La España Musical. Año IV, 25-XI/30-XII-1869
 
La música del porvenir
 
Por Felipe Pedrell

 

Ya que á propósito del matrimonio de Wagner, tanto se habla estos dias de la música del porvenir en comparacion con la escuela italiana, creemos acertado reproducir en el presente número el artículo publicado en el Almanaque de La España Musical y que muchos de nuestros nuevos suscriptores no pudieron obtener.

I.

 

Por hoy, no vamos á apoderarnos de la varita del mágico, y á diestro y siniestro evocar conjuros, trazando cabalísticos círculos, y pronunciando en el lenguaje oficial, técnico, sibilino, estrañas é incoherentes palabras; es muy pacífica nuestra mision, aunque en contra el epígrafe de este artículo nos acusa.

 

¡Porvenir, porvenir!...

 

¿Sabe nadie lo que mañana le espera? ¿Qué le sucederá hoy?

 

El conocido dicho francés de que, les jours se suivent, et ne se ressemblent pas, es una verdad que ya sabíamos antes de meditar las pocas palabras que llevamos escritas, pero que en este momento nos espanta. ¿Cómo fijar la meta de nuestros deseos y ambiciones, aspiraciones esperanzas, si el ayer, queda destruido por por la secante y devoradora realidad del hoy? ¿Avanzarémos un paso mas, y cual otra sibila, nos adelantaremos al tiempo, anunciando calamidades, esterminio, destruccion... ó nos placerá la ilusion, galardonar á la multitud, y llenarla de encomios y de vítores?

 

No; les jours se suivent... y en ellos nihil sub sole novum, os clamará un dicho bien verdadero, y no menos y ya mucho antes, Salomon, en uno de sus libros sagrados.

 

¡Qué hacer!...

 

¿Negar la posibilidad de avanzar la humana mirada un paso siquiera del hoy, que desentrañaria misterios profundos del porvenir?

 

De este punto el lector sabrá tanto como nosotros; crucémonos de brazosy... prosigamos.

 

 

 

II.

 

No siempre ha inspirado muy buenas cosas el genio de la gacetilla.

 

Por esta voz ha formado de dos palabras una combinacion bien estravagante, pero que entraña una cuestion que desvela á mas de un crítico.

 

La música del porvenir es la tabla de salvacion del cansado dilettanti.

 

Es la desesperacion del Rossiniano y Belliniano contumaces y de pura raza.

 

Es la esperanza de los melómano-pianistas.

 

Es... quién sabe cuantas cosas mas, ese bú de la gacetilla que cada dia es fuente de una nueva chuscada.

 

Pero decíamos antes, que semejante combinacion de palabras entraña toda una cuestion que desvela á mas de un crítico.

 

En música no hemos podido dar, hasta aquí, sino con dos clases de crítica, que pertenecen á dos órdenes de escritores.

 

Una crítica, que ignora la música, y apenas gusta de ella.

 

Otra crítica, que habla ex cathedra, y no siempre sabe de ella los primeros rudimentos.

 

De estas dos críticas eliminamos muy contadas pero honrosas escepciones.

 

La primera crítica, habla del arte como el vulgo y no manifiesta sino la sensacion que el público esperimenta, en su forma mas grosera: se estasía con los gritos del cantante; es capaz de aplaudir la furia gimnástica del pianista, etc.

 

La segunda, dá á sus juicios un tono pedantesco de magister y sabe lucir a veces un juego de espresiones técnicas, que imponen a la masa de los lectores: las mas de las veces lo desprecia todo y todo lo aniquila con el peso de su erudicion.

 

Cual de los dos preferimos, no sabemos decir; en ambas encontramos nociones erróneas con relacion al arte, aclamaciones falsas, dudosos éxitos.

 

Esto desespera al artista verdadero y, por mas lo contrario se diga, nos precipita á la decadencia mas que á la carrera.

 

No obstante el anatema que á ambas críticas fulminamos, debemos confesar ingénuamente que, de ambas, no dudaríamos en escoger aquella en que al menos el escritor juzgase como el público y no manifestase sino la sensacion esperimentada.

 

 

 

III.

 

La música, como las demás artes, tiene sus principios; de lo contrario, seria absurdo admitir que hay una parte del espíritu humano que se escapa á las leyes de investigacion y conocimiento, y tanto valdria admitir un efecto sin causa.

 

Hasta ahora no sabemos de la emocion sentida mas que clasificarla, y eso muy vagamente: huyendo del análisis y no deja tras sí nada que sirva de punto de partida al espíritu, y le dé una norma, un apoyo para medir la estension, naturaleza y verdad del sentimiento que produce.

 

Por otra parte, como Dios siente: «el encanto del ritmo y de la armonía, al caer en los oidos pueden seducirlos y estraviarlos.»

 

Porque, entre las sensaciones, solas las del oido producen una impresion moral; y añade Aristóteles en uno de sus problemas: «¿debe atribuirse esta causa á que el ruido produce, en nuestra alma, solo movimiento?»

 

¿Dónde encontrar pues los principios de un arte tan fugitivo, y que al propio tiempo se reviste aparato tan misterioso?

 

 

 

IV.

 

En dos fuentes diversas.

 

En la tradición, en la historia de formas y procedimientos anteriores; en el estudio de la naturaleza humana, que no varia jamás en su esencia; en fin, en el corazón humano centro de todas las pasiones y donde cual inmensa oleada afluye todo lo noble, grande, espiritual.

 

En nuestro estudio, debemos ayudarnos de la psicología y de la historia, como dos facultades poderosas para encontrar la verdad. La literatura y poesía y demás artes, así se han producido y así han justificado sus títulos de nobleza.

 

Pero á nuestro entender y por las razones que aducimos, es preciso saber algo mas de lo que enseña la música, y conocer, estudiar, trasladarnos si es posible á las causas primordiales que han precedido á las formas que el arte contemporáneo nos presenta. No obstante, si lo pasado influye y domina en nuestra acciones, y nos es imposible desprendernos de la atmósfera moral que nos rodea al nacer, presidiendo nuestro desarrollo intelectual, ¿será una verdad inconcusa, ó aceptaremos sin discusion, esas revoluciones de los pueblos, que llevan en pos de sí otras, en el campo de la política, las artes, la historia y la filosofiía?

 

Con razon ha dicho Cantú en el prólogo de su Historia universal, que los poetas y los filósofos reflejan sus tiempos, como el rio las orillas por entre las cuales discurre.

 

 

 

V.

 

Aplicando nuestras reflexiones á otro órden de ideas, vamos á reunir aquellas dos palabras que e genio gacetillero ha inventado, sin poner á tela de juicio, si con mucha ó ninguna propiedad. Podriamos contar al lector, sobre la música del porvenir, cosas muy peregrinas, de que hoy le hacemos gracia y por ello nos ha de perdonar.

 

El arte músico atraviesa hoy dia, si bien no por la vez primera, ni quizás por la última, una crísis de la cual un nuevo impulso ha de salir, una nueva aspiracion, tal como la que está enseñada á alcanzar. Esto ha dicho la crítica regulada por un sano criterio.

 

Un pueblo emancipado, en medio de un siglo sediento de libertad, rompe con la tradicion que sujeta el vuelo de su númen, enérgicamente impulsado al calor de los sentimientos generosos que surgen de un principio. Y este levantamiento lo esperimenta al propio tiempo la música, la literatura, coetáneo á su época del romanticismo, glorioso y nuevo renacimiento, conquista del presente siglo.

 

Por mas que la crítica en este punto haya levantado su grito al cielo, invocando dictados semejantes, barbarie, materialismo, el movimiento se ha verificado; y si aun de dia en dia la lucha se hace mas encarnizada y el resultado aparece oscuro, las diferencias que separan las dos escuelas, se hacen más palpables por momentos.

 

Las principales autoridades del arte, apegadas á la antigua prácitca, han roto en un momento con ella; no vamos á discutir aquí como una necesidad lo que en la tendencia de la nueva escuela puede esperarse del efecto del valor sinfónico y coral.

 

Estos son los que la crítica ha llamado amigos de lo desconocido y del porvenir; añadiendo que, negándoles la antigua fama un laurel para coronar sus sienes rendidas de fatigas, mendigan nuevos prosélitos con efectos de relumbron, que en un momento dado van á convertir el arte en un logogrifo.

 

El carácter sensualista que ha dominado á la música largo tiempo, se debe á la escuela italiana; su gracia, frescura y acento apasionado, han halagado demasiado el oido, en perjuicio del espíritu. Despues, esa constante y sempiterna fórmula que no ha pasado de vaciarlo todo en un mismo molde, ha dado el golpe de gracia á lo que ha llamado, hasta aqui, patrimonio esclusivo de la música italiana.

 

 

 

VI.

 

Nunca hemos admitido en música sino dos artes patrimoniales; música del Norte y música del Mediodia.

 

Desmentiriamos con la historia en la mano, la creencia que atribuye á Italia el predominio esclusivo de la melodia, desde la formacion de su escuela musical.

 

La nacionalidad musical de un pueblo, no tiene fecha sabida; la forma en que cada época se la encuentra, no pertenece por casualidad, á esta ó á aquella, sino á todas.

 

La afinidad en la historia del desenvovimiento del arte, existe, si sabemos remontarnos á los raudales de aquella viva fuente, es decir, á los primeros de su inspiracion.

 

Y esa que muy propiamente llámase perpetuidad tradicional, nace de aquel filon inagotable, abierto en la mina de los cantos populares, oculto tanto tiempo por el amaneramiento y estilo convencional, cuyo gérmen ha vivificado el soplo del génio.

 

Unica nacion en la tierra, la Alemania, ha sido la que ha impulsado este movimiento, elemento de la vida de su pueblo; misteriosa y profunda fuerza, oculta tanto tiempo en el corazon de su nacionalidad, y que es, ya acontecido su advenimiento desde que vibraron las cuerdas de la lira del cantor de Freyschutz, el verdadero signo característico de su inspiracion.

 

Todos le roban su primera inspiracion.

 

No escita tan solo al estudioso vivo interés, no se trata de una curiosidad especulativa, no es letra muerta... es la maravilla del arte en una obra que llena toda una época. Mil comentarios filosóficos acompañan su aparicion; pero ellos no dirán mas que en ella se encierran los caractéres fundamentales, claros, conscientes, bien delineados, de la música moderna.

 

 

 

VII.

 

Juan Pablo, el profundo escritor aleman, dice, que el paraiso de los hombres está siempre donde no están.

 

Aunque reconocemos la profundidad de este axioma, no le damos aplicacion en materia de arte; los que han buscado el arte ó su gloria en donde un meridional tampoco la encontraria, en el suyo, ó viceversa, ha sido por el poder de asimilacion, que, sin considerarlo una monomanía en nuestros dias, creemos es parte ingénita de la naturaleza humana.

 

En este sentido (antes lo hemos probado), no se nos vaya á decir que la escuela italiana se ha formado sola, ni que de la herencia de Mozart tomaron los llamados sus renovadores tan solo lo que no contrariaba á su objeto. Quisieron principalmente hallar aficionados á la melodía, y entre mil no hallaron uno que le disgustase, por una razon muy obvia.

 

De este punto la tendencia se manifiesta; Rossini empieza á halagar el gusto de sus italianos con una tras otra ópera; todas, absolutamente todas, salen de un mismo hornillo, que forja á destajo, ni siquiera mirando la pureza del temple; escogiendo malos argumentos, con música que no dice nada, y que si se canta, es porque Rubini, la Malibran y otros cantantes de primíssimo cartello, están en el apogeo de su carrera artística.

 

¿Queremos por un momento detenernos en considerar qué es lo que ha ayudado al gran movimiento las obras de Rossini, si la música ha de ser la espresion mas esquisita de nuestra alma? Rossini no ha cantado á su pueblo ni á ningun otro; sus aspiraciones dolorosas mezcladas de tristeza y amor, no las ha consolado el acento de su inspiracion, y su música no ha hecho lanzar acentos de audacia y furor, para proclamar y pedir los nuevos derechos imprescriptibles al hombre, que necesitaba el amor santo de la independencia de su país, ahogado por el yugo del hierro estranjero.

 

¿Se nos quiere hablar de su Guillermo?

 

Las melodias rompen en esta ópera el elemento esterior que envuelven los cantos tradicionales de su escuela, manifestacion del tiempo y lugar en que los ha concebido; da al drama lírico el pensamiento romántico de la revolucion; levanta la música hasta el nivel de la espresion mas enérgica é imprégnala de la mas potente inspiracion.

 

Pero... rompe la pluma á la mañana siguiente.

 

Su conversion á la teoría de la nueva escuela es debida á los consejos de la conveniencia, mas bien que al reconocimiento de una verdad.

 

Considerando inferior á sus esperanzas el éxito de aquella obra, arrojó la pluma, contando á la sazon treinta y siete años!...

 

El grande hombre de corazon pequeño, no cesa desde entonces de oponer todo el peso de su autoridad y de su génio á los progresos de la música moderna; la ridiculiza, como ridiculiza toda idea nueva, aparezca en el campo del arte, en el de las letras, ó política.

 

¿Es este espectáculo que pueda compararse al que el ilustre Meyerbeer nos ofrece en los últimos dias de su vida?

 

¿Es parecido acaso al del venerable octogenario Auber?

 

 

 

VIII.

 

En vano el lector ha tenido la paciencia de seguirnos, si espera que ahora vamos á decirle, qué es lo que ha hecho y qué esperamos de la nueva escuela cuyo primer representante se ha llamado innovador, y cuya música se ha llevado la mayor parte del calificativo de música del porvenir. Él ha creado Senta, Erik, Elisabeth, Wolfram... otros personajes; la historia hablará de ellos mejor que nosotros y los juzgará con mas imparcialidad.

 

Concluyamos.

 

La lucha entre las apreciaciones y tendencias de lo antiguo y lo moderno, se encarniza aun de dia en dia.

 

Pero la lucha es siempre fecunda y contribuye á la vida del arte, son los elementos constitutivos de este dualismo, eterno, mas ó menos activo, militante en todos los tiempos y lugares.

 

En el siglo pasado la tradicion se levanta mucho mas alto que la innovacion; en el presente, pierde esta su equilibrio y el génio del artista no puede seguir aquella resultante dichosa, tan tranquila y apacible como hermosa, debida á la union de los elementos constitutivos del arte, que parecidos al aire cuando le falta una de sus propiedades, deja de ser respirable.

 

El derecho de respetar lo consagrado, existe, y es nuestro alimento.

 

Mas la necesidad vital de hacer cosas nuevas empuja y obliga á tentar otras.

 

Y esto no se crea ley de progreso, sino de renovacion; pues es notorio contrasentido aplicar ley de progreso á lo que es dominio de la inspiracion y del génio.

 

La fórmula se ha de hallar; las causas primeras y fundamentales que se pierden en lo infinito, nos la han de dar: no es absoluta, ni regular: varia al infinito por el génio del individuo, iniciacion colectiva de una escuela artística ó literaria.

 

Y en último resultado, si no tratamos de ir mas alto ni mas lejos, intentamos movernos, que es siempre un deber y una necesidad, si no tenemos ninguna pretension de hacer cosas mejores que las hechas.

 


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