerable. Eligió la traducción que realizara en 1905 Joaquim Pena, de l’ASSOCIACIÓ WAGNERIANA a quien conocía personalmente, según escribe el tenor en su obra “El Mestre Millet i jo”:

“...Un día me presentaron a Joaquin Pena, a quien yo no conocía personalmente, a pesar de haber cantado gran número de lieders con sus magníficas traducciones, gran crítico y entusiasta wagneriano, como todos sabemos, quien, en las columnas de su periódico, me había dedicado buenas y alentadoras críticas. Joaquin Pena, un poco tosco, pero nada amargado y con mucho talento, me animó en el camino que había emprendido y me auguró una brillante carrera en el difícil arte del canto si no dejaba de estudiar como había hecho hasta entonces...”

Emili Vendrell respetaba profundamente a Joaquin Pena por la gran labor realizada: ...“Hemos tenido un hombre en Cataluña, a quien no podremos agradecer nunca todo el bien que nos hizo con su obra. La obra de Joaquin Pena fue la tarea de toda una vida en la exaltación de la música extranjera, clásica y moderna. Pena editó una publicación titulada “Cançoner Selecte” y muy pronto sus lieder alcanzaron gran popularidad. Cantantes y aficionados los divulgaron por doquier, con la traducción catalana tan ajustada...”

Vendrell, profundizó en el estudio de la obra wagneriana, supo captar las indicaciones y matices aconsejados por el Maestro, así en “El Canto” escribe: “Se conoce que a Wagner los calderones no le gustaban mucho, ni se fiaba de ellos, porque cuando quiere una nota larga, en lugar de poner la corona encima de la nota, la alarga los compases justos que él quiere que dure. Y mientras, la orquesta va haciendo por debajo sus comentarios y obliga al cantante a cortar la nota a tiempo porque debe seguir el motivo melódico que ha dejado el conjunto orquestal y claro, al cantante no le queda más remedio que hacerlo justo a tiempo si no quiere que llegue al público su pedantería por aguantar un agudo desequilibrando todo el conjunto”.

Preocupado siempre por agradar al público y por mejorar sus aptitudes, Vendrell, prestó, a lo largo de su carrera, especial atención en perfeccionar su técnica para interpretar las obras con un gusto y sentimiento inigualables, logrando establecer esa corriente misteriosa, esa unión espiritual entre artista y espectador que sólo consiguen los solistas privilegiados. De una manera poética y clara, representativa de sus cualidades humanas, Vendrell exterioriza sus sentimientos cuando escribe:

“...Frasear es lo más difícil en el arte del bien cantar.

El verdadero artista, como el poeta, nace. No se hace ni se improvisa. El espíritu lo da Dios. El arte no quiere sabios, quiere artistas con sensibilidad y dulzura. Las artes inmortales han de despertar el alma del pueblo, y al alma de los hombres no se puede llegar si no es a través de la propia alma. El cantante que no nace artista, por buenas facultades que posea, por mucho que domine la voz, por mucha música que sepa, no pasará de ser un buen instrumentista, pero nunca llegará a ser genial; porque sin espíritu todo le quedará mecánico, frío; y por mucho que admiremos la perfección de sus facultades, su interpretación no pasará de la epidermis de la multitud.

El artista inspirado se impone por el sentimiento. Y la cultura y la técnica que adquiere con los estudios le pondrán en condiciones para que su espíritu se manifieste y serán un complemento de su personalidad. Su interpretación será siempre personal y elevada y alada como el perfume de las flores que penetra en nuestros sentidos antes de admirarnos con la belleza de su forma y color. 
El artista dulce, dotado de espíritu luminoso y de una sensualidad cálida y tierna, pone alma y cuerpo en su trabajo, por encima del cerebro. El artista puro, el de la “llamita divina”, os llegará siempre al corazón cada vez que lo veais y estareis días y años recordando su dulce manera de hacer y de decir. Y no os cansaríais nunca de escucharle, y nunca le veríais igual porque, cada vez que actúa, crea.

Al espíritu nada le detiene, ni la muralla más grande, porque es alado y de un sólo vuelo conquista los corazones y el espacio entero. Y cuando emprende el vuelo no lo pueden detener ya ni los años ni los siglos, porque el fruto del alma es tan inmortal como el alma misma...”

Emili Vendrell demostró a lo largo de su vida sentir pasión por su tierra y porque su lengua fuera respetada. Refiriéndose a la lengua, escribe: “Nuestro idioma, rico, riquísimo de matices, es lírico por excelencia, y es un pecado artístico que el oyente no capte claramente la palabra, tan importante en la pieza cantada”.

Esta preocupación del artista por hacerse entender queda perfectamente reflejada en la forma cómo el crítico F. Lliurat encabezó el lunes 14 de julio de 1924, en el diario “La Veu de Catalunya”, su reseña del concierto que el teatro Tívoli (el más fresco de Barcelona, según el slogan de moda y a 8 pesetas la butaca) había programado para su temporada de ópera de verano:

“...Wagner había soñado, como todo el mundo sabe, la unión, la fusión de las artes, con el fin de expresar, exteriorizar juntas el Drama. Esto y por otra parte, la condena del espectáculo Opera (espectáculo generalmente frívolo, cuya finalidad principal había que buscar -según Wagner- no sobre el escenario, sino en la sala), representa, sin duda, la esencia del “credo” de la estética wagneriana.

Ahora bien, ¿cómo es posible que el aficionado reciba la impresión del drama entero, íntegro, si una de las partes del mismo le es ofrecida desfigurada? Para entender bien y sentir una producción wagneriana es preciso, pues, que se entienda lo que dicen los artistas que la interpretan. Y tratándose de nosotros, qué lenguaje puede parecernos más claro, más íntimo, más “natural”, que nuestro propio lenguaje?”.

Del éxito conseguido por Emili Vendrell, se hicieron eco numerosos diarios de la ciudad. El crítico antes citado, conocedor de la obra wagneriana, a juzgar por sus comentarios, añadía: “No basta con cantar en catalán. Hay que cantar y hay que pronunciar bien. No todos los artistas del Tívoli articulaban y pronunciaban bien nuestra lengua. A algunos no se les entendía. Hacemos constar que a Emili Vendrell (ya largamente entrenado) se le entendía siempre y pronunciaba bien”, y en relación con la actuación de nuestro tenor, manifestaba: 
“Lohengrin, como todas las producciones wagnerianas exige, al interpretarla, una gran perfección. Exige, en todo momento una bella fusión entre el canto (la palabra viva que parece como si volara movida por la música) y el gesto del artista. Al gesto del artista hay que añadir los movimientos colectivos. ¡Y esto, naturalmente, es muy difícil de conseguir! En las producciones wagnerianas es preciso que el artista “hable”, cante, sienta y exteriorice prácticamente el personaje que representa. Ciñéndonos a la representación de Lohengrin que ha motivado estas líneas, diremos que, en general (y sobre todo por parte de los principales intérpretes) fue cuidada. Emili Vendrell (uno de nuestros artistas más estudioso y con más talento) interpretó su papel con corrección y dignidad. Y ni que decir tiene que al cantar “ln fernem Land” escuchó fervorosísimos aplausos. Creemos sinceramente que Vendrell se ha hecho indispensable cada vez que se pretenda hacer teatro lírico en catalán...”

El Diario de Barcelona, del 13 de julio de 1924, publicó: 
“...Púsose en escena Lohengrin, encargándose del papel de protagonista el tenor Emili Vendrell, que se distinguió en los pasajes de delicadeza que son los que sientan mejor a sus facultades vocales...”.

La Revista Musical Catalana (núm. 250, octubre 1924,) escribía: 
“...La versión catalana de la ópera romántica de Wagner que acabamos de citar, dada por primera vez íntegramente en catalán, constituyó la nota más atractiva y simpática de la temporada. No todos los artistas se manifestaron capacitados para dar a la versión catalana el relieve necesario. Entre los más afortunados, hemos de citar en primer lugar al celebrado tenor Emili Vendrell...”.

El Noticiero Universal de 14 de julio de 1924, que se mostró más crítico con el espectáculo, comentaba : 
“...No pueden extremarse los rigores de la crítica en estas funciones veraniegas... Es necesario un máximo de indulgencia que nosotros no pretendemos regatear ni muchísimo menos... En cuanto al protagonista Vendrell, que con tanta ansiedad era esperado por el público, escuchó muchos aplausos. No es, indudablemente, la figura de Vendrell y su temperamento artístico adecuado para lo que exige el personaje del Caballero del Cisne, pero sin embargo como este tenor es muy músico y frasea con delicadeza se defendió en su difícil cometido...”.

La Publicitat, del 15 de julio de 1924, por su parte dijo: 
“...Los artistas que tomaron parte en aquella representación se metieron en tarea con verdadero entusiasmo y con la firme voluntad de obtener éxito. Vendrell cantó su parte con el buen gusto y la distinción que son las cualidades sobresalientes de su arte y recibió aplausos en todos los pasajes de relieve sobre todo en el “racconto”, que le valió una larga ovación...”

Nosotros nos unimos a esa larga ovación recordando desde estas páginas a este querido y popular cantante, a quien le corresponde el honor de ser el único artista que protagonizó íntegramente “Lohengrin” en catalán sirviéndose de la traducción de l’ASSOCIACIÓ WAGNERIANA y deseamos que el proyecto de inmortalizar su figura en el “Camí dels Artistes” de la entrañable montaña de Montserrat pueda ser pronto una realidad, un digno y merecido homenaje a este tenor que “entendía la música como la expresión que sale del alma, como la poesía misma y la poesía hecha canción es la obra de arte que más tiernamente, más profundamente, ha conmovido al ser humano” y que hizo realidad al aunar en el personaje de Wagner los matices poético y heroico, épico en el acento cuando se dirige al pueblo y dulce al hablar con Elsa, con que el Maestro concibió al Caballero del Graal. 
  
  
 


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