EL DR. HÄNSEROTH, O LA CARA OCULTA DEL LICEO
Por Xavier Nicolás

 

Esta entrevista fue realizada el pasado verano, antes de ocurrir el incendio del Teatro del Liceo de Barcelona.

CUANDO digo "cara oculta", no me refiero a que sea ningún personaje siniestro o malvado, nada más lejos de mi intención. Con este subtítulo me refiero a que el personaje entrevistado en esta ocasión, el Dr. Hänseroth, es el artífice de todo lo que se mueve en el Liceo, y es la cara oculta puesto que el público lo desconoce, que no la crítica.

En su puesto de Director Artístico del Teatro del Liceo, él es el que va a delinear, delimitar, componer y escoger la programación de las óperas, ballets, conciertos, recitales, producciones y cantantes. Y pese a que en algunas ocasiones nosotros, los ancestrales wagnerianos, hemos tenido algunas disgresiones sobre decorados y producciones escénicas con él, su conversación es altamente interesante para saber y comprender cómo funciona el Liceo por dentro, y cuales son las labores de un Director Artístico en un teatro de ópera.

XAVIER NICOLÁS: ¿Cómo se metió Ud. en este complejo mundo de la Opera?

ALBIN HÄNSEROTH: Bueno, pues primero como un simple espectador. Yo nací cerca de Dusseldorff, y en este teatro empecé a coger afición por el mundo del canto. Al mismo tiempo, más tarde, por mis estudios. Yo estudié, entre otras cosas, sociología del arte, y aproveché mis conocimientos de música -había estudiado piano y cello- para introducirme en este campo de la música. Mi tesis doctoral trató sobre la sociología del teatro, especialmente dentro del marco del teatro de habla alemana, y ello lo combiné con las críticas musicales de óperas, ballets y conciertos.

X.N.: Crítica y sociología teatral, ¿hizo también algo de escenografía?

A.H.: Bueno, ya en mis últimos años de universidad en Alemania, yo impartí muchos cursos de sociología, de música, teatro, y en una ocasión me invitaron a hacer una dirección de escena, para los estudiantes, de una ópera no especialmente brillante y más bien como cosa experimental, pero nada más.

X.N.: ¿Cómo llegó al Liceo?

A.H.: Bueno, yo primeramente llegué a España en mi época de estudiante y me quedé un año, trabajando como guía. Aquí acabé de pulir mi idioma español. Empecé a conocer gente, y contacté ya con gente del Consorcio del Teatro. Más tarde me propusieron la posibilidad de venir ya a trabajar en firme aquí en el Liceo, puesto que estaban reestructurando todo el planteamiento organizativo. Y aquí estoy, desde hace cinco años. Ellos querían básicamente a alguien que tuviera contactos con otros teatros y otras producciones, y yo desde mi anterior puesto en Colonia, pues conocía mucha gente relacionada con este mundo.

X.N.: Y no se lo pensó dos veces, y se vino para acá...

A.H.: Sí, la verdad es que me interesó mucho el tema, y me pedí una excedencia en la Universidad. En un principio yo tenía un contrato de un año, y al cabo de tres meses me dijeron que si me interesaba quedarme otro año más. Y así empezó todo.

X.N.: Es decir, que podemos resumir que de hecho el Liceo ha sido su primera y única experiencia directa como trabajo en un teatro de ópera.

A.H.: De hecho así es, aunque para elaborar mi tesis doctoral, me pasé como un año y medio en cuatro teatros de ópera. En Alemania y en Bélgica.

X.N.: En Barcelona, de toda la vida ha habido siempre una fuerte tradición wagneriana. Y ello se ha reflejado siempre en este bendito teatro. Pero últimamente, no en las últimas épocas, pero en las intermedias, está bajando el ritmo. ¿Qué pasa con Wagner en el Liceo?

A.H.: Bueno, no pasa nada. Simplemente es un problema de programación. Yo ya sé que en épocas pasadas se han representado muchísimas obras wagnerianas, incluso se llegó a hacer aquel célebre Festival de 1955 directamente de Bayreuth, lo sé. Y el problema radica en que cada vez hay menos títulos, y de esas 10 obras que hay que escoger, hay que ser muy crítico. Los aficionados a Verdi se quejan de que se da poco Verdi, los de Strauss que hay poco Strauss, y lo mismo pasa con Wagner. Lo sé. De todos modos yo he conseguido que al menos haya habido siempre un título wagneriano...

X.N.: ...malo, pero uno...

A.H.: Bueno... (riendo), eso es cuestión de interpretaciones...

X.N.: Es una broma...

A.H.: Ya. En todo caso, así como he conseguido que haya siempre presente un título wagneriano, no se puede decir lo mismo de Puccini o de Donizetti o de otros.

X.N.: ¿Quién decide de hecho la programación? Usted en solitario...

A.H.: Bueno, es un proceso complicado el de la programación. Y no precisamente sencillo. Yo hago las primeras propuestas. Y éstas han de ser aprobadas por el Consorcio y la comisión delegada a tal efecto. Pues esta delegación está compuesta por la Generalitat, el Ayuntamiento y la Diputación, los Propietarios y el Ministerio de Cultura. Es decir, cinco entidades. Y se aprueban, no sólo los títulos, sino los presupuestos de cada uno de ellos. Y Wagner normalmente cuesta bastante. Aparte del hecho de que haya escasez de cantantes wagnerianos. De todos modos, este año va a haber ese "Holandés"...

X.N.: Que suponemos no será de nuestro agrado...

A.H.: Bueno (riendo) esto no lo sé...

X.N.: No, más que nada es para preparar nuestros instrumentos de protesta...

A.H.: Bien... (riendo) No lo sé. En todo caso, tengo un gran proyecto, el de hacer la "Tetralogía" entera, que tenía pensado para el 95-96 pero con el tema de las reformas no sé cómo se va a desarrollar. Hay que esperar.

X.N.: ¿Cuál es su opinión personal de Wagner?

A.H.: Bueno, a mi me gusta mucho Wagner, pero no es el único, y lo comparto con otros italianos, como Verdi. Pero del repertorio alemán efectivamente me quedo con Wagner, y lo prefiero mucho más que a Strauss, desde luego. A mí con Wagner me pasa una cosa, y aquí me imagino vamos a tener discrepancias, y es que para mi es un autor de una música muy teatral, para mí hay que ver a Wagner, no escucharlo. Es decir, que Wagner se ha de ver representado, sino pierde valor.

X.N.: Bueno, pues justamente llegamos al quid de la cuestión. La intetpretación escénica wagneriana. Para mí hay dos mundos en Wagner claramente enfrentados y opuestos: el representado por aquellos escenógrafos tipo Roller Pretorius y Mestres Cabanes por un lado; y el de Chéreau, Friedrich y Kupfer por el otro. ¿La distancia entre ambas concepciones, es un abismo insondable?

A.H.: No, yo no creo que haya un abismo tan profundo entre estas dos partes. Yo opino, y esta es una opinión muy personal, que si Wagner viviese en nuestros días, no haría las cosas como las hizo en el siglo pasado. Su idea de tener un teatro propio donde poder realizar sus obras con los adelantos técnicos más avanzados, me parece fantástica, y el hecho de que lo consiguiera, aún más. Pero cuando yo leo la obra de Wagner, yo no la veo ubicada en la estética del siglo XIX, es muy importante lo que él quiere expresar, pues para él es tan importante el libreto como la música. Wagner, en su momento, buscó un método para explicar lo que le preocupaba, lo que pensaba, y el público de la época lo asimiló, lo comprendió perfectamente. Por eso si ahora se intentase reconstruir la estética del siglo pasado en la obra de Wagner, creo que se perdería mucho de la idea misma de su autor. Y entonces se convierte en algo museístico.

X.N.: Es una idea respetable...

A.H.: Aunque ello tampoco quiere decir que yo acepte todas las cosas raras que se hacen ahora con su obra. No. Pero me parece interesante que tipos como Chéreau, Kupfer, Friedrich y otros estén tan interesados en la obra de Wagner, y que a través de sus interpretaciones piensen ellos, o creen que lo que hacen es una manera de traducir los mensajes de Wagner con una estética de hoy en día.

X.N.: Debo hacer una apreciación, y es que de todos modos, la diferencia entre aquellos (Roller, Mestres, Pretorius, etc.) y éstos de ahora (Kupfer Friedrich, Chéreau... ), es que los primeros eran realmente wagnerianos y trabajaban y creaban para Wagner no para ellos mismos. Mientras que estos han logrado que se hable del "Tristán" de Kupfer o del "Anillo" de Chéreau, relegando al propio compositor a un segnndo plano.

A.H.: Bueno yo debo añadir algo. Conozco muy bien a Friedrich y le aseguro que él es wagneriano, muy wagneriano. Vale que su "Anillo", el de Berlín, no se cuenta entre mis "Anillos" favoritos, pero viéndole cómo trabaja, como busca soluciones, como se esfuerza, me impresionó bastante. Esto no se puede hacer así si realmente no te interesa la obra misma...

X.N.: Bueno, también ha de comer a final de mes...

A.H.: Ya, pero todos cobran. De todos modos, yo le he visto trabajar aquí con el "Lohengrin", y es impresionante. Debo decir de esta producción que aunque los decorados no me entusiasmaron demasiado, sí me gustó muchísimo la puesta en escena. Los movimientos de los personajes me parecieron estupendos.

X.N.: Bueno, yo discrepo, ya que me parece que no hacían más que distraer de la obra. Pero eso es, naturalmente, otra apreciación personal.

A.H.: Bien, sí. Recuerdo, por otra parte aquellos "Maestros" de Mestres Cabanes, que no sólo me gustaron sino que me maravillaron. Busquets y yo hicimos que se reconstruyeran, pues estaban en un estado deplorable. Y me acuerdo que incluso respetamos la manera en que se hizo en la época de Mestres. Pues en el tercer acto, para pasar de la escena de la casa de Sachs al espacio abierto al final de la obra, sólo teníamos 140 segundos de música, en que bajamos el telón y se tenía que correr para hacer el cambio. Y lo logramos. Y me gustó mucho esa escenografía de Mestres, mucho.

X.N.: ...Y a la gente, el público también disfrutó mucho.

A.H.: Efectivamente, la gente también disfrutó. Y me parece bien. Pero bueno, es otra lectura, la de la época de Mestres Cabanes.Y cuando lo veo, me siento como en un museo, y a mí me gustan los museos.

X.N.: Sí pero por otra parte tenemos que hoy en día, en el Metropolitan de Nueva York todas las producciones que se dan son ultra-clásicas y conservadoras, siguiendo la línea de los compositores. Ahí está Schneider-Siemssen con Wagner. Y esto puede parecer contraproducente, pues debiera parecer que precisamente el MET ser el teatro más innovador,  y sin embargo no lo es, ¿qué pasa?

A.H.: Bueno, es una buena pregunta. Y aquí entran varias cosas, y el tema de las subvenciones. También se podría preguntar, ¿por qué en Bayreuth al contrario que en el MET sólo se hacen producciones modernas? En muchos casos las producciones nuevas no dejan de ser ensayos o experimentos de buscar nuevas vías en el arte, nuevos caminos de interpretación escénica, lo que en cierto modo justificaría dichas obras. ¿Y qué pasa con el Metropolitan?, el MET no tiene casi subvenciones. Se presupuesta a base de patrocinadores, de la taquilla y algo de subvenciones, pero no mucho. Y por eso están obligados a buscar producciones que sean aceptadas por todo el público en general. Y también estoy de acuerdo con usted en que no sólo hay que poner las producciones modernas, sino que hay que alternar.

X.N.: Y por cierto, y siguiendo con el tema, ¿qué le pareció la campaña de la Asociación Wagneriana contra el "Tannhäuser" de Kupfer? ¿Está de acuerdo con el derecho al pataleo ?

A.H.: Sí, totalmente, el público tiene la opción de estar en desacuerdo con lo que no le gusta, al final de cuentas son los que pagan y los que mandan, ¿por qué no van a expresar su opinión? Aquí en el Liceo hay gente que se queja mucho de la forma en como se protesta. Yo también fuí joven y protesté por muchas cosas. Y naturalmente, ¿dónde se ha de protestar de una cosa, sino en el mismo sitio donde se produce? Al margen de que se envíen cartas a los periódicos, yo creo que la gente ha de tener la opción de protestar.

X.N.: ¿Usted cree que Kupfer hizo una interpretación marxista del "Tannhäuser", tal y como él lo afirmaba personalmente en un diario alemán?

A.H.: Bueno, yo no lo veo así. El hizo una versión diferente, discutible si se quiere, pero innovadora. Especialmente el segundo acto, que es quizás el más conflictivo, yo creo que su interpretación de la sociedad burguesa de la Wartburg es muy correcta. Pero no creo que se pueda decir que fuera una interpretación marxista.

X.N.: Bueno y ya para acabar, ¿qué pasa con muchos compositores de la talla de Pfitzner,  D'Indy, Siegfried Wagner y otros que parecen vetados por las casas discográficas y los teatros de ópera?

A.H.: Bueno, lo de las casas discográficas yo tampoco lo entiendo mucho. Pues encontramos decenas y decenas de "Rigolettos" o "Bohemes", y a veces me pregunto que quién compra todas estas versiones. Se promocionan siempre tal o cual cantante, tal o cual orquesta, o director. En cuanto a por qué no se representan, esto, y hablando desde el puesto que ocupo, diría que es más un tema financiero que de interés. Es un problema de producción y un problema económico...

X.N.: ...Y de riesgo...

A.H.: Indudablemente, y de riesgo. Por ejemplo si yo estuviera en un teatro alemán, suizo o austriaco, donde las subvenciones alcanzan el 85% a veces, es decir, que no importaría que el teatro estuviera vacío: yo entonces haría producciones de compositores desconocidos o obras poco representadas. Y entonces esto hace que como mucho nos podemos arriesgar a poner un título por año de algo no usual y ver qué pasa. 
Además la filosofía de este Consorcio del Liceo es que hay que estrenar cada año una obra catalana, es decir, estrenar una ópera catalana.

X.N.: ...Y sin embargo del genial Morera, que tenía una docena de óperas jamás se ha estrenado nada...

A.H.: Por ejemplo. Pero en todo caso, el hecho de producir óperas desconocidas siempre será una tragedia en este teatro de ópera. La gente exige "Bohemes", "Rigolettos", etc... Es cuestión de tiempo. También tengo en proyecto traer el "Palestrina" de Pfitzner.

X.N.: Bueno, esperemos que con buenos decorados... Y esperemos que algún día llegue Schneider-Siemssen al Liceo, y alguna ópera de Siegfried Wagner. La paciencia es una de nuestras mejores armas. Gracias de todos modos por sus buenas intenciones. 
 


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